Entre Emi y Rodri: de repente algo, de repente nada… (capítulo dos)

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(viene del capítulo anterior)

– Sí, sobre tus piernas… ¿algún problema?
– Es que…
– No me digas: estás excitado. ¡Lo que me faltaba!
– ¡Yo lo digo por tu seguridad!

El bus dobló una esquina. Emilia casi se cae y tuvo que agarrarse del cuello de Rodrigo, al que poco más y lo ahorca.

– ¡Eso no está mejor!
– Claro, primero te pones sabroso… y ahora te pones faltoso.
– ¿Sabes qué? No tengo que andar soportándote. Además sólo te estoy haciendo un favor…
– ¿Un feivor? Ni siquiera pedí tu ayuda…
– Bueno, al profe… y él te envió a mí.

Emilia estuvo con berrinche todo el trayecto que hubo hasta que finalmente logró conseguirse un sitio libre. “Me iré a estudiar con mis amigos”, pensó para sí, “y me olvidaré de este luser”. Pasadas dos semanas más y, a pesar de los vanos esfuerzos de sus amistades, Emilia desaprobó otra evaluación más.

Casi llorando, ella corrió hacia el asiento a Rodrigo: “¿me ayudas? ¿Sí? ¿Sí?”. “Está bien”, dijo el muchacho mientras era samaqueado por su abrazo, “mañana nos vemos a las 4, ¿te parece?”. “Sí, Rodri”, aceptó Emi. “Rodri… ¿por qué Rodri?”, preguntó él. “Pa’ no gastar saliva”, comentó ella volviendo a su parco hablar…

(continúa)

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