Entre Emi y Rodri: una chica llamada Giuli (capítulo seis)

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(viene del capítulo anterior)

Él no se percató rápidamente que el transporte pasaba por allí. Al voltear, quiso hacer un gesto con la mano para que parara pero no tuvo éxito. Desesperado y algo molesto, Rodrigo extendió el brazo para tomar un taxi. “A Venezuela cuadra doce”, fue lo único que dijo antes de que el coche partiera raudamente.

Llegado al sitio, él empezó a buscarla por tiendas, restaurantes y otros establecimientos. A uno y otro lado de la calle, veía a la gente llegar para hacer compras. Sin embargo, aquel rostro tan tierno parecía haberse esfumado como humo en el viento. Como no la encontrara en esa cuadra, cruzó la pista y se dirigió a la siguiente.

Fue así como, luego de subir unas cuantas cuadras, la encontró: sentada sobre el borde de la acera, allí esperaba Emilia, la cara llorosa, el cabello alborotado y las manos magulladas. “Emilia”, la llamó él con un tono suave. Ella lo escuchó y dirigió su mirada hacia donde él estaba. Entonces, se levantó y corrió a su encuentro.

Se quedaron así, juntos y abrazados, parados en medio de la calle, como si nada más importara, sólo el estar allí, ella desahogándose, él consolándola en silencio. “Yo quise defenderme, Rodri”, dijo Emilia con voz quebrada, “pero él era más fuerte que yo”. Rodrigo la dejó contar su relato mientras ambos andaban hacia el paradero…

(continúa)

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