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ALGUNAS CONSIDERACIONES AXIOMATICAS A TENER EN CUENTA PARA SUSTENTAR LA PERTENENCIA DE MARANCOCHA A LA PROVINCIA DE JAUJA

jauja_marancocha

Darío A. Núñez Sovero

El 12 de Mayo del año en curso, se reunieron en la Oficina de Diálogo y Sostenibilidad de la Presidencia del Consejo de Ministros, autoridades de las provincias de Jauja y Concepción, autoridades de los distritos de Monobamba y Mariscal Castilla, representantes autorizados del Gobierno Regional de Junín y de la PCM, con el fin de continuar con la Mesa de Trabajo instalada para ver el “problema” limítrofe que existe por la pertinencia de las 14,290 Hectáreas de Marancocha que, ahora, reclaman los de la provincia de Concepción como suyas  a sabiendas que, secularmente, pertenecen a Jauja. La falta de un peritaje técnico que debía haber hecho la Sub-gerencia de Demarcación y Acondicionamiento Territorial del Gobierno Regional impidió abordar el asunto materia de la convocatoria, habiéndose levantado y firmado un Acta donde esta instancia se compromete a presentar, en el plazo de 90 días, una propuesta técnica de demarcación territorial la misma que será respetada escrupulosamente por los distritos de Masma, Monobamba (Jauja) y Mariscal Castilla (Concepción). Las autoridades de nuestra provincia, esta vez, acudieron sólo para defender la intangibilidad de nuestra provincia, de modo alguno hicieron presencia para recuperar algo, porque nada se ha perdido. Esta es la intencionalidad del presente escrito: proporcionar razones valederas que justifican la defensa de una porción territorial que siempre ha sido y es de Jauja.

Sin ánimo de romper el compromiso firmado en la referida acta (el numeral 2 establece la obligación de los firmantes a generar un clima de paz y concordia), afirmo categóricamente que el paraje de Marancocha en Monobamba pertenece a Jauja, entre otras de orden técnico,  por las consideraciones siguientes:

  1. Originalmente la zona de Monobamba fue un territorio ocupado por la etnia de los Zigües (Ashaninkas). Sus primeros visitantes fueron los misioneros franciscanos durante la época de la evangelización en la época colonial. Este proceso se vio interrumpido por la rebelión de Juan Santos Atahualpa hacia el año 1742. Hacia 1846 se producía caña en la Hacienda Roma en el centro poblado de Rondayacu. Posteriormente, en el mismo Monobamba, se instaló la Hacienda Roma que perteneció a la familia Mungi. Esta misma familia donó los terrenos donde actualmente funciona la municipalidad. Esta situación ocurrió hasta el 2 de Febrero de 1956 en que el Gobierno de Manuel Odría promulgó la Ley Nº 12638 de creación del distrito de Monobamba. Esta ley, en su numeral 3º, establece los límites distritales y, actualmente, dentro de ellos está Marancocha.
  2. Originalmente, según la citada ley, Monobamba tiene “como anexos los pueblos siguientes: Chacaybamba, Callash, Rondayacu y Cidruyoc”. Sin embargo, gracias a las grandes condiciones climáticas para el cultivo de café y la granadilla, hoy existen nuevos centros poblados como Yanayacu, Pacaybamba, Marancocha, Unión Condorbamba y Curibamba. Geográficamente, estos centros poblados están ubicados dentro de los límites de la Provincia de Jauja. Aquí, necesariamente, debo mencionar que ciudadanos de la parte alta de la provincia de Concepción y de los distritos de Cochas, Comas y Mariscal Castilla, son los asentados en estos parajes jaujinos y hoy, con mucha habilidad y artimañas, reclaman pasar a la provincia de Concepción.
  3. El 7 de Noviembre de 1955, mediante Ley Nº12417, se crea el distrito de Mariscal Castilla en la provincia de Concepción. Se le adjudica como anexos a Yauringa, Villa Muchca y Alapampa (Art. 2), así está consignado en el croquis que fundamenta su ley de creación. Por tanto, ni la provincia de Concepción, mucho menos el distrito de Mariscal Castilla, tienen jurisdicción sobre los poblados de Curibamba, Unión Condorbamba, Pacaybamba y Yanayacu.
  4. El 17 de Octubre de 1985, la Dirección General de Reforma Agraria y Asentamiento Rural del Ministerio de Agricultura expidió el Título de Propiedad Nº 3074-85 en favor de la Comunidad de San Cristóbal de Marancocha “sin obligación de pago alguno”, por un área de 14,290 Has. “Ubicado en el distrito de Monobamba, Provincia de Jauja, Departamento de Junín”. Este título de propiedad está vigente y pretende ser desconocido. Es más, el “Estudio de Impacto Ambiental del Proyecto Central Hidroeléctrico Curibamba, ubicado en la cuenca del rio Tulumayo, provincia de Jauja, región Junín” (sic) aprobado por Resolución Directoral Nº 257-2012-MEM\AAE, del 3 de Octubre del 2012, reconoce la “validez de la Audiencia Pública realizada en la CC San Cristóbal de Marancocha el 16 y 17 de Febrero del 2011”, antecedente valioso para sustentar que esta zona nos pertenece a los jaujinos, siendo que, además, los informes estadísticos que sobre Marancocha proporcionan los censos del INEI dan cuenta que ella se ubica en el distrito de Monobamba.
  5. De conformidad al principio de integración establecido en el D.S. Nº 019-2003-PCM, Marancocha está articulado económica, social y culturalmente a Monobamba, con la cual los 8.3 kilómetros que los distancia están unidos por una pista afirmada; mientras que con Mariscal Castilla los 31.4 Km. que los distancia nos los une ninguna vía.
  6. Los hijos de esta “muy noble ciudad de Jauja”, por estas y otras consideraciones de estricto orden técnico, nos vemos en la imperiosa necesidad de defender la intangibilidad de nuestro territorio y, en mi caso, me veo obligado a explicar todo lo expuesto en estricto resguardo de la verdad. Por ello esperamos que la justicia esté de parte nuestra. El lector sacará, al final, sus propias conclusiones.

Nota: Foto obtenida del blog de Macko Leiva.

Aeropuerto de Jauja registra incremento de pasajeros

3961 viajeros utilizaron el Aeropuerto de Jauja solo el mes de marzo de 2015
Aeropuerto de Jauja
Darío A. Núñez Sovero

Recientemente la empresa CORPAC S.A. ha emitido su boletín estadístico, actualizado al 14 de abril de 2015. En el rubro de Movimiento de Pasajeros Nacional advertimos, con especial regocijo, que el Aeropuerto “ FranciscoCarle” de Jauja viene adquiriendo singular importancia en el escenario nacional. Los guarismos que se registran son de una relevancia contundente.

Pasajeros entrantes al aeropuerto de Jauja (2015)

Enero: 1599

Febrero: 1684

Marzo: 2086

Pasajeros salientes del aeropuerto de Jauja (2015)

Enero: 1629

Febrero: 1558

Marzo: 1875

Veamos: en enero del presente año a nuestro aeropuerto llegaron 1599 viajeros y ellos, progresivamente, se han ido incrementando habiendo sido en marzo: 2086. Este hecho en el que se advierte el incremento de pasajeros habría ocurrido debido a los fenómenos naturales que ocurrieron el mes de marzo del año en curso, lo que motivó a que el Ministro de Transportes señale que es prioridad del Estado la modernización, equipoamiento e implementación del Aeropuerto de Jauja pues sirve como alterno a la Carretera Central, además de servir como alterno al Aeropuerto Jorge Chávez de Callao en caso de un terremoto en la costa central del país.

Finalmente, esperamos que la modernización del Aeropuerto de Jauja se concrete lo más pronto posible debido a que es una necesidad no solo para Jauja sino también para toda la región central del país.

 

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Psicoanalista jaujino Saúl Peña Kolenkautsky

Saúl Peña

Dario Núñez Sovero

El día de hoy salió una extensa entrevista al psicoanalista jaujino Saúl Peña Kolenkautsky (Revista Domingo del Diario La República, páginas 4-6). Él es un Médico psiquiatra egresado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Obtuvo el Postgrado de seis años en el Instituto de Psiquiatría de la Universidad de Londres y se formó como psicoanalista de adultos, niños y adolescentes en el Instituto de la Sociedad Británica de Psicoanálisis. Grupo Independiente. Miembro Fundador del Colegio Real de Psiquiatras del Reino Unido y   Pionero del psicoanálisis en el Perú. Analista didáctico, profesor y supervisor del Instituto de Psicoanálisis de la Sociedad Peruana de Psicoanálisis.

Su grato recuerdo a Jauja, el diario El Comercio lo retrata así:

“Mi padre, Alejandro Peña Silva, era jaujino, como yo. Y abogado. Mi madre Nena Kolenkautsky Koifman es judía-rusa. El se enamoró desde que la vio. Establecieron un vínculo sin palabras, sin ningún idioma hablado. Ella no sabía castellano ni él ruso. Pero para suerte de mi padre, ella se hospedó en el segundo piso de la única notaría que tenía Jauja entonces: la de un tío mío. Una noche, mi padre le pidió al portero que apenas la señorita se durmiera rodeara de flores su cama, y que pusiera al lado una tarjeta suya. Mi madre se despertó en medio de un jardín colorido. Después de ese gesto empezó un romance muy intenso. Soy fruto de ese amor. Tengo incluso una fantasía: creo que fui concebido en una huerta de Jauja, en plena libertad.”

Es muy grato que los jaujinos brillen en todas las áreas del saber humano y es más grato, todavía, advertir la prosapia de quién reiteradamente se reclama oriundo de esta tierra de leyenda: Jauja. Desde aquí felicito este ejemplo de humildad y cariño de un hombre cuya relevancia es ejemplar.

 

 

 

 

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LOCO ALEJOS Y TITO DRAGO

Echa Muni

Darío A. Núñez Sovero

Nuestra ciudad, como muchas otras, tiene algunos personajes de especial presencia,  cuya personalidad, por ocurrente y atípica, no deja de llamar la atención diariamente. Uno de ellos, en nuestra andina Jauja, es Andrés Alejos Moreno a quien todos conocemos como el “Loco” Alejos, sus más íntimos lo llaman “cotorra”.  Él, cotidianamente, recorre la ciudad con su socarrona y altisonante voz sacando a los viandantes del ensimismamiento en el que se enclaustran producto de sus atribuladas preocupaciones. Lo conocí hacen más de 60 años cuando, palomilla él y con otros de su afinidad como “Carlota” o “Calavera”, correteaban tras una pelota con un improvisado equipo al que llamaron “Carlos Concha” y que, desafiantemente, enfrentaba a cuanto equipo se le ponía al frente en ese escenario del recuerdo para el deporte jaujino como lo fue el viejo Estadio “Junín”.

“Loco” Alejos se hizo, luego, policía municipal y más adelante pasó a ser empleado, función del que ahora es un respetado jubilado, pues no podía ser otro el resultado a sus 84 años de edad, aun cuando, esta longevidad, no le ha restado ímpetu y jocosidad a cada una de sus intervenciones amicales. A lo largo de su existencia si ha acuñado un sello característico de su peculiar estilo es, a manera de pregón, vociferar su amor inclaudicable para el equipo de sus amores: el “Echa” Muni. Jauja toda sabe, por él, que es el único jaujino hasta la fecha  aportante mensual del club, del mejor arquero de esos tiempos, el “mago” Valdiviezo, la historia de los “tres gatitos”: “Caricho” Guzmán, Vides Mosquera y Tito Drago; de “motorcito” Guzmán, de Franco Navarro, Agüerito o el “Cholo” Sotil, etc. Y, esta  letanía deportiva que lo absorbe casi demencialmente, lo dice con una convicción tal que ya raya en el hastío. Por ello, y para bajarle los decibeles, me ocurre escribir esta nota en razón de que el sábado último lo sorprendí oteando mi puerta y no pude menos que entablar una amena charla donde el tema de su añorado Deportivo Municipal era impostergablemente obligatorio. Es así que, antes que me abrume con sus conocidas historias de los “tres gatitos” y compañía, me adelanté y le pedí que me escuche dos versiones que escapan de su versación: le dije, primero, algo que él no conocía. La primera vez que vi al recientemente fallecido Tito Drago (padre de “Titín”, el “Diablo”, abuelo de la actriz Emilia Drago de “Asu Mare” y figura emblemática del Deportivo Municipal), corría el año 1956 más o menos y  fue en su tienda de artículos deportivos que tenía en la esquina de Caylloma y Moquegua en Lima, local que era el centro de concurrencia y tertulias de los actores deportivos del país de ese tiempo. La segunda historia ocurre en Trujillo, allá por el año l960. Haber vivido en una familia conservadora y de valores cristianos me llevaba a asistir dominicalmente a misa. Aquel día, muy temprano, asistí a la misa que los padres dominicos celebraban en la Iglesia San Francisco y, sin darme cuenta, me ubiqué en una banqueta delante de dos caballeros que, muy contritos, compartían la santa ceremonia. Al percatarme de quienes eran tan distinguidos asistentes, me doy cuenta que eran Roberto “Tito” Drago y Juan “Loco” Seminario. Mientras voy relatando este encuentro, de súbito y con inesperado gesto, Alejos me interrumpe y me pregunta si me he lavado la boca. Me doy cuenta –enseguida- que he tocado dos nombres sacros para los hinchas del Echa Muni. Para culminar mi relato, le cuento que la tarde de aquel domingo ambos jugadores y su elenco jugaban contra el “Rambler” de Salaverry, desaparecido equipo trujillano muy querido al que derrotaron con un gol de media volea del gran Tito Drago. Es en este instante que advierto en mi interlocutor un rostro mustío poblado de nostalgia. Casi estupefacto, el “Loco” Alejos se aleja sin despedirse mascullando sus recuerdos. El cariño desmedido a su club lo ha derivado a renunciar protocolos y un callado adiós me obliga a alejarme de su recia figura, aún a pesar de sus largos calendarios de existencia. Ignoro si cuando me reencuentre volverá a hablarme de su vieja monserga deportiva.

 

 

 

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PRESENTACIÓN DEL “CENTRO JAUJA” – 2015

Tunantada

Dario Núñez Sovero

Después de haber celebrado, con honda satisfacción, nuestras Bodas de Diamante, el “Centro Jauja-Erasmo Suárez Zambrano” retorna al legendario ruedo de la plaza “Juan Bolívar Crespo” de Yauyos-Jauja, para exponer al ávido gentío visitante aquello que sabe con mayor aplomo: la auténtica tunantada. Ella es la expresión más genuina del alma colectiva de nuestro medio y le otorga el ingrediente mayúsculo a la legítima  identidad del hombre nacido en este legendario valle de los xauxas.

Recorrer anualmente los confines de nuestra tierra llevando el mensaje tunantero como una savia que nutre íntimamente el sentimiento de todos los que en ella la habitamos, es un privilegio que nos honra y, a la vez, nos compromete a expresarlo  con la tesitura y elegancia que los cultores del “Centro Jauja-Erasmo Suárez Zambrano” han sabido desarrollar. Ese legado, cuyos orígenes  se remontan a la antesala de la guerra del pacífico, es un patrimonio que se ido acumulando año tras año en la danza festiva de nuestros fundadores y continuadores hasta llegar a nuestros días. Entonces, en el presente año y los venideros, nuestra presencia en la fiesta del 20 de Enero es un tácito homenaje a ellos y, cuando hablamos de ellos, estamos nombrando a don Pablo Suárez y sus hijos Erasmo, Guillermo, Pedro y Vicenta, a José Antonio Camarena, Rodolfo Cordero, Alberto Suárez, Alejandro Artica, Beto Orihuela, Edilberto Balvín, “Mocho” Suárez, Luis Hiura, Guido Madrid, Faustina Miguel de Orihuela, Zaida Montalvo de Mandujano, Violeta Camarena de Madrid,  Melecio Munguía, Samuel Montalvo  y otros danzantes de nombradía que sería largo enumerar. Y para que las nuevas generaciones reciban esta heredad es que, desde aquí, queremos comprometerlos a seguir  cultivando  aquello que  concede un plus a nuestra estirpe: nuestra tunantada.

Es por lo expuesto que para los integrantes del “Centro Jauja”, la fiesta del 20 de Enero no es solo una renovada oportunidad para danzar para el beneplácito de nuestros compoblanos  y visitantes, antes de ello es un regresionar a nosotros mismos  para reencontrarnos como legítimos xauxas herederos de una cultura milenaria; es repasar la historia de nuestro pasado incaico y colonial de intenso intercambio comercial, donde el arriero, el jamille y otros personajes, eran los protagonistas de nuestra vida citadina y nuestra legendaria Jauja era el epicentro del desarrollo regional y nacional.  Por eso es que danzamos, porque queremos rendir nuestro homenaje al  jaujino de antaño que forjó, con su trabajo, el esplendor de nuestra Jauja al punto de convertirla en el “País de Jauja”.

Nuestra longeva entidad, vinculada intrínsecamente a la historia de nuestra provincia, tiene claros sus propósitos, por lo tanto y a nombre de los directivos y socios, agradecemos profundamente las muestras de apoyo y desprendimiento para que, este año, nuestro programa tenga la prestancia de siempre y a Ud., amigo lector, le entregamos nuestro saludo y compromiso de seguir deleitándolos con esta expresión genial del hombre xauxa: la tunantada.

Si algo mimetiza al jaujino es su tunantada. Su música, su danza, su coreografía son los componentes que se han hecho piel y carne viva en nuestros agitados cuerpos, por ello: ¡Viva Jauja!, ¡viva nuestra tunantada!

 

 

 

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“RUFO”, MI PARIENTE HECHO PACIENCIA

Rufo y Fiona

Darío A. Núñez Sovero

Hace una decena de años, más o menos, su figura temblorosa anunciaba a un cachorro frágil que se  arrebujaba en mi puerta y lo hacía merecedor de la compasión de mi hijo Darío Vladimiro quién, casi a hurtadillas, lo hizo ingresar a mi casa para que adopte nuevo domicilio y, desde entonces, no nos abandonó jamás. La sorpresa inicial de su inesperada llegada no nos permitió advertir que estaba envuelto en una suciedad repelente que no fue óbice para coordinar con la familia un necesario baño que, finalmente, lo dejó como un hermoso  prospecto canino de un pelaje abundante y terso, ideal acompañante de nuestra perrita “Fiona”, para suerte de su misma especie.

Los años y su vigorosa constitución genética le fueron dando un aspecto de un can enorme cuya estampa inspiraba temor y, al transeúnte común, le suspendía la respiración en la vana idea de un arrebatado ataque; ignorábamos todos que estábamos delante un ser dotado de una escondida nobleza capaz de irse acompañando a todo aquel que le deparara alguna encendida caricia. “Rufo”, poco a poco, se fue adentrando en nuestras vidas y se convirtió en el acompañante cotidiano que ponía alegría a nuestra rutina. Sus ladridos, cada vez más graves, le fueron dando a nuestro domicilio un silencioso respeto que se diluye cuando constatan, los visitantes, su proverbial mansedumbre que le hacen merecedor de elogios a los que suele devolver con requiebros mil.

Rufo

Personalmente, he advertido en este “Rufo”  nuestro de cada día un cúmulo de virtudes, algunas de ellas apenas alcanzaré a explicar. “Rufo” es el acompañante obligado que abriga nuestra invernal soledad, hoy que los hijos partieron (como la canción escolar) cual bandada de palomas que se fueron del vergel, “Rufo” es el sustituto exacto que nos regala permanentemente su prodigalidad casi filial. Las 24 horas del día permanece a nuestro lado agotando su perruna existencia al pie de nuestras tribulaciones cotidianas. Por otro lado, es el confidente callado que advierte nuestras “caídas del alma” cuando alguna penosa circunstancia colma de tristeza nuestro espíritu, entonces su obligada presencia nos solaza con esa mirada enigmática y  pétrea, depositaria de una calma cósmica de lenguajes indescifrables. También es el celoso vigía casero que anuncia con su estruendoso ladrido la presencia de algún visitante que tembloroso toca nuestra puerta y que al constatar nuestra amabilidad calma sus ímpetus refractarios convirtiéndose en un amable anfitrión que regala sus relamidos afectos. La sumatoria de estas encomiables conductas cánidas lo han hecho justo  merecedor de nuestra cálida estima al igual que la de nuestro vecindario que sabe de su nobleza animal. Ello, naturalmente, ha modificado en algo nuestra casera habitualidad, tanto que es visto y tratado como un miembro más de nuestra familia: cuando advertimos algo que lo necesita se lo damos. Comer fuera de casa significa retacear una porción nuestra para entregárselo, llegada la noche una solera felpuda se extiende al pie de nuestra cama para gozar de su callada compañía, los fines de semana una inmensa tina es llenada de agua para que, luego de ser entibiada por nuestro esplendoroso sol, pueda gozar de un refrescante baño, salir de paseo es un desafío porque obliga a cautelar su alegría cuando sus congéneres lo abruman de compañía exponiéndolo al irracional manejo de conductores que atraviesan nuestras calles sin ningún miramiento.

“Rufo” mantiene una figura imperturbable. Jamás sabremos si, por ejemplo, la temprana partida de su amada “Fiona” le talló una tristeza permanente en su alma. Lo que sí sabemos es que mientras viva sus días serán un sereno consuelo para esta soledad que se ha convertido en una continua experiencia. Por todo ello y aunque no me entiendas te digo: gracias “Rufo”, pariente mío hecho paciencia.

 

 

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A don Tiburcio Mallaupoma, el lírico de Jauja

Tiburcio Mallaupoma
Darío A. Núñez Sovero

Soy el oyente taciturno de tu música alfombrada por celajes infinitos, urdida en el sentimiento vivo de tu “Lira Jaujina” y la maravillosa comparsa de tus dolorosos sentimientos.

Viejo Tiburcio, morador permanente de nuestras alegrías, raro híbrido de Clio y Dionisos, tu violín gimebundo es ahora un viejo almacén de nostalgias, el receptáculo austero de nuestras remembranzas. Ese violín de metálicas notas alimentó romances forjados por las sombras señeras de nuestra fiesta, romances fundidos bajo el dulce eco de tu inspiración siempre leve y envolvente.

Tu figura egregia y andina reaparece, por ello, cada 20 de Enero festivo, donde nuestros corazones se nutren de sentimiento xauxa, y la inspiración que borbota de tu alma es simiente vivificada en nuestro llanto y el incontenible rio de blancos recuerdos.

Te recuerdo justamente al pie de tu mirada quijotesca en busca del horizonte. Te recuerdo genial en cada “ensayo” siempre al pie de tu violín como si fuera el báculo final de tu vejez. Te recuerdo cerrando, egregio, el acompasado trasuntar de tus bailantes mientras el dulce runa simishausha de “Huayhuar” Artica y “Achcar” Cordero iba envolviendo a las niñas en una seducción cautivadora y alegre . Cada rincón de tu sonoro trajín sabe de tu enfermiza búsqueda por crear himnos para cada corazón enamorado. Sin ti sería difícil explicar el amor de nuestro tiempo.

Fuiste un creador de notas y en cada una de ellas mi alma se envolvía de melancolía. Fuiste calmadamente hilvanando pesares escritos en el aire asfixiante del enjambre fiestero de Yauyos donde mis ansias se perdieron bajo tu música siempre encantadora y a la vez triste.

Por eso es que tu nombre no conocerá el olvido ni adioses pasajeros mientras hayantunanteros que sigan encendiendo su pasión telúrica plena de tunantada al son de tu presencia tutelar sobria. Mientras los amantes reflejen las emociones de nuestro pueblo y tus canciones sean marcos relampagueantes que iluminan el sentimiento de mi Jauja, estarás Tiburcio siempre en los ojos eternos del tiempo. Por eso es que estas mis adelgazadas frases tratan de recomponer el pentagrama que se rompió con tu sentida muerte.

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La honestidad de nuestras composiciones

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Darío Núñez Sovero

Los valores, en general, son principios que orientan el comportamiento humano. Todos solemos cultivar valores en nuestras vidas. No sólo porque, con el tiempo, nuestras conductas terminan siendo paradigmáticas para los nuestros sino, además, porque necesitamos rescatar un conjunto de hechos que se han venido estereotipando como dignos de admiración y que terminan siendo vacuos. En el asunto de nuestras composiciones y sus autorías existen muchas conjeturas. Se habla de valederas y de “pirateos” y ello no se condice con la tradición que tenemos de ser tierra de compositores y autores.  Por  ello es que quiero resaltar, en un caso, un claro ejemplo de transparencia y honestidad y, en el otro, una actitud que, personalmente, me resulta cuestionable. Hablo  del campo de la composición musical de nuestra Jauja y quiero adelantar que, para hacerlo, dudé al principio; pero luego de un fructífero diálogo con un viejo y admirado maestro josefino concluimos que era mejor escribirlo en claro e irrestricto respeto por la verdad, la verdad histórica en este caso, aún a riesgo de lesionar  alguna susceptibilidad de nuestros lectores.

Cuando niño y en el lejano Trujillo en la década del 50 del siglo anterior, un grupo de buenos y  jóvenes universitarios jaujinos solía reunirse en la casa de don Godofredo Bonilla, un jaujino aposentado allende por razones laborales. En dicha vivienda,  la tertulia sobre el acontecer del terruño, sumado a la lectura obligatoria de “El Porvenir”,  que era el diario jaujino que llegaba por suscripción, eran ingredientes más que suficientes para hacer atractivas las citas. Recuerdo, entre otros, ver reunidos a Luis Bonilla García, el tragadereño Tolomeo Camarena Solís, Lauro Delgado Llallico, Pablo Bravo Cárdenas, los hermanos Luis y Rebeca Bonilla Mungi. Jaime Yuli Linares, la hermana de éste:  Enma;  Alejandra de la Cruz, etc.

Para que las reuniones  alcancen su clímax, se daba inicio al más grato momento: recordar las canciones de la tierra. Entonces tunantadas, huaynos, mulizas y valses,  con sus notas quejumbrosas y llenas de reminiscencias,  colmaban el lejano aire trujillano y el recuerdo condensaba más la nostalgia por la patria chica amada, por nuestra Jauja natal. Los responsables de ello eran Juan Loayza Castro con su voz timbrada y bohemia y las guitarras de Eduardo Ponce Ramírez y Lucho Bonilla Mungi.  Entonces, por vez primera, escuché las notas de ese pegajoso huaynito llamado “La vida es carnaval”. Los versos:

Paradito en las esquinas

publicando mi querer

como si fuera un delito

el amar a una mujer.

Todita la noche me tienes

paradito en tu puerta

besando ya la chapita

como si fuera tu boquita.

Dichas composiciones empezaron a sonarme muy familiares, la melodía xauxa se convertía en el cincel implacable que modelaba mi cariño telúrico. Años después este batallón de jaujinos, de probada  solvencia profesional,  sería responsable de muchas acciones en bien de nuestra juventud y el desarrollo de la región. Tiempo después, fue en la década del 70 que Juan Loayza, conocido como el “Chino”, me conducía en su vehículo de Jauja a Lima. Él debía llegar a Trujillo donde había sido nombrado como Director Regional de Educación y apurado como iba me dio tiempo para hacerle una pregunta. Le inquirí por el nombre de la damita que había inspirado tan delicados versos. Su respuesta fue inmediata y asombrosa. Me dijo que él no era el autor. Que dicha canción era anónima y en su juventud la había recogido del cantar popular. La alusión que había en el disco grabado y en el que figuraba su nombre no era verdad. Respuesta que pasmó y, aleccionadoramente, me enseñó que el valor de la honestidad debe ser un norte permanente de nuestras actitudes. Fácil le hubiera sido decir que la autoría recaía en él pues así lo decían los discos grabados.  ¡Enorme este xauxa cuya memoria debiera ser honrada por sus grandes logros profesionales y personales!

Mis mayores me educaron sobre la base de aforismos y de ellos rescato éste: “de todo hay en la viña del Señor”. Y efectivamente, ello cae de perilla cuando constato un hecho adverso al anteriormente comentado. Resulta que en nuestro diario trajinar, ha caído en mis manos un magazine popular argentino editado el 2 de Mayo de 1945 de nombre LEOPLAN que aparecía en el país gaucho quincenalmente. En el interior de la edición Nro. 263 aparece un artículo firmado por José Luis Lanuza que titula “El acento criollo” y en titulillo añade: “al margen del cancionero criollo”. El artículo reproduce un conjunto de coplas criollas de aquel tiempo que “debían ser devueltas al caudal común de la poesía popular castellana”. Cito textualmente al autor: “… ¿Qué pensar de una copla en quichua que se canta por el norte mas o menos con este sonido?

Yuyariy churaskaiquita

Makiysniyman makiykita

Huakaspaa nihuaskaikita

Mana maiccaj konkanahuayquita.

Pues bien, Juan Alfonso Carrizo nos advierte (en el discurso preliminar de su Cancionero Popular de Jujuy)  que, “puesta literalmente en castellano, nos da la siguiente copla española que figura en el Cancionero de Lafuente y Alcántara de 1865:

¿Te acuerdas cuando pusiste

Tus manos sobre la mía,

Y llorando me dijiste

Que nunca me olvidarías?…”

El acucioso lector debe recordar esta última estrofa y debe saber (a “pie juntillas”) que se canta en el famoso Huarancayo. Hasta ahora tenía información que esta composición que se entona  en Jauja era de “autoría” de un paisano extinto. Indagando, me he informado que el mencionado “autor””,  en su juventud, estuvo enamorado de una dama de indudable respetabilidad y cuya viudez trató de ser doblegada por el entercado galán con la “canción” aludida, situación que finalmente logró habiendo pasado con ella  dos cortamontes. Por esos azahares del destino ellos no pudieron unir sus vidas, pero la canción quedó allí como un “presente” para las generaciones venideras.

Ello no quita que se aventure una hipótesis: la copla gaucha llegó con los tucumanos (gente del norte de argentina), arrieros muleros que, al decir de Pedro Monge,  relajaban sus afanes viajeros en el barrio La Samaritana de Jauja. Allí, en las noches, se entonaban estos cantos que han quedado entre nosotros para la posteridad, entre los que se cuenta esta estrofa de la canción jaujina que comentamos.

 

 

 

 

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