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SOLILOQUIO CON JAUJA

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Mapa de Jauja que data hacia finales del Siglo XVIII

Darío A. Núñez Sovero

Tal vez los alfabetos no alcancen a ubicar las palabras que te merezcan para describir el cúmulo de emociones que despierta el solo nombrarte. ¡Jauja!, nombre santo, bajo cuya tutela las luces de la aurora me vieron nacer en tu seno.

Hoy, a 485 años de tu fundación, los celajes de tu bóveda de azul  son fuente inspiradora para decirte que pese a tu añeja edad, la hermosura de tu pasado hace que tus hijos vivamos desbordando el pecho de alegría de constatar que nadie como tú para haber vivido tantas glorias juntas. Haber colmado tus páginas de justa gloria.

Solo de mencionarte, afloran en nuestra memoria las heroicidades que dejaron Huáscar y Atahualpa con sus fuerzas guerreras en las pampas de Yanamarca, de cuyo enfrentamiento nos dejaron la leyenda de Kilaco Yupanqui y Cory Coyllor. La manera como la policromía de tu encantador paisaje sedujo a Gonzalo Pizarro para que persuadiera a su hermano Francisco para que, justamente, el 25 de Abril de 1534, fundara su capital de la Gobernación de Nueva Castilla en esta bella geografía de los Hatun Xauxas.

Y la emoción se me inflama al recordar que fuiste la ciudad donde el poder central de la región se asentó y tus primeros pobladores eran hidalgos castellanos que, en sutil convivencia, compartieron tus aposentos con los naturales de nuestra tierra y que de esta conjunción vivencial nació una nación mestiza que ha llenado de heroicidades nuestra historia. Fuiste la madre generosa que inspiró las cruzadas evangelizadoras que salieron desde Ocopa con frailes que enarbolaban el lábaro de la cristiandad y la civilización en nuestra selva peruana. Allí están tus hijos caídos en las gestas de la independencia nacional, allí está el cura Estanislao Márquez quien junto a Alejo Martínez Lira están jurando la independencia nacional el 20 de noviembre de 1820. Están los jaujinos deseosos de forjar una Jauja culta y educada en las mejores escuelas de Europa y el país, con Manuel Teodoro del Valle y Jacinto Ibarra a la cabeza, ¿acaso los primeros centros educativos de la república no nacieron en tu seno? Siento a mi lado, el lejano eco de los patriotas caídos en la Guerra con Chile, los comuneros agrupados en la  aguerrida Tropa de Cáceres ensayando feroz resistencia a las arremetidas del invasor chileno. Me absorbe y arroba el corajudo arrojo patriótico de Alipio Ponce Vásquez en el enfrentamiento contra Ecuador y las luchas aéreas de Hilario Valladares en el Cenepa, también en férrea defensa de la patria.

Me conmueve tu aquiescencia y hospitalidad y me abruma el recuerdo noble del legendario País de Jauja, con Edgardo Rivera relatando el  cosmopolitismo de tus calles abigarradas de ingleses, alemanes, italianos, franceses, rumanos, japoneses; muchos en busca de salud en tu beatífico Olavegoya y otros forjando, con su ejemplo, el amor al trabajo y la prosperidad. De solo nombrarte, Jauja mía, me nubla el recuerdo del año 1947 cuando tus barrios bregaban,  en jornadas diarias, con Tayta Pancho y García Frias a la cabeza, habilitando el campo de nuestro aeropuerto donde ahora aterrizan naves de todos los tipos. Me cautiva tu desprendimiento maternal para dar nacimiento a las provincias de Huancayo, Concepción y Satipo.

Hay en ti, mucha historia. Mis afiebrados recuerdos no alcanzan a cubrir toda ella, pero si quiero decirte (y también a tus hijos) que eres mucho más que tunantada. Que tu presencia en nuestras vidas está más allá del carnaval y que, ahora que estamos en un tiempo que llaman “aldea global”, a tus hijos nos aguardan nuevas luchas. Nos aguarda nuevas jornadas para defender nuestro aeropuerto de la intromisión de quienes quieren relegarla a un segundo plano. Nos aguarda la defensa que tenemos que hacer para mantener la intangibilidad de Marancocha-Monobamba, donde la codicia geográfica del vecino nos quiere arrebatar 14,290 hectáreas. Nos aguardan las luchas para ampliar nuestra infraestructura vial y forjar una provincia integrada y de desarrollo armónico. Luchar por la creación de nuestra universidad, por mejorar las condiciones en que se desarrolla el agro. En fin…, a lo Vallejo: “Hay, hermanos, mucho por hacer”.

¡Feliz dia, Jauja amada!

PANCHO CARDENAS POST MORTEM

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Darío A. Núñez Sovero

¡Ha muerto un xauxa de aristocrática trascendencia en la vida de nuestro pueblo!

Pancho Cárdenas, la noche de ayer, cerró para siempre el raído estuche donde guardaba, celosamente, su saxofón y, sin miramiento, partió de este mundo en búsqueda de las estrellas más remotas del firmamento para errar eternamente por el cosmos al lado del viejo Erasmo, antiguo compañero de la ruta de sus cuitas y melódicas giras.

Calló, para siempre su voz, siempre serena y dulce, pero dejó (¿en olvido?) los ajados papeles donde, con las destreza de un egregio tunantero, registraba sus incontables inspiraciones en complicados pentagramas que solo él sabía traducir.

En esa ruta sideral, de la que no volverá jamás, olvidó llevarse el magisterio de su ejemplo, dejándonos incontables conductas como asistir, anualmente, a la fiesta de Yauyos con la puntualidad religiosa con la que él sabía hacerlo; recorrer el perímetro de su plaza en abierta y sobria exposición de la prosapia y elegancia del hombre xauxa. La humildad y siempre austera sencillez con la que sabía recibirnos no podrá ser ignorada, la bondad de cada uno de sus gestos serán norte fecundo de la conducta de todos quienes fueron sus seguidores.

El “Centro Jauja”, al que amó tanto, llora inconsolablemente su muerte. Con él se va su historia, sus anécdotas, siempre picantes y punzantes, las correrías que tenía con Erasmo, su entrañable mentor, las tonadas que, obligadamente, se hacían en las vísperas de la gran fiesta. En suma, con él se va parte del estridente espíritu festivo que animaba al conjunto. Es duro aceptarlo, pero Pancho ya partió. Atrás quedamos los que nos resistimos aceptar su dolorosa partida.

¡Pancho Cárdenas, descansa en paz!

 

El metalenguaje de la Huailigía

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Darío A. Núñez Sovero

En la navidad el mundo entero se conmueve porque le recuerda el advenimiento, hacen más de dos mil años,  del niño Jesús. Esta natural conmoción es mayor en el mundo andino donde cobra ribetes de eclosión, no solo porque le dice al hombre que es posible cambiar al mundo a través del amor, sino también por el mensaje esperanzador que trae para que la humanidad logre la anhelada justicia social en una realidad colmada de egoísmos de todo pelaje y de inequidades alarmantes entre ricos y pobres. Hay, pues, toda una simbología en este hecho, empezando por restar importancia al mundo interno, al ego personal, para abrirse a un mundo externo sediento de reivindicaciones y, sobre todo,  de paz.

Una de las expresiones culturales que mejor resume este júbilo colectivo de la llegada de Jesús al mundo es la huayligía. En ella existen un sinnúmero de elementos simbólicos que subyacen y que, groso modo, comentaré. En primer lugar, se trata de un producto resultado de la fusión de la cultura occidental y la cultura andina, obra grandiosa de la labor evangelizadora de los misioneros que exitosamente difundieron la palabra del cristianismo en un mundo pagano de corte panteísta, en este aspecto, la huayligía constituye una simbiosis de la fusión cultural de ambos mundos.

Como el entorno geográfico del poblador peruano y, en este caso, del habitante de la región central del Perú, es largamente agreste, la presencia de la cordillera andina ha dejado su impronta en el devenir histórico y social de su vida. La huayligía nos recuerda que somos fundamentalmente un país andino, un país que siente el mayor de los respetos por la presencia del macizo andino que recorre Sudamérica marcando el temperamento, vida y costumbres de sus pobladores. Nos recuerda que, otrora, éramos un país agrario y rural que fue abandonado para trocarse en un país urbano que intenta ser semi industrial, de raigambre migrante y sometido a la secuela del centralismo que asfixia a nuestros pueblos. Que la vida se nutre del campo gracias a los pastores y todos los elementos que lo rodean: los vacunos, ovinos, el cielo siempre diáfano y transparente y colmado de rutilantes estrellas, espacio donde el aire es puro y transparente, etc., es decir de aquellos elementos que forman parte del hábitat del nuestras comunidades y pueblos cordilleranos.

Pero, también, la huayligía, además de ser un homenaje al paisaje natural es un homenaje al hombre y mujer andinos en el sentido de que resalta la contagiante alegría de saber que ha llegado su Salvador, el hombre que lo redimirá del pecado guiándolo por los caminos de su redención y arrepentimiento, acercándolo a Dios. Por ello, especialmente las mujeres, se atavían con sus mejores y multicoloridas galas, siendo, de este modo, la mejor ofrenda que le puede dar a su Redentor; la eufonía de los cánticos, la policromía del vestuario, la humildad de un lacónico pesebre y la renuncia de la trenza para soltar sus cabellos en clara indicación del júbilo de su libertad y júbilo, son ingredientes que la hacen típica y contagiaste. He ahí la belleza de esta estampa andina que colma los ojos del visitante y sobretodo de los creyentes. Históricamente, la Huayligía significa la vida anterior de nuestros ancestros, en ella está dormida la vida de nuestros padres y la heredad que  dejaremos quienes nos sucedan. En ella en suma, está la identidad que necesitamos para hermanarnos más cada día. ¡Cuántas cosas más habrían que resaltarse en esta bella tradición de la Huayligía!

Para concluir y en ultra resumidas palabras, quiero afirmar que en nuestra bella danza, materia del presente post, están hermanados el hosanna jubilar de los códigos cristianos y el Kausachum hospitalario del ancestral hombre americano de nuestro suelo.

¿Y LA HUAYLIGIA, LOS NEGRITOS Y EL CORCOVADO?

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Darío A. Núñez Sovero

El estado peruano acaba de reconocer al Carnaval Jaujino como Patrimonio Cultural de la Nación y ello enaltece grandemente a quienes somos sus fervorosos cultores y a toda la nacionalidad xauxa (Clodoaldo Espinoza Bravo diría: enaltece el “eros jaujino”), pues con ello son seis danzas las que han merecido el reconocimiento de patrimonio espiritual de todos los peruanos, a saber: el Carnaval Marqueño, el Carnaval Jaujino, la Tunantada, la Tropa de Cáceres, la Jija y la Pachahuara. Ello, naturalmente, dice mucho del espíritu festivo que arroba al poblador de nuestra querida provincia.

En los meses de Diciembre de cada año, un nuevo sentimiento inunda al hombre de estos pagos, lo envuelve esperanzadoramente al constatar que es el mes de la navidad y, por tanto, del tiempo de realizar la adoración al Mesías, a la llegada del Niño Jesús. Pueblos como Acolla, Paca, Chunán, Yauli, Marco, Parco, Huaripampa, Julcán, Muquiyauyo, Janjaillo, Huertas, Tunanmarca, Ricrán, Muquillanqui, etc., se aprestan fervorosamente a desarrollar la festividad de la Huayligía. Es del caso que, por una serie de razones de movilidad social y a medida que el poblador de Jauja se ha ido desplazando a otros medios, en nuestra ciudad esta celebración ha ido desapareciendo, sino fuese porque, hace más o menos 10 años, un grupo de jóvenes la vienen rescatando, bajo la denominación de “Presencia de Jauja”, lo que ha generado un renovado “renacimiento” de esta costumbre. A este respecto, es bueno decir que la Huayligía es un uso tradicional de Jauja, no podríamos prorratearle ese mérito, menos ese origen. Recuerdo que, de niño, hacia la década del 40 y 50 pasados, las nochebuenas de nuestra ciudad se engalanaban cuando, desde las inmediaciones del Cementerio y con dirección al atrio de la Iglesia Matriz, subía una cuadrilla de bailantes de la huayligía comandada por el señor Francisco Chávez que los jaujinos antiguos deben recordarlo como el panteonero de nuestro cementerio. A su muerte, esta tradición desapareció. Es bueno que nuestras afirmaciones sean confirmadas por otras versiones y a continuación lo pongo en evidencia: en su obra autobiográfica “País de Jauja”, Edgardo Rivera Martínez, afirma, en segunda persona, que la noche del 24 de Diciembre:

“… preferías reservarte para la huayligía. Ese coro danzante, misterioso, que venía desde el pueblo de Santa Ana, en lo más remoto de la noche, y se desplazaba jubiloso por las calles de la ciudad, para ir a bailar al atrio del templo después de la misa”, “… ¿Y bailaban las pallas de Santa Ana, como ahora?”.”No sólo las de Santa Ana, sino también de Julcán y de Molinos” Imaginaste, por un momento, esos conjuntos de muchachas, con los cabellos sueltos, bailando todas en Santa Isabel y en la Plaza de Armas” (p.21).

Imbuido por esa sensibilidad, innata en un literato de los pergaminos de él, Edgardo Martìnez añade en la página 24:

“…Se aproxima ya el conjunto de danzantes. Se escucha el sonido de los pincullos y de las quenas, y el compás marcado por las sonajas de latón del pastor que escolta a las pallas, y por las azucenas que portan las muchachas, como arbolillos de luz y de colores. Te inclinas, con las manos asidas a la baranda, y todo tu ser se absorbe de esa música. Transcurren los minutos. Están ya muy cerca, y en efecto no tarda en pasar por la esquina los grupos de chiquillos que van por delante, y el pastor, luego, con la máscara que apenas si puedes adivinar a la distancia. Las jóvenes, en fin, en dos columnas, todas con los cabellos sueltos. Sus azucenas como ramos sonorosos. Vienen luego los tocadores de pincullos, y el hombre de la tinya, los acompañantes. Cortejo que acaso tampoco celebra el Nacimiento cristiano, sino algo muy diferente. El despertar, quizá, del amaru blanco y del amaru negro, las sierpes aladas que vuelven de su sueño de siglos y emergen en pos de la flor del rocío y de la nieve, la sullawayta…”.

El autor ubica sus relatos hacia el año 1947, lo que nos indica que hacia ese tiempo, todavía la Huayligía era una costumbre que se practicaba anualmente en Jauja. Cuál no sería mayor mi asombro cuando, pergeñando las páginas de la obra, del mismo autor, “Imagen de Jauja”, encuentro en sus interiores que, hacia 1839 y 1840, un viajero suizo, J. J.Tschudi, visitó dos veces, Jauja; a su retorno a Europa, el año 1846 publicó su obra “Reiseskizzen, aus den Jebren” y allí hace un recuento de sus impresiones en nuestra tierra. Especialmente, dice Rivera Martínez, de “ciertas danzas como la Huayligía o los Corcovados, originarias o típicas de Jauja”. Tschudi, escribe, en alemán traducido al español:

“Después del oficio divino, todas la noche recorren las calles conjuntos de muchachas, con sus largos  y negros cabellos sueltos, cayéndoles desordenadamente sobre los pechos y hombros desnudos. En las manos traen una vara, en cuyo extremo hay sujetas cuatro o cinco varillas de ondeantes tirillas de papel. Acompañadas por un arpa, un violín y una flauta, cantan extrañas y hermosas melodías, y bailan marcando el compás con sus varas”. (p. 152).

A este respecto, nuestra Huayligía, es una danza secular que es menester reivindicarla buscando que sea declarada, también,  Patrimonio Cultural de la Nación. Su vigencia es anterior a la Tunantada y al Carnaval Jaujino. Como naturales de esta longeva tierra es nuestro desafío lograrlo. He allí la tarea inmediata.

Nos dice, el mismo Tschudi,  que la  navidad del hombre xauxa estaba alegrada con la huayligía y los negritos. Pues bien, en la traducción que Rivera Martínez logra, veamos qué dice de esta última danza:

“En el mismo día de navidad aparecen los así llamados Negritos. Son indios vestidos con camisas rojas, bordadas ricamente con hilos de oro y plata, y con pantalones blancos, un sombrero con una ondente, negra pluma, , y con una horrorosa máscara negra. En la mano cada uno lleva una calabaza casi completamente cerrada y pintada, dentro de la cual se mueven las semillas, con la que se marca el compás de sus muy melodiosos cantos. Entre cuatro y cuatro bailan las danzas de los negros de Guinea, imitando en sus movimientos y en lenguaje a esa raza muy despreciada por ellos. Durante tres días con sus noches recorren las calles, entran a casi todas las casas pidiendo aguardiente y chicha, lo que en efecto se les da, pues de otro modo se vengarían con hirientes injurias” (p.153).

Los negritos, constituyen una danza que está inscrita en el patrimonio de los xauxas, ella no puede permanecer en el limbo de nuestra indiferencia. Fundamentar su incorporación al patrimonio del país es otra de las acciones pendientes de los amantes de Jauja y sus tradiciones.

He querido reservar para, el final, el tema del Corcovado. En la obra “Imagen de Jauja” ya citada, existe la referencia de Tschudi, quien alude que esta danza se bailaba en Jauja  en el año nuevo y hoy lo advertimos desplazado a los distritos de Ataura, Yauli, Julcán, Huertas, etc. Sobre este tema, leamos lo que en su mismo libro ha escrito el autor suizo:

“En el día de Año Nuevo se realiza otra forma de exhibición. Desde muy temprano se anuncian los Corcovados. Cubiertos con gruesos vestidos de lana, con un viejo sombrero de vicuña en la cabeza, una cola de caballo en la nuca, puesta una cómica máscara con una larga barba, y calzando enormes botas, acompañados con una música en extremo ridícula, montan sobre largos palos. Todo lo que acontece, a lo largo del año, en las diferentes familias, es cantado por ellos delante de las casas correspondientes, en canciones en quechua; les dan abundante material sobretodo, las disputas conyugales, y no dejan de presentarlas, en sus cantos, de la manera más cómica posible. Esta diversión dura dos días y acaba con borracheras y a menudo con asesinatos, pues cada vez que se encuentran dos conjuntos de Corcovados, de los cuales uno ridiculiza algo de los componentes del otro, se produce un encuentro temible y sangriento, en el cual se utilizan como armas los largos bastones en que cabalgan” (pp. 154-155).

Es de concluir, entonces, que el patrimonio costumbrista de Jauja tiene una riqueza insospechada, reconocida por propios y extraños. El trabajo de incorporarlos al patrimonio de nuestra nación será una tarea que aguarda de parte de quienes tienen que ver con la cultura, ancestral y reconocida, de nuestra querida tierra de Jauja.

A propósito del reconocimiento del Carnaval Jaujino como Patrimonio Cultural de la Nación

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Darío A. Núñez Sovero

El gobierno acaba de publicar, con fecha 15 del mes en curso, la Resolución Viceministerial Nº 214-2018-VMPCIC-MC por la cual Declara Patrimonio Cultural de la Nación al Carnaval Jaujino de la Provincia de Jauja, departamento de Junín. Con este documento, el estado peruano, le da carta de ciudadanía a “una de las manifestaciones culturales más representativas de la ciudad y la provincia de Jauja”. Los jaujinos, alborozados, no podemos menos que alegrarnos que una de nuestras expresiones del espíritu xauxa merezca el reconocimiento de nuestra nación, con lo cual se cierra y a la vez se inician nuevas aventuras para que el rico acervo patrimonial que existe a lo largo y ancho de nuestra provincia tenga el lugar expectante que merece.

Una atenta lectura de la extensa resolución antedicha, nos mueve a hacer algunos comentarios relevantes. Nuestra añeja costumbre, en primer lugar, tendrá que ser observada o cumplida tal y como reza la exposición de los considerandos, pues, de no hacerlo se corre el riesgo que luego de cinco años que deberá hacerse, por parte del Ministerio de Cultura, “un informe detallado sobre el estado de la expresión declarada…”, con lo cual, cualquier distorsión acarrearía riesgos que son difíciles de precisar. Y los riesgos que me aventuro a comentar están reiterándose tanto que es menester corregir para responder eficientemente al espíritu de la norma.

En segundo lugar, se dice que la fiesta, en su primer día, se inicia cuando el padrino recibe a la comitiva de varones del barrio e invitados para brindarles el desayuno que le otorgue la fortaleza necesaria para derribar y cargar, luego, el árbol. Es del caso que esto se está distorsionando por cuanto, ahora, a este desayuno asisten indebidamente damas y aún niños. Las damas tienen otro protocolo que debe ser observado por la madrina y no deben “entrometerse” en el de los varones. Ya en el mismo campo, alegra saber que la costumbre del “manshu” (castigo con aguardiente para los que no tienen la indumentaria de rigor) ya tiene reconocimiento oficial, todos los padrinos y asistentes estaremos en la obligación de ejercer su cumplimiento. Por el lado de la madrina, también se oficializa el “Shacteo”, que es la comida a manera de almuerzo que ella ofrece a los asistentes sobre la base de la shacta (a base de arveja molida con maní y acompañada con hilachas de carne, queso untado con aji amarillo y cancha). Esto es importante por cuando hacen pocos años que algunas madrinas han optado por la comodidad de entregar “tapers” con pedazos de pollo o carapulcra, lo que, naturalmente, desnaturaliza la tradición. La indumentaria, por demás vistosa y elegante en el segundo día de fiesta es de estricto cumplimiento, tanto por el varón como por su pareja; es menester resaltarlo por cuanto, especialmente, las casas dedicadas al alquiler de ropa de cortamonte, son los primeros en desacatar la norma, lo cual debe superarse. Saber que debe ser de tres colores, en el caso de las damas, y de colores o tonos graves nada estridentes, le otorgará mayor formalidad a nuestra tradición.

He querido mencionar sólo algunos de los aspectos que considero que están contemplados en la resolución materia del presente post y, ligeramente, quiero señalar algunos vacíos. No se menciona la existencia de lo que en el barrio La Libertad se conoce como el Alto Comando, que está integrado por dos o tres respetables cobarrianos que se encargan de todo el aspecto disciplinario: cumplimiento del horario de fiesta, administración de los “manshus”, administrar los agasajos, etc. Tarea menuda que actualmente se deja para los de mayor entusiasmo. Por otro lado, si bien el municipio ya se adelantó en establecer un reglamento de la fiesta, es conveniente otorgarle a éste mayores funciones de fiscalización.

Pese a lo comentado nos sentiremos halagados de saber que todos los jaujinos estamos obligados a dar cumplimiento fiel de todo lo establecido en la norma materia de los presentes comentarios, norma que ha sido promovida, tramitada y fundamentada por la presente gestión municipal a quien saludamos por este importante paso que fortalece nuestra identidad.

Comunidad japonesa de Jauja: del esplendor al olvido

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Darío A. Núñez Sovero

Ingresando a nuestro Cementerio General de Jauja y al lado izquierdo, raído y en franco deterioro, existe el mausoleo cuya fotografía acompaño y en cuyo epitafio se lee: “En memoria de los inmigrantes fallecidos en esta tierra”. Comisión Conmemorativa del 80 aniversario de la inmigración japonesa al Perú. Agosto de 1979. El tema no merecería mayor atención sino es por el especial recuerdo que dicho colectivo dejó en la vida social y económica de Jauja. Creo que después de las muertes de Toichi Taira y José Kato Tangui, casi no quedan miembros descendientes de japoneses en nuestra tierra (todavía recuerdo que en la misa de cuerpo presente de este último, el párroco oficiante, lamentaba que nuestra Virgen del Rosario había perdido al hombre que solía renovarle sabatinamente las flores de su altar, expresión del proceso de aculturación de los inmigrantes para con nuestras creencias). Y comento, desordenadamente, estas incidencias por cuanto me han dado oportunidad de revisar alguna bibliografía sobre el proceso de inmigración de japoneses a nuestro país, en especial a Jauja.

Según el investigador Víctor Solier Ochoa, en una publicación del Archivo Regional de Junín (Boletín Nro. 4. ARJ) se menciona que el año 1931 se identifican a 213 isseis cabezas de familia y que se fueron a radicar a diversas provincias de nuestro departamento, siendo que la mayoría fueron a Huancayo. Lo curioso y extraño es que, de las ciudades que se mencionan, ninguna dice Jauja (Huancayo, Concepción, Morococha, Oroya, San Ramón, La Merced y Cerro de Pasco). Pero luego añade (p. 125) “…esta cifra es referencial, porque no agrupa al total de japoneses debido a que se han extraído estas cifras de un solo libro, tenemos indicios que para este año se registraron a los inmigrantes extranjeros en dos libros. Haciendo los cálculos y considerando que para el departamento de Junín, para este año existió un promedio de 300 cabezas de familia, tenemos un promedio de 900 japoneses entre niños y adultos de ambos sexos”. ¿Es la diferencia de 87 cabezas de familia japonesas las que llegaron a Jauja y se encuentran registradas en el segundo libro que ha desaparecido y no se encuentra en el Archivo Regional de Junín?. Puede ser.

Baso la última parte de mi afirmación anterior en lo que añade el mismo Solier: “Entre los japoneses de esta primera generación avecindados en el departamento de Junín están Tojiro Watanabe de ocupación cocinero ingresó al Perú el año 1899 y en 1931 residía en la ciudad de Huancayo, Vicente Ogata de ocupación peluquero ingresa al Perú el año de 1902 en 1931 reside en la ciudad de Concepción, M. Hiratsuka dedicado al comercio llega al Perú el año de 1903 y en 1931 vive en la ciudad de San Ramón en la provincia de Chanchamayo, Yajiro Shiraishi también dedicado al comercio ingresa al Perú el de 1906, en 1931 radica en la ciudad de Cerro de Pasco”. Por otras parte, Nicolás Matayoshi, conocido intelectual nisei huancaíno en su libro “La incontrastable ciudad de Huancayo. Dioses huancas y otros ensayos” afirma (p. 148) lo siguiente: “…En las primeras décadas del siglo XX, se consigna la existencia de un numerosa colonia japonesa en la ciudad de Huancayo, destacándose el señor Antonio Susuki, dueño de una fábrica de fideos; José Shiomi, dueño de un restaurante; Ricardo Umeno, dedicado a la pastelería; José Okasaki, relojero; Y. Okugawa, tienda de regalos y locería; Y. Fukunaga, fábrica de caramelos; Orestes Sakamoto, fábrica de embutidos, …”. Los que hemos compartido vivencias con compañeros escolares de aquel tiempo sabemos que en Jauja estaban afincados los Higuchi, los Kanashiro, los Yamamoto, los Katos, los Iseki, los Nakamura, Miura, Ito, Taira, Tabuchi, Taniguchi, Araki, Fukushima, etc. y ninguno de los autores mencionados los cita. Reitero mi pregunta: ¿estaban registradas estas familias en el libro de ingresos a Junín que se perdió o está inubicable?.

Este grupo poblacional que arribó a Jauja era compacto. Solier afirma que “…La mayoría de los nissei, se agruparon en un círculo cerrado, no permitiendo la unión con personas que no fueran de su raza…”. Por su lado Matayoshi afirma que “…Vivían secretamente el orgullo de los antepasados, la colonia japonesa se convirtió en algo más que una comunidad con vínculos étnicos, era –y es-, una comunidad  espiritual. Incluso hoy se restablecen los lazos invisibles con los antepasados que descansan en el trasfondo de su identidad comunitaria…”. Sin embargo, como ocurre con todo grupo social, la solidez social y cultural que los unía se rompió con el fin de la segunda guerra mundial, después que Japón, por obra del Emperador Hiroito, firmara su rendición. Matayoshi afirma que “…El paso traumático de la derrota originó dos posturas distintas, los Mategumi que aceptaban la rendición y los Kachigumi que se  resistían…”. Este mismo malestar lo he escuchado de labios de conocidos niseis jaujinos, quienes abogaban por ser “imperiales” y la pregunta fluye nuevamente de modo casi perverso: ¿eran los japoneses residentes en Jauja partidarios de la línea mategumi y ello explicaría que el libro que registraba su ingreso al departamento de Junín ha desaparecido adrede?. Dejo señalada la tarea para investigadores de la talla de Amelia Marimoto, especialista en el estudio de la inmigración japonesa al Perú, mientras tanto hago un llamado para los niseis que en algún momento residieron y nacieron en Jauja para que el viejo mausoleo que recuerda el paso de sus ancestros sea restaurado en el Cementerio General de Jauja.

 

VIL COCODRILO

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Darío Núñez Sovero

Los carnavales de Jauja se anuncian con un preámbulo de lluvias y huaycos muy propios de este tiempo y los naturales de nuestra añeja provincia nos aprestamos a alistar nuestros  atuendos multicolores y de una gravosa vistosidad  para participar en ellos, con la alegría que nos  han reconocido estudiosos de la PUCP, como Jorge Yamamoto, para quienes nuestro valle es el más feliz del Perú por cuanto todo el año vivimos envueltos en un espíritu festivo sin par en este enclave montañoso que llamamos país.

Cuando los carnavales de Jauja sean un concierto múltiple de centenas de parejas festivas en cuanto barrio hay en nuestra provincia, los “cachimbos” (como así llamaban nuestros antiguos a los músicos) despedirán de sus sonoros instrumentos sentidas mulizas y huaynos que sacudirán los espíritus de los asistentes convocando la alegría y a la par la nostalgia de todo lo vivido y gozado en nuestras precarias vidas. La elegancia será como un ritual de devociones a Momo y el acompasado discurrir de los fiesteros generará más de un asombro a los espectadores. Y en medio de esa frenética alegría aparecerá nuevamente la muliza como una grandiosa exaltación a la vida y una oportunidad de demostrar el garbo y donaire del hombre xauxa. ¡Nada más hermoso y altivo como bailar una muliza de carnaval jaujino!

Una de esas mulizas carnavaleras, de las varias que hay,  es justamente “Vil Cocodrilo”, pieza insoslable de toda la música del carnaval de Jauja. Ella llega como un torrente de notas agudas para desembocar en otro de notas graves, como si la quinta de Bethoven anunciara su versión andina cayendo sobre los barrios de Jauja. Y he querido detenerme en esta muliza porque es mi propósito rendir mi postrer homenaje a su autor: el marqueño Buenaventura Fabián, quien en los momentos aurorales de la Banda “Sinfonía Junín” llegó a ser su director, año 1967.

Fue en ese tiempo que conocí al buen Buenaventura (no es un pleonasmo), un hombre de amplia sonrisa y abundante humor, dotado de una sencillez extraordinaria y un innato talento para la música. La aguda percepción del “Chino” Juan Loayza Castro, uno de los últimos exponentes de la bohemia jaujina, lo llevó a designarlo como profesor de la banda de música del Colegio “Toribio Rodríguez de Mendoza” de su natal Marco. Fue en esos avatares y luego de incansables tertulias que me confesó, con humildad franciscana, que él era el autor de la muliza “Vil Cocodrilo”. Esa sinceridad de nuestro talentoso músico quedó grabado en mí para siempre. Y retrotraigo este recuerdo por cuanto, hacen menos de cinco años, leí en el Diario Correo de Huancayo una nota periodística dando cuenta  que nuestro paisano Apolinario Mayta Inga iba a presentar a la comunidad regional y nacional su reciente obra escrita llamada “Monografía de Sicaya”. El asunto, además de un merecido reconocimiento al autor, no tendría mayor  relevancia si no fuera porque dentro de sus páginas Apolinario Mayta le asigna la autoría de “Vil Cocodrilo” a un personaje sicaíno.

Mi cercanía a Mayta Inga me ha llevado a hacerle las correspondientes observaciones a este asunto. Mi amistad y lealtad con el desaparecido Buenaventura Fabián me exigía hacerlo. Sin embargo como respuesta he obtenido que, desde hace tiempo, mucho de la autoría de la producción musical de nuestro anchuroso valle es “pirateada”. Encuentro que la explicación no es consistente, pero aún si fuera así (cosa que me resisto a aceptar) la pregunta sería: ¿quién “pirateó” a quién?. Conociendo a Buenaventura Fabián, de él, no creo.

Intrigado por esta versión del autor de la Monografía de Sicaya, acudí inmediatamente a Marco para entrevistarme con Fabián y pedirle que me muestre la partitura original, mi desazón llegó cuando constaté que estaba, lamentablemente, con demencia senil. Sencillamente no me reconoció y divagaba sabe Dios en que cielos eternos. Hoy él está muerto y traicionaría su amistad si estas cosas no las comento y las comparto con ustedes. Loor a su memoria.

Foto: Martín Valenzuela Gave

 

Un reencuentro con el pasado

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DSCN5982Casa de Pedro S Monge ubicada en la Samaritana, que hoy es la Biblioteca Municipal

Darío A. Núñez Sovero

Hoy, súbitamente, he tenido la oportunidad de reencontrarme con el pasado. He vuelto a recorrer la casa a donde acudía cuando mi inexperiencia me aconsejaba buscar la palabra reposada y sabia de un maestro de los pergaminos de Pedro Monge Córdova.

Hacia 1969, año del centenario del Colegio “San José” de Jauja, fue él,  en su calidad de Sub-director quien conjuntamente con Armando Castilla Martínez como Director, me dio la oportunidad de ser docente en el añoso colegio jaujino. Mi tempranidad profesional, aunado a mi incipiente experiencia me obligaban a buscar asesoría en la tarea que se me había confiado y fue allí que, sin regateos, el consejo autorizado y sereno del gran maestro aparecía y apaciguaba mis preocupaciones laborales, que nunca faltaban. Por añadidura, las ocasiones eran propicias para extender largas pláticas sobre el quehacer educativo de aquel tiempo llegando a compartir afinidades en temas de interés nacional e internacional. Pedro Monge era una persona de gran versatilidad y sus puntos de vista eran tan interesantes que, muchos, lo hacían como suyos. Fue en estas circunstancias que, luego del horario laboral, habituaba a visitarlo en su domicilio donde él, me confiaba algunos modos de leer con máximo provecho aquellos textos que me interesaban: “nunca leas en cama”, “cuando encuentres una palabra que no conozcas, consulta con el diccionario, aun cuando intuyas su significado”, “coge la idea principal de un párrafo y no te distraigas en los secundarios, procura subrayarlos o haz anotaciones al costado”, etc. son palabras imborrables que atesoro y trato de cultivarlos siempre. ¡Cómo no admirar a aquel hombre de tan profundo conocimiento y ponderada palabra!. Así nuestra amistad se mantuvo hasta su sentida muerte.

DSCN5983Patio interior de la casa de Monge, urge mejoras

Hoy he vuelto a esa casa de tantos y gratos momentos. He vuelto a sentir la presencia invisible de la figura del gran maestro y su palabra ha vuelto a reverberar en mí muchos recuerdos. Volver al escritorio donde se aposentaba para, desde allí, iniciar sus largos soliloquios que, pasmados, escuchábamos sin acusar ningún cansancio. Repasar con ansiado afán los anaqueles cuidadosos de su biblioteca (ese “almacén de la sabiduría universal”) donde se apiñaban ordenadamente cientos de libros, admirar la belleza del jardín interior de su casa depositaria de cuantiosas tertulias con su entrañable amigo y albacea, don Miguel Martínez Saravia. En fin, una experiencia vivificante.

DSCN5984Lienzo “EL SACERDOTE”, cuyo autor es Ernesto Bonilla del Valle

Sin embargo, debo expresar, me causa pesar advertir que algunos aleros interiores están deteriorados y, por tanto, son pasos obligados de goteras que van erosionando lentamente los muros de la casa. Que, la seguridad de la casa está amenazada por cuanto el muro del fondo que da, justamente, a los parajes del histórico cerro de San Juan Pata, no brinda seguridad para poder preservar el ingente caudal de libros que, por voluntad del maestro, han pasado a formar parte del patrimonio de la Municipalidad Provincial de Jauja y cuidar, asimismo, los lienzos de artistas de renombre que han dado talla para que Jauja sea considerada como la tierra de artistas y poetas que la han rotulado como la Atenas del Centro del Perú.

DSCN5986“La Samaritana”, histórico barrio testigo de las correrías de Monge Córdova

Volver a la casa de Pedro Monge ha sido, un poco, volver a los tiempos de una mocedad que el tiempo se ha llevado implacablemente dejándonos un rio de recuerdos gratos que (a lo Bécquer) no volverán. ¡Honor a la memoria del Maestro Monge!, ¡Honor al glorioso San José de Jauja, obra fecunda del Amauta!

JOSÉ KATO: REQUIEM PARA UN AMIGO JAUJINO DE RASGOS DEL PAIS DEL SOL NACIENTE

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JoseKato

Año 1979 en el que José Kato era regidor de la Municipalidad Provincial de Jauja bajo la Alcaldía del Abog. Israel Martínez Parra

Darío A. Núñez Sovero

Como la luz que antecede a las sombras, como la noche que arriba al final del día, tu súbita ausencia nos ha sumido en una turbadora oscuridad. La muerte ha debido recogerte en sus dominios con la sorpresa propia de quien es cogido de impensada forma. Es que ya nos habíamos habituado a verte apostado, como un leve vigía de ojos atentos y rasgados, en la puerta de ese local que fue la sede de tus múltiples afanes y que está ubicado en nuestra Plaza Mayor. Uno de ellos (quizás el más sublime) es, justamente, el que me mueve a escribir estas líneas de golpeado sentimiento: tu acendrado amor por Jauja. No puedo callar todos los gestos y conductas que desplegaste por traducir tu cariño al terruño nuestro en pos de un despegue por nuestra provincia. Gracias José por esa generosa entrega que (ojalá) debe merecer el reconocimiento de todos quienes lo hemos constatado.

Atrás quedaron muchas cosas, José. Como músicas sordas merodean nuestra Jauja tus correrías con tus amigos de infancia. ¿Recuerdas?, cuando te hacías la “vaca” con Rosendo Balvín y con Víctor “Chaqui” Dávila. Cuando nos concentrábamos en interminables tertulias en el café de ensueño de Galindo Santos que se ubicaba frente al Cine Colonial y hoy ha sido relevado por horribles moles de cemento. Aún hoy martilla mi memoria tus gratas visitas que me hacías en Trujillo, adonde acudías a ver a tu hermano Roberto, y (de paso) a mi bellísima compañera de estudios, Amelia Suyoshi, de quien te sentías atraído y por la que desafiabas la estricta disciplina de mis maestros universitarios. O aquella vez que fuimos a pasear por las ruinas de Chan Chan y cuando nos fuimos a almorzar a Huanchaco, de pronto cayó a tus pies un balón de fútbol, y para sorpresa tuya fue a recogerlo nada menos que Haya de la Torre, quien se relajaba jugando fulbito en la playa con un grupo de mozalbetes y, además, quedó sorprendido cuando respondiste a su pregunta “de donde eres” y con energía le dijiste “de Jauja”, Haya no pudo menos que decirte “un japonés en Jauja”. Tus paisanos niseis deben haber retenido la imagen tuya cuando con la velocidad de un rayo les entregaban a domicilio el desaparecido periódico “Perú Shimpo”, tarea que cubrías con la complicidad metálica de tu bicicleta Monark. Por mi parte tu recuerdo tiene la misticidad de tu figura devocional al pie de las bancas de nuestra iglesia a cuyas misas dominicales ibas puntualmente para expiar tus culpas y, hoy (justamente cuando es imposible expresarte mi felicitación) me entero por boca del mismo Párroco (quien te contemplaba sabatinamente con especial gratitud y admiración) de tus esfuerzos bienintencionados para cambiarles permanentemente las flores del altar de nuestra Virgen del Rosario, a quien confiaste tu inquebrantable fe. Y así, José, podría ir enumerando las incontables ocurrencias (anécdotas también le dicen) que forjaste en tu rica existencia pero que, lamentablemente, la estrechez de estas líneas coactan nuestra voluntad.

Lo que si debo remarcarte, aunque tarde, es que tus actos marcaron con nobleza el sentir de nuestro pueblo, ese pueblo que llora tu partida porque sabe que ha perdido a uno de sus mejores hijos, uno de los que, sin tener los rasgos mestizos nuestros, supo mejor interpretar cómo se forja el porvenir de sus hijos y cómo se lucha para que Jauja vea su porvenir con tesón y esperanza.

Hoy que estás frente a Dios en el país de la morada eterna, pídele que no nos desampare. Jauja y los tuyos te lo agradecerán hasta el final de los siglos.

JAUJA EN LA VITRINA INTELECTUAL DEL MUNDO

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Francia

Darío A. Núñez Sovero

En un hecho que debe colmarnos de sincero y franco regocijo, recientemente, del 7 al 9 del presente mes, en la Universidad de la ciudad de Poitiers-Francia, se viene desarrollando el VII Congreso Internacional de Peruanistas llamado “Perú al pie del orbe: Literaturas, Mitos e Historias”. Estos eventos recorren el mundo en la búsqueda del conocimiento e interpretación de la evolución de la cultura en nuestra patria, así como también es una reflexión permanente sobre las relaciones literarias, históricas y culturales que el Perú y sus habitantes mantienen con el resto del mundo. Los seis congresos anteriores se realizaron en Harvard (1999), Sevilla (2004), Nagoya (2005), Santiago de Chile (2007), Boston (2011) y Washington (2013). Es de advertir, entonces, el interés de este séptimo congreso y la importancia que el mundo le concede a nuestra rica cultura.

De las cuarenta ponencias a presentarse, tres son las que tienen una relación directa con nuestra tierra. Una presentada en francés, una en inglés y la tercera en español. El francés Francoise Aubés (de la Université Paris Ouest Nanterre la Défense) presentará el trabajo “Edgardo Rivera Martínez (1933, Jauja): un ecrivain entre deux mondes” (un escritor entre dos mundos). En ingles, el trabajo a exponerse correrá por parte de la jaujina Candy Hurtado (Florida Atlantic University): “The subaltern Speaks: Dance as Perfomative Mimicry in the Central Peruvian Andes, the case of the Tunantada of Jauja” y, en español, Domingo Martínez Castilla, jaujino de cepa, (University of Missouri, ciberayllu.org) disertará sobre el “Ciberayllu: vida, pasión y catatonia de la primera publicación peruana de alcance global”.

Existen, pues, sobradas razones para decir que Jauja, en el concierto cultural e intelectual de este país nuestro llamado Perú, ocupa un lugar de primerísima nota. Decimos esto sin jactancia ni vanidad que termina en vil engañifa. Lo decimos con fundamento, pues, leyendo el temario general de este congreso, no encontramos que se expongan estudios sobre ciudades importantes del país, llámense Trujillo, Arequipa, Cajamarca o Huancayo. Razón tiene nuestro jaujino e ilustre Maestro Apolinario Mayta Inga cuando, recientemente presentando en Jauja la obra “El nevado de Huaypallana”, decía que deberíamos sentirnos orgullosos de constatar que Jauja es la inteligencia y Huancayo el músculo de la región, en alusión a que Jauja siempre fue una Atenas de desbordante brillo cultural y, la ciudad del sur, un paradigma de laboriosidad y porfía. Encuentro que las raíces de este interés europeo por conocer y estudiar lo nuestro devienen del hecho en que Jauja, por razones climatológicas, fue el centro de un nutrido cosmopolitismo donde convergían personas de todo el mundo. Edgardo Rivera Martínez, nos recuerda en las páginas de su inmortal novela “País de Jauja”, como colectivos importantes de británicos, alemanes, franceses, japoneses, rumanos, árabes, chinos, entre otros, residían en nuestra tierra, de allí es como aquí se dio el encuentro de dos mundos: el europeo y el andino. La intermitente riqueza de nuestra cultura tiene sobradas justificaciones como para que los sucedáneos nos sintamos obligados a continuar ese valioso legado. He allí la tarea. Nuestras felicitaciones y rendido reconocimiento a Edgardo Rivera Martínez, Candy Hurtado y Domingo Martínez por esta clara demostración de amor a Jauja.