Paciente en la habitación 21 (capítulo seis)

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(viene del capítulo anterior)

En busca de una comprensión más profunda al misterio de Luis, en el departamento, Laura comienza a leer con mayor detalle las cifras y letras que, como códigos, aparecen en cada rincón de sus anotaciones. “Ya sé qué significan”, dice al tener una epifanía, cierra el diario y se dirige a la universidad donde ellos estudian.

“Quiero saber en qué sección puedo encontrar estos libros”, le dice al encargado apenas entra en la biblioteca. Luego de examinar los códigos, el bibliotecario acompaña a la joven hasta un sector en el ala derecha del edificio. “Culturas antiguas”, reza el letrero de la entrada.

“Recuerde que cerramos en tres horas”, le advirtió el encargado tras señalarle que busque en los estantes por orden alfabético, Laura se adentra en ese mundo de polvoroso conocimiento al sacar uno a uno los libros, los mismos que revisa en una mesa que se encuentra en el centro mismo del sector.

“Cuando el sol ilumine por completo día y noche, sabrán que el fin está cerca”, leía en uno de los párrafos más terribles que estaban escritos, líneas de acontecimientos futuros que le hicieron descubrir la ansiedad que debió sentir Luis antes de su intento de suicidio, líneas que la fascinan, que la atrapan.

“Señorita, ya vamos a cerrar”, se acercó el bibliotecario con gesto adusto. Laura sale del sector y mira hacia las ventanas: aún observa luz natural afuera. Sin entender lo que pasa, Laura pregunta qué hora es. El encargado le responde que ya son las nueve de la noche. Ella mira su reloj: en efecto esa es la hora y aún hay luz solar. En ese momento, su mente volvió a las lecturas: “¡Está sucediendo!”, se dijo a sí misma y salió corriendo del lugar.

(continúa)

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