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La creatividad de Edgardo Rivera Martínez: Premio Nacional de Cultura 2013

Edgardo Rivera Martínez

Edgardo Rivera Martínez (Jauja, 1933) Premio Nacional de Cultura 2013 en la categoría Creatividad, por el Ministerio de Cultura, vive ahora en Lima pero retorna con frecuencia a Jauja, su ciudad natal, donde vivió su familia materna, y donde se manifestó su vocación por la literatura. Jauja, o en el hermoso valle donde se encuentra, es el escenario, y centro medular de su hermosa producción narrativa.

Hace un mes estuvo en ella. Le hicieron un cálido homenaje en el que participaron agrupaciones culturales y sociales de su ciudad. Piensa volver a Jauja siempre que le sea posible porque ahí están sus raíces, su casa familiar, y porque una de sus hijas aún vive allí.

Edgardo Rivera Martínez considera que los premios en el área de cultura cumplen una función de suma importancia. Afirma que por una parte son un estímulo para la creación; y por otra parte son expresión del reconocimiento de nuestro país al trabajo creativo de escritores, artistas, músicos, y a la labor de instituciones culturales.

Lo visitamos en su apacible departamento de Miraflores, cerca al mar. Se muestra afable, de buen humor, dispuesto a la conversación. A través de la forma que utiliza para expresar sus pensamientos y emociones se trasunta la sencillez del maestro, y de aquel adolescente que en una ocasión decidió escribir un cuento y recibió las palabras de estímulo de uno de sus profesores. Las palabras de aliento que él ha ofrecido a más de un novel escritor.

Le preguntamos, ¿en qué momento decidió ser escritor?
Fue una experiencia temprana. Mucho influyó mi familia materna, y en especial mi hermano mayor, Miguel, gran amante de la lectura. Después, ya en el quinto año de secundaria, mi profesor de lenguaje, una persona muy culta, Pedro S. Monge, leyó un cuento que yo había escrito y lo publicó en la revista del Colegio Nacional de San José de Jauja, en el que estudié. Ya me sentía en ese entonces llamado para la creación literaria, también para la música, pero más profundamente para aquella.

Pedro S. Monge, escribió, en la revista de ese Colegio una nota de presentación al primer cuento que se publicó en ella, La cruz de piedra, en la cual dice: “Lector impenitente, ha barajado a todos los representativos de la literatura universal en su afán encomiable de acopiar concepciones estéticas y modelos de estilo para iniciar su propia elaboración literaria. Temperamentos y méritos como los de Edgardo Rivera Martínez justifican holgadamente que un profesor rompa sus normas de rígida imparcialidad para SALUDAR AL DISCÍPULO DISTINGUIDO, CON LA SEGURIDAD DE SALUDAR EN ÉL A UNO DE LOS FUTUROS ESCRITORES DEL PERÚ”.

¿Considera usted que el escritor nace, o puede también formarse?
Son las dos cosas. Son dotes naturales que los seres humanos traemos para la ciencia, para el arte, para la literatura, para la acción, para el deporte. Y al mismo tiempo, el estímulo que significa el ambiente familiar, el ambiente de los estudios de primaria, de secundaria, el medio en el que ha nacido el futuro escritor o escritora, la importancia de la cultura en nuestras ciudades, en nuestros pueblos.

¿Reconoce la influencia de otros autores en su narrativa?
Es difícil responder a esa pregunta. Pero diré en todo caso que hay escritores en prosa que me han fascinado: García Márquez, Borges, Azorín, en lengua castellana; Proust, en francés. Y de los clásicos he sido un temprano lector del Quijote, gracias a que nuestro abuelo materno nos dejó una hermosa edición ilustrada por Gustavo Doré. También el hecho de que mi hermano mayor fuese un gran lector, todo lo cual se ve reflejado en mi novela País de Jauja. Ese adolescente, su protagonista, es en muchos aspectos lo que yo fui o me sentí en esa etapa de la vida.

¿Cómo surgen sus historias?
Es difícil que pueda resumir cómo es que me viene la idea de un cuento. He escrito cuentos en diferentes etapas de mi vida, y a partir de  muy diferentes vivencias y experiencias..

¿Nos puede confiar su método de trabajo?
Cuando inicié mi trabajo literario lo hice con una máquina de escribir. Pero como tenía el afán de expresar o representar del mejor modo lo que tenía en mente, mi trabajo creativo era entonces un poco lento. Pero eso cambió radicalmente con la computadora. Gracias a las facilidades que ofrece para rehacer, cambiar, corregir, escribí País de Jauja en algo más de un año. Con la máquina de escribir era más complicado. ¡Cómo sería cuando los escritores escribían a mano y con pluma! ¡Cómo sería en la época de Cervantes!

¿Disfruta usted al corregir sus propios textos?
Sí. Es un trabajo que a veces es un poco arduo, pero se disfruta de los resultados. Es grato volver al mismo texto después de un tiempo, y ver qué puede mejorarse, qué se puede agregar.

¿Qué papel cumplen las ideas, la reflexión, en cada texto narrativo?
Un enorme papel. En mucho planos, y de diversas maneras. En la obra literaria, como en la obra de arte, hay una convergencia de pensamientos, de convicciones, de sentimientos, de aspiraciones, y de otros factores.

Nota: Edgardo Rivera Martínez es autor de una extensa obra narrativa. Su primer conjunto de cuentos, El Unicornio, se publicó en 1963. En 1982 se hizo acreedor de la primera versión al cuento de las 1000 palabras  de la revista caretas con Ángel de Ocongate. Su celebrada novela, País de Jauja, llegaría en 1993 (fue finalista en el prestigioso Rómulo Gallegos dos años después y se le consideró la mejor novela de la década). Rivera Martínez destaca además por sus importantes aportes en el estudio de los Viajeros del siglo XIX.

Fuente: Ministerio de Cultura

 

 

 

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CUANDO ENVEJECER ES UNA DELICIA


Darío A. Núñez Sovero

No sabía cómo encabezar, a manera de título, este post. Quería denominarlo “Cuando es imposible admitir la vejez” o este otro  “Es difícil decir que somos viejos”, finalmente me decidí por el que aparece en esta nota en razón  que he verificado hechos que, con especial agrado, paso a relatar.

Fue el lunes 23 de Diciembre último que acudí a la localidad de Manchay-Lima, invitado por los organizadores, para participar de las actividades de inauguración del Coliseo Multifuncional “Juan Luis Cipriani Thorne” de reciente construcción por parte de la Parroquia que lidera el R.P. José Chuquillanqui. Al llegar y luego de caminar un buen trecho de rutas todavía rústicas, me topé con una imponente infraestructura moderna que dibujaba su armonía arquitectónica que contrastaba con las pardas arenas del lugar. Al ingresar, un gigantesco trajín de personas denotaban los últimos arreglos para la inauguración. Ante la magnificencia de la obra me sentí como un insignificante presente. Realmente la obra era grandiosa.

Ricardo Duarte

El jaujino Ricardo Duarte Mungi antes de realizar demostraciones basketbolísticas

Me ubiqué adecuadamente para no perderme ningún detalle y desde mi rincón pude advertir, luego, el ingreso de personajes que sólo había confrontado a través de los diarios o noticieros televisivos. De pronto, en medio del alboroto,  confronto el ingreso de César Cueto el otrora encantador de serpientes disfrazadas de balones de fútbol, seguido de Guillermo La Rosa, ambos responsables de las grandes alegrías peruanas causadas en nuestra participación del mundial de Argentina 78 y España 82. Más tarde, una multitud de chiquillos sigue a un personaje de luenga figura que ingresa con un caminar dificultoso en razón de sus largas piernas: es Ricardo Duarte Mungi, jaujino de pura cepa. Entonces asiste a mi memoria el recuerdo de mis épocas escolares cuando hacia 1958, en Trujillo, vi jugar a un incipiente chiquillo de esmirriada talla por los colores del colegio “Ricardo Bentín” sin pensar que después él mismo, con la camiseta peruana, sería el mejor encestador de las Olimpiadas de Tokio de 1964 con 212 puntos.

La ceremonia demoraba en empezar por cuanto debía ser inaugurada por su Eminencia, Excelentísimo Juan Luis Cipriani, Cardenal del Perú. Cuando ingresa, una aturdida ovación lo recibe. Me digo que debe ser por la familiaridad de su persona con esa grey rugiente de la que  es muy cercano y habitúe. Luego de las formalidades de toda inauguración (que además son rutinarias e inevitables) los presentes a voz en cuello reclamaban demostraciones vivas de los connotados ex deportistas antes citados; petición que fue acogida con agrado por los solicitados. Entonces empezó un show de verdadero deleite para los asistentes. Cueto no sólo escribe versos y rimas con los pies, tiene una magia que somete a su capricho al balón hasta convertirlo en un medroso objeto. La Rosa no ha perdido la fuerza que acompaña a cada uno de sus “cabezazos”. Y, en el plato de fondo, no podían faltar las demostraciones de nuestro gran Ricardo Duarte. Cuando ingresa a la cancha de básquet, con una natural confianza, hace señas para que lo secunde su compañero de aquel equipo de Tokio 64, es entonces que sin despojarse de su investidura, ingresa Monseñor Cipriani (un ex deportista seleccionado que frisa los 70 años) y, juntos, empiezan a hacer los malabares de antaño, mientras la voz sensual  y cautivadora de María Jesús Rodríguez, la Mishky Tayky, desde los micrófonos va recordando viejas glorias de los protagonistas.

Duarte y Cipriani

Ricardo Duarte y Cardenal Cipriani recordando su época en las Olimpiadas de Tokio

¿Habráse visto mejor espectáculo?, lo dudo. Lo cierto es que aquella mañana prenavideña sentí que me habían hecho el mejor presente: retornarme a aquellos tiempos en que embebido por las grandes jornadas del deporte nacional admiraba el desempeño de nuestros  gladiadores. Y (¡qué bien!) cómo no sentir la emoción de compartir los momentos de uno de los grandes de Jauja, quién a sus 73 años me dicta implícitamente que cuando se mira la vida con optimismo es imposible envejecer. Y cómo no advertir que, cuando se está cercano a los niños y al pueblo católico el mensaje de Cristo cala con hondura tangible. Muchas gracias a quienes me permitieron un mediodía inolvidable.

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