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La trascendencia de Tunanmarca


Tunanmarca

Carlos H. Hurtado Ames

El 26 de noviembre de presente año el Banco Central de Reserva del Perú presentará una moneda conmemorativa a Tunanmarca, el centro arqueológico más importante de la sierra central peruana. Se trata de un reconocimiento a la trascendencia de la historia prehispánica de Jauja y a los Xauxas, el grupo étnico que pobló esta zona y que, por muchos años, han sido confundidos, permaneciendo en un injusto silencio.

En la presente nota quisiera destacar, brevemente, algunos aspectos fundamentales de la importancia de Tunanmarca como centro regional Xauxa en el proceso histórico nacional peruano a la luz de los nuevos avances en la investigación arqueológica e histórica

En efecto, en el estado actual de las investigaciones es cada vez más evidente que la realidad étnica preinca de la zona era de fractura política. Las fuentes históricas aluden a dos grupos importantes con claras diferencias identitarias en el vestido: xauxas y huancas (los primeros llevaba una especie de vincha roja y los segundos negra). Los Xauxas se emplazaban en la parte norte del valle, principalmente en la zona circundante al valle de Yanamarca, y los segundos en el sur. También es evidente que fueron los Xauxas el grupo que tenía la primacía en el desarrollo regional. Esto es claro al ver los restos que han dejado, principalmente Tunanmarca, aunque los centros regionales de ellos no se reducen solo a éste.

Las últimas investigaciones que se han realizado sobre los llamados Chancas, como los de Brian Bauer publicados este año, no han encontrado evidencia arqueológica que sostenga que este grupo era el que rivalizaba con los incas durante su expansión imperial, como el mito sostiene. Esto es importante porque, de ser así, es visible que la principal resistencia ante la expansión estatal estuvo en la sierra central. Y quizás esta es la razón por la que los incas, en señal de represalia, deciden cambiar el nombre de la zona ya como provincia inca por “Huanca huamani”, aunque tomando el nombre, según las fuentes, de una piedra que estaba al inicio del valle, no de un grupo étnico preexistente. Es decir, realizaron una manipulación de la realidad preexistente en cuanto a sus nombres.

Los trabajos arqueológicos que se han realizado en Tunanmarca dan cuenta que, en efecto, hubo un enfrentamiento formidable ante el avance estatal. Esto es lógico si tenemos en cuenta que estaban camino a convertirse en una sociedad compleja próxima, probablemente, a un estado. Desde esta perspectiva, Tunanmarca y los Xauxas fue el principal centro de resistencia ante la expansión imperial cusqueña. Pero este hecho generó, a la vez, que los incas los quisieran desaparecer del mapa, de la memoria y del recuerdo. De ahí el cambio del nombre en términos de organización política por “Huanca Huamani”.

Pero el nombre de Xauxa no desapareció. Obviamente, el uso de las palabras, las costumbres y las identidades no desaparecen por decreto. De este modo, la provincia, el corregimiento, el valle y el río que lo surca se llamaban Jauja. Todas las referencias geográficas de cualquier tipo de la Colonia se refieren a la zona como Jauja. Es decir, había un uso de la palabra que no se suprimió, el de una entidad política preexistente que fueron los Xauxas.

Algunos historiadores que intentaron una aproximación al estudio de estas sociedades no se dieron cuenta de esta manipulación y pensaron el territorio en términos de unidad política a partir del nombre de un supuesto grupo étnico, una situación que ya no viene al caso dilucidar.

Finalmente es pertinente anotar lo siguiente. El nombre de Jauja tiene una fuerza única para los jaujinos. El solo escucharla genera un sentimiento que entremezcla muchas cosas difíciles de definir. Eso no sucede en otra parte, hasta donde he podido comprobar. Y eso creo es parte de una continuidad, de un tiempo anterior que no está suprimido ni abolido. De un pasado formidable, misterioso, cuya potencia todavía la podemos sentir los que tenemos el privilegio de haber nacido en esta tierra. Eso es lo que no ha legado Tunanmarca.

 

 

 

 

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Sobre la Biblioteca Municipal de Jauja


Biblioteca

Carlos H. Hurtado Ames

No recuerdo exactamente cuándo fue la primera vez que fui a la Biblioteca Municipal de Jauja, pero fue un verano de las vacaciones en que solía volver a Jauja cuando estaba en el pregrado en San Marcos. De esa primera visita recuerdo que quien estaba a cargo como bibliotecario era Arturo Mallma, quien tenía un gran conocimiento de la bibliografía jaujina y de la colección de libros que tenía esta biblioteca, lo que en muchos sentidos, en ese momento, fue un agradable descubrimiento. De esa fecha hasta el presente he regresado siempre que he podido innumerables veces. En este tiempo, he visto pasar a varias personas como encargadas de la biblioteca luego de que Arturo dejara el cargo al encontrar nuevos horizontes en la Universidad del Centro. A excepción de él y del profesor Gilberto Espinoza –ambos puestos durante las gestiones del ex alcalde Balvín Martínez, que, en sentido, hay que reconocer, no fue nefasto– ninguna de estas personas reunía el perfil necesario para estar al frente de una entidad de esta naturaleza. Se trataba de personal administrativo de la Municipalidad que habían sido puestos ahí, en algunos casos y por increíble que pueda parecer, a manera de “castigo”, según propia versión de los aludidos, lo que muestra la importancia que se le ha solido dar a la cultura en Jauja por parte de las autoridades de turno. Lógicamente que en este contexto, la biblioteca ha ido languideciendo paulatinamente. Actualmente su situación no puede ser menos que preocupante, quizás hasta desastrosa.

Uno de sus primeros problemas es su local. En la época de Mallma estuvo ubicada dentro de la misma Municipalidad aunque casi hacinada; después se pasó a la casa de Pedro Monge en el barrio de La Samaritana; luego se la instaló en el segundo nivel del Mercado Modelo y finalmente, con esta gestión, se volvió a la casa de Monge. La razón del porque la biblioteca se trasladó dos veces a la casa de Monge estriba en el hecho de que él, mediante cláusula testamentaria, donó su biblioteca particular de más de cinco mil volúmenes a la Biblioteca Municipal, con la condición de que se queden en su casa, que también donó al Municipio. Sin embargo, el asunto es que, debido a su lejanía del centro, los lectores simplemente no van ahí. Esta es la razón, seguramente, por la que se vio por pertinente hacerla funcionar en el local del jirón Bolognesi sobre el Mercado Modelo, donde tenía una vida más activa en cuanto a lectores, principalmente escolares, que cuando se ubicaba en La Samaritana. No obstante ello, a los genios de los regidores que han entrado en esta gestión, no se les ha ocurrido mejor idea que llevarla nuevamente al otro lado de la ciudad, obviamente sin conocer ni importarles nada.

Otro asunto es la organización misma de la biblioteca. En principio, actualmente los libros están mesclados, entreverados, no hay un orden, no tienen clasificación, lo que permite que fácilmente se pierdan. Por ejemplo, me acuerdo que había como diez ejemplares de la primera edición de Cuentos Populares de Jauja, de Pedro Monge, ahora no hay ni uno; igualmente, había varios ejemplares de Imagen de Jauja, de Edgardo Rivera Martínez, ahora apenas hay sólo uno. Por supuesto que no hay ficheros ni catálogos ni nada que se le parezca. Muchos de los estantes, además, están sumamente deteriorados. Al menos durante el tiempo de Mallma y el profesor Espinoza había un mínimo orden. Lo que ha sucedido es que, en este último traslado, se han acomodado los libros a la diabla, como se suele decir. Después, no sé desde cuando no se compra un libro para la biblioteca, sus últimas adquisiciones son básicamente donaciones. ¿Existirá alguna partida para ello? Llegaban antes libros de la Biblioteca Nacional y del Concytec porque la biblioteca estaba afiliada al Sistema Nacional de Bibliotecas, pero ahora no llega nada porque no se ha hecho la renovación respectiva, lo que, en definitiva, es una cosa sumamente sencilla.

Evidentemente esta situación no es culpa de quienes son o han sido responsables de la biblioteca porque, simplemente, han estado desprovistos de un conocimiento mínimo sobre el manejo de este tipo de instituciones, ni tampoco tienen o han tenido la sensibilidad humanística necesaria que da el saber. No sé porque las autoridades en Jauja han visto a la cultura como la última rueda del coche, lo que es y ha sido parte de un problema estructural en esta ciudad. Lamentablemente tampoco ahora es la excepción. La actual persona que atiende me comentó que le había informado al Gerente Municipal el tema de la poca o casi nula concurrencia de lectores a la biblioteca debido a su actual ubicación, ante lo que éste no tuvo otra mejor idea que decirle “entonces la cerraremos”. Lo desconcertante y patética de esta respuesta, independientemente de su inviabilidad, deja patente el nivel de algunos altos funcionarios que actualmente están en el Municipio, y deja pocas expectativas a lo inmediatamente venidero. Sinceramente, con este tipo de mentalidad no se puede hacer mucho. Bajo ningún punto de vista se debe permitir que la biblioteca cierre, lo que sería un atentado de lesa cultura y un acto de severo desprecio a la historia y cultura de Jauja; pensarlo siquiera es una completa aberración.

Creo que la biblioteca debería volver a funcionar en el centro de la ciudad donde volvería a tener un cierto tipo de dinamismo y convertirse en el eje cultural de Jauja. Realizar un orden mínimo es más que urgente. Para ello, creo, que lo más adecuado, y por lo que se le agradecería eternamente al Alcalde, es contratar los servicios de un bibliotecólogo que realice un cambio y una transformación estructural. Es claro que no hay lectores porque no hay un plan de incentivo a la lectura; es inaudito que no haya actualmente ni siquiera un periódico mural o algo que se le parezca, que varios cuadros valiosos (hay algunos de Wenceslao Hinostroza, Ernesto Bonilla y Hugo Orellana) que son parte de su patrimonio estén almacenados en algún cuarto empolvándose, en vez de ser parte de una muestra permanente. Sólo a partir de un real cambio de la situación en que actualmente se encuentra –que corresponde a una decisión política–, la biblioteca puede proyectarse a cosas más complejas y buscar los tantos apoyos que hay a las iniciativas culturales locales, establecer convenios, afiliarse a las redes de bibliotecas, tanto en el Perú como afuera, solicitar donaciones y realizar actividades de fomento cultural, como conversatorios, recitales, exposiciones permanentes, como sucede en cualquier biblioteca del mundo.

Ahora que todo el mundo en Jauja habla del aeropuerto –y donde algunos se aprovechan de ello para decir estupideces en las redes sociales con tal de parecer críticos e inteligentes–, quizás algunos puedan pensar que este es un asunto menor y sin importancia. Ello es un error, y es necesario reiterarlo todas las veces que se pueda. La cultura es requisito y condición de progreso. En más de una ocasión Edgardo Rivera Martínez me dijo que tenía la intención y voluntad de donar su biblioteca a la Biblioteca Municipal de Jauja. Con profunda pena tuve que sugerirle que no lo hiciera, no en las actuales condiciones por lo menos.

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La ciudad sanatorio


Los tísicos y la tuberculosis en la historia de Jauja

Hospital Domingo Olavegoya
Carlos H. Hurtado Ames

Hasta mediados del siglo XX, Jauja tuvo una característica que la diferenció de las demás ciudades aledañas en la sierra central del Perú. Debido a las bondades de su clima, fue un lugar de sanación de la tuberculosis, uno de los grandes males de ese tiempo, llegando incluso a establecerse un Sanatorio en la ciudad misma desde 1921.

Efectivamente, Jauja tuvo fama de ser un lugar de sanación, lo que puede rastrearse desde la colonia. Por ejemplo, hacia 1639 el padre Bernabé Cobo señala que: “[…] su temple es tan sano y regalado, que muchos van a esta ciudad a cobrar salud y convalecer en aquel valle”. Ya en la segunda mitad del siglo XIX, Manuel Pardo, en un texto que escribió como resultado de una estadía en la ciudad a consecuencia, precisamente, de la mentada enfermedad, menciona que: “Jauja es el antídoto de la tisis, es el único temperamento de la superficie del globo que posee tan valiosa virtud”. El futuro presidente y fundador de Civilismo en el Perú, reclamaba, además, la construcción de una ciudad sanitaria, lo que recién se daría en la segunda década del siguiente siglo. Estos testimonios que, ciertamente, podrían multiplicarse entre finales del siglo XIX y principios del XX, dan cuenta de la importancia que tuvo Jauja en la curación de esta enfermedad.

Ahora, desde finales del siglo XIX se generaliza la idea en la comunidad médica limeña de la necesidad de los sanatorios para el tratamiento de los tuberculosos, lo que era parte de la idea muy aceptada de la cura de reposo en las sierras, basada en el descanso y la buena alimentación. En el caso peruano, el lugar en el que se pensó desde un inicio fue Jauja, posiblemente en atención a los antecedentes de su clima, ya señalados. Sin embargo, la construcción del Sanatorio, a pesar de la real disposición que había para tal fin, tuvo que esperar hasta la segunda década del siglo XX, y tener como motor de gestación una donación testamentaria, en este caso la del ciudadano Domingo Olavegoya. El Sanatorio comenzaría a funcionar en Jauja en 1921, cuando se inauguraron los pabellones y se trasladaron pacientes y médicos que llegaron de la capital de la República. Una vez que se estableció el Sanatorio en la ciudad, comenzaría lo que algunos autores denominan como su periodo de auge, el mismo que comprendería desde su inauguración, en 1921, hasta el descubrimiento de las vacunas que tratarían con éxito la mortal enfermedad (la estreptomicina) a mediados del siglo XX. Durante este periodo llegarían a Jauja gente de muchas latitudes, cuya cantidad está aún por determinarse, con el propósito principal de sanarse. Si bien, como ya hemos señalado anteriormente, la presencia de tísicos en la zona data desde tiempos coloniales, las evidencias nos inducen a pensar que es en la etapa del auge del Sanatorio que su número se dinamiza. De esta manera, en una nota de El Porvenir del 22 de enero de 1920, el alcalde pidió que Jauja sea beneficiada con el proyecto de saneamiento de ciudades al gobierno de ese entonces, debido a que “[…] muchos habitantes de Lima, de otras provincias y del extranjero van a la ciudad para restablecer su salud por el clima apropiado para curar la tuberculosis”.

Diego Armus, un historiador de la salud en América Latina, observa que la tuberculosis engranaba una serie de elementos, que van desde aspectos culturales hasta políticos más insospechados; es decir, sirvió para hablar de muchas cosas. Para el caso que aquí interesa, y siguiendo las ideas de este mismo autor, se puede decir que la tuberculosis como tema médico penetró la sociedad y la cultura, y fue un recurso discursivo presente en la literatura, el periodismo, el ensayo político y sociológico. Precisamente, es en la literatura donde se da uno de los reflejos más claros de la presencia de los enfermos de tisis en Jauja. De esta manera, dos autores que padecieron la enfermedad dejaron testimonio de su paso por Jauja y por el Sanatorio; uno de ellos es Carlos Parra del Riego con Sanatorio (1938), y el otro Pedro del Pino Fajardo con Sanatorio al Desnudo (1941).

La situación presentada es definitoria y concluyente para lo que aquí se trabaja, ya que por tal motivo llegarían a la ciudad personas de diversas latitudes que, en muchos sentidos, se hicieron parte de la geografía social y dejaron una huella en su desarrollo histórico y cultural. Nuestro punto de vista es que muchos de los aspectos que tienen que ver con determinados procesos históricos, sociales y culturales en Jauja, están en estrecha relación con la presencia de los tísicos. Como lo han mostrado los relatos que ha dejado varios autores jaujinos sobre ello, -siendo los más notables los de Pedro Monge-, éstos convivían con los habitantes de la ciudad en muchos aspectos.

Es inobjetable que a la ciudad llegaron muchas personas de otras latitudes con el fin de curarse de la tuberculosis. A Jauja llegaban no sólo gentes de Lima sino también de Europa. Según Edgardo Rivera Martínez, un viajero francés cuenta que hacia 1875 encontró en esta ciudad una pequeña sociedad cultivada, conformada tanto por la clase media del lugar como por los extranjeros asentados allí. A manera de ejemplo, este mismo autor, señala que los curas encargados de la parroquia de Jauja eran franceses, quienes a la vez le enseñaron su idioma a él en sus años párvulos, lo que nos habla de la particular atmósfera que se vivía en la ciudad. La fuerte presencia de extranjeros en el pasado, incluso, se puede rastrear en la actualidad, mediante la existencia de diversos apellidos de las más distintas latitudes. En el caso de los japoneses, por citar un ejemplo, entre los años de 1909 a 1942, había algo de sesenta familias, de los que actualmente quedan un promedio de seis. En el cementerio de Jauja se encuentran los restos de 370 japoneses, siendo la tumba más antigua de 1915. Esta situación da idea de que se trataba de una ciudad bastante cosmopolita. Al menos Manuel Baquerizo, un ensayista de la cultura del valle del Mantaro, encuentra que hacia la segunda década del siglo XX, Jauja era una de las ciudades más cosmopolitas del Perú, incluso más que Lima en ese momento.

Lo mostrado hasta aquí permite afirmar que Jauja tenía una personalidad cultural que se definía por la influencia de varias vertientes, patentizada en la presencia de personas de diversas latitudes llegadas a Jauja por motivos que se han destacado en el presente artículo. El hecho debe destacarse, debido a que estamos inmersos en una realidad urbana y, sobre todo, andina. Esta personalidad se reflejará en varios aspectos, en particular en la producción intelectual de sus escritores, lo que sería parte de un análisis independiente del aquí realizado.

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Gracias Leonor Álvarez-Calderón Olavegoya

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Pueblos del Hatun Mayu

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Invitación

En el marco de la III Feria del Libro Zona Huancayo (FELIZH), invitamos a Ud. y familia a la presentación del libro Pueblos del Hatun Mayu. Historia, Arqueología y Antropología en el valle del Mantaro, editado por José Luis Álvarez Ramos, Carlos H. Hurtado Ames y Manuel F. Perales Munguía. La presentación se llevará a cabo el día 24 de junio a horas 6:30 p.m. en el auditorio Oswaldo Reynoso de la FELIZH (Plaza Huamanmarca – Huancayo).

Este libro ha sido ganador del Concurso Nacional de Subvención a Publicaciones Científicas y Tecnológicas del CONCYTEC 2010 en el área de Ciencias Sociales y Humanidades.

Los comentarios estarán a cargo de José Carlos de la Puente Luna.

Los editores agradecen su asistencia.

Jauja, junio del 2011.

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¿Quiénes eran los Xauxas?


Tunanmarca

Carlos H. Hurtado Ames

Los Xauxas fue el grupo étnico que tuvo centro de poder en el valle de Yanamarca y en la parte norte del valle del Mantaro en la actual provincia de Jauja. Cronológicamente se les puede incluir dentro del llamado Intermedio Tardío o Segundo Regionalismo, entre los 1000 a 1460 d. C. Fue el grupo étnico más importante de la región que se suele denominar como del Mantaro, lo que se comprueba al ver los centros arqueológicos que han quedado en la actualidad y que marcan una clara diferencia de desarrollo con los grupos étnicos del sur del valle del Mantaro, conocidos como Huancas, y con los Taramas, de Tarma.

1. Aclarando las confusiones

Durante mucho tiempo, Xauxas y Huancas han sido confundidos constantemente, tanto en la literatura arqueológica como histórica, principalmente por la similitud observada en su cultura material, como la construcción de estructuras de piedra de planta circular como viviendas, la localización de sus asentamientos en cumbres de cerros y partes elevadas sobre el valle y el uso de géneros similares de cerámica. Sin embargo, todas las informaciones históricas y las investigaciones arqueológicas indican que se trata de grupos distintos.

Esta construcción histórica local ha tenido importantes repercusiones en la memoria histórica de la región. Un ejemplo es la muy difundida idea de un denominado “Reino Huanca”, que supuestamente sería el gran antecesor antes de la llegada de los incas a la zona. Se trata de una inventiva que tiene un punto de partida en los trabajos del historiador Waldemar Espinoza Soriano, quien formuló la idea de un grupo étnico denominado como los huancas común a toda la región, que habría tenido una capital y un rey, con poderes omnímodos y cuyo nombre se ignora. Debido, quizás, a que se trataba de un argumento que se adaptaba perfectamente a las necesidades explicativas de una colectividad en crecimiento y formación, como lo era Huancayo en la década de los setentas del siglo XX y, por ajustarse, además, a ciertos intereses políticos de ese lugar, la idea caló hondo. Un ejemplo son las frases de “Nación Huanca” o “Construyendo el futuro de la Nación Huanca”, derivaciones directas de esta construcción del pasado. Como es evidente, ello ha creado una serie de malos entendidos y falsas lecturas del ayer y tergiversaciones que aquí no dilucidaremos, pero que conviene diferenciar de lo que realmente ha sido el pasado prehispánico en la región.

En este sentido, una lectura cuidadosa de las fuentes históricas muestra el panorama real de las situación que se vivía en la zona antes de la llegada de los incas, sumado a los aportes realizados por la arqueología y la lingüística, a partir de lo cual se puede establecer que los xauxas era un grupo totalmente distinto de los huancas. Por ejemplo, una observación inicial del cronista Pedro Pizarro indica que: “Estos naturales de Xauxa son dos parcialidades, unos llaman Xauxas, y otros Huancas (…) Los Xauxas traen unas fajas coloradas alrededor de las cabezas, de anchor de una mano; los Huancas las traen negras”.

Por su parte, los informantes que respondieron al interrogatorio hecho por Andrés de la Vega en 1582, y que se conoce como la “Descripción de Xauxa”, contenida en las Relaciones Geográficas de Indias, señalaron que:

“[…] antes del Inca, nunca fueron sujetos a nadie, más de que en cada uno destos repartimientos tuvieron y conocieron por sus señores á los indios más valientes [y] traían guerra unos con otros por adquirir más tierras, y no salían fuera deste valle á pelear, sino era, dentro del valle, los de la una banda del rio que por él pasa con los indios de la otra […]”;

La sugerencia a un clima de fragmentación en esta última fuente es clara. El Inca Garcilaso de la Vega da cuenta de una situación similar: “[…] con ser todos de una nación, tenían bandos y pendencias sobre las tierras de labor y sobre los términos de cada pueblo […]”; e indica que por ello, los incas dividieron la región en tres parcialidades, que fueron Hanan Huanca, Lurin Huanca y Hatun Xauxa, con el fin de poner fin a estas disputas.

Como es de suponer, este clima de división en los pueblos del valle era una realidad cuando llegaron los españoles, por lo que es claro que ello era parte de una situación anterior a la presencia de los incas. De acuerdo a estas fuentes, al menos como se aprecia en la “Descripción de Xauxa”, no hay evidencia de ninguna unidad política traducida en la figura del un reino. Más bien, como se ha visto, por lo menos hubo dos grupos de importancia, que eran los Xauxa y los Huanca.

La investigación arqueológica también va por este sentido. Por ejemplo Terence D´Altroy (1992), señala lo siguiente:

Contrariamente a los reportes de un reino Wanka unificado [se refiere a las afirmaciones de Espinoza Soriano], los datos arqueológicos señalan la existencia de un conjunto de numerosas unidades políticas en competencia dentro de la región. Lo que ocurre es que, simplemente, una identidad étnica común no implica necesariamente una unificación política. El poder sociopolítico en la sierra central en el Intermedio Tardío estuvo dividido entre numerosas unidades políticas autónomas, aunque las sociedades de la región se estaban volviendo cada vez más centralizadas y estratificadas.

Como ya se ha dicho al inicio, los Xauxas se habrían ubicado en el actual valle de Yanamarca y en la parte norte del valle del Mantaro. Los restos arqueológicos que han quedado de este grupo étnico, hacen pensar que se trataba del más importante de los grupos humanos existentes en la región cuando llegaron los incas. Debido a esta importancia, han merecido el interés de uno de los proyectos arqueológicos más importantes y de más largo aliento que se han realizado en el Perú, tal como es el caso del Upper Mantaro Archaeologicas Research Project (UMARP), quienes han realizado uno de los trabajos más serios hasta ahora existentes sobre esta parte de nuestra historia, estableciendo una periodificación regional sobre la base de las distintas fases arqueológicas que lograron identificar, con la denominación de “Wanka”. Parte de sus investigaciones se han difundido, últimamente, a partir del importante volumen editado por el Centro de Estudios Históricos “Julio Espejo Nuñez” denominado Los Xauxas, territorio e historia (2010), de los profesores Lucio Villanes, Henoch Loayza y Luis Cáceres.

2. Organización política y vida cotidiana

Los sitios de ocupación que han sido examinados por este grupo de investigación son varios, casi el medio centenar, y se ubican entre los 3500 y 3700 msnm. y en las partes altas o puna, por sobre los 3700 msnm. Es en la denominada fase Wanka II (1350 – 1460 d. C.) que los asentamientos de las partes altas toman mayor dimensión. De todo el conglomerado de asentamientos, en esta fase, al parecer cuatro fueron los centros de mayor rango o cabecera: Tunanmarca, de 25 ha.; Hatunmarca, de 73 ha.; Llamap Shillon, de 20 ha. Estos centros regionales mayores habrían tenido una serie de comunidades satélites, entre las que se encuentran, por ejemplo, Chawin, de 6 ha.; Umpamalca, de 14 ha.; Huajlasmarca, de 4 ha.; etc.

Estos grandes centros regionales mayores no tuvieron parangón en la parte sur del valle, es decir con los Huancas, cuyos restos arqueológicos no presentan el tipo de complejidad y tamaño de los asentamientos Xauxa, lo que sugiere que se trataba de sociedades de menor importancia. Indudablemente, los Xauxas se hallaban en un proceso de crecimiento y complejización que hubiera devenido en un gran señorío, de no ser que fueran conquistados por los incas.

Uno de los Centros Regionales Xauxas que más se ha estudiado es Tunanmarca, que al parecer era el más importante. De acuerdo a las investigaciones del Proyecto Alto Mantaro, se sabe que su ocupación fue entre los años 1280 y 1425 d.C. Todas las edificaciones eran multifuncionales, pues algunas servían como cocina por la presencia de fogones y abundantes restos de ollas, mientras que otras habrían sido dormitorios o depósitos aunque también se han identificado áreas de almacenaje en los patios, hacia algunas esquinas o espacios encerrados en medio de dos construcciones circulares. De igual modo, se sabe que la basura era acumulada hacia algunas de las esquinas del patio o detrás de las viviendas. En su mejor momento debió tener una extensión de 23.1 hectáreas que albergaron entre 7,955 y 13,259 habitantes.

Siguiendo las conclusiones de este mismo Proyecto, Manuel Perales indica que la ciudadela tiene dos murallas defensivas, una que la rodea casi totalmente, y la otra que protege sólo su lado sudoeste. Contiene mayormente recintos circulares agrupados en lo que se denomina como complejo de patio, que se agruparían en dos barrios, acorde con el sistema dual andino en general. Un corredor de diez a treinta metros de ancho separa ambos barrios; éste, a la vez, tiene dos grandes plazas contiguas. La ciudadela tiene un promedio de 174 estructuras circulares por ha., lo que hace un total aproximado de cuatro mil estructuras (Hatunmarca, otro centro regional mayor, sólo tiene cincuenta estructuras por ha.) Ahora bien, la dieta de los habitantes de Tunanmarca era relativamente variada, presentando mayor incidencia en el consumo de maíz, talhui, quinua, papa, oca, olluco y mashua, los cuales eran complementados con la carne de llama, alpaca, cuy, perro, vicuña, guanaco, taruca, venado, ranas, aves silvestres y peces de la zona. Evidentemente, esta imagen puede proyectarse a los demás centros regionales y aldeas satélites, lo que nos da una idea de cómo era la vida cotidiana de los Xauxa.

Ahora bien, cada uno de estos centros regionales era gobernado por “los indios más valientes que hubo”. En el caso concreto de los Xauxas, la “Descripción de Xauxa” menciona a Auquiszapari y Yaloparin. A pesar de que culturalmente eran una unidad, que denominamos como los Xauxas, no lo eran políticamente, por lo que cada centro regional se comportó de manera distinta ante la llegada de los incas. Unos se avinieron pacíficamente y otros se enfrentaron. Hatunmarca es ejemplo de lo primero, mientras que Tunanmarca de los segundo. Salvo en el caso de Huajlasmarca, que se mantuvo incólume hasta la época del virrey Toledo (1570) y amerita un estudio aparte, todos estos centros regionales fueron abandonados cuando los incas los sometieron, mismo que trasladaron el centro del poder a la parte norte del valle del Mantaro, al fabuloso centro administrativo de Hatun Xauxa.

3. Palabras finales

A pesar que hay una especie de discurso histórico oficial que dice que fueron los Chancas quienes ofrecieron la máxima resistencia a la expansión imperial cusqueña, arqueológicamente no hay prueba de ello; no se ha encontrado ninguna evidencia de enfrentamientos ni de que esta sociedad estuviera en condiciones de poder resistir a los incas. La idea de que Pachacuti derrotó a los “aguerridos” Chancas con ayuda de las piedras es una construcción mítica antes que una realidad, lo que era usual en la discursividad histórica que de su pasado hacían los incas. Esto viene a colación porque todos los indicios arqueológicos hasta ahora reportados, parecen indicar que desde su expansión, fue con los Xauxa donde los incas encontraron la principal resistencia. Se trata de un hecho que indudablemente merece un mayor análisis, pero que de ser así, debería ser parte de una reinterpretación de lo que han sido los Xauxas en la historia peruana, hasta ahora ignorados, confundidos y pasados, injustamente y arbitrariamente, a segundo plano en la historia regional y nacional.

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La Iglesia Matriz y la Capilla de Cristo Pobre de Jauja

Portada del libro

El Proyecto Jauja Monumental tiene el grato honor de invitar a usted y familia a la presentación del libro: La Iglesia Matriz y la Capilla de Cristo Pobre de Jauja. Estudios y Documentos, del Historiador Dr. (c) Carlos H. Hurtado Ames. Dicho evento tendrá lugar en el Salón Consistorial de la Municipalidad Provincial de Jauja el día sábado 9 de octubre del presente año a horas 7:30 p.m.

La presentación estará a cargo del Antropólogo Mg. José Luis Álvarez Ramos y los comentarios a cargo del Profesor Lic. Sergio Castillo Falconí.

Carlos H. Hurtado Ames es Licenciado en Historia por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y candidato a Doctor en Historia por el Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México.

La Comisión Organizadora agradece su asistencia.

Jauja, octubre del 2010.

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Las calles de Jauja

Balcon de Jauja

Carlos H. Hurtado Ames

Como es evidente, las mayor parte de las calles de Jauja surgieron con el trazo a manera de cuadrícula que se le dio a la ciudad; es decir, en 1565, cuando se estableció el pueblo de indios “Santa Fe de Hatun Xauxa”, una suerte de prolongación de la “Muy noble ciudad de Jauja” de 1534, aunque con otra ubicación. Sin embargo, no todas han tenido la misma importancia en su historia urbana. Prácticamente, dos son las que han sido como el eje central del movimiento económico y la sociabilidad jaujina, reflejada en el hecho de caminar por ellas sin mayor fin que el desasosiego y la tertulia. Estas son los actuales jirones de Junín y de Grau, antiguamente denominados como calle Real (llamada también calle del Carmen en algunos tramos) y calle de Mercaderes, respectivamente.

Una de las pocas descripciones que hay de Jauja en la colonia, que data de finales del siglo XVIII y realizada por Hipólito Ruiz, señalaba que las eran rectas y solo las aceras de las mas principales están empedradas, por lo que, cuando llovía, se forman en muchas de ellas grandes lodazales, que las hacia intransitables. Se puede suponer que las empedradas han de haber sido, precisamente, la calle Real y la de Mercaderes.

A principios del siglo XX, todavía observamos que las calles se definen por su empedrado, lo que, como es lógico, se constituía ya en un problema para la ciudad misma. De esta manera, en una nota aparecida en El Porvenir en 1911, uno de los periódicos más importantes que circulaban por la ciudad, en una columna denominada “Esas calles”, da cuenta de los siguiente: “Lamentable es el abandono en el que se encuentran las principales calles de la población (…) El reimpiedro de la calzada de varias calles, se encuentra empezado y no concluido”. Dentro de esta coyuntura, una de los principales reclamos era, precisamente, la refacción del reimpiedro de la calle de Junín: “Inaplazable. Ya que vemos tan buena voluntad en el Honorable Concejo Provincial de Jauja, nos permitimos insinuarle lo conveniente que es el reinpiedro y construcción de aceras en la calle de Junín de la esquina del telégrafo al puente nuevo. Obra es esta que consideramos inaplazable y complemento de la pila y regadío de la contigua Alameda”.

Este mismo periódico daría cuenta del reimpiedro de esta calle unos meses después: “Reimpiedro. Continua reimpiedrandose la calzada de las dos últimas cuadras de la calle de Junín; por lo que felicitamos al Consejo que con estas obras prueba su interés por la mejora del piso en calle de tanto tráfico y por donde cruzan numerosos peatones por ser camino obligado a la estación”. El hecho de que el principal reclamo de “reimpiedro” que se muestra en este periódico, la antigua calle de Junín, nos dice bastante de la importancia que tenía en la configuración urbana de Jauja esta arteria, que, como vimos, es posible de remontar hasta el momento mismo de la fundación de la ciudad. No se debe olvidar que era el paso de transito casi obligado para quienes se dirigían a la Estación del Tren, por años el más importante medio de comunicación que hubo en el siglo XX en Jauja.

Por su parte, la calle de Grau, al menos la parte que va de la Plaza de Armas a la Alameda, era el paso obligado para el tránsito hacia el Cementerio, por lo que, en cierta medida, era la calle ritual más importante de la ciudad en el aspecto religioso. Además, ahí se ubicaron los principales comercios en la colonia y buena parte de la república; de ahí su nombre de “Mercaderes”.

El cambio más importante de las arterias en cuestión, se dio cuando se optó por la decisión de pavimentar las calles de la ciudad. Este proceso se estaba terminando en 1954, como se colige tras una lectura de El Porvenir, lo que hace suponer que a partir de este año, o unos antes, se generaliza esta situación en Jauja, dándose el cambio del empedrado a la fisonomía de pavimento que la caracterizará. Al parecer, ello no ha sido común a todas las calles. La importancia de las mismas hizo que se establecieran prioridades.

Hoy las calles lucen un estado deplorable. Pasan los gobiernos ediles y no hay el mínimo interés en revalorarlas, a pesar de su importancia en el entramado urbano. Las veredas y el pavimento presentan grietas y rajaduras o borbotones, lo que entristece el alma a quienes sabemos de su pasado. No obstante, la puesta en valor que viene ejecutando el Gobierno Regional, precisamente de los jirones Grau y Junín, entre otras cosas, parece que revertirá esta situación. En este sentido, la expectativa es grande, y que bueno que sea así.

Foto: Halckon Editores

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El Patrimonio Histórico Urbano de Jauja

Plaza de Jauja
Carlos H. Hurtado Ames

La ciudad de Jauja es una de las más antiguas que se establecieron en los territorios anexados a la Monarquía Española en el siglo XVI, conocidos como las Indias. Se la fundó en octubre de 1533 y abril de 1534, con la denominación de “Muy noble ciudad de Jauja”, dándosele la categoría de capital de Gobernación. El emplazamiento se realizó al costado del centro administrativo inca Hatun Xauxa, que deslumbró y maravilló a los españoles.

Desde ese momento hasta el presente, ha tenido un proceso amplio y sumamente complejo, que abarca un horizonte temporal de casi quinientos años, aunque el pasado histórico se remonta mucho más atrás, cuando fueron principales actores los Xauxa, el grupo étnico que pobló este lado del valle. Como es obvio, en Jauja se respira historia por todos lados. Desde los formidables centros arqueológicos Xauxa, como Tunanmarca, Hatun Malca o Huajlasmarca; el enorme y fascinante sistema de colcas de Hatun Xauxa y la misma ciudadela inca; las diversas edificaciones de la ciudad en la colonia y la república, que le dan un particular aire de ciudad andina/ciudad colonial. Nos centraremos brevemente en esto último.

A pesar de que la ciudad se fundó en los primeros años del coloniaje, el origen del emplazamiento urbano actual es de 1565, cuando se movió la ciudad unos kilómetros de su antigua ubicación a la actual, en un hecho muy usual de esos tiempos. El nuevo emplazamiento, debido quizás a la poca población española que quedó en la región luego de que se trasladara a la costa la capital al fundarse la Ciudad de los Reyes (la Lima de hoy), tuvo la categoría de pueblo de indios, con la denominación de “Santa Fe de Hatun Xauxa”. Por avatares propios de la organización política interna del virreinato, en 1784 se le da la categoría de villa. El privilegio de ciudad lo volvería a obtener luego del proceso de la independencia el 6 de abril de 1822, ratificada el 5 de febrero de 1828, con lo que se iniciaría un nuevo proceso que se caracteriza por el influjo de la modernidad de distintas maneras y en distintos tiempos.

Como es evidente, en todos estos procesos, han surgido una serie de edificaciones y espacios que se constituyen en el Patrimonio Histórico Urbano de la ciudad. Uno de los más importantes está constituido por la arquitectura religiosa, que se resume en la Iglesia Matriz y la Capilla de Cristo Pobre. La Iglesia surgió, como es claro, con el emplazamiento de 1565. A lo largo de su historia ha tenido una serie de modificaciones, tanto interna como externamente, siendo la más notable la realizada por los Canónigos Regulares de la Inmaculada Concepción, desde 1914 hasta 1934. La capilla de Cristo Pobre, por su parte, inició su construcción en 1920, inaugurándose en 1922, y terminándose los trabajos en 1928. De igual forma, ha tenido una serie de intervenciones, siendo la más notable la realizada en la década de los ochentas del siglo pasado, debido al deterioro de varios elementos de la infraestructura.

Otra parte del Patrimonio Monumental de la ciudad son las diversas casas y casonas coloniales que se construyeron en la colonia y en la república. Las más importantes y mejor conservadas se encuentran en el denominado Centro Histórico o Zona Monumental, que comprende, prácticamente aunque con algunas variantes, la delimitación de la cuadrícula del trazo original de la ciudad. Las casas coloniales eran principalmente de un piso; es en la república que se generaliza los ambientes de dos niveles, las que a la vez son los que definen el paisaje urbano de Jauja debido a su mayor número. Por lo general, este tipo de casonas disponen de zaguán y patio principal; sus fachadas son de estilo neoclásico; las puertas y ventanas características de los segundos niveles poseen carpintería de madera, siendo de estilo neoclásico compuestos por pilastrillas en las jambas y entablamentos.

Los espacios públicos también son parte del Patrimonio Urbano de Jauja. Se trata de ambientes por donde discurre la mayor parte de la sociabilidad de la comunidad. Concretamente, se reducen a dos: la Plaza de Armas y el conjunto que conforma la Plazuela de Santa Isabel, el Arco y la Alameda. Indudablemente que el emplazamiento de la Plaza Mayor fue ideado cuando se trazó la misma ciudad hacia 1565. La Plaza era el centro del poder y la interacción social. Ahí estaba la Iglesia Matriz, el Cabildo y Ayuntamiento, la Gobernación, la Cárcel y las casas de los vecinos más encumbrado. Las principales evidencias muestran que era el mayor espacio de sociabilidad; ahí se realizaban las Corridas de Toros hasta el siglo XIX y es muy probable que, desde la colonia, fuera el lugar donde se realizaran periódicamente las ferias. También era el lugar donde se desarrollaban o convergían las diferentes fiestas de acuerdo al calendario festivo anual de la ciudad.

Actualmente la Plazuela de Santa Isabel, que también se le suele denominar como de La Libertad, el Arco, al que se le suele designar con el mismo nombre, y la Alameda son parte de un mismo espacio público. La Plazuela también tenía funciones propias de un espacio de sociabilidad, aunque no en la dimensión de la que tuvo la Plaza de Armas. Hay algunos testimonios, sobre todo de carácter oral, que advierten que ahí se realizaban también corridas de toros y el baile de la Tunantada, antes que se traslade al distrito de Yauyos. El Águila que aparece en el monumento que se ha colocado al medio, data de 1921 y fue confeccionado para conmemorar el Centenario de la Independencia. Es de señalar que, con este motivo, se cambió el nombre del barrio por el de La Libertad.

Finalmente, aunque no lo hemos señalado explícitamente, está implícito que las mismas calles de la ciudad son parte de este Patrimonio. Dos son las más importantes, la de Junín y la de Grau, antiguas calle Real y calle de Mercaderes, respectivamente. Desde siempre fueron por donde se concentró el transito, el comercio y la tertulia. Por la calle Real se iba a la Estación de Tren, el más importante medio de comunicación de Jauja durante el siglo XX; y por Mercaderes se iba al Cementerio, por lo que fue una calle netamente ritual, donde, además, se ubicaron los comercios más importantes de antaño.

Como se puede apreciar, se trata de un Patrimonio ingente que no ha sido valorado en su integridad hasta ahora. Por lo mismo, un proyecto de recuperación se constituye en la alternativa más adecuada y óptima. En la medida que se valore adecuadamente nuestro pasado, conociendo y entendiendo lo que hemos sido, las posibilidades de estructurar un proyecto de desarrollo real serán más claras.

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Una apreciación de Jauja como problema


Plaza de Jauja - Fernando Guerrero

Carlos H. Hurtado Ames

La problemática de Jauja es múltiple y diversa. Implica, de un lado, a los actores sociales que son parte de su realidad y, de otro, al proceso histórico que ha vivido, particularmente en su etapa contemporánea. Explicaré brevemente en el espacio del que dispongo estas ideas. Es evidente que Jauja, me refiero a la ciudad, no es una entidad abstracta desligada de lo social. Esto quiere decir que para mirar a fondo sus diversos problemas, hay que mirar básicamente a los jaujinos. Por ahí partiremos.

Por alguna razón detrás de cada jaujino hay una gran complejidad. Esto, a la par de ser maravilloso, es complicado. Pedro Monge, en la década de los cincuenta del siglo pasado, hace no mucho tiempo, decía que somos una sociedad enferma de individualismo. Parece que en parte tenía razón. Sin embargo, también parece que más podríamos ser una sociedad pequeña donde cada quien busca su espacio, lo que también es una verdad a medias, ya que hay una considerable cantidad de organizaciones que demostrarían lo contrario. Sea como fuere, hay algo que, desde esta perspectiva del análisis, no va bien en los jaujinos y que tiene que ver con nuestra misma sensibilidad social. Se trataría de una compleja manera de ser que no ha traído los mejores frutos, por decirlo de alguna manera, independientemente de nuestra herencia culturalmente mestiza. Una anomía en el lenguaje de los sociólogos.

Ahora, que cada quien busque su espacio en una realidad del interior del Perú (despectivamente llamada provinciana) y en las condiciones económicas que imperan en Jauja, no tiene nada de malo, como cualquiera podría argumentar. Esto nos lleva a un elemento externo de la cuestión que aquí se intenta dilucidar. Para bien o para mal, depende de la óptica, durante la mayor parte del siglo XX Jauja vio ver un declive político y económico muy marcado, ante la emergencia de Huancayo y de otras ciudades aledañas. Las causas son varias: que se convirtiera en una Ciudad Sanatorio, por la que fue vista con temor y cuidado; la fantasía de creer haber sido una ciudad señorial, que impidió el desarrollo de una mentalidad progresista sino más bien una retrógrada; o la espalda que le dio el Tercer Militarismo, trasladando la capital departamental de Pasco a Huancayo y no a Jauja como era lógico en ese momento, en castigo a esta última por permanecer absurdamente Leguista.

El caso es que desde ese momento, sobre todo, Jauja ha visto un marcado declive de su crecimiento económico, del que aún hoy no se encuentra una alternativa viable para revertir el proceso, sumado a la política centralista de la urbe limeña. La situación parece haberse acelerado en los últimos veinte o treinta años, producto de una serie de desatinos en cuanto a la elección de autoridades ediles. Particularmente, desde mi perspectiva, los tres gobiernos ediles del abogado Balvín Martínez han sido completamente nefastos para la ciudad, y eso hay que decirlo claramente. Aún hoy se observan en la ciudad una serie de edificaciones que no le sirven a nadie, y en los cuales indigna saber que se ha malgastado tanto dinero necesario para otras cosas que ésta clama. Lamentablemente, pareciera que Jauja ha tenido un destino fatal, una suerte de perros, en cuanto a autoridades municipales. La situación actual tampoco es una excepción.

Creo, en consecuencia, que en estos factores se pueden agrupar los grandes problemas de Jauja. Uno tendría que ver con una serie de contradicciones que hay entre los mismos jaujinos; y otro, con la consecuencia de una serie eventos del pasado, un tanto inmediato, que hasta ahora no se han resuelto, y la nefasta participación de las autoridades edilicias de turno de las últimas décadas.

Y quizás se ha llegado a un punto crítico de involución por ese terrible desconocimiento del pasado; es decir, de lo que hemos sido. Efectivamente, si hay alguna posibilidad de futuro para Jauja ésta está en la grandeza de su pasado milenario y en su múltiple patrimonio histórico y cultural. En reconocer y aceptar la diferencia que hay entre los mismos jaujinos resaltando los vínculos que finalmente nos unen, como es la pertenencia a un mismo suelo; una misma herencia y una misma cultura. Pero ello requiere de un trabajo y una decisión política que involucre el fortalecimiento de nuestra identidad desde la escuela, una decisión que, al menos este gobierno edil, está lejos de tener. Mientras tanto, pasarán los días, los años, y siempre estaremos en lo mismo. Ciertamente, el futuro es impredecible, y es bueno que sea así, porque ello significa que tenemos la posibilidad de mejorarlo. En este desafío nos encontramos.

Foto: Fernando Guerrero

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Los estudios sobre la provincia de Jauja en nueva edición

Estudios sobre la provincia de Jauja de Manuel Pardo
Carlos H. Hurtado Ames

Hace unas dos semanas que se ha presentado en Jauja un libro denominado El Ferrocarril al corazón del Perú: Jauja. Estudios sobre la provincia de Jauja, de Manuel Pardo. Se trata de una reedición del famoso trabajo que el fundador del civilismo en el Perú publicó en 1860 y 1862, donde plasmó sus impresiones de la sierra central a raíz de una estancia en la región, enmarcadas dentro de la idea de progreso liberal del siglo XIX, traducidas en la construcción de líneas férreas.

Lo mejor del libro es la edición en el aspecto formal. El asunto debe destacarse porque se trata de una edición muy bien cuidada y que marca una diferencia con muchos de los textos que han aparecido últimamente en la región, mismos que ignoran, prácticamente, mínimas reglas del sistema internacional de edición. En este sentido, el trabajo que ha realizado Halckon Editores, el sello que lo ha impreso, es impecable.

Ello no exime, sin embargo, de serias carencias que se aprecian en la reedición. La más visible es la inexistencia de un estudio preliminar que explique y contextualice un texto publicado en el siglo XIX, como es el que aquí se comenta, y los cambios que se han realizado a la edición original. De esta manera, por ejemplo, no hay mayor explicación del agregado “El Ferrocarril al corazón del Perú” al título original de “Estudios Sobre la provincia de Jauja”, tal como fue concebido por Pardo; agregado que, tal cual, se presenta como arbitrario. Tampoco se aclara que por Provincia de Jauja Pardo se refiere, en realidad, a un espacio mucho más grande que el de la actual provincia del mismo nombre, y que no sólo comprendía el territorio del hoy llamado valle del Mantaro, sino la parte oriental del mismo. Esta situación no hace otra cosa que confundir el ámbito espacial de lo que se trata, máxime si se maneja la idea de que la Jauja de Pardo es la misma, espacialmente hablando, que la de ahora.

Quizás lo más adecuado hubiera sido realizar una edición comentada del trabajo de Pardo, que no haga ilegible algunos párrafos a cualquier lector no familiarizado con procesos inherentes al siglo XIX. A lo mejor la denominada Sociedad Amantes del Ferrocarril, no estaba -o no está- en condiciones de realizar un trabajo de esta naturaleza. La enumeración de fechas, que se pretende hacer pasar como una historia, que aparece en un artículo que se ha incluido al final del volumen denominado “Ferrocarril central trasandino”, hace sospechar ello; lo mismo que la primariosa información sobre Pardo que se presenta en las solaperas, misma que no marca mayor distancia con lo que se encuentra hasta en Wikipedia.

Finalmente, hay algunas cosas incomprensibles. Me pregunto cuál es el sentido de incluir unos párrafos de Rostworowski sobre la Jauja del siglo XVI, donde presenta ideas que en realidad ya las había formulado Raúl Porras en “Jauja, capital mítica”, que no tienen mayor relación con el trabajo de Pardo. Tampoco comprendo, exactamente, cuál es la razón de poner el curriculum vitae de quien firma el Prólogo en la hoja de créditos.

Fuera de ello, es importante el hecho de poner en vitrina nuevamente el tema del Ferrocarril y las múltiples ideas que son el antecedente de su presencia en la sierra central peruana. En gran medida esta edición cumple ese objetivo, y ese es su principal mérito.

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