La playa del miedo (capítulo final)

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(viene del capítulo anterior)

Es otra noche que Anderson no pudo dormir. Otra noche que sintió su cama pesada y que le era imposible entender todo lo que había ocurrido. Porque todo era muy extraño, muy incoherente. Los rayos del sol ya entraban por su ventana pero era claro que no tenía ganas de trabajar. Su compañero lo fue a buscar cuando terminó su turno.

Tocó la puerta y espero que Anderson saliera. Cuando lo vio, le preguntó si había enfermado. “No. ¿Por qué?”, señaló Anderson movido por su curiosidad. Su compañero le informó que tampoco el comisario había ido a sus labores. Confundidos por aquel acto inusitado, ambos jóvenes fueron a la casa del comisario a ver qué pasaba.

Al llegar, golpearon la puerta pero nadie contestó. Temiendo que algo hubiera pasado, Anderson derribó la puerta y lograron ingresar. El comisario ya no estaba: encontraron un desorden en la habitación, se había llevado una maleta y varias de sus ropas. Entraron al garage donde guarda su camioneta. Está vacío. Anderson se pregunta por qué el comisario se fue sin avisar, “a no ser que…”

En la carretera, el viejo hombre maneja sin prisa su fuerte y azul camioneta. Para un momento al costado del camino para estirar un poco los brazos y las piernas. Vuelve a subir y se siente más despejado. Acomoda el retrovisor para ver mejor. Unas algas verdes parecen dormir en el asiento posterior…

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