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La trascendencia de Tunanmarca


Tunanmarca

Carlos H. Hurtado Ames

El 26 de noviembre de presente año el Banco Central de Reserva del Perú presentará una moneda conmemorativa a Tunanmarca, el centro arqueológico más importante de la sierra central peruana. Se trata de un reconocimiento a la trascendencia de la historia prehispánica de Jauja y a los Xauxas, el grupo étnico que pobló esta zona y que, por muchos años, han sido confundidos, permaneciendo en un injusto silencio.

En la presente nota quisiera destacar, brevemente, algunos aspectos fundamentales de la importancia de Tunanmarca como centro regional Xauxa en el proceso histórico nacional peruano a la luz de los nuevos avances en la investigación arqueológica e histórica

En efecto, en el estado actual de las investigaciones es cada vez más evidente que la realidad étnica preinca de la zona era de fractura política. Las fuentes históricas aluden a dos grupos importantes con claras diferencias identitarias en el vestido: xauxas y huancas (los primeros llevaba una especie de vincha roja y los segundos negra). Los Xauxas se emplazaban en la parte norte del valle, principalmente en la zona circundante al valle de Yanamarca, y los segundos en el sur. También es evidente que fueron los Xauxas el grupo que tenía la primacía en el desarrollo regional. Esto es claro al ver los restos que han dejado, principalmente Tunanmarca, aunque los centros regionales de ellos no se reducen solo a éste.

Las últimas investigaciones que se han realizado sobre los llamados Chancas, como los de Brian Bauer publicados este año, no han encontrado evidencia arqueológica que sostenga que este grupo era el que rivalizaba con los incas durante su expansión imperial, como el mito sostiene. Esto es importante porque, de ser así, es visible que la principal resistencia ante la expansión estatal estuvo en la sierra central. Y quizás esta es la razón por la que los incas, en señal de represalia, deciden cambiar el nombre de la zona ya como provincia inca por “Huanca huamani”, aunque tomando el nombre, según las fuentes, de una piedra que estaba al inicio del valle, no de un grupo étnico preexistente. Es decir, realizaron una manipulación de la realidad preexistente en cuanto a sus nombres.

Los trabajos arqueológicos que se han realizado en Tunanmarca dan cuenta que, en efecto, hubo un enfrentamiento formidable ante el avance estatal. Esto es lógico si tenemos en cuenta que estaban camino a convertirse en una sociedad compleja próxima, probablemente, a un estado. Desde esta perspectiva, Tunanmarca y los Xauxas fue el principal centro de resistencia ante la expansión imperial cusqueña. Pero este hecho generó, a la vez, que los incas los quisieran desaparecer del mapa, de la memoria y del recuerdo. De ahí el cambio del nombre en términos de organización política por “Huanca Huamani”.

Pero el nombre de Xauxa no desapareció. Obviamente, el uso de las palabras, las costumbres y las identidades no desaparecen por decreto. De este modo, la provincia, el corregimiento, el valle y el río que lo surca se llamaban Jauja. Todas las referencias geográficas de cualquier tipo de la Colonia se refieren a la zona como Jauja. Es decir, había un uso de la palabra que no se suprimió, el de una entidad política preexistente que fueron los Xauxas.

Algunos historiadores que intentaron una aproximación al estudio de estas sociedades no se dieron cuenta de esta manipulación y pensaron el territorio en términos de unidad política a partir del nombre de un supuesto grupo étnico, una situación que ya no viene al caso dilucidar.

Finalmente es pertinente anotar lo siguiente. El nombre de Jauja tiene una fuerza única para los jaujinos. El solo escucharla genera un sentimiento que entremezcla muchas cosas difíciles de definir. Eso no sucede en otra parte, hasta donde he podido comprobar. Y eso creo es parte de una continuidad, de un tiempo anterior que no está suprimido ni abolido. De un pasado formidable, misterioso, cuya potencia todavía la podemos sentir los que tenemos el privilegio de haber nacido en esta tierra. Eso es lo que no ha legado Tunanmarca.

 

 

 

 

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Breve historia de los aeropuertos de Jauja

Mausoleo de Francisco Carle

Mausoleo de Francisco Carlé (Taita Pancho) en el Cementerio de Jauja

Nicolás Martínez Oviedo

Los aeropuertos, originalmente llamados campos de aviación, fueron dos, sucesivamente, el primero denominado “Leticia” y el actual llamado Aeropuerto Regional del Centro “Francisco Carlé”.

En el año 1908, el Perú fue agredido por el ejército colombiano, produciéndose choques armados en la zona del río Putumayo. Se empeora esta situación en 1911 con encuentros bélicos en el lugar denominado La Pedrera a orillas del río Caquetá.

TRATADO CON COLOMBIA

El 24 de marzo de 1922 se firma el Tratado de Límites con Colombia, llamado “Salomón-Lozano” (entre Don Flavio Lozano, Ministro Plenipotenciario de Colombia y Don Alberto Salomón Osorio, Ministro de Relaciones Exteriores del Perú). Este tratado significó una numerosa desmembración territorial hecha por el gobierno del Sr. B. Leguía, ya que se cedía a ese país los territorios comprendidos entre los ríos de Caquetá y Putumayo, y el llamado “Trapecio Amazónico” (entre estos ríos) incluyendo a la población de Leticia (nombre del primer campo de aviación de Jauja) logrando Colombia el acceso al gran río Amazonas.

En esta situación incierta de paz se realizan las elecciones de 1931 en la que sale elegido Luis Miguel Sánchez Cerro quien decidió gallardamente defender nuestra soberanía. En 1932 se agudiza el conflicto produciéndose el incidente “Leticia”, colocando al Perú al borde de una guerra fratricida para nosotros, por encontrarse Colombia en mejoras bélicas. El Perú aún sufría los estragos económicos que nos dejó la guerra con Chile, además de las luchas internas entre gobiernos militares por ambición al poder gubernamental.

La mayor parte de los pueblos del Perú se levantaron en armas, comienzan los preparativos en pie de guerra con soldados activos, respaldados por la reserva llamados movilizables con acciones de maniobras militares en cada provincia y sus distritos.

En Jauja se realiza simulacros de batallas entre los movilizables de Pancán, Huertas, Paca y otros del Valle de Yanamarca, como son Marco, Acolla y sus anexos, como consecuencia se produjo la muerte de un movilizable de Jauja en las faldas del cerro, cerca de Chocón. Al atardecer, regresaron con su cadáver al Cuartel General emplazado en el colegio San José en medio de la consternación social y familiar. Este hecho incrementó el fervor patriótico de los jaujinos y sus pueblos, surgiendo la idea de tener un campo de aterrizaje, por ser un lugar estratégico en esta parte de la patria, al que se le llamaría “Leticia” en mérito a su lealtad con el Perú. Donaron terrenos para tal fin: Toribia Becerra, María Lizárraga, Ricardina Silva, la familia Bardales y la Comunidad del Tambo, en el lugar donde hoy está el cuartel Fuerte Cáceres y el Estadio Monumental de Jauja, siendo Alcalde el Dr. Max Cordero.

Los 6 primeros aviones biplanos (con dos pares de alas) comprados por el Presidente Leguía y luego por Sánchez Cerro, fueron traídos desamblados por ferrocarriles, ensamblaron 4 en Jauja y 2 en Huancayo (en lo que hoy se conoce como el campo de Yauris). Una vez armados, hicieron vuelo con dirección a las fronteras del norte; los de Jauja sin novedad, pero los de Huancayo tuvieron problemas, uno casi se va al río sin poder elevarse por las desventajas del lugar y los vientos entrecruzados procedentes de Angasmayo, Huaytapallana, quebrada de Viques y el propio río Mantaro.

Con el prestigio ganado con el campo de aviación “Leticia”, llegan dos aviones de guerra comandados por el prestigioso aviador Cap. FAP Martínez de Pinillos. Recuerdo bastante, dice Abilio Verástegui, que era un monoplano de color verde claro en cuyo fuselaje exhibía escudos, banderas de países y pueblos del Perú que había visitado en su categoría de avión de guerra, y el otro piloteado por el Cap. Leonardo Alvariño (tarmeño), también en un monoplano de color plano más grande en su calidad de bombardero; ambos llegaron para dirigirse a la frontera a cumplir su misión encomendada, fue en la época que Jauja celebraba las festividades de la Virgen de la Mercedes –sigue relatando Abilio Verástegui-, cuando fueron perseguidos por la aviación colombiana que era más numerosa. El aviador Leonardo Alvariño cayó con su avión en la espesura de la selva, varios años después fue encontrado su esqueleto e identificado por el anillo que llevaba en la mano izquierda el que fue entregado a su familia que vivía administrando un molino de granos en el Barrio La Salud (Jauja). El Capitán Martínez de Pinillos que había logrado escapar, a su regreso por San Ramón, llega a Jauja, atribuyendo un milagro a la Virgen de las Mercedes de salvarle la vida, le hace un obsequio consistente en un avioncito de plata, que por orden de Taita Pancho se debía exhibir en la mano derecha de la Virgen del Rosario, como patrona de Jauja, en el día de la procesión del primer domingo de octubre de cada año, pues ya no saldría la Virgen de las Mercedes el 23 o 24 de septiembre (datos proporcionados por la señora Amelia Mandujano).

Con el transcurso del tiempo, el campo “Leticia” dio lugar a controversias por su tamaño que resultaba pequeño, por su cercana situación a la población impidiendo el trazado de calles y avenidas, causas suficientes para pensar en un nuevo campo de aterrizaje.

Un Senador de Huancayo por Junín, justificó con los argumentos mencionados el seccionamiento del campo de aterrizaje, con la intención de propiciar la creación de un Aeropuerto en Huancayo, pero esto motivó en los jaujinos a buscar inmediatamente otro campo más amplio y así fue.

Antes que se suscitara la división del campo “Leticia”, logró aterrizar el Comandante de Aviación, Armando Revoredo, en su trayectoria de vuelo interoceánico a Buenos Aires, ganándose así un prestigio más de las condiciones favorables de Jauja. A su recuerdo, se formó un equipo de vóley denominado CAR (Club Armando Revoredo), encabezado por los hermanos Monge.

El campo de aterrizaje “Leticia”, ya dividido, quedó por un tiempo abandonado y en el gobierno de Luis Bustamante y Rivero, se proyectó la construcción de un estadio en la parte sur del campo, aunque esto no se cumplió por absorbencia del presupuesto para Huancayo.; posteriormente, se logró un presupuesto para la construcción del Estadio Monumental, gestión realizada por el Dr. Pablo Bravo Cárdenas.

En la época de la Junta Militar del General Pérez Godoy (1962), un hijo jaujino, el General Máximo Verástegui, quien ocupó la cartera de Fomento, gestionó la construcción de un Hospital de la Fuerza Aérea del Perú, en la parte norte del campo “Leticia”, en el que se hicieron los primeros pabellones pero se suspendió su culminación a causa de los nuevos medicamentos para el tratamiento de la TBC. No obstante, el General Verástegui vio por conveniente darle una nueva utilidad a estas construcciones y valiéndose de su influencia y de su capacidad reconocida, que fueron suficientes para ganarse la confianza de los gobiernos siguientes, logró con las autoridades militares establecer el actual cuartel “Teodoro Peñaloza”.


SEGUNDO CAMPO DE ATERRIZAJE

Aeropuerto de Jauja
Imagen captada por el satélite de Google Maps. En la parte sur de Jauja, se aprecia al extremo derecho el Aeropuerto Francisco Carlé de Jauja; y al izquierdo, el Fuerte Cáceres (norte) y el Estadio Monumental de Jauja (sur), en el campo de lo que antes fue la Pista de Aterrizaje Leticia.

Los hijos jaujinos sin desmayar el anhelo deseado ante las controversias que se presentaban, tenían latente el reto de tener una pista de aterrizaje antes que Huancayo.

Se comenta esta inquietud, entre amigos y personas de crédito, que entre los propiciadores estuvieron dos aviadores, el comandante Carlos Valderrama y un subalterno (que por motivos de salud estuvieron internados en el Hospital de la Fuerza Aérea, que iniciaba su funcionamiento con el director, Capitán FAP Dr. Pedro Cardih), estableciendo amistad con el hijo del Dr. José García Frías, Director del Sanatorio Olavegoya, siendo que estos señores tenían una avioneta para sus prácticas acrobáticas de vuelo, por lo que ellos fueron los que trazaron los primeros planos en las chacras donde sería el futuro campo para realizar sus pruebas aéreas.

El Dr. García Frías informado por su hijo, de esa factibilidad por razones técnicas de los pilotos, se comunica con el alcalde de entonces, Sr. Virgilio Reyes, y con el párroco, Taita Pancho (Francisco Carlé Casset), para que integren el Comité, quienes con honda preocupación comparten la inquietud y confiados en el apoyo de los jaujinos, citan con fechas separadas a cada barrio, a cada institución y también a los dueños de los terrenos, entre ellos, a las familias: Palacios, Madrid, Bullón, Mateo, Núñez, Atanacio, Bardales y Ramírez, sumándose el entusiasmo de los señores Aurelio Aguilar, Reinaldo Piana y otros, quienes pusieron sus camiones a disposición; a la vez, programaron los trabajos por barrios, escuelas, colegios y comunidades (el Dr. Max Cordero trajo a la comunidad de Quero de quien era abogado por litigios de tierras). Se comenzaron los trabajos de campo sin escatimar esfuerzos, portando picos, lampas y costales, entre hombres, jóvenes y niños con sus viandas y refrescos, animando las tareas de varios días que salíamos por turnos (recuerdo un día de sol que participé cargando piedras, junto con mis compañeros de estudio de mi Escuela 501, tenía 5 años).

Así fue tomando forma el nuevo campo de aterrizaje. El señor Alcalde Virgilio Reyes Vera, viendo lo avanzado del campo, realiza viajes a Lima, logrando traer a una comisión en 2 aviones a fin de probar el campo de aterrizaje, las vistas fotográficas de ese hecho se conserva en la parroquia y en las manos de muchos jaujinos como Amadeo Abregou y hasta en manos de huancaínos como el señor Luis Callmet, en ellas se observa en pleno campo a las autoridades, el Padre Pancho, el Dr. García, Alfredo Morales, Santos Galarza, Rosa Colareta, Julio Landa, Máximo Pecho, Ricardo Silva y tantas personalidades que los acompañaron.

Se procede a la inauguración el 27 de septiembre de 1948, siendo padrino el señor Alcalde Virgilio Reyes Vera, acompañado por la madrina, la poetiza jaujina Julia Martínez de Cordero. Ese día llegaron los aviones comandados por el Capitán FAP A. Griva.

Jauja vivió un día memorable, sellando en su historia una página gloriosa de trabajo comunitario, ejemplo para nuevas generaciones.

SUGERENCIA:

Ya que el campo de aterrizaje lleva el nombre de Aeropuerto “Francisco Carlé” en honor al insigne sacerdote que apoyó su construcción; es justo que los ambientes que se van a construir perennicen a los hombres que propiciaron la formación del Comité, como son el Dr. José García Frías, el Comandante FAP Carlos Valderrama y el alcalde de ese entonces, Sr. Virgilio Reyes Vera, debiéndose plasmar una placa recordatoria en gratitud a tan dignos señores.

En 1995, se le reconoció -mediante publicación en el diario El Peruano- como Aeropuerto Francisco Carlé de Jauja.

Con el mayor respeto, pido disculpas al lector por la ingratitud que pueda tener, al omitir nombres de personas que han colaborado en distintas épocas, con sus aportes y sacrificio empeñado en bien de nuestro aeropuerto; al mismo tiempo, mi sincera felicitación a todos los que han sumado esfuerzos para el logro definitivo de que Jauja ya tenga uno de los aeropuertos más amplios del Perú.

En la actualidad:
– El aeropuerto Francisco Carlé de Jauja recibe vuelos diarios comerciales por parte de la empresa Lc Busre.

Sobre el autor de este artículo:

Nico Martínez

Nicolás Martínez Oviedo nació en Jauja el 21 de junio de 1942, profesor de Biología y Química, al jubilarse (1996) se dedicó a trabajar por su tierra. Como Regidor de la Municipalidad Provincial de Jauja, conoció todos los distritos (34) y sus anexos (160). Tiene una colección fotográfica de más de 3000 fotos, que le sirvieron para promocionar los atractivos turísticos de Jauja mediante exposiciones y con PROMPERÚ en los calendarios de festividades mensuales durante cuatro años (2000-2003). Es autor también de la Guía Turística de la Provincia de Jauja (ediciones de 1999 y 2001). Es gestor de la creación política del Centro Poblado Menor San Juan de Uchubamba (30 de noviembre de 1996) y de la Ley del Guía del Turismo (aprobado en el Congreso de la República mediante Ley N° 28529 de fecha 24 de mayo de 2005). Es autor del Proyecto “Puesta en valor del Circuito Turístico Arqueológico del Valle de Yanamarca y Zona Altina”, con código SNIP N° 294-09, aprobado en el Presupuesto Participativo Regional en Chanchamayo (agosto de 2006) y del libro “Tiempo de Ujsha Latido de Piedra”, publicado el presente año. Así mismo, es iniciador y ejecutor de la fiesta del Inti Raimi en Puyhuán-Molinos durante 9 años (2001-2009).

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La frustrada revolución de Jauja (1962)


Un estallido marxista-leninista que pretendió, igual que Fidel Castro en Cuba, convertir el Perú al Socialismo

Revolución de Jauja
Pineda, Rentería y Flores, quienes participaron en el levantamiento en la cárcel de Jauja. FOTO: Diario La República, 1983.

Transcurría el año 1962 en Jauja, cuando un alférez de la Guardia Republicana, de escasos veinte y tantos años, director de la cárcel de la ciudad, intentó sublevarse junto a un grupo de trotskistas y estudiantes del San José de Jauja. Revolución que inmediatamente fue frenada y que terminó con la vida de algunos. Acerca de ello, a nivel local, César Núñez Arroyo en su obra “Huajaco” describe todos los azares de esta frustrada revolución; pero a nivel mundial, Mario Vargas Llosa escribió y mitificó esta revolución en su obra “Historia de Mayta”.

Al respecto, encontré esta entrevista a Mario Vargas Llosa, que le hiciera el Diario la República el 19 de noviembre de 1984, en el que detalla los pormenores de cómo se inspiró para escribir esta obra:

“…
-¿Cuándo y cómo nace la Historia de Mayta?
—Nació en París en 1962. Fue un día que al abrir Le Monde, a eso de las 3 de la larde, como lo hacia todos los días, me encontré con un pequeño suelto que se refería al Perú. Allí se hablaba de una frustrada insurrección armada en un pueblito de la sierra peruana, Jauja. Me hizo gran impresión la noticia, ya que nunca se me había pasado por la cabeza que en el Perú podría ocurrir una insurrección armada del tipo socialista. Recuerdo claramente que me quedó dando vueltas la cabeza: yo me preguntaba ¿quiénes podían haber participado en esa aventura? ¿Qué organizaciones estaban detrás de ella?

¿Por qué tanta curiosidad de su parte? ¿Era usted izquierdista?
—La verdad es que nunca pensé que algún día escribiría una novela a partir de ese hecho, pero hoy sé que ese suelto fue el punto de arranque de la ficción que ahora se publica. Mi curiosidad también estaba motivada porque lo mismo estaba comprometido con la causa de la revolución cubana y convencido de que la revolución era la única salida para los problemas de nuestros países. En ese entonces yo participaba ardientemente de la ilusión revolucionaria que había creado la revolución cubana, además tenía muchos contactos con revolucionarios latinoamericanos que iban y venían de Cuba. París ya comenzaba —lo sería mucho más después— a ser la encrucijada, el paso obligado, de estos revolucionarios que por razones del bloqueo, por seguridad, regresaban a sus países dando una vuelta por Europa.

—¿Llegó a conocer en París a alguno de los que participaron en el levantamiento de Jauja?
—No, directamente no. Pero un revolucionario peruano que pasó por París me dijo que en la cárcel había conocido a alguien que había estado en la aventura de Jauja y éste le había contado que toda esa historia comenzó en una fiesta en Surquillo. Allí un viejo militante trotskista había sido presentado a un joven subteniente, idealista e ingenuo, impulsivo, que le habló de una revolución socialista que él estaba preparando. Una insurrección al margen de cualquier organización política, por la libre. Así este hombre que había pasado por todos los grupúsculos de izquierda, en ese tiempo la izquierda no tenía partido, eran grupos muy pequeños, grupúsculos, quedó fascinado por el entusiasmo y pragmatismo de este joven. Así se estableció una amistad entre ambos. Y esta amistad desencadenó la operación de Jauja. Operación en la que el único que tenía más o menos una experiencia política era el militante trotskista.

—Y los demás, ¿no eran militantes?
–No. En absoluto. Era un grupo de colegiales. Todos de la Gran Unidad Escolar San José de Jauja, pero lo que a mí me fascina, porque los hechos no ocurrieron realmente como lo narro en el libro, es la idea de este hombre, un poco ya en el umbral de la jubilación política, fascinado por un muchacho impulsivo y que se convierta espiritualmente en un joven que se lanza a una aventura bastante descabellada y sin ninguna posibilidad de éxito. Me parecía que este hombre —Mayta— tenía en sí los mecanismos que fueron en realidad los que decidieron el comportamiento de numerosas personas —peruanos o de otros países latinoamericanos— durante esos años 60, ese tiempo en que la revolución cubana llegó a tener raíces tan fuertes en todo el continente.

…”

Cabe precisar que en los sesenta, Mario Vargas Llosa era un gran defensor de la Revolución Cubana, por ello, estuvo fascinado con la frustrada Revolución de Jauja y de ahí el interés por escribir “Historia de Mayta”. Vale la precisión por cuanto el literato peruano, actualmente es un férreo defensor del neoliberalismo.

De todos modos, encontré un post en el Gran Combo, en el que Silvio Rendón realiza una importante reseña histórica de la frustrada revolución de Jauja:

“…El subteniente de la Guardia Republicana Francisco Vallejo se pone en contacto con un grupo trotskista en Lima, el POR, y, entusiasmado él con la revolución cubana, les propone un levantamiento armado en Jauja. El oficial cuenta con un destacamento de 15 hombres bajo su mando, a cargo de la cárcel de la ciudad, y tiene dos lugartenientes, el dirigente campesino Humberto Mayta y el sindicalista limeño Jacinto Rentería. Sin embargo, entiende que requiere el apoyo de una organización política. A través de su contacto con Rentería busca animar al grupo trotskista a sumarse al levantamiento. Durante seis meses se realizan diversos viajes entre Jauja y Lima, encuentros entre el oficial y el sindicalista en que se animan mutuamente a realizar el levantamiento. “El plan era elemental y simple; consistía en lograr el respaldo de determinados dirigentes campesinos de la zona, alzarse en Jauja y constituirse en foco guerrillero en las inmediaciones de la Selva Alta”, cuenta Añi Castillo.

El oficial se pone en contacto con dirigentes campesinos de la zona y con un grupo de doce estudiantes secundarios, que tendrían la función de “acompañamiento agitativo (levantar polvareda, armar barullo, impresionar)”.

Rentería llega a Jauja un día antes de la fecha fijada para el comienzo de las acciones. A las 5am deberían reunirse todos en el punto prefijado.

Las acciones planteadas eran elementales: el oficial tomaba la cárcel y encarcelaba a los soldados. Con esas armas se dotaba a los combatientes. Se tomaban luego las otras dos comisarías de policía, se “expropiaban” los dos bancos y con armas y dinero se partía en retirada hacia las quebradas laderas orientales de los Andes, a instaurar el foco.

El desenlace fue también elemental: a la mañana siguiente no se presentaron sino dos de los dirigentes campesinos, diez habían asegurado su participación. Unos adujeron que tenían que ir a recoger su ganado, otros que habían tenido que viajar a un pueblo vecino por razones de trabajo, y en fin otros ni siquiera se molestaron en ofrecer explicación alguna. Dos maestros incluidos en el grupo habían desertado un día antes. Todo esto motivó que, en la madrugada del día que debía comenzar el alzamiento, no hubieran sino los 4 actores principales. Se esperó un tiempo; mientras se vacilaba si proceder adelante con las acciones o no, se hicieron presentes los estudiantes. Estos, llenos de inconsciencia y de coraje, decidieron en pocos minutos su participación armada, alentaron al grupo y terminaron todos por seguir adelante.

Las acciones comenzaron con tres horas de atraso pero el grupo “guerrillero” no tuvo mayor dificultad para asaltar la cárcel, las dos comisarías y uno de los bancos.

Finalmente, rumbo al Este, el grupo se retiró en un automóvil y una camioneta. El viaje motorizado duró más o menos seis horas hasta un pueblo donde el camino terminaba. En este lapso, de Jauja las autoridades avisaron a Huancayo y desde allí salió un destacamento de cien guardias de asalto en “jeeps” y camiones militares. Este destacamento llegó al mismo pueblo sólo dos horas más tarde que los insurrectos. Desde allí comenzó la persecución a pie.

El grupo de rebeldes se había dividido en dos: uno conformado mayormente por los estudiantes iba adelante, el segundo integrado por los dirigentes iba atrás, arreando dos burros que llevaban las armas sobrantes, el dinero y algunos pertrechos. El contacto con las fuerzas del orden se produjo al final del día y con las últimas luces, en momentos en que se coronaba una cumbre desde donde se inicia la zona más protegida de la Selva Alta, comenzó una muy desigual batalla.

El combate duró unas horas. Le costó la vida al Oficial Vallejo, cabeza del grupo, y al dirigente campesino Mayta. Los estudiantes se dispersaron, algunos cayeron presos horas después, en los alrededores, y el resto se fue entregando en Jauja mismo en los días subsiguientes. El dirigente sindical trotskista, Rentería, cayó también preso al final del tiroteo junto con el otro dirigente campesino y alguno de los estudiantes. Todos fueron encarcelados…”

Interesante ¿no? Desconocía los detalles de esta historia aunque siempre había escuchado pequeños relatos al respecto. Especialmente, de la legendaria visita del “Che Guevara” a Jauja, donde habría tenido una reunión con el jaujino Joaquín Salguero Pizarro -otro revolucionario de ese entonces-; no obstante, esto no ha sido confirmado, especialmente por el secretismo de estas reuniones en una etapa revolucionaria a nivel mundial y en el que la guerra fría llegaba a su máxima expresión. De todos modos, será motivo para leer “Historia de Mayta”. En la página 30 del libro de Mario Vargas Llosa, el Álferez Vallejos le refiere y pregunta a Mayta:

—En realidad, estoy y no estoy aquí —le guiñó un ojo
con burla—. Porque debería estar en Jauja. Vivo allá, soy el
jefe de la cárcel. No debería moverme, pero me doy mis
escapadas cuando se presenta la ocasión. ¿Conoces Jauja?
—Conozco otras partes de la sierra —dijo Mayta—.
Jauja, no.
—¡La primera capital del Perú! (…)
¡Jauja! ¡ Jauja! ¡Qué vergüenza que no la conozcas!
Todos los peruanos deberían ir a Jauja.

Dicho de Vallejos que la comparto. Puedes leer el prólogo y las primeras 37 páginas de “Historia de Mayta” aquí.

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JAUJA EN LA HISTORIA POR OBRA DE SUS HÉROES: LA GESTA HEROICA DE HILARIO VALLADARES ZEGARRA

Por Darío A. Núñez Sovero
darionunezsovero@hotmail.com

Que, Jauja, siempre estuvo presente en los grandes acontecimientos de la Historia Nacional, no cabe duda. Nuestra tierra siempre responderá: ¡presente!, cuando se trate de revisar hechos que han marcado su impronta en el devenir de nuestra historia, especialmente republicana. Los jaujinos vivimos orgullosos de constatar el valioso legado que nos dejaron nuestros ancestros en este quehacer de luchar por la patria hasta ofrendarle la vida misma. Pocas nacionalidades del país pueden mostrar al mundo estos ejemplos de elogioso coraje como lo han hecho los jaujinos.

Es justo, en este acápite, recordar que fueron jaujinos los que estuvieron presentes en el proceso de ‘la independencia nacional’. El 20 de Noviembre de 1820, el cura Estanislao Márquez y el patriota jaujino Alejo Martínez Lira presidieron la proclamación de la Independencia de Jauja, dando impulso exitoso a la independencia de otras ciudades, objetivo que buscaba la campaña de Alvarez de Arenales en el centro del Perú. A este respecto, en su obra “Jauja Antigua” Clodoaldo Espinoza Bravo reclama un reconocimiento para el prócer de la independencia Alejo Martínez Lira (reclamo inútil, pues hasta hoy nada se ha hecho), para que alguna calle, avenida principal o plaza jaujina lleve su nombre pues intervenir decididamente en la Independencia Nacional costó a este valeroso jaujino la represalia del español Ricafort quién ordenó el fusilamiento de su familia (pensar que en pleno 2008 seguimos mencionando en Jauja: jirón Colina, estadio Monumental, cine teatro Colonial, etc., que hiere el orgullo Xauxa y no le dice absolutamente nada).

Caminando años adelante y ya en plena guerra con Chile fueron nuestros paisanos quiénes dieron una hermosa lección de coraje y amor a la patria. Primero en la Batalla de San Juan donde participó el Batallón “Jauja” Nº 23 comandado por el Coronel Nicolás de San Martín y, luego, en Miraflores otro Batallón de 600 jaujinos estuvo presente en esta gesta con don José Rodríguez al frente. Ya en plena Campaña de la Breña, Jauja no sólo fue escenario sino que, cual una madre homérica y enteramente épica, vio cómo se enrolarían sus hijos en las huestes del gran Andrés Avelino Cáceres, “El Brujo de los Andes”. Es en estas circunstancias que en el valle se formaron muchos batallones como la Guardia Nacional de Huaripampa, los Flanqueadores de Llocllapampa, la Columna de Cazadores de Muquiyauyo, el Batallón Libres de Marco y Concho, el Batallón Cazadores de Apata, etc. La Gesta de Malpaso es la mayor elocuencia del valor de los bravos Xauxas, paralela a otras victorias que los lugareños tenían en el valle de Jauja.

Alipio Ponce
Capitán PNP Alipio Ponce Vásquez

En la primera mitad del siglo XX, fue otro jaujino el que dio a la Patria la ofrenda de su propia vida luego de dos acciones heroicas y ello se dio en la Guerra de 1941 contra el Ecuador. Fue Alipio Ponce Vásquez el encargado de ello. Nacido en el distrito de San Lorenzo – provincia de Jauja; hacia el año de 1941, tenía el grado de Teniente y prestaba servicios en Huanta cuando tras la pretensión ecuatoriana de apoderarse de Tumbes, Jaén y Maynas, el presidente Manuel Prado ordenó la movilización de nuestras Fuerzas Armadas y Policiales hacia la frontera con dicho país. De este modo es cómo Alipio Ponce aparece al mando de un destacamento en Matapalo. Desde allí organizaría la incursión hacia Carcabón, en el Ecuador, la cual fue tomada y por el que Alipio Ponce sería llamado el Titán de Carcabón, luego tomaría Huabillos, acciones que le merecieron el reconocimiento y admiración nacional, hasta que en un acto traicionero fue emboscado en la Quebrada de Porotillo donde fue abatido por ráfagas de ametralladoras enemigas en plena tregua con el Ecuador. Este gesto llenó de gloria a nuestro paisano, quién fue reconocido como Héroe Nacional por el Congreso de la República.

En la década del 50 del siglo anterior, fue noticia nacional el fatal accidente que tuvo el oficial FAP Erasmo Adrián Aliaga Becerra, nacido en Jauja, quién piloteando una nave de Transportes TAM cayera en la selva peruana, este hecho enlutó a la familia jaujina por la temprana desaparición de este promisorio prospecto de la aviación de la Fuerza Aerea del Perú.

Piloto FAP Hilario Valladares
Coronel FAP Hilario Valladares Zegarra, jaujino, héroe del Cenepa

En la década de los 80 y 90 del siglo pasado, otro jaujino de acendrada estirpe, escribiría una página brillante en la Historia del Perú. El autor fue el Coronel FAP Hilario Valladares Zegarra. Jaujino nacido en l955, luego de concluir sus estudios secundarios en el glorioso colegio “San José” de Jauja, muy joven, se enroló en la Fuerza Aérea de donde salió como Piloto de Caza. Hasta ahora, muchos residentes de nuestra ciudad recuerdan con nostálgico regocijo cuando, al principio, el Teniente Valladares hacía sus prácticas de vuelo a borde de poderosos Mirage sobre el límpido y azulado cielo jaujino, frescos están en nuestra memoria la estela blanca que dejaba esta nave cuando atravesaba rauda el espacio Xauxa proveniente de las bases de las Palmas, Pisco o la Joya. Hacia el año 1982 y siguientes, Valladares recibió la orden de asumir el combate contra el terrorismo que estaba germinando y empezaba a asolar el país. Siempre a bordo de su nave, luego, se sumaría a la lucha frontal contra el narcotráfico. Es en estas circunstancias que se inicia un conflicto con el Ecuador y Valladares es enviado allí, en plena Cordillera del Cóndor, donde interviene en el problema del conocido Falso Paquisha. Cuando el año de 1995, nuevamente el Ecuador provoca al Perú en el Alto Cenepa, la Fuerza Aérea, conocedora de la experiencia de Hilario Valladares, pues para entonces lo avalaban más de 7000 horas de vuelo, lo comisiona a esta guerra.

Cessna
Cessna A-37B “Dragonfly” subsónico de la Fuerza Aérea del Perú

Es así que, luego de haber bombardeado tropas enemigas que ya estaban en Tiwinza, el entonces Comandante FAP Hilario Valladares, denominado Comandante Fiera y piloto de una nave A-37B, sería el protagonista principal del primer combate aéreo que se ha dado en nuestro continente, donde fue alcanzado por un misil aire – aire disparado desde un poderoso avión K-FIR enemigo. Es de resaltar que los ecuatorianos atacaban con dos aviones a un solo avión peruano. Para que el lector tenga una idea del desigual enfrentamiento diremos que las naves ecuatorianas estaban equipadas con lo último en tecnología bélica. El K-FIR, que probablemente estaba al mando de un piloto de entrenamiento israelí, tenía superioridad frente a nuestra nave pues eran aviones supersónicos (rompían la barrera del sonido) mientras que la nave peruana era subsónica. Inicialmente Valladares trató de eludir un misil y lo logró, pero el segundo lo alcanzó, pues su velocidad era tal que llegó a impactar en la cola del avión, destrozando los motores y el timón de mando. El avión, caía en versión de un tirabuzón invertido, sin ningún control. Cuando trató de coordinar con su co-piloto, éste ya se había eyectado. En esta circunstancia, más o menos a 1000 metros de altura, optó por jalar su maneta de eyección (manija que acciona automáticamente el asiento del piloto en cero segundos y abre el paracaídas en forma casi simultánea, un segundo). Desde ese cielo del norte peruano violado por disparos de ráfagas de ametralladora, trató de guiar su paracaídas con dirección al río. Tenía el presentimiento que era el único modo de conectarse con alguna población, sus conocimientos de supervivencia así se lo indicaban. Sin embargo cayó en plena selva desde donde buscó afanosamente llegar al río Cenepa. Una vez logrado, infló su bote y navegó aguas abajo. La tarde pesaba y su humanidad se hundía en una noche lóbrega por lo que buscó un peñón plano en medio del río donde optó por esperar el amanecer. En esa noche inmensa e interminable, parafraseando a Neruda, nuestro Hilario Valladares era un cabello solitario en la ubérrima dimensión de esa misteriosa y agresiva selva. Un jaujino que se auto insuflaba fuerzas para sobrevivir por su familia y por su patria, estaba en el reino de la enigmática Yacumama. Lo logró porque, al amanecer y luego de reiniciar su nado en su ya raído bote inflable, oyó a lo lejos unas voces. Temió inicialmente que fueran de soldados ecuatorianos, pero extrañamente los dos parlantes le hacían señas para que se acerque más. Preguntando quiénes eran se dio cuenta que eran soldados peruanos a los que se unió no sin poder ocultar su alegría por haberse salvado. Ellos lo condujeron por la espesura de la selva y ya en el PV-1, fue recibido con alegría y alborozo de todos los combatientes peruanos, luego sería llevado a la Base de Piura donde lo aguardaban sus superiores y familiares, felices por saber de la sobre vivencia de nuestro paisano. Allí mismo, en severa Ceremonia, fue calificado como Defensor de la Patria y Héroe de la FAP por el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas del Perú. Posteriormente ascendió al grado de Coronel luego de una evaluación regular, estando pendiente el ascenso automático que dispone la Ley Nº26511.

kfir ecuatoriano
Caza Kfir supersónico ecuatoriano

Hoy, Hilario Valladares, desde la mullida paz de su hogar, evoca con especial acento las peripecias que le tocó vivir en esta guerra. Muy quedo, comenta el fatal rol que le deparó la vida de vivir en permanente combate. Jauja se siente orgullosa de tener un hijo de los quilates y pergaminos de Hilario Valladares. Nuestro Colegio “San José” se siente orgulloso de haber aportado a la formación de este Héroe que nos enaltece a todos. ¡Loor a Hilario Valladares Zegarra! Los que vivimos en este tiempo, nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos tendrán que reconocer su valía y su perennidad en el tiempo.

Hilario Valladares Zegarra
Coronel FAP Hilario Valladares Zegarra

Asimismo, es conocido que el Aeropuerto de Jauja sirvió el año 1995 para trasladar a combatientes del centro hasta la frontera con el Ecuardor, entre ellos, muchos soldados jaujinos defendieron la patria.

La contribución de Jauja a la Historia del Perú es rica. Pocos pueblos como el jaujino pueden jactarse de ello. Gracias a nuestros HÉROES, de verdad, nuevamente: muchas gracias.

Más datos:

Alipio Ponce Vásquez

Heroicos pilotos peruanos en el conflicto del cenepa

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El llamado “Escudo Huanca”

Escudo Usurpado

Por: Carlos H. Hurtado Ames

La ciudad y la provincia de Huancayo en la sierra central del Perú, ha asumido de manera oficial, desde hace no mucho tiempo, un escudo de armas, el mismo que se le denomina como “Escudo Huanca”. Si bien se trata de una circunstancia que principalmente obedece a intereses políticos, el hecho es parte de un proceso más amplio y que debe ser mirado con cuidado.

En este pequeño ensayo me interesa discutir, en principio, la validez histórica del mismo escudo como símbolo de un proceso y que resume o aglutina una cierta identidad. En segunda instancia quiero resaltar, a través de este caso, un hecho característico a ciertos espacios regionales como el que ahora nos ocupa, y es la readaptación, acomodamiento o incluso invención del pasado en función de las necesidades presentes.

Historia de un escudo

La historia del escudo que ahora nos ocupa, se remonta al siglo XVI, cuando el 18 de marzo de 1564, el rey Felipe II, mediante Real Cédula, concedió un Escudo de Armas a don Felipe Guacrapaucar, noble indígena de la principal familia curacal del repartimiento de Lurin Huanca durante el periodo colonial.

Este escudo se le concedió como uno de los tantos privilegios que dio el Rey Felipe II al mencionado don Felipe, quien había viajado a España solicitando mercedes en virtud de los servicios que, afirmaba, habían brindado los curacas de los tres repartimientos del valle de Jauja, Hanan Huanca, Lurin Huanca y Hatun Xauxa, en diferentes momentos a los españoles, durante los primeros años de la conquista. Para demostrar ello, el curaca llevó consigo unos Memoriales e Informaciones donde se detallaban estos servicios con precisión matemática, ya que eran transcripciones de quipus. Estos Memoriales e Informaciones, fueron publicados en 1971 por Waldemar Espinoza Soriano (“Los huancas aliados de la conquista”), quien a la vez les hizo un amplio estudio introductorio donde planteó su conocida tesis de que el grupo étnico que generaliza como “huancas”, se habrían aliado con los españoles para la destrucción del Tahuantinsuyo (sobre este punto volveré más adelante).

Ahora bien, el caso del escudo para el curaca de Lurin Huanca no es el único ni mucho menos. Desde un principio la Corona reconoció la nobleza indígena y procuró reproducir dentro de la república de indios una sociedad jerarquizada acorde a la visión estamental del mundo medieval y moderno. Para ello mantuvo ciertos privilegios y atributos tradicionales de la sociedad indígena siempre que no fuesen contrarios al rey, ni al cristianismo, y otorgó también nuevos privilegios propios de la tradición occidental. El concepto de nobleza en España estaba asociado al ideal de guerrero, quien luchaba en defensa de la religión, de su rey y de los más débiles. La nobleza se adquiría por linaje, mérito o sabiduría. A los indígenas se les reconoció su linaje antiguo, pero quizás más importante fue la concesión de nuevos privilegios con base en sus méritos. Desde fechas tempranas se concedieron numerosos escudos de armas, blasones distintivos de la nobleza. Este privilegio fue dado a aquellos naturales que acompañaron y colaboraron con los españoles en la conquista, pacificación y evangelización de otros pueblos.

El blasón era privativo de un linaje y servía para identificar a la persona y su condición, por lo cual estos emblemas no solo se llevaban en la casaca, sino que se esculpían en las casas o se reproducían en cualquier objeto personal. Esto debió ser el caso del escudo de los Guacrapaucar y fue como se pudo haber transmitido hasta que fue registrado en el siglo XIX.

De esta manera, la Real Cédula donde se le concedía el Escudo de Armas a don Felipe Guacrapaucar, inicialmente fue publicada por el español Paz y Melia en 1892 en su trabajo Nobiliario de Conquistadores de Indias. Paz y Melia, fue también el primero en haber coloreado y dibujado el Escudo, de acuerdo a las instrucciones dadas en la Real Cédula, el mismo que fue incluido en su citado trabajo. En 1925, Rómulo Cúneo Vidal volvió a publicar la Real Cédula, aunque aparentemente desconocía la publicación de Paz y Melia. Finalmente, difusión amplia en nuestro medio, le dio Waldemar Espinoza, en su citado trabajo.

Precisamente ha sido Espinoza Soriano, quien ha identificado el escudo de armas de don Felipe Guacrapaucar como escudo Huanca: “¡Un escudo de armas para Felipe Guacrapaucar y para la saya de Lurinhuanca! Pero nosotros, en realidad, consideramos el Escudo de toda la Nación huanca porque allí está bien resumida y brillantemente representada la alianza y la confederación hispano-huanca”; sobre este concepto, Espinoza Soriano adjudica una serie de interpretaciones a los figurines del Escudo, según el cual se resume lo que él denomina como alianza: el broquel representaría al escudo de cuero con que los huancas defendieron con sus cuerpos en su lucha contra los Incas de Quito y Cusco. La porra significa el arma poderosa con la que los huancas defendieron a los españoles. Las tres cabezas pertenecen a los tres orejones cusqueños que fueron muertos en las batallas contra Manco Inca. El color verde significa la más pura fidelidad profesada por los huancas a los Españoles. El castillo de plata perenniza la confederación con el Reino de Castilla. El brazo desnudo no es más que uno de los miles de brazos huancas que arrojaron armas a diestra y siniestra contra los enemigos de los aliados. Y finalmente, los jaguares en pleno salto y pelea representa el enfrentamiento valiente y decisivo de los huancas contra los enemigos del Rey: Quisquis, Manco Inca, Almagro el Mozo, Gonzalo Pizarro y Hernández Girón.

Al menos está claro que la interpretación de Espinoza es más cercana al dominio de la fantasía y la ficción que a la objetividad histórica.

La mitificación de la historia

En este mismo texto (que fue publicado con el nombre de La Destrucción del Imperio de los Incas (1973 y otras ediciones más) y es la base de buena parte de Enciclopedia Departamental de Junín (1973) del mismo autor), Espinoza Soriano realizó, además, una serie de afirmaciones que han sido asumidas a pie juntillas en la región desde esa época hasta la actualidad. Entre ellas, la más importantes, por las repercusiones que tuvo en la manera de pensar la historia o el proceso histórico en la región a partir de ese momento, es el hecho considerar la existencia de un solo grupo étnico, en este caso los huancas, que tendrían unidad cultural y política traducida en un reino, el “reino huanca”, cuya capital habría sido, afirma, Siquillapucara o Siqllapampa (Tunanmarca) y que abarcó el territorio que comprende las actuales provincias de Huancayo, Chupaca, Concepción y Jauja.

Sin embargo, casi todas las evidencias que hay tanto en el plano arqueológico, lingüístico, antropológico e histórico, llevan a refutar categóricamente estas afirmaciones. No hay ninguna señal de la existencia de este “reino” fuera de la cabeza de Espinoza Soriano. Las fuentes hablan más bien de diversos grupos étnicos en constante pugna, entre los que destacan los Xauxa y los Huanca, que es el origen de una cierta dicotomía que hasta ahora existe y que es posible de ser percibida en diferencias dialectales de la variante del quechua que existió en el valle y de muchas formas de comportamiento social. En muchos sentidos, lo “huanca” tal como lo postuló Espinoza Soriano y como lo entienden la mayoría de huancaínos no existe (por ejemplo baste con decir que ningún jaujino se siente “huanca”). Por lo mismo, desde esta perspectiva, la misma categoría de “Escudo Huanca” es una falacia.

Pero este es solo una arista del asunto. La tesis de alianza hispano huanca es también muy discutible. Además del aspecto ya señalado en el párrafo anterior, el problema de la interpretación de Espinoza Soriano reside en que ignora en su trabajo la norma redistributiva que era la característica de los grupos integrados al Tahuantinsuyo de los Incas. Es decir, la pauta que normaba las relaciones de éste con los grupos étnicos. De acuerdo a esto, si los curacas del valle de Jauja pusieron a disposición de los españoles cierta cantidad de gente y mantenimientos, es porque esperaban a cambio una situación similar a la mantenida durante el Tahuantinsuyo: la condición de mediador entre la gente y el nuevo poder.

Lo que hasta aquí vengo señalando es una evidencia de lo mucho que hay por investigar sobre el proceso histórico de la región, y que muchas de las ideas que se tienen por ciertas no lo son. Más bien se trata de situaciones que se han ido repitiendo a lo largo de unas tres décadas aproximadamente, pero sin someterlas a ningún tipo de análisis ni revisión crítica. Esto ha repercutido en la necesidad de una construcción de una memoria histórica que tienen ciertos espacios en la región y que se traducen en la perfecta adecuación de los postulados de Espinoza Soriano y que se traducen en la frase “Construyendo el futuro de la nación Huanca” o en el mismo hecho de la transformación del escudo de los Guacrapáucar de Lurin Huanca a un “Escudo de la nación Huanca”.

La invención del pasado

El presentismo actual en el que vivimos tiende a despreciar el pasado y el futuro, y vive enfocado en el presente. Sin embargo, la importancia y el peso del pasado esta presente en todos los aspectos de nuestras vidas. Esto aún es más importante en el plano de las colectividades que necesitan de la reafirmación de un pasado para reafirmar una cierta identidad.

Como he tratado de mostrar en estas breves líneas, el llamado “escudo Huanca” es básicamente una invención y una apropiación y es un símbolo que, estrictamente hablando, no le corresponde a la ciudad ni la provincia de Huancayo. Sin embargo, este asunto debe ser resuelto entre los mismos huancaínos, lógicamente. Lo importante en todo caso, es que no prime la politiquería barata que lo impuso como símbolo de la provincia, sino una correcta lectura de la historia

Este último aspecto es de suma importancia de resaltarlo. Hay una gran responsabilidad cuando se habla del pasado. En resumidas cuentas, pienso que la historia que quiere construir Huancayo, y en la cual basa su identidad y legitimidad, no tiene fundamentos reales y esta llena de mitos e irrealidades, que no hacen otra cosa que crear sentimientos de chauvinismo y revancha, extremadamente peligrosos en un contexto como el que ahora vivimos.

En efecto, hay una urgencia por saber lo que hemos sido, y por lo tanto de lo que somos. Esto no sólo es privativo de Huancayo o Jauja, es una realidad presente en muchos espacios regionales no sólo del Perú. La correcta lectura de la historia que mencionamos líneas arriba solo puede establecerse con fundamentos sólidos basados en la investigación rigurosa y objetiva. Esta sería la tarea pendiente. (Ciudad de México, junio del 2008)

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Un nuevo libro para un valle de Leyenda…

Por: Julio C. Dávila-Mendiola W.
e-mail: elhalckon@gmail.com

Carlos Hurtado

Curacas, industria y revuelta en el valle del Mantaro (Siglo XVIII):

Este es el título del nuevo libro del historiador Carlos H. Hurtado Ames, un intenso trabajo de investigación del periodo colonial en el siglo XVIII y que fue premiado en el Concurso Nacional de Subvenciones del Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Concytec), aventura editorial compartida con Halckon Editores, sello editorial que tuvo a su cargo la edición e impresión.

Dicho libro contiene valiosa información fruto de una tenaz investigación en diferentes archivos tanto particulares como estatales, así como también de la mano de una valiosa y sustancial bibliografía, y por varios años. A partir de su lectura podemos establecer con claridad un importante panorama del periodo colonial, exactamente del siglo XVIII, vemos aquí la compleja relación de los obrajes y chorrillos, instalaciones dedicadas a la manufactura textil, es decir a la producción de telas, con la nobleza indígena, esta élite vigorizaba su poder político, económico y social, comprando, administrando y vendiendo los obrajes y chorrillos, todos ellos establecidos geográficamente en el antiguo valle de Jauja.

Veamos lo que Francisco Quiroz Chueca, Magister y profesor de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y candidato a PhD. en la City University of New York , expresa con singular entusiasmo en el prólogo al libro; sobre el contenido y su valioso aporte a la historia colonial del valle de Jauja:

“ (…) Carlos Hurtado es parte de la saga de estudiosos de la economía que tienen en la sociedad una variable enriquecedora del análisis histórico. El estudio tiene en la dinámica social un factor que le permite un mejor acercamiento a la realidad económica de la historia de la Sierra Central en el siglo XVIII, durante el apogeo de la producción textil de las comunidades, instituciones y particulares en el Valle del Mantaro. Hurtado presenta las características de la producción obrajera íntimamente relacionada a la nobleza indígena. Muestra cómo la nobleza indígena basaba su poderío en los obrajes y chorrillos de su propiedad y cómo competía con éxito con los advenedizos (instituciones religiosas y particulares) en el manejo de la producción y el mercado. En este campo, el trabajo de Hurtado continúa la tradición de los estudios de Miriam Salas para Huamanga, Neus Escandell-Tur para el Cusco y es paralelo al de Miguel León para Huánuco. Discute con ellos las coincidencias y diferencias que encuentra en el Valle del Mantaro colonial.”

Por otro lado, sobre su condición académica como Historiador:

“Este libro es el resultado de un gran esfuerzo personal de un novel historiador jaujino, Carlos Hurtado Ames, quien ha sabido superar las innumerables restricciones que en nuestro medio hay para el ejercicio de la investigación histórica, acumulando una enorme cantidad de información documental y sintetizándola en este estudio que es un importante aporte a la historiografía peruana actual. El profesor Hurtado ha combinado la labor de erudición con la del analista social para brindarnos un libro que innova en el tema y en su planteamiento.
He sido testigo de excepción de la forma de trabajo de Carlos Hurtado en sus etapas iniciales, cuando fui el asesor de su tesis de Licenciatura en Historia en la Universidad de San Marcos; tesis que es la base de este libro. A su capacidad de trabajo, Carlos Hurtado añade el entusiasmo y el orgullo de quien está trabajando a gusto sabiendo que su esfuerzo será de gran utilidad y aceptación en su “patria chica”, Jauja y el Valle del Mantaro y en general en todo el mundo académico. En efecto, su dedicación de años se ve hoy compensada por un estudio que ha de recibir la aceptación de la comunidad académica al igual que de la población de la Sierra Central a la que va dedicado.”

Sobre una contribución particular:

“ (…) Un aporte especial del trabajo de Hurtado es el estudio, en base a nueva información documental, de la “revuelta” de Nicolás Dávila Astocuri de 1781. Si bien es cierto se trató de una manifestación social de dimensiones limitadas por su composición social, duración y trascendencia territorial, el “movimiento” fue liderado por un miembro de las familias curacales más representativas del valle y se realiza durante la gran rebelión de 1780-1783, que afectó a todo el sur andino en el mayor intento separatista luego de las guerras civiles luego de la conquista.”

En palabras del mismo Carlos Hurtado este suceso requiere de mayor atención, como también de un exhaustivo estudio aparte. El “insurgente” Nicolás Dávila Astocuri, fue hijo de don Francisco de Dávila Cancho Huamán, corregidor de la provincia de Huarochirí y de doña Josepha Astocuri Apoalaya, ella fue hija de don Blas Astocuri de Apoalaya, quien regentaba el poder de los tres curacazgos y de doña Josepha Gabriela Limaylla. Los Apoalaya son descendientes por linea directa de Carlos de Apoalaya, último curaca titulado del repartimiento de Hanan Huanca (1657-1698). Según un comentario del antropólogo José Luis Álvarez Ramos, dicho análisis de la revuelta de Nicolás Dávila Astocuri, rompe con la imagen de una sociedad jaujina apacible que fue construída por la historiografía tradicional.

Finalmente, aquí en el prólogo hay algo que considero de suma importancia y que Francisco Quiroz deja contundentemente asentado, y es sobre algo que ya se escuchaba a media voz y que nadie tenía la valentía de expresarlo por escrito; Quiroz lo hace con mucho orgullo en la antesala de este vital libro:

“ (…) Ya no se trata hoy en día de romper la tendencia limeño-centrista de la historiografía, como esto era una tarea real hasta unas décadas atrás. Acaso, en medio de un verdadero auge de los estudios regionales y locales, la tarea hoy consiste en dejar de pensar que un estudio sobre Lima es “nacional” mientras que otro sobre el Cusco, Trujillo, Arequipa o Jauja es “local” o, cuando más, “regional”. Los estudios de los últimos años han demostrado la importancia de las regiones en el devenir histórico nacional peruano al mostrar que los hechos y procesos provincianos han incidido en el desenvolvimiento del país. Esto es más evidente cuando vemos que hasta mediados del siglo XIX Lima era, hasta cierto punto, “periférica” en el contexto peruano y el enorme, rico y poblado sur andino el verdadero centro del país.”

Y es este libro el que cierra con broche de oro el año 2006 la actividad editorial de HALCKON EDITORES, creemos firmemente que la edición tiene un futuro brillante, estimulante y repleto de impulsos para avanzar. O miremos a los alemanes y su poderosa industria editorial, son los primeros a nivel global, no porque exportan a todo el mundo, sino que en un 97% ellos mismos leen lo que producen; y que no darían por tener un idioma tan potente y feroz con infinitas posibilidades como el nuestro. Indudablemente es una lengua que contiene una gran civilización. Evidentemente, editar es avanzar. Es forjar ciudadanos más conscientes, críticos, autónomos, sensibles y libres. En suma editar es una gran tarea con alta dosis de responsabilidad social. (28 de diciembre del año 2006)

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Fundación de Jauja y Lima


Cuando Pizarro se dirigió con sus huestes de Cajamarca al Cuzco, encontró en Jauja las mayores concentraciones de ejércitos quiteños, a los que venció en diversos encuentros y escaramuzas. El valle le atrajo y sobre todo la ubicación, como la de ser un nexo entre San Miguel y el Cuzco. También servía a sus objetivos íntimos de estar próximo a la Capital Imperial, que la quería para su Gobernación.

cajamarca

Francico Pizarro en Cajamarca

En octubre de 1533 Pizarro hace una toma de posesión de Jauja y la pobló, nombrando teniente gobernador y miembros para el cabildo, al mismo tiempo que repartió solares entre los que debían ser vecinos y distribuyó encomiendas. Sin embargo, el conquistador tuvo grandes dificultades en encontrar a gente que aceptase cambiar la vida aventurera y la posibilidad de grandes riquezas por la sedentaria de vecino, en una zona convulsionada, plagada por partidas dispersas de indios sublevados.

Escudo Pizarro

Escudo Nobiliario del Conquistador Francisco Pizarro

Todos querían ir al Cuzco, que operaba en el espíritu ambicioso de los españoles con un gran atractivo mágico. A la nueva ciudad, Pizarro la llamó “Muy noble ciudad de Xauxa”.

Los informes que los españoles enviaron a la península con relación a Jauja, eran tremendamente exagerados y la ponderaban como un verdadero paraíso terrenal, algo así como una morada de los dioses griegos o del paraíso de Mahoma.

Pais de Jauja

Leyenda del Pais de Jauja

Terminada la toma del Cuzco, Pizarro retornó a Jauja y completó la tarea de fundación que ya había iniciado, o si se quiere otra expresión, diremos que la volvió a fundar y fue así como el 25 de abril de 1534 se levantó el acta oficial de la fundación de la ciudad que ya existía.

Escudo Jauja

Como se puede apreciar, en Jauja hubo una toma de posesión y la ciudad con toda su organización administrativa empezó a funcionar, aún antes de ser fundada normalmente.

Pizarro con el fin de atraer vecinos a Jauja, fue generoso con ellos, otorgándoles gran cantidad de tierras e indios. Muchos de los repartimientos se encontraban ubicados en la costa central y los encomenderos para controlarlos desde tan lejos tuvieron que pasar grandes trabajos. Pero fuera de eso, la lejanía del mar, la altura y el intenso frío incomodaban mucho a los vecinos españoles, aparte de que se quejaban de la poca leña existente. Este problema de la leña era tan importante en época de la Conquista, que todo lo subordinaban los españoles, a las disponibilidades que de ella tuvieran.

Fue por ese motivo que el 29 de noviembre de 1534, es decir a los pocos meses de realizado el acto formal de la fundación, el cabildo acordó solicitar a Pizarro el traslado de la ciudad capital, a la costa y que hacia allá fueran los vecinos de Jauja. El mismo día del acuerdo se le comunicó este planteamiento a Pizarro el cual lo acogió favorablemente, por cuanto la incursión de don Pedro de Alvarado sobre el territorio de Quito, le había hecho conocer la necesidad de no desamparar la costa.

Cabildo de Jauja

Cabildo de Jauja

El cabildo de Jauja, comisionó el cuatro de diciembre a tres miembros de su seno para que bajasen a la costa y escogieran el lugar más conveniente para la nueva ciudad. Por su parte, don Francisco Pizarro nombró otro grupo con el mismo fin.

El lugar elegido por este último grupo, fue el ocupado por el cacique del Rímac.

Lo cierto es que Jauja se había ido despoblando y los vecinos se iban asentando en Sangallán en Chincha.

Cuando Pizarro fundó Lima o Ciudad de los Reyes el 18 de enero de 1535, ordenó que los vecinos de Jauja y de Sangallán fueran a establecerse en el nuevo lugar.

Escudo

Escudo de la Ciudad de los Reyes

Sin embargo, al igual de lo que sucedió con San Miguel, también la ciudad de Jauja siguió existiendo, pues muchos encomenderos que tenían tierras e indios en la región, prefirieron quedarse allá, es decir algo similar de lo que ocurrió con la primera ciudad fundada por los españoles.

En resumen, los actos del 25 de abril de 1534 (Jauja) y del 18 de enero de 1535 (Lima), dieron nacimiento a dos ciudades distintas, aun cuando la segunda fue consecuencia de la primera.

Tomado de “La Conquista en Piura” del Historiador Reynaldo Moya Espinoza
http://es.geocities.com/piuraylaconquista/fundacion_de_lima.htm

ACTA DE FUNDACIÓN DE JAUJA

Fundación de Jauja

Francisco Pizarro funda Santa Fe de Hatun Xauxa como capital de la Gobernación de Nueva Castilla

El historiador Clodoaldo Espinoza Bravo – en su libro “Jauja Antigua” – señala que el acta de fundación de la ciudad de Jauja se extravió, pero el trabajo más importante como fuente escrita para probar dicha fundación es el realizado por el famoso historiador Raúl Porras Barrenechea, quien en el año de 1935, halló en Sevilla un documento inédito sobre la fundación de Jauja. Por cierto no es el acta original, sino una certificación a favor de dos encomenderos que necesitaban acreditar los títulos otorgados por Pizarro, donde se transcribe gran parte de la fundación. El escrito entre otras cosas dice:

“E después de echa la fundación de la dicha ciudad de Xauxa según va declarado y venido el dicho gobernador francisco pizarro de conquistar pacificar y poblar la gran ciudad del cuzco y conquistada e poblada en servicio del emperador e rrey don carlos nuestro señor luego en llegando a esta ciudad fue a veynte e cinco días del mes de abril de mil e quinientos e treinta e cuatro años visto el estado en que la población de esta ciudad quedo e lo que sobre ello conbenia hazerse tomo consigo a alonso riquelme tesorero de su magestad en estos rreynos e con acuerdo e parecer e continuando la dicha población mandó trazar el pueblo y solares que en el abia de auer y plaza en lo mejor y en el comedio en la qual se dio solar a la iglesia catedral que abia de aber y en el solar mandó y edificar y era necesario para celebrarse en ella el culto divino, a la cuál puso el nombre de señora de la concepción en cuyo honor y alabanza se hizo y edifico…”

ACTA DE FUNDACIÓN DE LIMA

Acta de la fundacion de Lima

Acta original de la Fundación de Lima

Transcripción del Acta de Fundación de Lima:

“E después desto en el dícho pueblo de Lima lunes XVIII días del mes de henero del dícho año el dícho gobernador en presencia de mí el dícho escríuano e testigos yuso escíptos dixo que por cuanto visto el dícho pedímento a el fecho por la Juistíçía e Regímíento e vecinos de la dícha çíbdad de Xauxa el proueyo a los díchos Ruí díaz e Juan tello e alonso martín de don beníto para que vinyesen como vínyeron a ver el dícho asyento e pasear el dícho cacique de líma…………..…… con acuerdo e parecer de los díchos señores ofícíales de su magestad que presentes se hallaron e del dicho Rodrigo de maçuelas mandaua e mando quel dicho pueblo de Xauxa y ansy mismo el de san gallan porque no estan en asiento conuíníente se pasasen a este dícho asiento e sytío por quanto quando el dícho pueblo de Xauxa se fundo arríba en la sierra no estaua vísto para que el dícho pueblo estuuíese mejor fundado el hízo la dícha fundacíon del con adíctamento e condíçíon que se pudiese mudar en otro lugar que mas conuíníese e paresçíese e porque agora como dícho es conuíene que los dhos. pueblos se haga nueua fundacíon acordo e determíno de fenecer e hazer e fundar el dicho pueblo el qual mandaua e mando que se llame desde agora para siempre jamas la çíbdad de los Reyes………………”

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– ¿475 ANIVERSARIO DE FUNDACIÓN ESPAÑOLA?, ALGO PARA MEDITAR

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“Abrazo de Maquinhuayo” – Orbegoso vs. Gamarra (1833-1834)

orbe

En la pampa denominada Maquinhuayo (Jauja) se dió lugar al legendario “Abrazo de Maquinhuayo” entre Bermúdez y Orbegoso, que dio a lugar a la culminación de la guerra civil

En esos años bastaba ser general y tener un poco de ambición para ser Presidente. El general Pedro Bermúdez, ex ministro de Gamarra, se proclama Jefe Supremo con el apoyo de la Guarnición de Lima y disuelve la Convención Nacional que debía reunirse para reformar la Constitución.

En 1833 se debe elegir un nuevo presidente y el Congreso no estaba en actividad. Así que se acuerda elegir un presidente provisorio. Bermúdez era el candidato oficialista, pero como no pinta prepara un golpe con Gamarra, donde toma parte “La Mariscala”.

Las elecciones las gana Luis José de Orbegoso, el candidato de la oposición. De los 84 miembros de la Convención Nacional que participaron en la elección, 48 votaron por Orbegoso para la Presidencia Provisoria, mientras que por Bermúdez lo hicieron 36.

Orbegoso juramenta como presidente el 21 de diciembre de 1833. Durante sus primeros días en Palacio, Orbegoso no tiene poder y es una especie de prisionero. Los edecanes, los guardias, los centinelas han sido nombrados por Gamarra. En un descuido Orbegoso fuga al Callao y toma la Fortaleza del Real Felipe en el Callao, donde sí reconocen su autoridad.

El perdedor Bermúdez critica la elección de Orbegoso, pero el pueblo respalda a este último. Bermúdez huye a Jauja el 28 de enero, mientras el presidente retorna a Palacio el 29. En la sierra cuatro departamentos –Ayacucho, Huancavelica, Cusco y Puno– se identifican con Gamarra y Bermúdez. La guerra civil es inevitable.

Las batallas en la sierra central terminan con el conocido “Abrazo de Maquinhuayo” (afueras de Jauja), donde las fuerzas de Bermúdez se entregan a Orbegoso. La paz vuelve al país. Gamarra fuga a Bolivia y Bermúdez se exilia en Costa Rica. Orbegoso vuelve a la capital para asumir el mando, pero la paz fue efímera, pues a los pocos meses se rebela Salaverry, quien ascendería al poder.

Gamarra entra en contacto con Santa Cruz para hacer un plan y recuperar el poder. Ofrece ayudarlo a constituir la Confederación Perú Boliviana. Con la finalidad de afianzar su elección definitiva, Orbegoso sale de Lima el 11 de noviembre de 1834 y queda a cargo del gobierno el presidente del Consejo de Estado, Manuel Salazar y Baquíjano. Vuelven los aires de conflicto.



Fuente: www.peru.com

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La Huaripampeada – Guerra Civil entre Cáceres e Iglesias

mariscal

El distrito de Huaripampa es uno de los 34 distritos que conforman la provincia de Jauja, ubicada en el Departamento de Junín, Perú. Está situado a 5,5 km al sur de la ciudad de Jauja.


Hecho histórico de auténtica estrategia militar basada en la audacia, sagacidad y valentía de uno de los más grandes héroes que tiene el Perú, el Gran Mariscal Andrés Avelino Cáceres Dorregaray, serrano él (ayacuchano), pero dotado de gran espíritu patriótico que desconoció el ominoso Tratado de Ancón de 1883, que fraccionaría nuestra patria a favor de Chile.

Esta es la famosa historia de la famosa “Huaripampeada”: Ya en las postrimerías de la guerra con Chile, el General Miguel Iglesias, es ungido como presidente del Perú, “por la bayoneta de los chilenos”, como diría Cáceres, en una asamblea en Cajamarca con el título de Presidente Regenador del Perú. Iglesias propone un tratado de paz, soslayando la rebeldía de Cáceres que en el centro llevaba su campaña de resistencia a la invasión chilena. Iglesias vio respaldada su posición por la batalla de Huamachuco que resultó un desastre para los peruanos, donde Cáceres herido, se salva de ser hecho prisionero de los chilenos, huyendo nuevamente hacia la sierra central.

Luego de esto, Iglesias firma el Tratado de Paz y Amistad en la Villa de Ancón el 20 de octubre de 1883, por el cual el Perú cedía a Chile el departamento de Tarapacá a perpetuidad y entregaba en calidad de rehenes las provincias de Tacna y Arica, por diez años, que luego mediante plebiscito se decidiría donde quedaban, acuerdo firmado en 1884.

El héroe de Tarapacá rechaza el Tratado y desconoce el gobierno de Iglesias, encolerizado además, pues muchos de sus amistades, seguidores y familiares fueron deportados, perseguidos y otros huyeron a la sierra central a esconderse. Cáceres toma las armas contra el mandatario elegido por los chilenos quienes lo nombraron Presidente Provisorio por una asamblea constituyente.

El 27 de agosto de 1884, Cáceres intenta tomar el poder, pero es rechazado por fuerzas gobiernistas, entonces opta por retirarse hacia Arequipa (¿Y donde estaría Nicolás de Piérola?), allí organiza una tropa y marcha a la sierra central en marzo de 1885. Llega al Valle de Jauja (todavía no se llamaba Valle del Mantaro), el 10 de noviembre de ese mismo año, con la intención de llegar a Matucana, con un ejército mal armado de 2 000 hombres. El presidente Iglesias pone entonces precio a la cabeza de Cáceres por un monto de 3 000 soles de 9 décimos de plata y envía de Lima 6 000 soldados para derrocar la rebelión cacerista, al mando de Relayze.

Cáceres se posesiona de la margen derecha del río Mantaro (previamente había derribado un puente colgante por el paraje “Siclachaca”), entre Muquiyauyo y Huaripampa, las fuerzas de Iglesias lo hacen en la margen izquierda entre Xauxa (hoy Sausa) y Maquinhuayo. Un 15 de noviembre de 1885, ambos bandos rompen fuegos a las 12 del día, los caceristas desde el cerro “Quinllú” (Huaripampa) y los gobiernistas desde las alturas de “Shushunya” (Sausa). Luego de una hora de disparos y cañoneos, Cáceres ordena la retirada a lo más selecto de sus tropas, dejandro entre las ruinas pre incas de “Quinllú”, algunos soldados heridos, piedras amontonadas y algunas mulas y asnos que simulaban ser soldados.

La tropa rebelde se dirige hacia Mito. Las fuerzas gobiernistas al mando de Relayze, cometieron un grave e histórico error: Olvidaron que al frente tenían al gran “Brujo de Los Andes”, aquel que hizo correr a los chilenos del centro del Perú. Relayze creyendo haberlo derrotado, marcha hacia Huancayo, comunicando a Lima la derrota de Cáceres, ignorando que éste por la ruta de Mito, Aco, Consac e Ipas, cruzaba en plena nevada el camino hacia Lima por Yauli-La Oroya. Cuentan que en una noche de tormenta, el General ordena descanso para dormir. Él se cubrió con su capa y poncho, al día siguiente al despertar se sobresaltó al no ver a nadie, solo una pampa cubierta por la nieve, preguntó por sus hombres y ordenó a su corneta tocar diana, al hacerlo, toda la pampa nevada se comenzó a mover y levantar ¡Eran los invecibles caceristas que ante nada se rendían!

Así las tropas de Cáceres llegan a Chicla, capturando el tren con víveres, uniformes y armamentos que desde Lima, Iglesias enviaba para luchar con el temible “Brujo de los Andes”. Cáceres tomó todo, sus soldados se alimentaron, se armaron y se cambiaron con el uniforme de las tropas de Iglesias y en el mismo tren bajaron hacia Lima.

Los pobladores reconocieron a Cáceres y lo recibieron con entusiasmo, por su parte Iglesias creía que eran sus soldados y al darse cuenta de la realidad, tuvo que hacer frente y en dos días de lucha, el 2 de diciembre de 1885, capitula luego de una violenta batalla fratricida. Después – Iglesias – deja el mando a un consejo de ministros presidido por Antonio Arenas, quien convoca a elecciones, saliendo elegido Presidente del Perú, Andrés Avelino Cáceres. El resto es otra historia.



* Tomado de “El Aguacero” de Jauja, noviembre de 2007, página 16.

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José Carlos de la Puente publica estudio sobre curacas de Jauja durante la Colonia (entrevista)

Curacas Jauja

Lima, dic. 11 (ANDINA)- Este miércoles se presentará el libro Los curacas hechiceros de Jauja de José Carlos de la Puente Luna. Esta publicación nació a raíz de la tesis de licenciatura de historia de De la Puente. En esta obra se da cuenta sobre cómo los grandes señores del valle del Mantaro utilizaron la acusación de hechicería como arma contra sus oponentes.

¿La vida andina durante la Colonia no es tan plana como se enseña en el colegio?

–Exactamente. Porque la imagen tradicional que te dan es que el curaca es una especie de funcionario colonial y punto. Sin embargo, sabemos muy poco de su vida.

¿El uso de la hechicería, como se le conoce en el Ande actual, surge en la Colonia?

–Un antropólogo te va a decir que el uso de las fuerzas sobrenaturales para hacer el bien y el mal está en todas las culturas, en todo momento. Ahora, lo interesante del mundo andino es la conexión entre las antiguas tradiciones peruanas y lo que viene de Europa.
Curiosamente, entre lo que viene del Viejo Continente también está el cristianismo popular, imbuido en prácticas mágicas, en culto a pequeños santos y brujería. Eso se mezcla con lo que existía aquí.

Me llamó la atención que contara cómo se utilizaba la hechicería para quitar o conseguir poder.

–Hay que recordar que la brujería para la sociedad colonial es un crimen que debe ser castigado. Allí se da la conexión entre estas prácticas, entre las prácticas domésticas y el aparato colonial y eclesiástico persiguiendo idolatrías. Un curaca recurre a un brujo para hacerle daño a otro, y éste último recurre a la justicia colonial para vengarse. El libro es sobre la manipulación que hacen de la justicia estos señores étnicos. No es típica historia de cómo la Iglesia persigue los cultos nativos, sino cómo los curacas se valen de esos recursos para destruir a sus rivales.

¿Por qué utiliza jefe étnico para nombrar al curaca?

–Es un término que se ha acuñado en el mundo académico para los señores de indios. El poder del curaca emana como administrador de las comunidades indígenas. Son jefes de una etnia, en este caso los famosos huancas del valle del Mantaro. También uso cacique, pero, al igual que curaca, es una palabra vaga, pues hay varias jerarquías.

Datos
Sobre José Carlos de la Puente
– Su próximo trabajo es acerca de los viajes de estos señores a España.
– También alista un estudio sobre la evolución de la propiedad de Machu Picchu durante la Colonia.
– Está siguiendo en Texas un doctorado en historia latinoamericana.

tunan

Algo más
La presentación de Los curacas hechiceros de Jauja se hará mañana miércoles en la PUCP a las 18.30 horas.

Fuente: ANDINA
http://www.andina.com.pe/NoticiaDetalle.aspx?id=152702

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