El monstruo de Huarumarca (capítulo diez)

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(viene del capítulo anterior)

Son las siete de la mañana en Huarumarca. La esposa de Tomás, angustiada, lleva esperando más de doce horas fuera de su casa desde que su marido desapareció jalado por el lobo. “¿Qué has hecho? ¿Por qué no regresas?”, se lamentaba la mujer mientras llora amargamente su pena.

Lila sale de la casa y va su encuentro. “¿Volveré a ver a Juanito y a mi papito?”, le preguntó tratando de mantenerse fuerte. “Sí, ellos volverán pronto”, le dijo ella acariciando su pelo. Madre e hija se abrazaron fuertemente esperando que la búsqueda llegue pronto a su fin.

“Ahí viene alguien”, gritó uno de los huarumarquinos que se había quedado en vigilia, indicando el camino de entrada al pueblo. Poco a poco, una silueta apareció saliendo del monte. A medida que se acercaba, pudieron ver que se trataba de Tomás, que carga a Juanito en sus brazos.

Al percatarse, Lila y su madre salieron corriendo a su encuentro. La mujer tomó a su hijo en brazos, lo llenó de besos y luego abrazó a su esposo. Lila aprovechó para abalanzarse sobre su padre, quien la llevó cargando hasta su casa. Los pueblerinos estaban eufóricos con el regreso sano y salvo del niño y el cazador.

Sin embargo, les quedó la duda sobre qué había sucedido con Alberto. El hombre hizo pasar a su familia dentro de la casa y luego se reunió con sus vecinos. Apesadumbrado, Tomás los desconcertó con su confesión: “Alberto murió, pero quiero que sepan que él no es el monstruo”.

(continúa)

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