Los tiempos de Joel (capítulo veinticinco)

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(viene del capítulo anterior)

A diferencia de otros días, Alexia saludó a su enamorado con notoria frialdad: apenas si le dio un ósculo en su mejilla izquierda. Aunque lo percibió, Joel decidió darse por no enterado y saludó a Fernando, a quien sintió más receptivo que su hermana.

Los tres entraron juntos pero se separaron al llegar a la sala: Fernando para avisarle a Sofía, Alexia para decirle lo mismo a su papá. Ambos padres aparecieron casi al mismo tiempo. Manuel y su hija invitaron a pasar al joven al comedor; Sofía y su hijo volvieron a la cocina para servir la cena.

A pesar que Joel reconoció que los platos estuvieron “deliciosos”, el ambiente fue insípido: Manuel no podía dejar de mirar de forma sospechosa al joven, mientras que Alexia parecía asustada. Sofía aguantaba el dolor en su interior y Fernando apenas si cruzó alguna palabra en las cortas charlas.

“Ven, acompáñame”, le dijo Manuel al término de la cena. Joel lo siguió hacia el despacho, algo dubitativo. “¿Sabes? Desde que te vi la primera vez, pensaba que eras alguien de confianza”, habló el padre una vez que entraron allí y se sentaron, “y me pregunto quién eres”.

“Soy el enamorado de su hija”, dijo Joel sonriendo. “No… de verdad, ¿quién eres?”, volvió a repetir Manuel en tono irónico. Joel siguió sonriendo pero esta vez se quedó callado. “Contéstame, ¿quién eres?”, se exaltó el padre y le gritó al joven.

Manuel se levantó de su asiento y se dirigió al casillero, lo abrió y buscó el arma. Sin embargo, por más que revisó no la encontró. “¿Buscabas esto?”, Sofía entró a escena apuntando directamente hacia su esposo.

(continúa)

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