El hombre en la capucha (capítulo catorce)

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(viene del capítulo anterior)

Luego que Jano se despidió de él, Neto llamó a Yerbo: “Tengo buenas noticias”, abrió la conversación. “Bien, me encargaré de él”, dijo el narcotraficante luego de escuchar la información. “Prefiero encargarme yo solo de este asunto”, habló Neto de forma decidida. “Como gustes”, cerró Yerbo. A continuación el narco realizó otra llamada.

Neto y Jano caminan por la calle esa noche. “¿Crees que valdrá la pena matarlo?”, preguntó Jano con seriedad. “Sí, ese maldito tiene que pagar”, respondió el otro con entereza. Al fin, llegaron al sitio. Era un parque rodeado de algunas casas. Esperaron al borde del parque cerca de diez minutos.

Neto se cansó de esperar. “Como el cobarde que es, no vino”, comentó amargamente Neto, “ya vámonos”. Sin embargo Jano, que se había sentado, no se quiso mover. “¿Por qué no te levantas?”, le preguntó su amigo. “Porque él está aquí”, dijo Jano incorporándose, “yo soy el hombre a quien buscas”.

Neto se quedó sorprendido. “No fue mi intención herir a tu tío”, prosiguió Jano, “más bien yo, que soy inmisericorde con los criminales, lo dejé vivir”. “¿Tú?”, se indignó Neto, “¿cómo te atreves a hacer esto?”. “No quería que estuvieran involucrados en este negocio”, explicó el joven encapuchado, “Yancarlo es muy peligroso”.

“¿Yancarlo?”, se sorprendió más su amigo, “mi jefe es Yerbo”. Jano ahora fue el que quedó sorprendido. “¿Podría ser posible que…?”, empezó a pensar, cuando unos policías llegaron al lugar. De uno de los carros bajó el comisario Domínguez. “Y bien, ¿quién es el encapuchado?”, preguntó el oficial mientras Neto miró a Jano tratando de tomar una decisión…

(continúa)

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