Ecos desde Rasunia (capítulo once)

mayo 19, 2013

(viene del capítulo anterior)

“Imagino que viene a ver las pruebas de vida extraterrestre”, dijo Baker con singular ingenuidad. Colotto casi que ignoró el comentario: “querrás decir, la huella radioactiva de los cristales”. Incrédulo, el investigador vio cómo Alejandro le entregaba al capitán otro informe sobre los cristales hallados.

“Una fuente nueva de energía… ¡Excelente!”, señaló Colotto con cara de codicia. Por primera vez en mucho tiempo, Baker sintió que debía decir algo. “Capitán, con todo respeto, hay que hacer más estudios al elemento”, se opuso con sinceridad y fuerza.

“Por supuesto: estudios financieros y de mercado… pero la ganancia está asegurada, ¿no es cierto?”, retrucó Colotto y salió de la sala con una gran sonrisa. Decaído, el investigador apoyó las dos manos sobre una de las mesas. La explotación del cronofobio y la sustancia siete lo preocupaba sobremanera.

“Traté de ocultarle al capitán la radioactividad pero él huele mi miedo”, se disculpó Alejandro mirando de reojo a Baker. El investigador no se amilanó por las intenciones de Colotto: “aún quedan dos días, sigamos estudiando los cristales”.

(continuará)

Disputa en Los Robles (capítulo diez)

mayo 15, 2013

(viene del capítulo anterior)

Ambos pasaron un par de horas haciendo el hueco lo más grande posible. “Ya está”, afirmó González sentir que era del tamaño adecuado. Le pidió a Lucho que tomara un extremo de la bolsa y la depositaran dentro. Con mucho esfuerzo, el joven levantó el extremo señalado y dejó caer la bolsa en el hueco.

“Pésimo, ¿qué es esto?”, preguntó de forma retórica el muchacho. González, que de sarcasmo no entendía mucho, lanzó de frente: “es uno de los guardaespaldas del patrón, murió ayer”. Lucho se quedó pálido, pero el capataz le confirmó que si lo mandaban a la ciudad, era para resguardar a Rodolfo.

“Ayer fue este pobre hombre, mañana puedes ser tú”, respondió González con una sonrisa chueca que le dejó a Lucho una mala impresión. Terminaron de lampear la tierra y el capataz le dio al muchacho una pistola: “es hora de practicar”.

(continuará)

Día de las Madres, día muy especial

mayo 12, 2013

Me tomo este día de descanso de las historias: nada más especial que este Día de las Madres. Un día donde, lo admito, me desperté más tarde que de costumbre, casi como las diez. Y sin embargo, allí mi mamá, mi abuela y mi tía esperaban mi saludo y aún no comenzaban el desayuno. Imaginé que era por mi culpa pero no: mi hermana había ido a buscar bocaditos un poco lejos de casa.Llegó media hora más tarde pero valió la pena: disfrutamos de un sencillo pero riquísimo desayuno.

Luego, fui con mi padre a buscar el almuerzo hasta la casa de mis tías. Nos recibieron con la misma cordialidad y alegría de siempre. A pesar de verlas tan sólo unos minutos, me sentí emocionado de su capacidad de compartir lo poquito o mucho que tuvieran. De vuelta en casa, disfrutar con la familia de los cuyes picantes con sus papas y el mote.

Finalmente, mi hermana se lució partiendo la torta de chocolate que trajo más temprano, además del repartir  los regalos para todas las mamás de la casa, cada uno más bonito que el anterior. Me siento muy bien que todo el día hayamos podido compartir todo el día en familia... y espero que se repita así con todos juntos.

Sólo me queda desear Feliz Día de las Madres a todas y cada una de ellas, pues su amor nos inspira a ser cada día personas mejores.

Perdido en otoño

mayo 09, 2013

Como el calor de la mañana

sometido al viento de otoño,

así muere ya mi impulso,

que no hizo raíz ni fue retoño.

¿Qué me queda por reclamar

si se acabaron mis fuerzas?

¿Qué puedo desear ya

si no me quedan ilusiones?

No soy aquel chico simple

que te iluminó con su luz propia,

se quedó en el pasado dilapidando

su innato potencial.

Hoy sólo queda una sombra,

un espectro gris,

un recuerdo que se desvaneció

sin poderse despedir.

Comitiva en Jarumarca (capítulo nueve)

mayo 06, 2013

(viene del capítulo anterior)

Camilo se agachó para guarecerse, pero ninguna de las balas iba en dirección hacia él. Más bien, observó conmovido cómo el pueblo se había rebelado ante los hermanos Sifuentes: dos de ellos yacían muertos en una esquina de la plaza mientras que el mayor, aún herido, era rodeado por toda la comitiva.

El pistolero se acercó al joven, quien trataba de incorporarse a pesar del sangrado en su pierna derecha. “Se terminó muchacho, entrega tu arma”, dijo Camilo extendiendo la zurda pero manteniendo la diestra cerca del revólver.

El joven entregó el revólver al pistolero, quien pidió a los presentes atenderlo para curarle la pierna. Camilo y Eleuterio se dirigieron hasta la casa Estrada. Fue hacia la habitación a arreglar su maleta. Eleuterio le pidió quedarse esa noche. “No hace falta primo”, respondió el pistolero y se dirigió hacia la salida.

(continuará)

Ecos desde Rasunia (capítulo diez)

mayo 03, 2013

(viene del capítulo anterior)

Baker terminó en shock: el hallazgo de ADN en la estructura de los cristales daba credibilidad al relato grabado sobre el enfrentamiento extraterrestre. Sin embargo, una duda aún seguía en el aire: ¿cuándo ocurrió ese evento catastrófico?

“Eso es lo más sorprendente de todo”, señaló Alejandro acercándole un papel. En él, se indicaba concentraciones de potasio y argón consistentes con un periodo cercano a los ¡cinco mil millones de años!

“Y ese es el máximo registro de datación, quizá sea aún más antiguo”, afirmó en asistente en estado de perplejidad, la misma que animó a Baker a felicitarlo con un abrazo. “¿Me puedo unir a la fiesta?”, gritó Colotto mientras los veía desde la puerta y, por su sonrisa torcida, era claro que venía por sus propios resultados.

(continuará)

Disputa en Los Robles (capítulo nueve)

abril 30, 2013

(viene del capítulo anterior)

Constanza abrazó al muchacho con demasiada intensidad. Él la miró con ternura y acercó sus labios para poder besarla. Ella se fijó en sus intenciones y, tras al inicio, le dio un suave y breve beso. Lucho iba a darle otro beso, pero ella se negó. "Uno por vez”, le indicó Constanza con una sonrisa.

Ella le ayudó a levantarse, le secó las lágrimas y lo acompañó hasta la casa grande. Al llegar a las habitaciones se despidieron y cada uno se fue por su lado. Lucho continuó con su faena en el campo, hasta que Rodolfo lo volvió a llamar varias semanas después.

“Necesito que me acompañes a la ciudad, ve con González para que te dé tus instrucciones”, fue lo poco que dijo el patrón al ver entrar al joven en su oficina. Se dirigió donde González, el capataz, con el recado del patrón.

“Primero que nada, necesito que me ayudes a cargar esta bolsa”, y le señaló la bolsa negra que estaba a sus pies. Ambos llevaron el pesado bulto y un par de palas hasta una zona distante de la casa grande. “Hora de cavar”, dijo González soltando la bolsa y horadando la tierra alrededor.

(continuará)

Comitiva en Jarumarca (capítulo ocho)

abril 27, 2013

(viene del capítulo anterior)

Camilo no sólo rezaba: mientras lo hacía, recordó el día que mató a José Sifuentes. Prácticamente capturado, el villano, ya herido en una pierna, se quiso refugiar en la casa de sus hijos. El pistolero logró disparar hacia su revólver, desarmándolo y haciéndole caer al suelo.

Camilo recogió su arma y apuntó hacia Sifuentes. “Por favor, déjame ir, por mis hijos”, imploró el villano, señalando a sus vástagos, quienes asomaban la mirada por la puerta y la ventana. El pistolero los miró a los chicos, y se llenó de compasión. Bajó su revólver y dio media vuelta en dirección a la plaza.

 José Sifuentes se levantó y desenfundó otro revólver que tenía escondido en el tobillo. Pero Camilo, siempre confiado en el rabillo del ojo, se percató del ardid, giró sobre su eje y descerrajó un balazo que quebró el cuello del villano. Luego miró hacia los vástagos. “Lo siento mucho niños”, se dijo en voz baja y se retiró del lugar.

Al rezar otra vez, recordó que no había tenido otra opción, pero que los hijos de Sifuentes nunca lo entenderían así. Se levantó del reclinatorio y avanzó hacia la puerta del templo, la misma que abrió de par en par. Fue recibido con el sonido de varios balazos…

(continuará)

Corazón de fuego

abril 24, 2013

Enterado estaba de tu despedida,

la misma que no intentaba

ni por un segundo reclamar,

por más que el dolor causado

se anidara muy adentro.

Cansado ya de todo,

tan sólo quería digerirlo,

entenderlo y seguir tranquilo,

pero mi corazón no acepta,

se pone rebelde, se subleva.

Y mi corazón se crece

ante tu penosa partida,

a mil palpita

como caballo desbocado

que libre siempre quiere ser.

Y mi corazón se enciende,

se convierte en fuego

que me quema el pecho,

mientras poco a poco

en cenizas quedo.

Ecos desde Rasunia (capítulo nueve)

abril 21, 2013

(viene del capítulo anterior)

“He vuelto aquí. He vuelto aquí”… la frase se repitió en la cabeza de Baker durante buena parte de la noche. Al levantarse por la mañana, sintió como si un tambor golpeara en su cabeza. Se dirigió al comedor para tomar una taza de café y un pan.

Alejandro ingresó allí y lo saludó muy entusiasmado. “Debe venir a ver esto”, fue su lacónico mensaje. Aún fastidiado por el dolor, Baker bajó a la sala de reuniones y Alejandro le entregó un folder con un reporte.

“Hice un análisis de espectro del elemento: aparecieron dos sustancias desconocidas”, resumió así su experimento. Esto emocionó a Baker, pues comprobó la existencia del ‘cronofobio’ y la denominada ‘sustancia siete’. “Pero eso no es todo”, señaló el joven con mucha sorpresa, “también encontré restos de ADN”.

(continuará)