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EL ALMA Y LOS MUCHACHOS MÚSICOS


Cuentos Populares de Jauja (Pedro S. Monge)

Cuentos de Jauja

Aprovechando una noche de luna salieron al campo varios muchachos de escuela, llevando sus instrumentos musicales. Iban por los caminos tocando diversos aires, hasta que acertaron a pasar por delante de una capilla, en cuya puerta divisaron a un alma que rezaba. Se les ocurrió entonces fastidiar a esa alma con sus instrumentos de música. Y, sin más ni más, se situaron detrás de la capilla y desde allí comenzaron a tocar sus instrumentos, con todas sus fuerzas, formando un estrépido de los mil diablos.

El alma no toleró tamaña burla, y, revolviéndose furiosa, arremetió contra los bullangueros. Pero en lugar de mandarlos con la música a otra parte, los obligó a permaneces donde estaban y a tocar sus instrumentos toda la noche, sin descansar, so pena de ser muertos si otra cosa hacían.

Los muchachos se vieron obligados a obedecer y se quedaron tocando toda la noche, de miedo al alma. De esta manera se pasaron las horas, toca y toca, hasta el amanecer. Cuando rayó el alba, el alma se fue, dejándolos en libertad.

Jauja, 17 de noviembre de 1955.
Referido por Esteban Mayta, de 56 años, natural de Julcán, padre del alumno. Sabe leer.
Recogido por José Godofredo Mayta Torres, alumno del 4to. Año de Secundaria, Sección “B”.
Recopilado por Pedro S. Monge, profesor del mismo colegio.

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Nota: Pedro S. Monge Córdova. Cuentos Populares de Jauja. Publicado por la Municipalidad Provincial de Jauja, 1991, p. 20.

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EL LEGADO DEL ALMA


Cuentos Populares de Jauja (Pedro S. Monge)

Cuentos Populares de Jauja

Había una señora que tenía mucha fe en los difuntos. Iba todos los días al cementerio a orar en las tumbas. Buscaba, de preferencia, las tumbas caídas, olvidadas, de hacía mucho tiempo. Rezaba muy devotamente arrodillándose al pie de cada tumba.

Una día de tantos, cuando estaba orando según su costumbre, le tocó el hombro un caballero vestido de negro. La señora se asustó mucho, pero el caballero le dijo que nada temiera porque ella era la única que se acordaba de ellos, y que en premio a su virtud iba a comunicarle un secreto que le traería felicidad.

La señora, ya respuesta del susto, le escuchó atenta, y el caballero le dijo:

– Dios no me recibe en el Cielo porque fui rico. Tengo mi casa en tal parte (y le indicó el lugar en que se encontraba la casa), pero está encantada y nadie puede entrar en ella: yo estoy viviendo allí porque no puedo ir al Cielo. Tengo también chacras, cercos, y también dinero escondido. Te dejaré todo eso. Los “papeles” están en la casa, en tal parte (y le señaló el sitio donde estaban las escrituras de sus propiedades). Todos tienen miedo de ir a mi casa porque está encantada, pero tú no tengas miedo, anda no más, saca los “papeles”, no te haré nada. Una vez que te hayas dueña de todos mis bienes, yo podré irme al cielo.

Diciendo esto desapareció.

La señora fue a la casa y saco los “papeles” del lugar indicado por el caballero. Y tal como éste lo dijera, al día siguiente la señora era rica, poseedora de casas, chacras, cercos y dinero. El caballero no volvió a presentársele más.

Mientras tanto nadie sabía cómo se había hecho rica la señora que un día antes era pobre.

Jauja, 19 de abril de 1954.
Referido por Octavio Quispe B., de 46 años, sabe leer.
Recogido por Grimaldo Quispe Hilario, alumno del 4to. Año “B”, del Colegio Nacional de San José.
Recopilado por Pedro S. Monge.

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Nota: Pedro S. Monge Córdova. Cuentos Populares de Jauja. Publicado por la Municipalidad Provincial de Jauja, 1991, p. 19.

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UNA BRUJA Y TRES HUÉRFANOS


Cuentos Populares de Jauja (Pedro S. Monge)

Cuentos Populares de Jauja

En la ceja de la selva vivían antiguamente un hombre y una mujer que llegaron a tener tres hijos, el segundo de los cuales había nacido con una estrella en la frente y la virtud maravillosa de pronosticar el porvenir y adivinar el pensamiento de los demás.

Un día los padres partieron hacia la montaña a traer fruta. Los pequeños aguardaron ansiosos su regreso, pero pasaron muchísimos días y los padres no volvían porque habían sido devorados por las fieras. Entonces el niño que tenía la estrella en la frente adivinó la muerte de sus padres y entre los tres acordaron ir en busca de sus restos. Prepararon su fiambre y, cuando todo estuvo listo, emprendieron el viaje. A los tres días de penoso camino llegaron a una casa en donde vivía una anciana, quien al verlos les dijo:

– ¿A dónde van “huillcas” (nietos)? Yo soy abuelita de ustedes; viviremos aquí y se acostumbraran con mi “huilllquita”.

Los tres huérfanos que habían llegado llorando, se tranquilizaron oyendo hablar a la vieja. Después de la comida la anciana les dijo que dormirían con huillquita. Efectivamente, los tres niños y la chiquita de la anciana se acostaron en la misma cama y se durmieron, mientras la anciana se quedo “chac-chando” su coca.

Pero esta vieja era una bruja malvada. Había atraído a los tres huérfanos con el propósito de victimarlos. Felizmente, a cierta hora de la noche, el chico que llevaba la estrella en la frente se despertó y conoció los designios de la vieja que en esos momentos tenía ya preparado su cuchillo. Entonces despertó a sus dos hermanitos y les dijo:

– ¡Vámonos: nos escaparemos! ¡Esta vieja bruja nos quiere matar!

Sin perder un momento, los tres huérfanos salieron en silencio, con mucho cuidado de la casa y se fueron, siguiendo su camino.

A poco rato la bruja entró despacito a donde dormían las criaturas esgrimiendo su gran cuchillo. En la oscuridad agarró una cabeza y la cortó. Buscó la segunda cabeza pero no la consiguió ni tampoco la tercera. Entonces, renegando, prendió luz y vio que había matado a su nieta a quien tanto quería. Los tres huérfanos no estaban.

La bruja gritó, lloró y rabió. Hecha una furia tomó un costal y su tinya y salió en busca de los huerfanitos. Tomó detrás de ellos el mismo camino que habían seguido y a cada paso tocaba su tinya diciendo al mismo tiempo:

– ¡Pára, ñañacha! ¡Tín! ¡Pára, ñañacha! ¡Tín! ¡Pára, ñañacha! ¡Tín!

A cada golpe que daba en la tinya y a cada palabra que pronunciaba la vieja bruja, los huerfanitos no podían caminar, sus pies se ponían como lana.

Entonces el chico adivino aconsejó a sus hermanitos para que se subiesen a un árbol, a donde la vieja no podría subir. En efecto, el mayor se subió hasta la copa del árbol, el segundo, o sea el adivino, se quedó en la mitad sin poder subir más; pero el menorcito no pudo subir nada, y como la vieja estaba ya cerca, pensó esconderse entre las raíces del árbol, cubriéndose con sus ramas, y así lo hizo.

Cuando llegó la bruja vio a los huérfanos encaramados en el árbol. Entonces aparó la boca del costal al pie del árbol y cogiendo su tinya empezó a tocar diciendo:

– ¡Cae, ñañacha! ¡Tín! ¡Cae, ñañacha! ¡Tín! ¡Cae, ñañacha! ¡Tín!

En ese momento cayó el chico adivino dentro del costal, cuya boca amarró la bruja inmediatamente. Como el mayor no caía del árbol, la bruja resolvió subir. Dejó al pie su tinya y se subió al árbol. En ese momento el menorcito salió de su escondite y corrió a desatar la “amarradera” del costal para libertar a su hermano. Una vez desatado, el adivino agarró la tinya y comenzó a tocar diciendo:

– ¡Cae, bufacha! ¡Tín! ¡Cae, bufacha! ¡Tín! ¡Cae, bufacha! ¡Tín!

Y ¡tín! La bruja cayó dentro del costal, cuya boca los chicos cerraron y amarraron fuertemente. Luego, entre los tres, los huerfanitos cargaron el costal con la bruja dentro y lo llevaron a un río y lo echaron allí.

De esta manera terminó la vida de la bruja y los tres huérfanos se volvieron a su casa llenos de temor, llevándose la tinya de la vieja. Se salvaron gracias al niño adivino.

25 de setiembre de 1946.
Masajcancha, anexo del distrito de Paccha, provincia de Jauja, departamento de Junín.
Referido por Epifania Gómez, de 36 años, a Aparicio Pomasunco Vilca, alumno del Tercer Año del Colegio Nacional de “San José”
Recopilado por Pedro S. Monge, profesor del mismo Colegio.

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Nota: Pedro S. Monge Córdova. Cuentos Populares de Jauja. Publicado por la Municipalidad Provincial de Jauja, 1991, pp. 230/232.

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EL JOVEN AMANTE DE LA BRUJA


Cuentos Populares de Jauja (Pedro S. Monge)

Cuentos Populares de Jauja

Cierta vez, en un pueblo lejano, había una bruja que tenía una hija bonita. Esta muchacha tenía un amante que iba continuamente a verla en su casa.

Un día la muchacha le dijo al joven:

– Esta tarde no vas a venir a verme, porque no voy a estar en casa. Tengo que ausentarme.

No quiso decirle a donde se iba a pesar de que el joven le rogó. Por esta razón el joven se picó, cuando llegó la tarde decide ir a la casa de su enamorada. Llega a la casa y halla las puertas cerradas. Sin embargo, por una ventana que da a la calle ve que hay luz en esa habitación, señal de que alguien está adentro. Lleno de curiosidad se propone averiguar quién está en el interior de la casa, acerca el oído a la ventana y escucha que hay dos personas que conversan en la habitación: son la bruja y su hija que hablan. Intrigado por tal misterio, quiere ver lo que hacen allí madre e hija y asomando la cabeza por la ventana, aguaita con todo cuidado. Lo que entonces vio lo dejó maravillado.

En la habitación había un gran recipiente lleno de agua, que al parecer esperaba a las dos mujeres que estaban desvistiéndose. Cuando estuvieron desnudas se metieron al recipiente y comenzaron a bañarse. Pero el agua del recipiente era sin duda un agua especial, compuesta para brujas, porque a medida que se bañaban les salían plumas por todo el cuerpo. En seguida les aparecían alas y finalmente les salió el pico; total, que las dos brujas quedaron convertidas en un par de lechuzas.

Las tales lechuzas intentaron volar para ver si estaban en aptitud de hacerlo y a la segunda intentona comenzaron a volar. Se salieron por la puerta y desaparecieron por el espacio.

El joven contemplaba pasmado la transformación de su amada y de su madre en dos lechuzas que se fueron volando. Entró a la casa y fue a tocar la ropa de las mujeres que habían quedado en la habitación. De pronto, sin pensar en lo que iba a hacer, le entró la tentación de probar en su persona la virtud de esa agua de brujas. Se desnudó rápidamente y se metió en el recipiente, donde comenzó a bañarse, imitando los movimientos y gestos que había visto hacer a las brujas.

Instantáneamente comenzó su cuerpo a cubrirse de plumas y a los pocos instantes estaba a su vez convertido en búho. Levanta también en el vuelo y sale hacia el espacio, donde se orienta y se dirige por el lugar que habían seguido las brujas.

Volando y volando, llega a las puertas de un gran palacio, a donde penetra audazmente. Allí encuentra a la bruja y a su hija junto a unos grandes príncipes, que no eran otros que los diablos y demonios.

Las brujas, que vivían familiarmente con los diablos, se entregan a realizar actos asquerosos con ellos. Lamían el ano de los diablos, mientras éstos se zurraban asquerosamente. También el joven, impulsado por ese espíritu de imitación, que era fuerte en él, se aviene a participar en uno de estos actos, pero se asquea de repente y exclama: “¡Jesús!”.

Al instante desaparecieron los diablos, las brujas y el palacio en que se hallaban. El joven apareció entonces en el fondo de un barranco muy profundo, entre unas montañas escabrosas. Estaba completamente desnudo. Toda su metamorfosis en búho había desaparecido.

En fin, para salir de allí tuvo que sufrir mucho. Viajó desde ese lugar muchos días, veía gentes, pero éstas huían de él con espanto creyéndolo un fantasma, porque lo veían desnudo, lleno de heridas, hambriento y que iba gritando.

Algunos días después halló chozas en las punas. Los puneños se convencieron de que era gente como ellos y le tuvieron lástima. Le regalaron sus ropas viejas y víveres, y el joven contaba a la gente lo que le había sucedido y cómo había llegado a ese estado. En un pueblecito donde había parroquia se confesó.

Así iba peregrinando, camino a su pueblo, pero muy lejos entre gentes desconocidas. Desgraciadamente, al poco tiempo perdió el juicio a causa de los males que había sufrido y poco después murió sin llegar a su terruño.

Agosto de 1949.
Jauja, capital de la provincia, departamento de Junín.
Referido por el alumno Epifanio Valenzuela Cueva, del 4to. Año “B”, del Colegio Nacional “San José”.
Recopilado por Pedro S. Monge.

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Nota: Pedro S. Monge Córdova. Cuentos Populares de Jauja. Publicado por la Municipalidad Provincial de Jauja, 1991, pp. 227/228.

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EL JOVEN QUE SE DISFRAZABA DE ALMA


Cuentos Populares de Jauja (Pedro S. Monge)
Cementerio de Jauja

Por aquellos tiempos había un joven a quien le llamaban “Almatapla”, por las veces que había tropezado con las almas, según contaba él. Este joven cada vez que moría una persona en la ciudad, solía salir por las noches cubierto con un hábito blanco a deambular por las calles del pueblo. Lo hacía para asustar a las personas miedosas, que creían que era el ánima del difunto.

En una de esas noches que recorría la ciudad en hábito de alma, se encontró con un ser realmente del otro mundo que le detuvo en su camino para preguntarle quién era y a dónde iba. Sorprendido y asustado el joven disfrazado no supo qué contestar por el momento. Entonces el alma le preguntó si era de este mundo o de la otra vida. Viéndose apremiado, el joven recobró todo su aplomo y respondió resueltamente que era del otro mundo.

Pero ya el alma había advertido que se trataba de un farsante y para comprobar su mentira, lo llevó a una iglesia y deteniéndose ante la puerta cerrada le dijo:

– Si eres del otro mundo, abre esta puerta para que entremos a rezar.

El joven hizo grandes esfuerzos tratando de abrir la puerta, pero no pudo. Entonces el alma pronunció unas palabras extrañas y la puerta se abrió por sí sola.

Entraron al interior de la iglesia. El joven iba detrás del alma, dispuesto a hacer lo que ella hacía. Así se dirigieron al pie de la primera imagen y puestos de rodillas comenzaron a rezar. El alma rezaba de una manera muy distinta de cómo rezamos entre los vivos y el joven trataba de imitarle. De este modo recorrieron la iglesia arrodillándose al pie de cada imagen y rezando muy devotamente.

Cuando al fin terminaron de rezar abandonaron la iglesia y el alma cerró la puerta con las mismas palabras extrañas. Luego se dirigieron al cementerio, a donde el alma regresaba para bajarse a su sepultura. El joven iba encantado con la compañía de este ser del otro mundo, esperando averiguar aún más lo que haría en la noche.

Una vez en el cementerio, el alma le preguntó al joven cuál era el sepulcro en que habitaba. El joven, que no tenía sepulcro, creyendo que podía engañar a un alma, le indicó sin vacilar el sepulcro de otro. Entonces el alma, que conocía muy bien al habitante de aquel sepulcro, no pudo sufrir esta nueva mentira, y, lleno de cólera, victimó al mentiroso.

Al día siguiente hallaron el cadáver del “Almatapla” tendido sobre una tumba.

Jauja, 05 de abril de 1954.
Recogido por José Mayta Torres, alumno del 3er. Año “C”.
Referido por Pedro Vivanco, de 50 a 60 años, natural de Julcán, de oficio zapatero, sabe leer, hermano de la abuela del alumno.

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Nota: Pedro S. Monge Córdova. Cuentos Populares de Jauja. Publicado por la Municipalidad Provincial de Jauja el año 1991, pp. 22 y 23.
Foto: Gynko Álvarez

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CUENTOS POPULARES DE JAUJA


Recopilados por Pedro S. Monge Córdova

Plaza de Jauja

Recogiendo la inquietud de numerosos amigos y visitantes a este blog y dado a que en el mercado bibliográfico no existe ningún ejemplar de la obra póstuma de nuestro estelar escritor jaujino Pedro Monge Córdova, a partir de la fecha, publicaré unos cuentos resaltantes de “Cuentos Populares de Jauja”.

Tal como indica el nombre de la obra, estos relatos pertenecen al habla popular y fueron recogidos y corregidos por el recopilador en su interacción docente en el centenario Colegio “San José” de Jauja. La fidelidad del contenido radica en que no se omiten las fuentes, antes bien Pedrito Monge cita a los autores de cada uno de los relatos. La Municipalidad Provincial de Jauja tuvo la acertada iniciativa de patrocinar esta publicación el año 1991, y es de desear, que esta misma entidad, patrocine la segunda edición para que las nuevas generaciones conozcan muchos vericuetos de la sabiduría popular de Jauja.

Foto: Gynko Alvarez

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Pedro Monge en mis recuerdos


Pedro S Monge

Darío A. Núñez Sovero

No tuve la fortuna de haber sido su alumno, pero en el tiempo que me tocó estudiar en el Colegio “San José” de Jauja, su nombre, entre aquellos estudiantes de años superiores, era mencionado con respeto y admiración. Sin embargo, era común verlo a menudo en los pasadizos del añoso local del Jirón Grau, donde funcionaban todas las secciones de la primaria y secundaria de nuestro primer centro de enseñanza de la provincia de Jauja.

Corría el año de 1956 y yo estudiaba el primero de media. Pedro Monge ya se había empinado como un asombroso autodidacta y un obligado consultor de cuánta duda asistía a maestros y estudiantes. Los docentes que iniciaban su apostolado magisterial, que no eran pocos (dignísima profesión de aquella época), afanosamente buscaban su amistad para encontrar el sabio consejo y la oportuna asesoría.

Tiempo después, hacia 1969, cuando me tocó la valiosa oportunidad de trabajar como Profesor en el referido colegio “San José”, obligadamente debía tratar con él sobre mi jornada laboral. Para entonces, el Director era el finado Armando Castilla Martínez y Pedro Monge el Sub-director. La cordialidad de ambos fue excepcional y, desde una perspectiva psicológica, nuestra relación adquirió tal empatía que desde entonces sentí que había incorporado dos nuevas y grandes amistades a mi entorno social. No fue una entrevista protocolar, fue una reunión tan distendida y grata que parecióme haber encontrado las personas a quienes mi incipiencia profesional buscaba desde hacía mucho tiempo. Desde entonces no pude menos que aprovechar cualquier oportunidad para conversar amenamente de cuanto tema estaba en boga, especialmente con Pedrito Monge a quién, por lo demás, era difícil encontrarlo solo, pues era usual ubicarlo rodeado de interlocutores, un redivivo Sócrates de ese tiempo. Era, luego lo sabría, un clásico donde se resumían todas las virtudes del pensamiento helénico, pues actuaba aristotélicamente ya que, además, su método natural era el peripatético, una práctica intensa y cautivadora para quienes lo escuchábamos.

Fue en ese período de tiempo que mi amistad se hizo entrañable, cuando en continuas tertulias, él iba reforzando mis dormidas tendencias filo literarias de las cuales, naturalmente, conocía mucho, tanto que, con gran generosidad, publicó en la Revista Xauxa de ese año tres epístolas de mi autoría y una prosa poética inspirada en una díscola aventura amatoria que ya olvidé. Esta revista la editaron Armando Castilla y Pedro Monge como un homenaje al Primer Centenario del glorioso Colegio “San José”. Allí, además, publicó una síntesis de su Tesis de Graduación en la Universidad Nacional de San Marcos titulada “Del paso oral a la Intervención oral”, magistral trabajo que todo maestro debiera leer y practicar.

Y fue, justamente, en esa práctica peripatética (paseando por los jardines del colegio) que escuché, pasmado y a manera de consejo, sus aseveraciones cargadas de sabiduría y prudencia. Hasta ahora guardo invalorable su sentencia: “Darío, tienes que ser como el demonio”. ¡Cómo!, dije para mis adentros, si el demonio es la encarnación del mal, este consejo es burdo. Comprendiendo mi callado asombro, continuó: “es que demonio nunca descansa, siempre está trabajando”. Así era su plática, siempre serena pero no menos riquísima en contenido.

Como docente, su originalidad asombraba más todavía. Según propia confesión, no habituaba a respetar las exigencias de su programa curricular. Su asignatura favorita era Literatura y sus alumnos, deben recordar que, al principio del año académico, les indicaba la lectura obligatoria de El Quijote de Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra. Luego de ir constrastando la progresión de la lectura, quién concluía, ya estaba aprobado, pues le bastaba ese indicador para saber que sus estudiantes habían estado en contacto con la genial obra del Manco de Lepanto donde se reúnen y condensan todos los atributos de la gramática española. Lo demás, para él, era puro memorismo que mañana se evaporaba y dejaba al alumno sin las armas del arte del buen hablar y mejor escribir. Personalmente, jamás escuché de sus labios pronunciar grosería alguna que tradujeran sus estados de ánimo. Elegante en el uso del idioma, se valía de los mil recursos que nuestra lengua nos proporciona para expresar sus pensamientos. Era común escucharle “es una ventolera” para indicarnos alguna tendencia írrita, o “es una barrabasada” para señalar algo equivocado o incorrecto. O si quería anatematizar a alguien decía “es un pentateuco”. Había, pues, que tener una base mínima de cultura para conversar con él, quién a la vez deploraba que los docentes de “hoy día” (en aquel tiempo) no leían. Sin esa base mínima empujaba al interlocutor a permanecer en el limbo. Así de singular era tratar con este insigne y admirado jaujino a quién recordamos en este centenario de su nacimiento y que ha dado su nombre para identificar al alma máter de cientos de futuros docentes (el Instituto Superior Pedagógico “Pedro Monge” de Jauja).

Desde el punto de vista de la persona, Pedrito Monge, también tenía sus debilidades que están lejos de ser las de este tiempo. Su pasatiempo favorito fue jugar billar y no era extraño verlo en el “Doria”, aquel famoso lugar, de dueños españoles, donde se reunía la bohemia jaujina. Sus habilidades no le hacían rehusar la competencia con renombrados “taqueros” de ese tiempo: así lo veíamos alternar con el gran José Fukushima, un relojero japonés afincado en Jauja con gran talento y destreza para el billar a tres bandas, o con don Fidel García o Julio Lobe, habilidosos billaristas que trabajaban en el Hospital Olavegoya. Cuando no se le veía en el Doria, con toda seguridad, es que estaba concentrado en resolver complicados Geniogramas del Diario El Comercio y en esta tarea no faltaba la compañía de otro insigne maestro josefino, don Miguel Martínez Saravia. tío del laureado escritor jaujino Edgardo Rivera Martínez. Estos momentos de relajamiento eran necesarios para que continúe puliendo su obra publicada post mortem “Cuentos Populares de Jauja” que su albacea, don Miguel Martínez, hiciera conjuntamente con el Alcalde don Diego Gutiérrez Orihuela, en correspondencia a la donación de su frondosa biblioteca y su casa del Jr. Manco Cápac al pueblo de Jauja, lo cual fue cumplido estrictamente como fue su deseo.

Nuestro pueblo tiene en Pedro Monge no sólo un digno representante de las letras sino, además, a un gran benefactor que dejó todo lo suyo a favor de la posteridad y la juventud de esta su digna tierra. Sólo una vez atisbé un débil gesto de vanidad en él, ocurrió cuando visité su casa para pedir prestado un libro y advertí en su sala, además de los libros apilonados en su escritorio, las cuatro paredes con estantes colmados de libros, desde el piso hasta el techo; cuando asombrado hice un comentario por la gran cantidad de volúmenes a lo que él me dijo que veía sólo los libros nuevos pues, los más “viejitos”, estaban condenados a residir en su sótano. Palabras que aumentaron mi admiración, entonces entendí que estaba ante una persona cuya vida había sido consagrada a la lectura.

Con los avatares que la vida nos brinda, me alejé de Pedro Monge por exigencias laborales, hasta que fui noticiado, hacia 1979, que se hallaba internado en el Hospital del Empleado en Lima (hoy Hospital Rebagliati). Obligado como estaba de visitar a mi amigo enfermo, me constituí a dicho nosocomio y lo encontré en un estado penoso. Eran sus días terminales y no bien me reconoció, además de pronunciar mi nombre, lo primero que me preguntó fue sobre el resultado del concurso para cubrir la plaza de Director del “San José, temía que uno de los concursantes, un profesor al que no le guardaba estima ni buenas referencias, ganara el aludido concurso. Le repliqué que el mismo era el ganador, vi cómo cerró sus ojos y dijo quedamente “pobre San José”. Fue lo último que le escuché decir, las enfermeras apuraban mi presencia por el estado crítico del enfermo y tuve que retirarme.

A los pocos días murió y retornó a Jauja dentro de un ataúd austero como él había querido. Había muerto un pro hombre que es la síntesis de la identidad xauxa. Un jaujino de verdad. Loor a la memoria de Pedro Susaníbar Monge Córdova.

(*)Este artículo fue preparado para los estudiantes del ISP “Pedro Monge” de Jauja con ocasión de un conversatorio con motivo del centenario de su nacimiento y publicado en El Reportero. Jauja, Junio del 2006. P.2

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A PROPÓSITO DE LA MUERTE Y LA SOLIDARIDAD JAUJINA

Alameda hacia el cementerio

Dario A. Núñez Sovero

Siempre me entusiasmó la idea y el gesto de ser solidario. No sólo como un concepto teórico sino como una conducta de identificación y desprendimiento incondicional para con el prójimo. Con la experiencia acumulada a través del tiempo admito que entiendo la solidaridad como una idea diametralmente opuesta al egoísmo, al individualismo y que se encuentra muy lejos y ajena a la vanidad. Quién se precia de acumular y tener es, probablemente, muy poco solidario, distante del drama humano diario e insensible a los apremios que viven nuestros vecinos y connacionales. Cito, sólo por lo que se me ocurre, dos casos: en una carta famosa de la década del 60, redactada por Pablo Neruda y dirigida a la juventud de América, cuenta que antes de partir hacia Cuba a un entrenamiento guerrillero, nuestro Javier Heraud convocó a todos sus amigos a su casa y les pidió que se lleven los libros de su biblioteca que quisieran aduciendo que “los libros se han hecho para leer”. Otro: Pedro Monge, antes de fallecer llamó a su albacea, don Miguel Martínez Saravia, a quién pidió que al morir su casa y su valiosa biblioteca fuesen entregados al municipio de Jauja, en calidad de donación, para que sirviesen de lugar de esforzada y provechosa lectura entre los jóvenes y estudiosos de Jauja. Ambos casos son, en mi recuerdo, vívidas experiencias de solidaridad.

La palabra solidaridad llegó a mis oídos desde el colegio y las aulas universitarias cuando en las clases de Deontología o Ética nuestros Maestros nos hablaban, con inusitada vocación, sobre los valores. Luego, cuando se conversaría sobre la jerarquización de los valores y surgirían las discrepancias más acaloradas por el valor más alto y sublime de la conducta humana: los políticos dirían que es la libertad, los abogados apostarían por la justicia, los economistas por la crematística, los psicólogos por la autorrealización humana, etc. Ningún profesional, desde su óptica, creería en la Solidaridad entendida como un valor que compete a la generalidad de los seres humanos y que, felizmente, es el valor que más se practica, especialmente en estos tiempos.

Desde que tengo entendimiento he visto numerosos gestos solidarios a todo nivel. Ejemplos a nivel mundial, fueron los gestos de apoyo internacional cuando ocurrió el terremoto de 1970 en Huaraz o más recientemente cuando el 15 de agosto de 2007 ocurrió el terremoto en Ica y Pisco. El célebre clérigo brasileño Monseñor Hélder Cámara decía: “si no estás con el oprimido, estás con el opresor”, esto en tiempos de la Guerra de las Malvinas; y yo no sé, si bajo esa inspiración el gobierno peruano tuvo un gesto solidario con el pueblo argentino en la desigual guerra que sostuvo con Inglaterra, en la década del 70 del siglo pasado, cuando acudió en su apoyo facilitándole material logístico. Está fresco, no hace poco, el recuerdo de la gran movilización nacional solidaria del país frente al azote del friaje de la zona sur. En fin, es bello advertir que en el planeta existe este sentimiento grandioso de la solidaridad y más bello todavía ver que, a nivel local, nuestra colectividad se mueve permanentemente para demostrarlo. No dejan de ser plausibles, entre otros, gestos de la “Asociación Pro Jauja” que anualmente hace actividades para estimular el rendimiento de los mejores estudiantes de la provincia, o ese otro gran gesto de la “Asociación Santa Fe de Hatun Xauxa” de cambiar el piso de nuestra Iglesia Matriz y enlucirla totalmente, ni qué decir de las campañas solidarias que cotidianamente vemos a través de los medios radiales y escritos del departamento a favor de personas y pueblos que tienen desgracias personales y telúricas.

Casa de mi madre en el jr. Grau - Jauja
Este es el momento cuando el ataúd de mi querida madre, se despide de su casa en la cuadra 8 del jirón Grau, Barrio La Libertad en Jauja; la misma que fue su residencia por más de 87 años (sábado, 11 de julio de 2009)

Por todo eso, cuando se habla de solidaridad, sólo de escucharlo se me arrebuja el alma y me conmuevo hondamente; especialmente, cuando compruebo que en mi adorada Jauja este sentimiento tiene un vigor insospechado, una fuerza que ennoblece a sus habitantes. Lo he advertido en numerosas ocasiones, especialmente en momentos dramáticos para un pueblo como son los momentos en que se enfrenta a la muerte. No recuerdo, por eso, sepelios más concurridos cuando transcurría el año 1990, el futbolista del Club Asociación Independiente Estudiantil de Jauja, Mario Bravo Malache, apareció cruelmente asesinado en las riberas de la Laguna de Paca y el pueblo conmovido lo acompañó hasta su última morada en nuestro Cementerio General. O esas otras demostraciones de dolor cuando en idénticos sepelios el pueblo, apesadumbrado y callado, dijo adiós a Luis Balvín Martínez y después a su primo Edilberto Balvín Povis, éste último muerto trágicamente en las festividades de carnavales en su barrio. Los jaujinos lloran, sin hipérboles y con mucho sentimiento cuando sus hijos parten al más allá, lloran sin mezquindades, muertes de hijos valiosos como Teófilo Jorge Aliaga Osorio, Hugo Orellana Bonilla, Juan Bolívar Crespo, Pedro Monge Córdova, Miguel Martínez Saravia, Pedro Adrián Infantes Mandujano, Maruja Martínez Castilla, Adelaida Bolívar Arteaga, y tantos otros que escapan a nuestro recuerdo.

Misa del primer mes en Jauja
Misa del primer mes en la Capilla El Carmen en la Plaza de Jauja (sábado, 08 de agosto de de 2009). Agradezco a todas las personas que nos acompañaron en estos momentos de dolor, su solidaridad sirvió para compensar esta tristeza por la partida de una madre.

Esa conmovedora solidaridad de nuestra comunidad es la que me obliga a resaltarla, especialmente cuando, como dije en una breve y agradecida alocución frente al ataúd de mi madre, uno constata que quién parte a la eternidad estaba adentrado en el corazón del pueblo, en el meollo del sentimiento Xauxa. Ese olor a multitud es el más grato de los aromas y el mejor homenaje que podríamos rendir a nuestros muertos, la gratitud que se expresa ante la pérdida de una vida fecunda, el incienso en el que se evapora una existencia santa. ¡He ahí, la valiosa y atípica solidaridad jaujina ante la que me hinco reverentemente!

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Palabras para mi madre ausente

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EL BARRIO DE LA LIBERTAD DE JAUJA Y SUS CARNAVALES

La Libertad de Jauja

Carlos H. Hurtado Ames

El carnaval jaujino es el antiguo y señorial baile de nuestros padres y ancestros: figura principal en nuestra infancia y que, a la postre, se hizo parte fundamental en nuestras vidas. Así es, esencia viva de los de La Libertad y los jaujinos en general.

En el presente artículo haremos una presentación del barrio de La Libertad de Jauja y de cómo desarrolla sus fiestas de carnaval. El mencionado barrio es el más antiguo de la ciudad en cuanto a fundación, ya que data de 1871 y, dentro del proceso celebratorio de todo el carnaval jaujino, es uno de los más tradicionales, importantes y de mayor concurrencia.

LAS INSTITUCIONES BARRIALES EN JAUJA

En la sierra central del Perú, y particularmente en el valle del Mantaro, a comienzos del siglo XIX surge la figura de la asociación, que toma las funciones de la antigua cofradía que por este periodo entra en crisis. La “asociación” era una especie de círculo de afiliados dedicado a la devoción de santos específicos y dependía principalmente de la contribución de sus miembros. Al igual que ahora, muchos de estos cargos tenían responsabilidades específicas en la fiesta y supuestamente debía costear algunas ceremonias o la misa. Muchas de estas sociedades compraron tierras (muchas de ellas, también, las perdieron más adelante), que eran administradas por la autoridad más elevada: el mayordomo.

En el caso de la ciudad de Jauja, las asociaciones más importantes fueron realizadas por personas que vivían en un lugar común que delimitaba el barrio, y que tenían por eje articulador la adoración a la llamada Cruz del Barrio. La Asociación más antigua es precisamente la del barrio de La Libertad, que se fundó en 1871 con el nombre de “Asociación Fraternal del Barrio de La Libertad”; le siguen en antigüedad la del barrio de Huarancayo, que se fundó en 1928 con el nombre de “Asociación Fraternal Huarancayo” y la de la Samaritana, que data de 1934, esto último de acuerdo a lo que informa Pedro Monge en Estampas de Jauja (1980). En el caso de La Libertad y Huarancayo, existen libros de Actas que certifican esta información.

Precisamente ha sido Pedro S. Monge quien, de manera fina y elegante, ha enfatizado la importancia de los barrios en Jauja, sobretodo en cuanto a su participación en la fiesta de la ciudad, verbigracia, el carnaval jaujino: “En Jauja puede decirse que los Carnavales se han hecho para los barrios y que los barrios son obra de los carnavales. Cada barrio ha surgido bajo el signo de la alegría, de la música y la danza, con su capilla, su “monte” y su “pandilla”. Y barrio que no celebra este acontecimiento del año no tiene razón de existir”. Pedro Monge también observó que en el vocabulario local la palabra “barrio” significa algo más que en su acepción general y conocida. Designa, señala, no sólo a cada una de las partes en que se divide la ciudad, sino, sobre todo, a una asociación de vecinos, especie de hermanos, organizada, con obligaciones religiosas y sociales para los tiempos de Carnaval. Cada barrio tiene su junta directiva, con su presidente y sus funcionarios de fiesta, devotos del Señor de la capilla y devotísimos del “cortamonte”. Por eso, para Pedro Monge, al decir los “barrios de Jauja”, se designa en realidad a estos conjuntos organizados, verdaderos resortes de voluntas colectiva, capaces de acciones más grandes que la simple celebración de un carnaval.

Como vemos, una de las principales funciones del barrio es la organización de la celebración de la fiesta del carnaval: el cortamonte. Pero la función de la asociación no se limita sólo a esto, se observa que también realiza actividades en pro del desarrollo del barrio. Este aspecto no será desarrollado en este artículo, que se centra en el barrio como ente organizador y que asegura del éxito de la fiesta.

EL BARRIO DE LA LIBERTAD: ORIGEN DE LA MEMORIA

Plaza Santa Isabel del Barrio La Libertad
Histórica fotografía de la Plazuela de La Libertad en Jauja. Foto Recopilada en el Concurso de Fotografías Antiguas “Jauja Recuerdos en Blanco y Negro”, participante: Pio Peña Cairampoma
www.xauxatiempoycamino.org

El emplazamiento del barrio de La Libertad es el que corresponde prácticamente al ahora llamado Centro Histórico, el damero o la cuadrícula, considerado como zona de resguardo arquitectónico por el Instituto Nacional de Cultura. Esto porque el barrio esta comprendido en la zona central de la ciudad y ha sido así desde los tiempos más antiguos. Los límites del barrio aceptados por el consenso, aunque imprecisos, son desde el jirón Junín, entre los jirones Tarapacá y Manco Cápac; del jirón Manco Cápac hasta el jirón Arica y del jirón Tarapacá hasta el jirón Acolla. El lugar más representativo del barrio los constituyen la Plaza Santa Isabel y la Alameda que va al cementerio, donde termina el límite.

Se trata de un barrio lleno de historia. En efecto, desde los primeros tiempos, La Libertad ha estado presente en toda la historia de Jauja, ya sea en la decisiva participación en las luchas por la independencia o las acciones con Cáceres durante la infausta Guerra del Pacífico. Precisamente, la historia de la institución se remonta a las últimas décadas del siglo XIX, que, como ya señalamos, es lo que nos muestran los valiosos documentos históricos que tiene la Asociación. De acuerdo a esta información, se sabe que el barrio se fundó en 1871 y tiene, por lo tanto, 136 años de existencia, aunque es obvio que el proceso histórico es más amplio. En el respaldo de la primera Cruz del barrio aparecen los nombres de los cobarrianos: Manuel Monge Rivero, Gabriel Vargas Valenzuela, Carlos Vargas Monge, Valeriano Monge, Pablo Bonilla Gutierrez, Francisco Abanto Monge, Manuel Velazco Hurtado, José Ampuero Núñez, Manuel Landa Pacheco, Justo Villanes, Alejandro Osorio, Humberto Lizarraga, Germán García, Juan Ames Galarza, Santiago Solís, Rosendo Solís, Cesar Lira, Rosendo Bravo, Pelegrino Loli, Pedro José Núñez, Cesario Villanes, José Saravia. Pedro H. Prado, Erasmo Posadas, Rolando Colareta, Luis Bardales, Arturo Vásquez, Manuel del Valle, Vicente Caballero, Fortunato López y otros distinguidos cobarrianos que no se han podido obtener sus nombres.

En aquella época, se fundó la Asociación con el nombre de “Santa Isabel”, el que sería reemplazada por el de “La Libertad” a raíz del centenario de la independencia en 1921 y la construcción del peculiar monumento con águila encima en la plaza del barrio. Esta plaza, así como la Alameda que va al Cementerio, fueron realizados en 1859 por el Batallón “Paucarpata”. Esta plaza tiene mucha historia, ya que aquí se realizaban sonadas corridas de toros y fue el sitio primigenio donde surgió el “jalapato”, al igual que la tunantada, como lo viene demostrando la investigación científica objetiva y no el empirismo subjetivo que es poco lo que aporta. La Alameda ha sido y es un espacio público de tertulia, donde han nacido muchos romances, siendo de recuerdo las parejitas y su “amor de tísicos” que inspiraron muchos relatos y poemas. El Arco, que es prácticamente un símbolo del barrio, es un diseño del artista Wenceslao Hinostroza ya en el siglo XX y que reemplazó a las antiguas rejas similares a la de la Alameda de los Descalzos de Lima que antes había.

Edgardo Rivera Martínez, vecino notable del barrio, ha plasmado en varias de sus obras, esta geografía urbana que venimos mencionando.

CARNAVAL: ENSOÑACIÓN Y MAGIA

Jaujinas
Lindas jaujinas en pleno carnaval

Sin embargo, lo que más caracteriza al barrio de La Libertad son los famosos carnavales que aquí se organizan. En principio este barrio es el único de entre todos que conserva celosamente la tradición de plantar y tumbar alisos en sus tradicionales cortamontes. Curiosamente, las pepitas del aliso comienzan a madurar por la época de carnavales en Jauja.

Para la organización de la fiesta de carnavales, antes existían dos juntas directivas, una para el monte que se tumba el día viernes, el más antiguo, y otro para el que se tumba el día martes, el llamado de “la juventud”. Posteriormente, estas juntas se unieron, y a partir de 1983, se consiguió la personería jurídica del barrio para los trámites legales respectivos de diferente índole. El origen del monte del día viernes no ha sido determinado con claridad, aunque es posible que sea parte de la expansión de la fiesta de cortamontes en Jauja que se dio, al parecer, entre la segunda y tercera década del siglo XX. En este momento inicial, tanto la llamada traída y el cortamonte propiamente dicho, eran en un solo día, situación que cambio al hacerse más compleja la fiesta. El monte de la “juventud” se remonta a épocas más recientes, a la década de los sesenta del siglo pasado. Este monte es el más concurrido de toda la provincia de Jauja y seguramente de toda la sierra central del Perú. El martes de la juventud no alcanza la vista para ver las cuadras y cuadras de bailantes. Se trata de un espectáculo simplemente impresionante. La jaujina liberteña con su atuendo típico innumerable, abarca una dimensión más alta de la que aquí podemos mostrar.

Todo jaujino que se precie ha bailado o desea bailar en La Libertad y cada vez son más las parejas de bailantes y seguramente se irán incrementando con el devenir del tiempo. En este sentido, la construcción de la plaza folclórica del barrio por la anterior junta directiva es una cosa digna del aplauso (me refiero a la integrada por las profesoras Mary Velasco, Marina Ames y Antonieta Olivera). Mediante ello aseguramos la conservación y permanencia de uno de las expresiones folclóricas más importantes de Jauja, pero sobre todo de nuestra identidad. Por su parte, la actual junta ha puesto más énfasis en la construcción de la Capilla barrial con la participación de casi todos los cobarrianos, que a la vez es un anhelo en el que se ha venido trabajando desde hace muchos años.

Hay magia en el carnaval, quienes esperamos todo el año para ataviarnos de jaujinidad en estos días, lo sabemos. Un milagro secreto, unánime, que se renueva y revitaliza. Tantas sensaciones mezcladas en la traída y en el baile, alegría, euforia, ensoñación, un no sé qué, amor tal vez. Eso que nos hace decir felizmente somos jaujinos, felizmente nacimos aquí. ¿Cuántos sueños, cuántas vivencias, cuánta razón de vivir? Carnaval en La Libertad, así como ese nido que abriga la esperanza; la ilusión que nos convence del milagro de la vida.

Por todas estas razones, hablar del carnaval jaujino es hablar del barrio de La Libertad, y hablar del barrio de La Libertad es hablar de la historia de Jauja. Efectivamente, para comprobar esta verdad tan fundamental, basta con darse una vuelta por las calles del barrio tan llenas de esta historia, o ejecutar el maravilloso baile del carnaval jaujino, elegante por sobre todas las cosas, infinito, lleno de vida y de tiempo.

Huamanga, febrero del 2007.

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Jauja y sus productos bandera III

agua

Escrito por Dario A Núñez Sovero
darionunezsovero@hotmail.com

Nuestra cuatricentenaria Jauja, la muy noble ciudad al decir de los fundadores españoles (el dicho de ciudad hidalga y valerosa es inexistente), es una entidad social de incontables encantos y misterios. Sus encantos los vamos resumiendo en los productos bandera 1 y 2 que hemos publicado, pasando por sus misterios que, entre otros, están escritos en los largos Cuentos Populares de Jauja que compilara con asombrosa paciencia aquel Amauta jaujino ya desaparecido, don Pedro Monge Córdova, y publicara póstumamente su albacea don Miguel Martínez Saravia, también ya desaparecido.

Manantial de agua
El manantial de Quero se encuentra ubicado en el distrito de Molinos, al este de la provincia de Jauja.

A diario, los que residimos en ella, constatamos sin darnos cuenta por nuestra acción rutinaria, lo sabroso de nuestro pan, la belleza encantadora y cautivante del paisaje de la Laguna de Paca, lo señera que es la estampa de la Tunantada, lo donairoso de nuestra pandillada de carnaval, el verdor incomparable y fragancioso de la campiña aledaña, etc., pero nunca hemos detenido nuestra atención en valorar y reconocer lo precioso que significa para la vida de Jauja la existencia de una prístina y cualificada agua. Si, esa agua que es la fuente de la vida y que, según los filósofos presocráticos junto al aire, fuego y tierra, son los ejes de la existencia terrestre, en nuestra Jauja cobra ribetes de especial significación por lo que a continuación debo explicar.

El Padre de la Medicina, Hipócrates, cinco siglos antes de Cristo escribió su obra “Del aire, fuego y situación”, obra que sirvió de fuente para crear la tesis del Determinismo Geográfico. De aquella postulación que explica que “la Geografía es la Historia escrita de antemano y la Historia es la Geografía en acción”. Hipócrates explica que aquellos pueblos donde el agua es abundante, la tierra es feraz y noble, el aire es puro y vitalizante, pues ellos están predestinados a la agricultura, ganadería y el cultivo de las artes; por tanto a ser felices, pone como ejemplo a los caldeos, aquel pueblo de la antigua Mesopotamia asentada a orillas del río Eufrates cuya mayor ponderación fue la gran ciudad de Babilonia. Por el contrario, pueblos con escasez de agua, de suelos rocosos y eriazos, donde la agricultura no es posible, menos la ganadería, éstos se hallan condenados a ser hostiles y belicosos; para justificar esta explicación pone como ejemplo a los Asirios, pueblo que sabemos fue uno de los mas sanguinarios y crueles de la humanidad. Jauja, por sus antecedentes y especial posición dentro de la realidad geográfica peruana, debería ser la Babilonia del siglo XXI que estamos soñando.

Por otro lado, siempre las grandes culturas y civilizaciones, así como las megápolis de este nuevo milenio se han asentado al pie de referentes fluviales importantes, de este modo sabemos que, por ejemplo, Londres se ubica al pie del Támesis, París en el río Sena, Washington en el Potomac. Es así como Lima se ubicó en las riberas del Rímac y Jauja en las del río Jauja (que luego pasó a denominarse impropiamente río Mantaro).

Paisaje Valle Jauja
Si bien Jauja se provee de agua de los manantiales de Quero en el distrito de Molinos y el manantial de Juntaizama en Miraflores – Paccha, los mismos que se encuentran fuera de todo alcance de contaminación; cierto es también que, la otra cara de la moneda, por el Valle de Jauja atraviesa el Río Mantaro que hoy se encuentra totalmente contaminado por elementos tóxicos que provienen de La Oroya, donde se encuentra la empresa minera Doe Run.

En el caso de nuestra ciudad de Jauja, el referente fluvial no fue suficiente porque, para dicha de nuestra pequeña patria, tenemos a dos madres nutricias de mayor envergadura dada la excelente calidad de sus aguas: los manantiales de Quero en el distrito de Molinos y el manantial de Juntaizama en Miraflores-Paccha. De estas dos fuentes emana un agua torrentosa y exuberante de singulares características que le dan a Jauja un sitial de privilegio y que los que somos sus residentes debemos saber y cuidar:

1) El agua que consume Jauja no necesita ser tratada con dosis de cloro y otros, sencillamente es pura y de una claridad y transparencia admirables. Si la empresa que la administra lo hace es porque tiene que cumplir ineludibles requerimientos legales que emanan de la Sunass y el Ministerio de Salud.
2) Como ocurre en otras ciudades, nuestra agua no necesita de motobombas para llegar a la ciudad, lo hace por presión natural y ello preserva su calidad (A este respecto es conocido y publicado por medios de comunicación que una localidad vecina al sur que se precia de “gran ciudad” tiene agua contaminada con coliformes fecales, lo que, por supuesto, no nos alegra, pero si preocupa).
3) Informada de estas características únicas en el país, empresas multinacionales como la Coca Cola e Inca Kola, optaron por embotellar sus productos en Jauja. A los grandes mercados limeños y del exterior llegó el agua de Jauja en vistosos envases que hacian más nobles estos productos.

Lamentablemente por una desdichada situación económica y la fatal “estructura de costos” que las economías dictan sobre los procesos industriales, se ha privado a Jauja de seguir contando con estas empresas embotelladoras que han trasladado sus sedes a otras ciudades. Pero nuestra agua sigue allí, fluyendo noblemente cada día para preservar el contento y la salud de los xauxas.

Valle de Jauja
Ante la contaminación de las grandes urbes, el Valle de Jauja tiene asegurado su futuro por su clima y agua.

El agua, que es abundante y pura, es otro producto bandera de nuestra Jauja que nos enaltece y que tenemos que cuidar, especialmente en sus fuentes originales de Quero y Paccha Miraflores. La red que distribuye el agua a la población está a punto de colapsar, queda como tarea de los responsables de su administración el cambiarla al 100% para que las futuras generaciones sientan el orgullo de contar con este invalorable recurso. La batalla del futuro no será por la tierra, sino por el agua. Jauja tiene asegurado ese futuro.

Links relacionados:

Jauja y sus productos bandera I

Jauja y sus productos bandera II

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