Doble secuestro (parte dos)

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(viene de la parte uno)

Dos patrullas llegaron como a los veinte minutos. El capitán Gómez inmediatamente ordenó acordonar la zona para permitir que los criminalistas y los detectives hagan su labor. Luego de un rato, reunió a su equipo y pidió un primer reporte. Machado, quien se había encargado de indagar por pistas, reseñó que los testigos estaban confusos: “todo ocurrió muy rápido, algunos creen que el auto era negro o azul oscuro, la placa no la recuerdan y no están seguros cuántos disparos se realizaron”.

Cabrera, el forense, sostuvo que no encontró balas, salvo restos inocuos de salvas. “Las marcas de aceleración del auto tampoco es muy clara en el arranque”, prosiguió Vinatea, “ pero existe otra más notable metros más adelante”.”¿Conclusión, muchachos?”, preguntó Gómez. “Lo más obvio, un autosecuestro”, precisó Cabrera. El capitán pidió a uno de los oficiales que llamen a la familia: “diles que nuestra primera hipótesis es un secuestro por lucro y que se comuniquen con nosotros si los plagiarios piden rescate”, sentenció.

A decenas de kilómetros de allí, los tres amigos han llegado a la casa de playa de Julio y empiezan a instalarse con lo comprado en un mini market cercano: Beto se encarga de colocar las provisiones de cerveza y hielo en la refrigeradora, mientras Julio guarda el auto en el garaje y Coco se encarga de programar las citas: “Nena, no te olvides de traer a tus amigas al balneario… sí, como a las 9… las estamos esperando… bye”, cierra la llamada. Pregunta a Julio si tiene toallas: “busca en el segundo cuarto de la derecha”, responde el dueño de casa.

Cuando siente que el agua es lo suficientemente tibia, Coco entra la ducha y cierra las puertas de vidrio. Apenas han transcurrido un rato y cree que alguien lo está observando, cierra el caño y abre la puerta; en efecto, Beto está parado allí, cubriendo la mitad inferior de su cuerpo con una toalla. Coco dice “la ducha es todo tuya”. “¿Por qué no la aprovechamos ambos?”, respondió Beto. Coco rió y caminó para salir del baño, pero Beto se interpuso y no lo dejaba avanzar.

Coco, ya nervioso, se apresuró a ganar la salida mas su amigo lo cogió del brazo. Entonces lo golpeó en el rostro, enviando al suelo a Beto. “¿Qué te pasa? ¿Por un par de chelas te pones así?”, empezó a gritarle. Julio escuchó los gritos y evitó que el hecho pasara a mayores. Coco salió enojado de allí, mientras Julio levantaba a Beto. “¿Que te pasó, broder?”, preguntó el dueño de casa, pero Beto se mantuvo en extraño silencio.

(continúa)

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