Disputa en Los Robles (capítulo veintitrés)

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(viene del capítulo anterior)

Rodolfo le preguntó hacia dónde se dirigían. “Ya lo sabrás”, fue la breve respuesta de Lucho y siguió conduciendo, hasta llegar a la hacienda. Apenas notó su presencia, González abrió el portón y los dejó pasar.

“González, ¡ayuda, ayuda!”, gritó Rodolfo a ver pasar a su capataz. Entonces notó que no le hacía caso y cayó en cuenta que era cómplice de su sobrino. Sintiéndose abandonado, él se desmoronó en el asiento, esperando que Lucho hiciera su siguiente paso.

“Llegamos tío”, avisó el joven. Apagó el motor y bajó de la camioneta. A su vez, Rodolfo también salió y vio que se había estacionado junto al establo. Lucho condujo a su tío dentro del mismo y lo puso frente a él. Allí los esperaban Constanza y González, quien cargaba un arma.

Una vez allí, Lucho dijo que quería proponerle algo. “Quiero una pelea justa, a puño limpio: si yo gano, liberas a Constanza y a González”, afirmó el joven. Rodolfo preguntó qué pasaría si él ganaba. Lucho le entregó el revólver y señaló: “haz lo que tengas que hacer”.

(continúa)

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