JAUJA Y LA GRANDEZA DE UNA MONEDA DEL AÑO 1910

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Sello de la moneda de 20 centavos

Darío Núñez Sovero

Jauja siempre ha estado en la primera plana de la atención nacional. Lo prueban hechos notables como la participación de nuestro pueblo en la guerra con Chile en el que los jaujinos de la mano del brujo de los Andes, don Andrés Avelino Cáceres, pusimos en aprietos al invasor chileno. Antes nuestra participación había sido importante en la Batalla de Miraflores y ahora poco la participación de jaujinos en los conflictos contra el Ecuador son claros indicadores de las luchas que se han librado en la historia y han puesto el nombre de Jauja en el pináculo de la atención y la gratitud nacional. Héroes como Alejo Martínez Lira, Alipio Ponce e Hilario Valladares Zegarra tuvieron desempeños descollantes en la independencia nacional, la guerra con Ecuador y la guerra del Cenepa respectivamente. Son hitos de orgullo que muy pocos pueblos pueden exhibir.

Lo anterior viene a pie juntillas por cuanto el año 1910, en pleno gobierno de Augusto B. Leguía y estando la patria en proceso de recuperación de las infaustas consecuencias de la Guerra del Pacífico, se acuñó una moneda de 20 centavos a nombre de nuestra Municipalidad de Jauja como un “Óbolo a la Patria de la provincia de Jauja” por la adquisición del crucero Bolognesi.

¿Habráse visto mayor honor para una provincia como la nuestra en el largo proceso de reconstrucción nacional? Lo dudo. Lo que si es cierto es que fueron nuestros mayores quienes estuvieron presentes en el referido proceso. Por tal motivo, es necesario precisar que tan importante fue para nuestro país adquirir el Crucero Bolognesi después de la Guerra del Pacífico, y su importancia en ese entonces.

El 16 de enero de 1881, cuando era inminente el ingreso de los chilenos a Lima, se ordenó destruir las defensas del Callao y hundir los pocos buques peruanos que quedaban para que no cayeran en poder del enemigo. Es así que después de la Guerra del Pacífico, el Perú no tenía buques de guerra. En la reconstrucción del país, el Estado se encontraba en una profunda crisis económica, por lo que don Nicolás de Piérola (1895-1899) dotó al país de una sólida moneda: la libra de oro peruana, de idéntico valor que la libra esterlina.

En 1904, poco después de asumir la jefatura del Estado, José Pardo apoyó las actividades de la Junta Patriótica, integrada por las personalidades más representativas del país, que se abocó intensamente a la tarea de organizar una gran colecta nacional para comprar dos buques de guerra que devolvieran al Perú su presencia en el mar. Las ciudades más importantes del país, entre ellas Jauja, en un gesto histórico y patriótico, se unieron para lograr esta meta, más aún, cuando se sufría las secuelas de la posguerra, era doblemente valioso cualquier aporte a favor del país.

El presidente Pardo, a su vez, obtuvo de un Banco Alemán un préstamo de 600 000 libras de oro peruanas. El paso siguiente fue designar una misión naval a cuya cabeza estuvo el contralmirante Melitón Carvajal -héroe de Angamos- que contrató con los astilleros británicos Vickers Sons & Maxim, para que construya dos buques (Coronel Bolognesi y Almirante Grau), casi iguales, del tipo llamado “explorador”, similares a los ‘scout’ ingleses, desplazaban 3.200 toneladas y eran muy veloces, ya que podían desarrollar 24 nudos. Su armamento era poderoso y ambas unidades contaban con luz eléctrica y telegrafía inalámbrica.

A pesar que su llegada estaba prevista para 28 de julio de 1907, fue el histórico 10 de agosto de ese año que los cruceros Almirante Grau y Coronel Bolognesi estuvieron en el Callao. Tal como lo relata el Historiador Héctor López Martínez, la emoción patriótica fue indescriptible. El puerto estaba iluminado con miles de focos eléctricos. Lima, literalmente, quedó despoblada. Las manifestaciones de patriotismo fueron multitudinarias y emotivas en todo el país. Hombres, mujeres y niños de toda condición social enronquecían vivando al Perú y a su Marina de Guerra.

Cara de la moneda
Cara de la moneda

La explicación que encontramos en este hecho enaltecedor es que Jauja siempre, en la historia, ha gozado de una fama de solvencia y respetabilidad. Esa Jauja boyante que heredamos es la misma que necesita se le devuelva tal status de magnificencia. Los que continuamos estamos en el deber de lograrlo, por ello no debemos desmayar.

Fuente de datos históricos: Historiador Héctor López Martínez
Fotos: Martín Valenzuela Gave

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