Archivo de la categoría: Relatos por Entregas (serie uno)

Relatos literarios escritos por entregas

La puerta que cruzas (capítulo nueve)

[Visto: 144 veces]

(viene del capítulo anterior)

Aunque le gustó el beso, Alfredo se contuvo sobre el final. Sabe que Lorena podía salir en cualquier momento. “¿Te parece si la seguimos otro día?”, dijo el joven con una sonrisa algo chueca. Como quiera que ya había obtenido su objetivo, Nicole aceptó y bajó del auto.

Apenas tocó la puerta, unos pasos presurosos se escucharon del otro lado. Lorena salió apresurada ante lo que consideró una desobediencia. “Nicole, pasa de inmediato”, dijo la mujer con tono firme. Esto molestó a la joven pero no quiso decir nada y entró con su muda rabieta. Mientras Alfredo trató de disculparse, señalando que la demora fue culpa suya.

“Más allá si la demora fue tuya o no, ella sabía a qué hora debía volver”, sentenció Lorena ya molesta. Alfredo le tomó suavemente de puño que ella había formado en su mano. “Se lo pido señora, fue mi culpa y esto no volverá a ocurrir”, dijo él intentando contenerla.

Lorena se calmó un poco y fue entonces que Alfredo se separó para subir otra vez al auto. Mientras se iba, vio cómo Lorena se quedó mirando su salida hasta que estuvo lejos de la casa.

(continuará)

La puerta que cruzas (capítulo ocho)

[Visto: 155 veces]

(viene del capítulo anterior)

Luego de comer y conversar con amenidad, Alfredo y Nicole salieron del restaurante y se fueron al auto rumbo hacia la casa de la joven. sin embargo, en el camino, ella dijo que quería pasear por la ruta de la playa. “Es un poco tarde, no sé si sea buena idea”, intentó sugerirle Alfredo, pero ella insistió en su capricho.

Alfredo decidió hacerle caso y se dirigió hacia allí. Aunque algo oscuras, las playas podían verse hermosas con el vaivén de las olas estrellándose contra la orilla. A Nicole le gusta el escenario que ve ante sus ojos, aunque cierto recelo se le nota cuando ya su acompañante le dice que tienen que regresar.

Tras media hora de un recorrido sin mayores emociones, Alfredo llega a la casa de Lorena. “Bueno, ya hemos llegado”, señala él como si hubiera cumplido una misión. Sin embargo, Nicole no parece dispuesta a bajar del auto. “¿Hay algo más que quieras contarme?”, señala el joven al ver sus ojos tristes. Nicole no duda un instante: se lanza sobre él y lo besa.

(continuará)

La puerta que cruzas (capítulo siete)

[Visto: 127 veces]

(viene del capítulo anterior)

“¿Por qué Nicole?”, preguntó Alfredo tratando de entender esa absurda situación. Nicole se pone incómoda por algunos segundos. “Quiero castigar a mi mamá por lo que ha hecho”, es la dura respuesta que deja intrigado a su cita. Alfredo sequeda pensado qué podría ser tan grave como para que ella esté en contra de su progenitora.

“Ella es muy egoísta, sólo piensa en su vida. No me quiere”, se quebró Nicole mientras sus ojos se llenan de lágrimas. Alfredo pidió un vaso con agua, el mismo que la joven aceptó y bebió con prontitud. Él espero que se calmara para poder hablar con mayor distensión. Una vez que la vio más tranquila, se propuso conversar con ella.

“Sé que no conozco en detalle lo que ha sucedido entre ustedes pero, quiero que sepas, seré tu apoyo para que superes este momento”, fue el discurso con el que Alfredo se ofreció amable para interceder entre ellas. Nicole se mostró algo reticente y decidió evitar el tema por ahora. “Puede ser. Por ahora déjame disfrutar de tu compañía”, señaló la joven y se dispusieron a cenar.

(continuará)

La puerta que cruzas (capítulo seis)

[Visto: 134 veces]

(viene del capítulo anterior)

Alfredo se quedó pensando durante algunos días si era conveniente llamar a Nicole. Al final, se dijo que no tenía nada que perder y la llamó. El celular timbró dos veces antes que ella contestara. Alfredo se identificó y ella sonrió cuando oyó su nombre. “Pensé que habías perdido mi número”, fue su gracioso comentario.

“Hay que mantener algo de misterio”, respondió él también riéndose. Luego le preguntó si quería salir a cenar. Nicole aceptó y quedaron encontrarse en el parque cercano a su casa. Con la cita acordada, Alfredo se alistó y luego se despidió de su madre. “No vuelvas muy tarde”, le dijo Arminia en un alegre reproche. Alfredo asintió y fue al garaje para llevarse el auto.

Luego de un rato, el auto ingresó por el parque. Ella lo espera sentada en una de las bancas. Alfredo baja y saluda cortésmente a Nicole. Ambos suben al auto y se dirigen hacia una zona costera. La brisa marina entra por las ventanas mientras avanzan por el camino. Unos minutos después, llegan a un lujoso restaurante.

Sentados en una mesa pequeña mientras esperan que traigan su orden, Alfredo aprovecha para preguntarle por qué ella no quiso que la recogiera en su casa. Nicole hizo una mueca de disgusto, se quedó pensativa unos segundos. “Es por mi madre, piensa que salí con una amiga”, fue su breve respuesta.

(continuará)

La puerta que cruzas (capítulo cinco)

[Visto: 171 veces]

(viene del capítulo anterior)

El auto avanzó sin prisa por la avenida. Arminia y Alfredo no se hablaron durante largo rato. Alguien pensaría que es porque se quedaron tan satisfechos por el almuerzo que no había nada más por decir. “¿Qué piensas de Nicole?”, preguntó finalmente la señora rompiendo el incómodo silencio. “Mamá, ¿qué quieres que te diga?”, fue la respuesta retórica y ambigua que lanzó el joven intentando zafar del momento.

Como se quedara callado, Arminia siguió con su avance: “Se parece mucho a su mamá. ¿La llamarás?”. “No lo sé, madre, sólo le acepté el papel”, fue la breve contestación de Alfredo. Como quiera que vio algo molesto a su hijo, la señora no insistió durante el resto del trayecto. Llegaron a su casa y Alfredo guardó el auto en el garage del primer piso.

Para cuando subió al segundo nivel, se encontró a su madre descansando en un sofá de la sala. “No te molestes conmigo hijo. Tú sabes que soy una persona que, tal como comenta una cosa, comenta de otra”, señaló Arminia como disculpándose por lo ocurrido. Alfredo aceptó las disculpas y dijo que  Nicole le parece una chica interesante. “Entonces, deberías llamarla”, comentó Arminia con mirada de agrado.

(continuará)

La puerta que cruzas (capítulo cuatro)

[Visto: 129 veces]

(viene del capítulo anterior)

Alfredo se quedó asombrado al ver a Nicole. La adolescente de diecisiete años tiene un extraordinario parecido con su madre. Quizá un poco más alta, quizá un poco más hermosa. “Definitivamente es tu hija”, comentó Arminia riendo un tanto, haciendo que el ambiente se aligere. Lorena saludó a Nicole con una beso en su mejilla y le presentó a sus invitados.

La joven se dirigió de forma educada hacia la señora y su hijo. Arminia apreció la amabilidad de Nicole, mientras que Alfredo no dejó de mostrarse sorprendido. En seguida, ellos se sentaron mientras que Lorena fue a la cocina para traer los platos servidos. El almuerzo transcurrió de lo más tranquilo, matizado por las anécdotas de la señora.

Tras unas horas de entretenida sobremesa, los invitados decidieron que era hora de retirarse. Lorena les abrió la puerta y se despidió de ellos. Se excusó por Nicole, imaginando que había ido hacia el jardín interior. A poco de entrar en el auto, la joven apareció en la puerta de la casa. Se despidió de Arminia y, al llegar donde Alfredo, dejó un papel en su mano derecha. “Para que me llames pronto”, dijo ella con una sonrisa pícara.

(continuará)

La puerta que cruzas (capítulo tres)

[Visto: 174 veces]

(viene del capítulo anterior)

Como quedó prometido, Alfredo condujo a su madre hasta la casa de Lorena. Por el camino ambos reían de todos los recuerdos que tenían de su anfitriona. Luego de manejar por cerca de una hora, Alfredo llegó hasta la entrada de una elegante cochera. Bajó para cerciorarse de que sea la dirección correcta y tocó el timbre de la puerta a lado de la cochera.

“¡Qué bueno verlos!”, se emocionó Lorena al verlos llegar. Abrazó a Alfredo y alzó su mano para saludar a Arminia. Luego Alfredo ayudó a su madre a bajar del auto y la acompañó dentro de la casa. Madre e hijo se adentraron por la sala hasta que llegaron al comedor, donde su anfitriona había dispuesto los cubiertos para al almuerzo.

Un agradable olor provenía de la cocina. “¡Huele tan bien!”, expresó Arminia ya entusiasmada por los platillos que ha de probar. En tanto, Alfredo se fijó que en la mesa había cuatro pares de cubiertos. Preguntó curioso si estaban esperando a alguien más. “Mi hija, Nicole, está por bajar de su habitación”, señaló Lorena con una sonrisa. En ese momento unos pasos se escucharon bajando por la escalera que da hacia la sala.

(continuará)

La puerta que cruzas (capítulo dos)

[Visto: 185 veces]

(viene del capítulo anterior)

Arminia lamentó que el encuentro terminase así, pero espera que puedan seguir reuniéndose. “Apunta mi número”, le dijo Lorena y sacó su celular para que anote. Alfredo se adelantó y apuntó en su teléfono: “no te preocupes mamá, ya lo tengo”, señaló con absoluta seguridad.

“Qué bueno, espero que pronto vengas… vengan a mi casa a visitarme”, dijo Lorena complacida con el encuentro. Se despidió y caminó hasta el lugar donde estacionó su camioneta. Una vez que se retiró, madre e hijo se fueron caminando por la vereda hasta al auto de Alfredo.

Una vez que subieron al auto, la madre insistió que debían ir a verla. “¿Quince años? Creí que habían pasado quince minutos”, dijo Arminia sobre la sensación de ver de nuevo a Lorena. Alfredo asintió: “No parece haber cambiado nada”. “Por eso espero que me acompañes el próximo sábado a su casa”, dijo la madre muy entusiasmada.

(continuará)

La puerta que cruzas

[Visto: 187 veces]

La señora espera sentada en una mesa blanca, simple pero sofisticada. Mientras mira hacia la calle ardiente, se entretiene comiendo unos panecillos que descansan en pequeño plato. A los pocos minutos, aparece una mujer más joven que ella. Una amplia sonrisa surca su rostro y las dos se abrazan celebrando el reencuentro.

“Arminia, ¿cómo has estado?”, preguntó la más joven. “Muy bien, pero no más que tú, Lorena”, afirmó la noble dama y ambas rieron otra vez de alegría. Se sentaron y empezaron a conversar de las cosas que la vida no había permitido hablar en quince años. Lorena le escucha intrigada y sorprendida por todo lo que narra la mujer mayor.

De pronto, Arminia recibe una llamada. “Sí, estoy aquí. Ven a recogerme”, señala a quien le llamó. “¿Tu esposo?”, preguntó Lorena. “No, mi hijo Alfredo, está por aquí cerca, ya llega”, dijo la dama con otra sonrisa. Luego de unos diez minutos, un joven bien parecido se presentó en el lugar y saludó a su madre.

Ella lo saluda muy efusiva. “¿Te acuerdas de Lorena”, dijo Arminia presentando a su invitada. “Pues claro, como si hubiera sido ayer”, afirmó Alfredo encantado con la amiga de su madre. “Te veo mucho mejor… y más viejo”, bromeó Lorena y todos rieron con su ocurrencia.

(continuará)

Inesperado (capítulo final)

[Visto: 194 veces]

(viene del capítulo anterior)

“Lo recuerdas, ¿verdad?”, Alisa habla detrás mío y un nombre se le escapa. “Markus”, me llama y la incertidumbre se desvanece. Me acerco a ella. La abrazo. La beso. Alisa me sonríe. No deja de mirarme por haberme recuperado. Hasta aquí la parte cursi…

“Me he perdido estos cinco años”, le comento aún aturdido por los recuerdos que siguen volviendo a mi memoria. “Desde tu desaparición no dejé de buscarte, pero era difícil: había que saldar la deuda primero”, señaló Alisa y me mostró las amplias cicatrices de su espalda, aquellas marcas que sólo la tortura le podía dejar.

“¿Quién era el cliente?”, pregunta Markus cada vez más enojado. “Aquel que nos tendió la trampa y me apartó de tu lado”, respondió Alisa con un semblante duro y homicida. “¿Tienes un plan para hallarlo?”, señaló Markus decidido. La fría sicaria sonrió maléfica: “Pues claro. ¿Cuándo le hacemos una visita?”.