El hombre en la capucha: La revelación de Jano (capítulo siete)

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(viene del capítulo anterior)

“Puede entrar, señor. Su hijo ya despertó”, comunicó uno de los guardaespaldas. Unos segundos después, Carlos Ramírez aparecía en el cuarto. Era un hombre alto y vestía muy fino. Jano apenas si lo miró: no estaba de ganas para reencuentros que no quería. Motivado por un trabajo rentable, su padre había abandonado el hogar hace ocho años.

A los meses de su partida, él dejó de escribir. Era obvio que la relación con su madre ya no funcionaba a la distancia. A pesar que aún vivía, ellos decidieron considerarlo muerto. Jano no tenía, por tanto, ninguna intención de verlo. Incluso aquel abrazo que le dio su viejo luego de tanto tiempo, no pareció tocar alguna fibra de su ser.

Mirella los dejó solos un momento. “¿Qué haces aquí?”, le preguntó poco emocionado, “¿acaso te vienes a disculpar por tu abandono?”. “Sí, hijo”, le contestó Carlos, “a disculparme y a decirte que he vuelto para quedarme”. “Me cuesta creerte”, dijo dubitativo Jano, “¿por qué sería cierto?”. “Porque vengo a llevarte a mi casa”, respondió su padre esbozando una sonrisa…

(continúa)

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