Goles fortuitos

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Minuto 83. Joris Mathijsen intenta dar un pase a su arquero, pero un vaso en pleno césped le levanta el esférico y su tiro sale por la línea del campo. A la salida del córner, Baumann anota para Werder Bremen el gol que, a la postre, se convertiría en fundamental para clasificarlos a la final de la Copa UEFA. Philip Butters se comienza a preguntar si acaso aquel vaso fue determinante para decretar una circunstancia a favor de uno y desfavorable al otro, y recordaba casos de árbitros que pararon partidos debido a causas diversas, como la pica-pica, el calor, la neblina y muchos otros factores en el mismo sentido.

Vale la apreciación porque, si bien una circunstancia como la descrita puede o puede influir en el desarrollo, en este caso, de un partido de fútbol, cuando influye, cambia el normal ritmo de las situaciones, permitiendo que uno se vea beneficiado sobre otro con absoluta ventaja en lo que a posteriori ocurra. Y vaya si muchas veces esto que ocurre en un campo de fútbol ocurre en la vida diaria: el dato escuchado entre susurros, la puerta entreabierta o la discusión en los baños públicos hacen que información, que mucha gente no debía ni enterarse, sea utilizada para sacar algún provecho posterior, muchas veces cómplice de una conducta antiética.

Es cierto que en muchos pasajes de nuestras vidas estamos expuestos a “ganarnos” con este tipo de escenarios fortuitos donde la suerte de uno se convierte en la suerte de otro por obra y gracia del descuido o la impericia de los demás. Vale entonces preguntarnos si estamos llanos a actuar bajo el filtro ético que debemos poner para evitar que estos goles fortuitos, encontrados de la nada, nos desvien de un camino de rectitud y justicia.

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