El llamado “Escudo Huanca”

[Visto: 12146 veces]

Escudo Usurpado

Por: Carlos H. Hurtado Ames

La ciudad y la provincia de Huancayo en la sierra central del Perú, ha asumido de manera oficial, desde hace no mucho tiempo, un escudo de armas, el mismo que se le denomina como “Escudo Huanca”. Si bien se trata de una circunstancia que principalmente obedece a intereses políticos, el hecho es parte de un proceso más amplio y que debe ser mirado con cuidado.

En este pequeño ensayo me interesa discutir, en principio, la validez histórica del mismo escudo como símbolo de un proceso y que resume o aglutina una cierta identidad. En segunda instancia quiero resaltar, a través de este caso, un hecho característico a ciertos espacios regionales como el que ahora nos ocupa, y es la readaptación, acomodamiento o incluso invención del pasado en función de las necesidades presentes.

Historia de un escudo

La historia del escudo que ahora nos ocupa, se remonta al siglo XVI, cuando el 18 de marzo de 1564, el rey Felipe II, mediante Real Cédula, concedió un Escudo de Armas a don Felipe Guacrapaucar, noble indígena de la principal familia curacal del repartimiento de Lurin Huanca durante el periodo colonial.

Este escudo se le concedió como uno de los tantos privilegios que dio el Rey Felipe II al mencionado don Felipe, quien había viajado a España solicitando mercedes en virtud de los servicios que, afirmaba, habían brindado los curacas de los tres repartimientos del valle de Jauja, Hanan Huanca, Lurin Huanca y Hatun Xauxa, en diferentes momentos a los españoles, durante los primeros años de la conquista. Para demostrar ello, el curaca llevó consigo unos Memoriales e Informaciones donde se detallaban estos servicios con precisión matemática, ya que eran transcripciones de quipus. Estos Memoriales e Informaciones, fueron publicados en 1971 por Waldemar Espinoza Soriano (“Los huancas aliados de la conquista”), quien a la vez les hizo un amplio estudio introductorio donde planteó su conocida tesis de que el grupo étnico que generaliza como “huancas”, se habrían aliado con los españoles para la destrucción del Tahuantinsuyo (sobre este punto volveré más adelante).

Ahora bien, el caso del escudo para el curaca de Lurin Huanca no es el único ni mucho menos. Desde un principio la Corona reconoció la nobleza indígena y procuró reproducir dentro de la república de indios una sociedad jerarquizada acorde a la visión estamental del mundo medieval y moderno. Para ello mantuvo ciertos privilegios y atributos tradicionales de la sociedad indígena siempre que no fuesen contrarios al rey, ni al cristianismo, y otorgó también nuevos privilegios propios de la tradición occidental. El concepto de nobleza en España estaba asociado al ideal de guerrero, quien luchaba en defensa de la religión, de su rey y de los más débiles. La nobleza se adquiría por linaje, mérito o sabiduría. A los indígenas se les reconoció su linaje antiguo, pero quizás más importante fue la concesión de nuevos privilegios con base en sus méritos. Desde fechas tempranas se concedieron numerosos escudos de armas, blasones distintivos de la nobleza. Este privilegio fue dado a aquellos naturales que acompañaron y colaboraron con los españoles en la conquista, pacificación y evangelización de otros pueblos.

El blasón era privativo de un linaje y servía para identificar a la persona y su condición, por lo cual estos emblemas no solo se llevaban en la casaca, sino que se esculpían en las casas o se reproducían en cualquier objeto personal. Esto debió ser el caso del escudo de los Guacrapaucar y fue como se pudo haber transmitido hasta que fue registrado en el siglo XIX.

De esta manera, la Real Cédula donde se le concedía el Escudo de Armas a don Felipe Guacrapaucar, inicialmente fue publicada por el español Paz y Melia en 1892 en su trabajo Nobiliario de Conquistadores de Indias. Paz y Melia, fue también el primero en haber coloreado y dibujado el Escudo, de acuerdo a las instrucciones dadas en la Real Cédula, el mismo que fue incluido en su citado trabajo. En 1925, Rómulo Cúneo Vidal volvió a publicar la Real Cédula, aunque aparentemente desconocía la publicación de Paz y Melia. Finalmente, difusión amplia en nuestro medio, le dio Waldemar Espinoza, en su citado trabajo.

Precisamente ha sido Espinoza Soriano, quien ha identificado el escudo de armas de don Felipe Guacrapaucar como escudo Huanca: “¡Un escudo de armas para Felipe Guacrapaucar y para la saya de Lurinhuanca! Pero nosotros, en realidad, consideramos el Escudo de toda la Nación huanca porque allí está bien resumida y brillantemente representada la alianza y la confederación hispano-huanca”; sobre este concepto, Espinoza Soriano adjudica una serie de interpretaciones a los figurines del Escudo, según el cual se resume lo que él denomina como alianza: el broquel representaría al escudo de cuero con que los huancas defendieron con sus cuerpos en su lucha contra los Incas de Quito y Cusco. La porra significa el arma poderosa con la que los huancas defendieron a los españoles. Las tres cabezas pertenecen a los tres orejones cusqueños que fueron muertos en las batallas contra Manco Inca. El color verde significa la más pura fidelidad profesada por los huancas a los Españoles. El castillo de plata perenniza la confederación con el Reino de Castilla. El brazo desnudo no es más que uno de los miles de brazos huancas que arrojaron armas a diestra y siniestra contra los enemigos de los aliados. Y finalmente, los jaguares en pleno salto y pelea representa el enfrentamiento valiente y decisivo de los huancas contra los enemigos del Rey: Quisquis, Manco Inca, Almagro el Mozo, Gonzalo Pizarro y Hernández Girón.

Al menos está claro que la interpretación de Espinoza es más cercana al dominio de la fantasía y la ficción que a la objetividad histórica.

La mitificación de la historia

En este mismo texto (que fue publicado con el nombre de La Destrucción del Imperio de los Incas (1973 y otras ediciones más) y es la base de buena parte de Enciclopedia Departamental de Junín (1973) del mismo autor), Espinoza Soriano realizó, además, una serie de afirmaciones que han sido asumidas a pie juntillas en la región desde esa época hasta la actualidad. Entre ellas, la más importantes, por las repercusiones que tuvo en la manera de pensar la historia o el proceso histórico en la región a partir de ese momento, es el hecho considerar la existencia de un solo grupo étnico, en este caso los huancas, que tendrían unidad cultural y política traducida en un reino, el “reino huanca”, cuya capital habría sido, afirma, Siquillapucara o Siqllapampa (Tunanmarca) y que abarcó el territorio que comprende las actuales provincias de Huancayo, Chupaca, Concepción y Jauja.

Sin embargo, casi todas las evidencias que hay tanto en el plano arqueológico, lingüístico, antropológico e histórico, llevan a refutar categóricamente estas afirmaciones. No hay ninguna señal de la existencia de este “reino” fuera de la cabeza de Espinoza Soriano. Las fuentes hablan más bien de diversos grupos étnicos en constante pugna, entre los que destacan los Xauxa y los Huanca, que es el origen de una cierta dicotomía que hasta ahora existe y que es posible de ser percibida en diferencias dialectales de la variante del quechua que existió en el valle y de muchas formas de comportamiento social. En muchos sentidos, lo “huanca” tal como lo postuló Espinoza Soriano y como lo entienden la mayoría de huancaínos no existe (por ejemplo baste con decir que ningún jaujino se siente “huanca”). Por lo mismo, desde esta perspectiva, la misma categoría de “Escudo Huanca” es una falacia.

Pero este es solo una arista del asunto. La tesis de alianza hispano huanca es también muy discutible. Además del aspecto ya señalado en el párrafo anterior, el problema de la interpretación de Espinoza Soriano reside en que ignora en su trabajo la norma redistributiva que era la característica de los grupos integrados al Tahuantinsuyo de los Incas. Es decir, la pauta que normaba las relaciones de éste con los grupos étnicos. De acuerdo a esto, si los curacas del valle de Jauja pusieron a disposición de los españoles cierta cantidad de gente y mantenimientos, es porque esperaban a cambio una situación similar a la mantenida durante el Tahuantinsuyo: la condición de mediador entre la gente y el nuevo poder.

Lo que hasta aquí vengo señalando es una evidencia de lo mucho que hay por investigar sobre el proceso histórico de la región, y que muchas de las ideas que se tienen por ciertas no lo son. Más bien se trata de situaciones que se han ido repitiendo a lo largo de unas tres décadas aproximadamente, pero sin someterlas a ningún tipo de análisis ni revisión crítica. Esto ha repercutido en la necesidad de una construcción de una memoria histórica que tienen ciertos espacios en la región y que se traducen en la perfecta adecuación de los postulados de Espinoza Soriano y que se traducen en la frase “Construyendo el futuro de la nación Huanca” o en el mismo hecho de la transformación del escudo de los Guacrapáucar de Lurin Huanca a un “Escudo de la nación Huanca”.

La invención del pasado

El presentismo actual en el que vivimos tiende a despreciar el pasado y el futuro, y vive enfocado en el presente. Sin embargo, la importancia y el peso del pasado esta presente en todos los aspectos de nuestras vidas. Esto aún es más importante en el plano de las colectividades que necesitan de la reafirmación de un pasado para reafirmar una cierta identidad.

Como he tratado de mostrar en estas breves líneas, el llamado “escudo Huanca” es básicamente una invención y una apropiación y es un símbolo que, estrictamente hablando, no le corresponde a la ciudad ni la provincia de Huancayo. Sin embargo, este asunto debe ser resuelto entre los mismos huancaínos, lógicamente. Lo importante en todo caso, es que no prime la politiquería barata que lo impuso como símbolo de la provincia, sino una correcta lectura de la historia

Este último aspecto es de suma importancia de resaltarlo. Hay una gran responsabilidad cuando se habla del pasado. En resumidas cuentas, pienso que la historia que quiere construir Huancayo, y en la cual basa su identidad y legitimidad, no tiene fundamentos reales y esta llena de mitos e irrealidades, que no hacen otra cosa que crear sentimientos de chauvinismo y revancha, extremadamente peligrosos en un contexto como el que ahora vivimos.

En efecto, hay una urgencia por saber lo que hemos sido, y por lo tanto de lo que somos. Esto no sólo es privativo de Huancayo o Jauja, es una realidad presente en muchos espacios regionales no sólo del Perú. La correcta lectura de la historia que mencionamos líneas arriba solo puede establecerse con fundamentos sólidos basados en la investigación rigurosa y objetiva. Esta sería la tarea pendiente. (Ciudad de México, junio del 2008)

Puntuación: 4.42 / Votos: 39

9 pensamientos en “El llamado “Escudo Huanca”

  1. Guillermo

    se hizo una alianza entre los huancas y los españoles contra los incas, eso no cabe la menor duda, el problema es que el problema persiste hasta la actualidad, pues no se ha visto una integracion real ente los huancainos y los cuzqueños, vemos el caso de la ultima huelga que hicieron los cuzqueños en el 2008, en rechazo a dos leyes que consideraban atentar contra el patrimonio nacional, el alcalde de Huancayo ofrecio al gobierno ser sede del ALCA, en lugar del Cusco

    Responder
  2. Luis Tarazona Alvino

    No es nuevo que el consenso ha sido y es un aspecto débil en nuestra sociedad.
    Es una sandia cegadez de parte de Waldemar Espinoza emitir un juicio de valor respecto a un "escudo huanca", cuando habían intereses de privilegios, recursos, blazones; entre grupos diferentes.

    Responder
  3. Angel Cárdenas Lagones

    Trato de entender en la actualidad la razón de tan buscada y anhelada identidad Huanca, que tanto nos prodigaron en las Aulas universitarias, pues no cabe duda que nuestra memoria y conciencia aún no puede procesar el pasado e inconcientemente tratamos de remorar lo ya vivido intentando pensar en la grandiosidad de nuestros antepasados quizas por que nos sentimos un tanto disconformes o quizas apabullados por nuestra historia que hasta la fecha no logra cuajar, nos resistimos a creer que nuestros ancestros conformaron un pueblo pequeño arrasado y conquistado por los incas (hecho histórico innegable)y pues quizas Espinoza Soriano en su afan de engrandecer y franca necesidad de admiración nos conto una historia fantástica haciéndonos creer en la existencia de una Gran Nación Huanca. Sin embargo los rezagos históricos son contundentes si tenemos en siquillapucara al mejor exponente urbano-arquitectónico de aquellos tiempos no podemos mas que darnos cuenta de la sencillez primaria de su arquitectura y por tanto de su importancia histórica aún más sabiendo que toda la población conquistada fue trasladada a Chachapoyas por orden de Pachacutec, por tanto los Huancas a la llegada de los españoles eran unos cuantos grupos disgregados que no debieron influir en demasia en la victoria de los Españoles sobre los Incas. Sin embargo no puedo decir lo mismo sobre la fuerza y potencia cultural actual, en música, danza y comida, ésta es tal que su influencia se puede notar a nivel nacional. Por tanto pienso yo que la identidad huanca esta en formación y nosotros somos los protagonistas de ésta história, con nuestro santiago estilizado, nuestro huaylarsh moderno, nuestra chicha escuchada en las mejores discotecas del país, debemos sentirnos orgullosos y entender que somos los verdaderos forjadores de esta identidad que dejamos para nuestros hijos. Por tanto sugiero tener nuestro pasado como un referente más no como un paradigma a seguir por el contrario debemos valorar nuestra actualidad cultural y partir de lo que somos ahora y proyectar al futuro ésta verdadera identidad que amalgama, procesa y concentra toda esta variedad en una sola, pues al fin y al cabo nosotros somos el resumen cultural de todo lo existido. Sintamonos orgullosos de lo que somos y seamos responsables de lo que haremos pues nosotros iremos transformando nuestra identidad.

    Responder
  4. FRANKLIN SOVERO H.

    PARA MI NO HAY XAUSAS, SINO HUANCAS
    Y LOS HUANCAS ERAN LOS NATIVOS DE JAUJA.
    DE POR SI, EL NOMBRE DE XAUXA YA ES ESPAÑOL
    PARTAMOS DE ALLÍ, PARA HABLAR DE ACUERDO AL TIEMPO Y LA HISTORIA.
    LO QUE YO RESCATO ES QUE LOS HUANCAS HAN SIDO GENTE ORIGINARIA DEL VALLE DEL MANTARO ASENTADA EN LA HOY JAUJA. PORQUE EL PUEBLO DE HUANCAYO ES RECIENTE, PO LO QUE ES LÓGICO QUE LURIN HUANCA ES RECIENTE.

    Responder
  5. Aldo Milla Apoalaya

    Aquí el amigo Hurtado peca de soberbio y desubicado, sabemos que en la historia post historicista, cuentan las pruebas y él no refuta la tesis de Espinoza, con ninguna fuente documentaria , -excepto-, sus propias palabras, el protocolo de la distinción nobiliaria hispana del cinquecento, supone asignar méritos a los servicios prestados a la corona española y la sumisión a dicho poder, de por lo menos tres décadas, sino miren las heráldicas reconocidas a los otros sesenta y picos ‘caciques’. La estructura de poder hispánica, cuando asignó tal reconocimiento, comportó por extensión a la Guaranga en cuestión, súbditos del curaca, por el sistema de vasallaje. El escudo en sí mismo, testimonia la acción bélica de masas, no dice que sean las cabezas de los orejones Quizquiz, Atahualpa ó Manco Inca, por ejemplo. El Lurin Huanca abarcó parte importante de la provincia de Huancayo, ciertamente hoy por hoy el nobilis hispánico y en general el europeo, ha quedado confinado al individuo, tal como erróneamente arguye Hurtado. Espero publique mi opinión cordialmente discrepante.

    Responder
    1. Hernán Martinez G.

      Si manifiestas que el historiador Carlos Hurtado peca de soberbio y desubicado por lo que escribes que no presenta pruebas, entonces también Waldemar Espinoza peca de lo mismo porque tampoco presenta pruebas mas alla de su afán de querer convencer que existió una “Nación Huanca” y nada mas alejado de la verdad ya que antes de que los habitantes del valle de el mantaro fuese conquistado por los incas del Tahuantinsuyo existian únicamente asentamientos básicos o sea pobladores que vivian en un lugar y sin siquiera un jefe y solo cuando guerreaban habia una asamblea de ancianos que los guiaba, terminado el conflicto se disolvia la asamblea. Todo ello fue explicado en una conferencia del reconocido arqueólogo Juan Domingo Mogrovejo quién tal como lo manifestó “Hubiese deseado decir que existió una nación huanca o tan siquiera un pueblo constituido”, pero por los estudios por él realizados dan como resultado lo que manifestó, agregó además que identifica una frontera ó lindero que básicamente es linguistico y esta pasa por lo que hoy es Ataura. También manifestó que después de la frontera linguistica hubo un asentamiento en lo que hoy es Orcotuna y luego de ello el asentamiento del actual Huancayo. Los Xauxas llevaban una vincha roja que los distinguia y los Huancas vincha negra por todo ello y por la calidad y prestigio del arquepólogo Mogrovejo se desprende que jamás existió una “Nación Huanca” mas allá de las fantasias de Waldemar Espinoza.

      Responder
  6. CARLOS PAUCAR

    EL VALLE DEL MANTARO ESTUVO POBLADA POR HUANCAS XAUXAS Y TARUMAS O TARAMAS Y EN LA MESETA DE BOMBON ESTABAN LOSM PUMPUS O PUMPUCH POBLADORES DE CERRO DE PASCO ENTRE ESTOS CUATRO REINOS NO HABIA MUCHAS GUERRAS PORQE ESTABAN CONFEDERADOS COMPARTIAN UNA CULTURA CASI SIMILAR PERO EN LENGUA Y RELIGION VARIABAN SINO FIJEMOSNOS HOY EN DIA LA VARIEDAD DEL RUNASIMI ENTRE HUANCAYO JAUJA Y CERRO DE PASCO LA VARIEDAD DIALECTAL ENTRE ESTOS REINOS

    Responder
  7. Alexis Fierro

    Siempre apasiona la historia, más aún cuando genera dudas y controversia. Considero que las taras del ayer de xauxas y huancas debería ser superado, pues esta era nos obliga a ser una sola identidad para dar afrontar los problemas que afectan al Valle de Mantaro.

    Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *