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La creatividad de Edgardo Rivera Martínez: Premio Nacional de Cultura 2013

Edgardo Rivera Martínez

Edgardo Rivera Martínez (Jauja, 1933) Premio Nacional de Cultura 2013 en la categoría Creatividad, por el Ministerio de Cultura, vive ahora en Lima pero retorna con frecuencia a Jauja, su ciudad natal, donde vivió su familia materna, y donde se manifestó su vocación por la literatura. Jauja, o en el hermoso valle donde se encuentra, es el escenario, y centro medular de su hermosa producción narrativa.

Hace un mes estuvo en ella. Le hicieron un cálido homenaje en el que participaron agrupaciones culturales y sociales de su ciudad. Piensa volver a Jauja siempre que le sea posible porque ahí están sus raíces, su casa familiar, y porque una de sus hijas aún vive allí.

Edgardo Rivera Martínez considera que los premios en el área de cultura cumplen una función de suma importancia. Afirma que por una parte son un estímulo para la creación; y por otra parte son expresión del reconocimiento de nuestro país al trabajo creativo de escritores, artistas, músicos, y a la labor de instituciones culturales.

Lo visitamos en su apacible departamento de Miraflores, cerca al mar. Se muestra afable, de buen humor, dispuesto a la conversación. A través de la forma que utiliza para expresar sus pensamientos y emociones se trasunta la sencillez del maestro, y de aquel adolescente que en una ocasión decidió escribir un cuento y recibió las palabras de estímulo de uno de sus profesores. Las palabras de aliento que él ha ofrecido a más de un novel escritor.

Le preguntamos, ¿en qué momento decidió ser escritor?
Fue una experiencia temprana. Mucho influyó mi familia materna, y en especial mi hermano mayor, Miguel, gran amante de la lectura. Después, ya en el quinto año de secundaria, mi profesor de lenguaje, una persona muy culta, Pedro S. Monge, leyó un cuento que yo había escrito y lo publicó en la revista del Colegio Nacional de San José de Jauja, en el que estudié. Ya me sentía en ese entonces llamado para la creación literaria, también para la música, pero más profundamente para aquella.

Pedro S. Monge, escribió, en la revista de ese Colegio una nota de presentación al primer cuento que se publicó en ella, La cruz de piedra, en la cual dice: “Lector impenitente, ha barajado a todos los representativos de la literatura universal en su afán encomiable de acopiar concepciones estéticas y modelos de estilo para iniciar su propia elaboración literaria. Temperamentos y méritos como los de Edgardo Rivera Martínez justifican holgadamente que un profesor rompa sus normas de rígida imparcialidad para SALUDAR AL DISCÍPULO DISTINGUIDO, CON LA SEGURIDAD DE SALUDAR EN ÉL A UNO DE LOS FUTUROS ESCRITORES DEL PERÚ”.

¿Considera usted que el escritor nace, o puede también formarse?
Son las dos cosas. Son dotes naturales que los seres humanos traemos para la ciencia, para el arte, para la literatura, para la acción, para el deporte. Y al mismo tiempo, el estímulo que significa el ambiente familiar, el ambiente de los estudios de primaria, de secundaria, el medio en el que ha nacido el futuro escritor o escritora, la importancia de la cultura en nuestras ciudades, en nuestros pueblos.

¿Reconoce la influencia de otros autores en su narrativa?
Es difícil responder a esa pregunta. Pero diré en todo caso que hay escritores en prosa que me han fascinado: García Márquez, Borges, Azorín, en lengua castellana; Proust, en francés. Y de los clásicos he sido un temprano lector del Quijote, gracias a que nuestro abuelo materno nos dejó una hermosa edición ilustrada por Gustavo Doré. También el hecho de que mi hermano mayor fuese un gran lector, todo lo cual se ve reflejado en mi novela País de Jauja. Ese adolescente, su protagonista, es en muchos aspectos lo que yo fui o me sentí en esa etapa de la vida.

¿Cómo surgen sus historias?
Es difícil que pueda resumir cómo es que me viene la idea de un cuento. He escrito cuentos en diferentes etapas de mi vida, y a partir de  muy diferentes vivencias y experiencias..

¿Nos puede confiar su método de trabajo?
Cuando inicié mi trabajo literario lo hice con una máquina de escribir. Pero como tenía el afán de expresar o representar del mejor modo lo que tenía en mente, mi trabajo creativo era entonces un poco lento. Pero eso cambió radicalmente con la computadora. Gracias a las facilidades que ofrece para rehacer, cambiar, corregir, escribí País de Jauja en algo más de un año. Con la máquina de escribir era más complicado. ¡Cómo sería cuando los escritores escribían a mano y con pluma! ¡Cómo sería en la época de Cervantes!

¿Disfruta usted al corregir sus propios textos?
Sí. Es un trabajo que a veces es un poco arduo, pero se disfruta de los resultados. Es grato volver al mismo texto después de un tiempo, y ver qué puede mejorarse, qué se puede agregar.

¿Qué papel cumplen las ideas, la reflexión, en cada texto narrativo?
Un enorme papel. En mucho planos, y de diversas maneras. En la obra literaria, como en la obra de arte, hay una convergencia de pensamientos, de convicciones, de sentimientos, de aspiraciones, y de otros factores.

Nota: Edgardo Rivera Martínez es autor de una extensa obra narrativa. Su primer conjunto de cuentos, El Unicornio, se publicó en 1963. En 1982 se hizo acreedor de la primera versión al cuento de las 1000 palabras  de la revista caretas con Ángel de Ocongate. Su celebrada novela, País de Jauja, llegaría en 1993 (fue finalista en el prestigioso Rómulo Gallegos dos años después y se le consideró la mejor novela de la década). Rivera Martínez destaca además por sus importantes aportes en el estudio de los Viajeros del siglo XIX.

Fuente: Ministerio de Cultura

 

 

 

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Claudio: El desconocido más celebrado

CEB - Francia

Camilo Espinoza Beas

Estaba en la biblioteca de la Universidad de Granada, revisando unos textos de Camus y  Sartre, y un mensaje llegó a mi ordenador: “Tiene un mensaje nuevo”, con mediana displicencia abrí el mensaje; dejé por unos minutos que el mensaje estuviera expuesto porque tenía la vista sobre L’étranger. Aún sumergido en aquel texto, eché un vistazo al mensaje y mi sumersión y encanto, mutaron súbitos. Edgardo Rivera Martínez y Rodolfo Hinostroza obtienen el Premio Nacional de Cultura 2013. “Jolines”, fue lo primero que dije alterando el statu quo y la orden imperativa colonizadora de: Guardar silencio, que se hallaba en letras grandes y de negro intenso, decorando el mundo de la imaginación y la creación. Apoyé mi humanidad sobre el respaldar de la silla, y mi ser se concentraba y satisfacía por aquel acontecimiento. Seguramente las gentes que estaban por mí alrededor, habrán juzgado y sentenciado mi actitud y la palabra que dije, que no es precisamente una palabra que ayude a la interacción con otras gentes, sino más bien, altera las normas mínimas de convivencia pacífica. Pero qué importaba, estaba listo para que me pidieran que abandonara el mundo del silencio, con su acostumbrado vale, al final de cada resolución imperativa de los celadores de ese mundo. Pero no sucedió.

Me tomó un lapso reincorporarme. Deseaba responder el mensaje; sin embargo, me contuve y le di click al buscador de la biblioteca. Escribí el nombre de ERM y la búsqueda arrojó los resultados. De una manera indiferente y quizá absurda, digo quizá, abandoné a monsieur Meursault y el telegrama del asilo: « Mère décédée. Enterrement demain. Sentiments distingués». Y no de una manera indiferente, me puse de pie y me dirigí al apartado de Literatura Latinoamericana. En un acto instantáneo, tenía en mis manos el libro de cuentos completos de ERM. Contemplé con admiración y mucha nostalgia la portada del libro. De pronto, recordé Jauja, mi casa y la biblioteca de padre, y en una confabulación extraordinaria recordé que hace seis años más menos leí El unicornio (primera edición) y País de Jauja; ese país que acogió en su período de vacaciones escolares al  entrañable mozalbete Ayala. Mozalbete con el que, en algún momento, me identifiqué de una manera grata, risueña, jubilosa, y que seguramente habrán experimentado lo mismo, salvando la interpretación y las experiencias personales de cada lector, los que se han dado el verdadero placer de leerle. Y recalco, los que sí le han leído.

Ya en una incorporación plena y consciente, y pasado algunos días, revisé cuanta información había sobre Claudio, El Unicornio, El Ángel de Ocongate, y el creador. Sobre todo, el creador. Esa existencia que hizo posible, hace seis años más menos, que me identificara de una manera autentica, genuina y visceral, si cabe el término, con Jauja, y visualizara e imaginara Europa, sin haber pisado ese continente. Necesitaba saber que acontecía con él, y en mi expedición por lograr información, de una manera tierna, encantadora, sublime, se me vino al recuerdo madre y la vez que me dio el libro de usted; sí, de usted porque como recuerda: “Ya estabas de vacaciones, en esos meses de lluvia pero  también de días claros, en que podrías hacer lo que te viniese en gana” (*). Estampas de Viaje, era el libro que me dio de usted, donde se encuentran A Viena, en invierno y verano, Visita a César Vallejo, Álbum de Praga, entre otros relatos, que los leí en su Jauja y en mi Jauja querida donde soñaba conocer París, Viena, y quizá iluso: “Algún día estaré allí como usted”, decía en voz interior. Y así fue. En mi estadía en Austria, llegué a Salzburgo a la mismísima Mozarts Geburtshaus,  y estando allí con unas gafas de sol ocultando mi felicidad, y recordándole con su barba y sus inseparables gafas, me dije, en tono calmo y bajo para no alterar el statu quo de nada: “Si me viera Claudio, seguro se pondría verde de la envidia”, y agregué: «Tú Claudio sigue nomás con tu piano y con tus libros, porque te falta mucho para ser como yo, ¡un hombre!» (*).

Viene al caso contarle que estuve en París en la casa de un amigo jaujino, que su admirable cortesía hizo que me sintiera como en casa, como en casa parisina, desde luego, porque él, ya es muy parisino tiene ese dejo de la “erre” muy marcado que a mí me hace mucha gracia y se ve simpático. Una noche que bebíamos una especie de brandi entre recuerdos y risotadas y el sonido de la “erre” cada vez más recurrente en nuestra tertulia, y sin ánimo de echarle a perder su hospitalidad y acento parisino, le dije que, con ese acento no podrás cantar esas mulizas que cantábamos en jauja después de una traída. Él me miró muy parisino y circunspecto, creí por un santiamén que mi estancia y su hospitalidad habían caducado en ese preciso momento; de pronto, se llevó sin titubeos, la copilla a la boca y se la echó pa’ dentro en otro santiamén, y preciso dejó caer la copa en el portavasos; en un gesto facial que daba la impresión que saboreaba la especie de brandi,  canturreó esa muliza que tanto nos gustaba, y yo le hacía de segunda voz. La intrusa “erre” parisina se había desvanecido, como ese amor de carnavales que él conoció, experimentó y sufrió, y le hizo tomar la decisión de llegar y ampararse à París.

Permítame contarle que al día siguiente visité la tumba de don Cesar Vallejo, no le escribí ninguna narración cómo usted lo hizo en su viaje y en su tiempo. Era abril y el vientecillo frio me pegaba muy duro en mi humanidad, pero ello no hizo que no cumpliera mi propósito, es decir, contarle a don Cesar, que había terminado mi segunda novela que la he llamado Octubre. Sí, desde el momento que empecé a escribir la he llamado Octubre y se ha mantenido inamovible. Parte de algunos hechos ciertos como: la pérdida, el dolor, el sufrimiento, la indiferencia, el deseo de justicia, el rechazo a todo lo establecido por los hombres, y tal vez, un deseo de libertad. Sé que tendrá muchas cosas que hacer, sin embargo, permítame nuevamente que le diga que, la idea de este texto la concebí en dos mil nueve cuando aún estaba en Perú. Tenía escrita 75 páginas, pero, no me terminaba de convencer esa dirección que estaba tomando, sentía que estos temas necesitaban otra perspectiva más personal, fuerte, que calara en el ser. Y de una forma que aún no me llego a explicar, como si algo invisible me condujera, empecé a interesarme por la filosofía y la literatura existencialista, que en otro estadío de mi vida, de alguna forma había prescindido. Déjeme decirle que, una enorme ventaja es tener a mano tanta literatura como la que hay en la Universidad de Granada, así que, me adentré en los existencialistas y leí libros, artículos, vi entrevistas, documentales y todo en cuanto se refería a Sartre, a Camus, a Heidegger, a Kierkegaard, a Nietzsche, a Dostoievski, a Sábato y otros más. Sí don Edgardo, Camus y Sartre, aquellos de los que usted y don Mario Vargas Llosa hablaban en la facultad de letras de la UNMSM, se recuerda, seguramente que sí; y también recordará que don Mario era muy estudioso y gran lector y hasta en una ocasión le “sopló” una o dos preguntas. No deseo desviarme del tema, pero continuaré diciéndole que, sentí que luego de conocerles, había encontrado por fin el camino que mis experiencias, mis temas, debían seguir. Las 75 páginas que tenía escritas las quemé (es una forma de decir, espero me entienda), las borré (se ajusta más a la actualidad) porque no tenían el sentido que ahora había hallado y con el cual me sentía muy satisfecho. Comencé a escribir en Milán, el 28 de febrero y terminé el 13 de junio en inicios de las oleadas de calor provenientes del África, porque aquí los cambios se deben a oleadas provenientes de aquí y de allá. Y el resultado, un texto de no más de 199 páginas, muy al estilo de Albert Camus quien se convirtió en un referente. Además, debo agregar y usted lo sabrá muy bien, que muy cerca de la tumba de don Cesar Vallejo, y su poema Espergesia que a mí me identifica, está el creador de Cartas a una señorita en París, le diré que hasta vi un cronopio que me hacía señas como para acompañarle en su viaje, pero desistí porque el frio golpeaba todavía más fuerte y porque las rodillas las tengo a la mala y sólo deseaba coger el metro de regreso a casa, a la casa del cantante parisino de mulizas, y beber una gran copa de esa especie de brandi que estoy convencido aliviaría mi estado malo.

Ya para concluir, no sé si usted se ha enterado, que ahora muchos le celebran, gritan su nombre a viva voz, el orgullo les embarga y sienten una reafirmación de su identidad y hasta se jactan de poseer todos sus libros y en primeras ediciones, lo que les lleva a afinar sus vastos conocimientos sobre usted y su creación. Le diré, que hace cuatro años exactamente escribí: ¿Y tú, conoces a Edgardo?, y como en esa ocasión, le brindo mis disculpas anticipadamente, pero tendré que negarle ante todos nuevamente, espero que me entienda, pero así debe ser. Sólo usted y yo sabremos que desde nuestra última comunicación del sábado nueve de noviembre de dos mil trece, su existencia, su creación, su imaginación, y mi librito El Unicornio, han hecho en mí, un hombre soñador, de fe y de trabajo constante en este camino maravilloso que es la escritura y que implica muchísimo leer; y también recordará que en mi primera novela, el último capítulo fue dedicado con la mayor admiración a usted. Y sepa usted tío Edgardo, y de sobra lo sabe qué, la literatura me ha dado una razón maravillosa de existir, me otorga libertad y me hace pensar que un hay un mundo posible y positivo. Y ya para terminar siempre llevo presente un relato suyo: Retorno a la patria, porque deseo volver a mi Jauja, a mi País de Jauja y estar al lado de mi familia, de mis amigos y mis costumbres, donde puedo avizorar esa tierra en que se alcanza toda la felicidad que podemos lograr.

Y como este post, lo he terminado de escribir en la bella Graná, como suelen pronunciar Granada por aquí y lo justifican en una economía oral, y compartiendo con mis compañeros españoles de la universidad, quienes lo han leído y como forma de agradecimiento hacia ellos por su tolerancia y afecto, y a este País, que no es el País de Jauja, a los que se den tiempo en echarle un vistazo a este post, en su dialecto les pregunto: ¿Y vosotros, habéis leído a Edgardo?

(*) Frases extraídas de:

RIVERA MARTÍNEZ, Edgardo (1996). País de Jauja, 548 p.; Lima: Peisa.

 

 

 

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Premio Nacional de Cultura a Edgardo Rivera Martínez


Otorgado por el Ministerio de Cultura

ERM
Edgardo Rivera Martínez fue ganador del “Premio Nacional de Cultura”, Edición 2013, en la categoría de creatividad.

ERM
Acta Final de Jurado Calificador publicado el día de hoy en el Diario Oficial El Peruano.

Otro logro más del jaujino universal.

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Homenaje a Edgardo Rivera Martínez

 

Excelente iniciativa de la agrupación Xauxa Tiempo y Camino

Edgardo Rivera Martínez  

Darío Núñez Sovero

Hoy en la revista Somos de El Comercio (páginas 48/51), para satisfacción de la comunidad lectora, se publica un informe de la autoría de Enrique Sánchez Hernani a raíz del homenaje a Edgardo Rivera Martínez, en el que nuestro autor revela aspectos inéditos de cómo, en ciertos momentos, pudo superar creativamente algunas limitaciones que fue encontrando en el tiempo de dos años que le demoró concluir la novela País de Jauja: apagones en la época del terrorismo, mezquindad de la editorial que no quiso publicar su obra por considerarla muy extensa, lo que motivó que él, con recursos propios, lanzara la primera edición. También nos cuenta que País de Jauja sigue editándose con el auspicio de otras editoriales, este interesante informe recrea con énfasis el impacto emocional que vive Edgardo Rivera Martínez en el hecho de haber retornado al terruño de sus raíces.

Asimismo, cabe felicitar a la asociación Xauxa, Tiempo y Camino -patrocinadora de este homenaje-, que con mucho acierto le ha entregado a Jauja aspectos y referencias valiosas de la obra de nuestro autor, los mismos que aparecieron en la Casa de la Literatura Peruana este año.

Desde las interioridades mismas del homenaje que Edgardo Rivera Martínez recibiera de la referida asociación, la jaujina Laura Correa Solís también nos entrega un espléndido informe de lo que ocurrió en la cuatricentenaria  ciudad el 5 de Octubre reciente.

Redactada en un prosa de sencillez agradable y con un lenguaje de sorprendente franqueza, sin mucho aspaviento, Laura nos cuenta los inolvidables momentos que le tocó vivir en  dicho homenaje. Es que no podía ser de otra manera, la autora es hija de otra notable cultora de las letras: Ida Luz Solís, laureada con el Premio del Pen Internacional del Perú el año 2011. Y cómo dice el vulgo con singular sabiduría: de tal palo, tal astilla, Laura nos demuestra que es un astilla de verbo abierto y punzante a la vez que ameno.

He aquí el enlace:

Homenaje a Edgardo Rivera por Laura Correa

 

 

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Asociación Cultural rendirá Homenaje a Edgardo Rivera Martínez en Jauja


Además se inaugurará exposición realizada en la Casa de la Literatura Peruana

ERM

(Jauja, 26 de septiembre) Hace unos meses País de Jauja, considerada por los críticos la mejor novela peruana de los años 90, cumplió 20 años de ser publicada. Edgardo Rivera Martínez, su autor y uno de los escritores más importantes que tiene el Perú, nació en Jauja un 08 de setiembre de 1933.

Paradójicamente, Rivera Martínez, ha recibido importantes homenajes y su obra ha sido objeto de estudio en coloquios internacionales de diferentes instituciones académicas y culturales de todo el Perú. Así, la Real Academia de la Lengua, la Cámara Peruana del Libro, la Feria del Libro Zona Huancayo, la Feria Internacional del Libro de Arequipa, la Casa de la Literatura Peruana, son algunas de las instituciones que reconocieron al autor del célebre cuento “Ángel de Ocongate”.

Sin embargo, Jauja, la histórica, guardaba la deuda con su insigne escritor que merece el mayor de los reconocimientos por la transcendencia de su obra literaria, en la que se plasma gran parte de esta tierra histórica donde nació y vivió, comprendiendo y dando a conocer el proceso de sincretismo cultural del mundo occidental y andino a través de sus personajes.

Es por ello que la asociación cultural Xauxa Tiempo y Camino, con el apoyo de empresas e instituciones, organiza y realiza el Homenaje de Jauja a Edgardo Rivera Martínez, el próximo 5 de octubre en la casa de la Beneficencia de Jauja a las 5:30 p.m., escribiendo así un capítulo importante en su historia y quehacer cultural, reconociendo y agradeciendo a su autor por toda una vida dedicada a la literatura y por inmortalizar su tierra en las páginas de sus libros.

Exposición de la Casa de la Literatura Peruana

Con motivo del Homenaje, se gestionó y realizó el traslado de la exposición “Edgardo Rivera Martínez: una literatura andina de amarus, unicornios y ángeles” que realizó la Casa de la Literatura Peruana en el mes de mayo y permanecerá en el mismo local de la Beneficencia hasta el 09 de noviembre.

Cabe resaltar que la exposición, producto de un trabajo de investigación por parte de la Casa de la Literatura Peruana, cumplirá el propósito de difundir la obra del escritor y que toda la población de Jauja y la región central pueda conocer y admirar.

Dato

En el homenaje participarán el director regional de cultura, Jair Pérez Bráñez; el historiador Carlos Hurtado Ames y Marko Capcha Solís, presidente de Xauxa Tiempo y Camino.

Con el ruego de su difusión.

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LA CASA DE EDGARDO RIVERA MARTINEZ

ERM
Darío Núñez Sovero

Cuando, desde las esquinas del Jr. Grau y San Martín en Jauja, veo un tanto desalentado la casa en la que vivió Edgardo Rivera Martínez por lo descuidada en que se halla, un velo de impotencia me asalta y me obliga, por lo menos, a escribir este post para compartirlo con mis paisanos. Inmediatamente después empiezo a recordar la lucidez y gratitud con la que, en otras partes, se honra a quienes han dado lustro a la historia de sus pueblos, tarea primaria que debe corresponder a quienes se ungen como autoridades.

Es en este sentido que viene a mi memoria la forma tan acomedida con la que el pueblo de Santiago de Chuco ha restaurado la casa donde nació el gran vate universal César Abraham Vallejo. Hoy en día, los turistas que visitan el Departamento de La Libertad no sólo van a conocer las ruinas (así todavía la llaman) de Chan Chan o las Huacas del Sol y La Luna, sino que van a Santiago de Chuco para tomarse unas fotos en la misma casa donde nació nuestro poeta.

Alonso Cueto, conocido escritor peruano, en una columna periodística última, nos narra que ha visitado recientemente, junto a otros escritores, la casa de Pablo Neruda en Isla Negra en Chile. Por él me entero que esta casa, diseñada primorosamente por el nóbel chileno no está en isla alguna sino frente al mar. La fundación que lleva su nombre se encarga de mantenerla y en ella se pueden ver los jardines que inspiraban al poeta, la sala (“donde navegan inmóviles los mascarones de proa imágenes de mujeres que han dirigido barcos de todos los mares…aspectos variados de un universo barroco, lujoso, desbordado”), el comedor, el altillo, el dormitorio donde está una larga foto de Machu Picchu (“Fue allí donde escribió su famoso poema, con los andenes del monumento peruano llevándolo al cielo”), el bar en cuyo techo Neruda fue colocando a pulso el nombre de sus amigos muertos, etc. El tema es que esta casa famosa se ha convertido en polo de atracción para el visitante y evidencia una alta estima y especial reconocimiento por quién fue, junto con Gabriela Mistral, uno de los más altos exponentes de referencia del vecino país.

En nuestra andina Jauja no estamos lejos de lo expresado. Este 9 de Setiembre próximo nuestro gran escritor y novelista Edgardo Rivera Martínez cumplirá 80 años. Decurso en el cual el Perú y el mundo ha leído su copiosa y laureada producción cuyos máximos exponentes son sus novelas “País de Jauja” (finalista del Premio Rómulo Gallegos y considerada como la mejor novela de la década del 90), “A la luz del amanecer”, “Diario de Santa María, “Azurita”, etc. Y, considero, que el mejor homenaje que el pueblo de Jauja le puede hacer es restaurando su casa del Jirón San Martín, para que sea, con el consentimiento del nuestro gran autor, un centro de atracción turística. En ella podrían estar, entre otras cosas, el piano en el que una dama jaujina le enseñó el arte musical, los libros que ha leído y que según propia confesión eran de su abuelo materno y su hermano Miguel, el escritorio donde destejió múltiples horas escribiendo el prodigio de su obra, su vieja máquina Remington que siempre lo acompañó, la Macintosh en la cual escribió “País de Jauja”, la casa llena de jardines y la habitación personal de grandes ventanales desde donde le gustaba desayunar admirando los andes, etc. Debo terminar diciendo que estos objetos han sido trasladados a Lima, donde actualmente reside, y exhibidos recientemente en la Casa de la Literatura Peruana, como un homenaje a los veinte años de la publicación de su novela “País de Jauja”.

Edgardo Rivera es uno de los artífices en la construcción de la identidad de los jaujinos. Lo que en vida hagamos por él será poco en retribución a haber puesto a nuestra tierra en el pináculo del interés mundial. Nuestras autoridades y organizaciones vigentes tienen la palabra. El jaujino universal largamente lo merece.

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Edgardo Rivera Martínez: “Busco unir lo andino con lo occidental”


Edgardo Rivera Martínez. Escritor jaujino. Fue homenajeado en la FIL Arequipa 2012.

Edgardo Rivera Martínez

Jorge Malpartida Tabuchi.

Al conversar con Edgardo Rivera Martínez es inevitable que los recuerdos sobre Jauja, su pueblo natal, broten de su memoria como un caudaloso río. El escritor, al enterarse de que este reportero es descendiente de uno de los tantos inmigrantes japoneses que llegaron a la primera capital del Perú durante la primera mitad del siglo XX, hace una mueca de satisfacción y empieza a rememorar. “¿Tú madre es jaujina? ¿Cuál es su apellido?”, pregunta muy interesado.

Tabuchi. Mi abuelo tenía una fábrica de confecciones textiles. Hacía uniformes escolares.

Sí, era muy conocido. Recuerdo a varios japoneses en Jauja. Había uno que fabricaba bebidas gaseosas. Luego, a un tal Umemoto que se ganó la lotería y se hizo millonario. Durante mi adolescencia había un peluquero japonés que hablaba muy mal el español, pero tenía un sentido del humor extraordinario. Ir a esa peluquería era pura risa. Sus bromas eran un poquito coloraditas.

Jauja, durante muchos años, gracias a su clima seco, se hizo conocida mundialmente como lugar de tratamiento para enfermedades respiratorias, como el asma y la tuberculosis, lo que atrajo a población de todo el mundo. Esto la convirtió en una pequeña ciudad cosmopolita.

“Además de japoneses (que también se asentaron en la sierra para escapar de la hostilidad limeña producto de la Segunda Guerra Mundial,), había franceses, alemanes y muchos europeos, con los que hubo intercambio cultural. Por ejemplo, con los curas franceses de la parroquia comencé a aprender a tocar el órgano”, evoca este escritor que llegó a la ciudad para recibir un homenaje por su trayectoria literaria, como parte de las actividades de la Feria Internacional del Libro de Arequipa.

UNIÓN DE CULTURAS

En los relatos y novelas de Rivera Martínez, escritos a lo largo de más de 50 años de trabajo, se plasma un afán de unificar al mundo andino con el occidental dentro de una misma lógica. Producto de esta experiencia, publicó la novela “País de Jauja”, que narra las vivencias del adolescente Claudio, durante el verano de 1947, en plena ebullición de la presencia extranjera en Jauja. Cuenta cómo descubre su vocación por la literatura, a la par que combina su aprendizaje de la música de Bach y Mozart, y las epopeyas de Homero, con su cariño por las tradiciones de su tierra, como los huaynos y otras danzas tradicionales del ande.

¿De dónde nace esta intención de crear un diálogo feliz entre ambas culturas?

De mi infancia y juventud, gracias a la influencia familiar. Mi madre era pianista, así que cultivó en mí la música selecta y clásica. Pero siempre he amado también la música andina y autóctona. Además, accedí a una gran biblioteca familiar con libros de todo tipo.

Sin embargo, en la realidad no siempre puede darse esta confluencia, ejemplo de ello son los conflictos sociales del país

-Es una propuesta que hago. Creo en esa posibilidad, incluso en esta época de la globalización y nuevas tecnologías. Hay una intercomunicación entre los países que era inconcebible en otras épocas.

¿En que se basa esa visión tan esperanzadora sobre Jauja que expresan sus personajes?

Es la experiencia alegre, personal y familiar que tuve. Pero también está relacionada a la leyenda europea del “País de Jauja”, que según el dramaturgo de 1500, Lope de Rueda, era un poblado de España, feliz y maravilloso, donde había abundancia de alimentos y por cuyas calles empedradas discurrían ríos de leche y miel. El recuerdo de esas imágenes aparecen en mi literatura.


Fuente: La República

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Rivera Martínez y la historia de Jauja


El escritor peruano, nacido también en Jauja, acaba de publicar un libro que desanda la historia de esta ciudad que se convirtió en quimera de los españoles.

ERM

Carlos Villanes Cairo. Madrid

Cuando unos duros extremeños, hombres bajitos y extenuados por el hambre, divisaron la ciudad de Jauja, llena de gente y riqueza, desde la cumbre del cerro Huancas, se hincaron entre gemidos y alabaron su destino: arribar al mítico país de la abundancia.

Les colmaron de comida, regalos y doncellas. Su capitán, analfabeto y bastardo de los Pizarro, decidió refundar Jauja como la primera capital del Perú. Poco después la abandonó, pero la leyenda del paraíso alimenticio y metálico había nacido.

Xauxa para los nativos y Jauja para los españoles, era la consumación de una vieja quimera medieval, llegar más allá de los mares al País de la Cucaña o de Jauja, el lugar donde: “ Se nada en opulencia/y pobres no hay…sin crímenes, ni policía,/ni pleitos, ni guerras civiles…ni abogados, ni notarios/no se pagan contribuciones…porque como no hay dinero,/no se conoce nunca la miseria”, el poema es de Antoni Bori y Fontestá y aparece en el nuevo libro de Edgardo Rivera Martínez, Historia y leyenda de la Tierra de Jauja. La calidad de la narrativa de Rivera Martínez opaca la trayectoria académica, de investigador y antólogo, pero no por eso deja de ser importante su largo trabajo ensayístico. Sus libros sobre viajeros y ciudades como Lima, Trujillo, Arequipa, Huamanga, la Amazonía y Jauja son de gran ayuda para conocer la opinión de los más selectos intelectuales a través de los siglos.

En Historia y leyenda…, encontramos a François Delpech, posiblemente el mejor estudioso de la leyenda de la Tierra de Jauja en el siglo XVI. Carlos Urani, profesor en Ontario, dice: “Es un lugar ideal para los glotones, no hay jerarquías sociales; pagan por descansar y castigan por trabajar” (p.26)

De Lope de Rueda, transcribe un breve juguete teatral, La Tierra de Jauja, impreso en 1567 con 3 personajes a cual más confundidos y hambrientos. De Manuel González de la Rosa, presenta un texto publicado en París en 1907 sobre la leyenda de Jauja y un largo poema anónimo, “La isla de Jauja”. Por su parte, Manuel Herrero estudia la significación de Jauja en el contexto cultural español de mediados del siglo XX.

De Porras Barrenechea: “Jauja, mito y realidad”, donde el maestro dice: “Y aunque el Cuzco o Pachacamac fuesen más ricos, es Xauxa el nombre que retiene el prestigio de asombro.”(p.79 ) y un artículo de Rosa Pellicer sobre Islas singulares: Amazonas y Jauja. Finalmente, los textos de Rivera Martínez y Espinosa Bravo.

El apasionante libro trae reproducciones de cuadros afines donde sobresalen los de Pieter Brueghel, O. Berrfurth, Wenceslao Hinostroza y de K. Kasparavicius.

Fuente: La República

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