La ciudad sanatorio

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Los tísicos y la tuberculosis en la historia de Jauja

Hospital Domingo Olavegoya
Carlos H. Hurtado Ames

Hasta mediados del siglo XX, Jauja tuvo una característica que la diferenció de las demás ciudades aledañas en la sierra central del Perú. Debido a las bondades de su clima, fue un lugar de sanación de la tuberculosis, uno de los grandes males de ese tiempo, llegando incluso a establecerse un Sanatorio en la ciudad misma desde 1921.

Efectivamente, Jauja tuvo fama de ser un lugar de sanación, lo que puede rastrearse desde la colonia. Por ejemplo, hacia 1639 el padre Bernabé Cobo señala que: “[…] su temple es tan sano y regalado, que muchos van a esta ciudad a cobrar salud y convalecer en aquel valle”. Ya en la segunda mitad del siglo XIX, Manuel Pardo, en un texto que escribió como resultado de una estadía en la ciudad a consecuencia, precisamente, de la mentada enfermedad, menciona que: “Jauja es el antídoto de la tisis, es el único temperamento de la superficie del globo que posee tan valiosa virtud”. El futuro presidente y fundador de Civilismo en el Perú, reclamaba, además, la construcción de una ciudad sanitaria, lo que recién se daría en la segunda década del siguiente siglo. Estos testimonios que, ciertamente, podrían multiplicarse entre finales del siglo XIX y principios del XX, dan cuenta de la importancia que tuvo Jauja en la curación de esta enfermedad.

Ahora, desde finales del siglo XIX se generaliza la idea en la comunidad médica limeña de la necesidad de los sanatorios para el tratamiento de los tuberculosos, lo que era parte de la idea muy aceptada de la cura de reposo en las sierras, basada en el descanso y la buena alimentación. En el caso peruano, el lugar en el que se pensó desde un inicio fue Jauja, posiblemente en atención a los antecedentes de su clima, ya señalados. Sin embargo, la construcción del Sanatorio, a pesar de la real disposición que había para tal fin, tuvo que esperar hasta la segunda década del siglo XX, y tener como motor de gestación una donación testamentaria, en este caso la del ciudadano Domingo Olavegoya. El Sanatorio comenzaría a funcionar en Jauja en 1921, cuando se inauguraron los pabellones y se trasladaron pacientes y médicos que llegaron de la capital de la República. Una vez que se estableció el Sanatorio en la ciudad, comenzaría lo que algunos autores denominan como su periodo de auge, el mismo que comprendería desde su inauguración, en 1921, hasta el descubrimiento de las vacunas que tratarían con éxito la mortal enfermedad (la estreptomicina) a mediados del siglo XX. Durante este periodo llegarían a Jauja gente de muchas latitudes, cuya cantidad está aún por determinarse, con el propósito principal de sanarse. Si bien, como ya hemos señalado anteriormente, la presencia de tísicos en la zona data desde tiempos coloniales, las evidencias nos inducen a pensar que es en la etapa del auge del Sanatorio que su número se dinamiza. De esta manera, en una nota de El Porvenir del 22 de enero de 1920, el alcalde pidió que Jauja sea beneficiada con el proyecto de saneamiento de ciudades al gobierno de ese entonces, debido a que “[…] muchos habitantes de Lima, de otras provincias y del extranjero van a la ciudad para restablecer su salud por el clima apropiado para curar la tuberculosis”.

Diego Armus, un historiador de la salud en América Latina, observa que la tuberculosis engranaba una serie de elementos, que van desde aspectos culturales hasta políticos más insospechados; es decir, sirvió para hablar de muchas cosas. Para el caso que aquí interesa, y siguiendo las ideas de este mismo autor, se puede decir que la tuberculosis como tema médico penetró la sociedad y la cultura, y fue un recurso discursivo presente en la literatura, el periodismo, el ensayo político y sociológico. Precisamente, es en la literatura donde se da uno de los reflejos más claros de la presencia de los enfermos de tisis en Jauja. De esta manera, dos autores que padecieron la enfermedad dejaron testimonio de su paso por Jauja y por el Sanatorio; uno de ellos es Carlos Parra del Riego con Sanatorio (1938), y el otro Pedro del Pino Fajardo con Sanatorio al Desnudo (1941).

La situación presentada es definitoria y concluyente para lo que aquí se trabaja, ya que por tal motivo llegarían a la ciudad personas de diversas latitudes que, en muchos sentidos, se hicieron parte de la geografía social y dejaron una huella en su desarrollo histórico y cultural. Nuestro punto de vista es que muchos de los aspectos que tienen que ver con determinados procesos históricos, sociales y culturales en Jauja, están en estrecha relación con la presencia de los tísicos. Como lo han mostrado los relatos que ha dejado varios autores jaujinos sobre ello, -siendo los más notables los de Pedro Monge-, éstos convivían con los habitantes de la ciudad en muchos aspectos.

Es inobjetable que a la ciudad llegaron muchas personas de otras latitudes con el fin de curarse de la tuberculosis. A Jauja llegaban no sólo gentes de Lima sino también de Europa. Según Edgardo Rivera Martínez, un viajero francés cuenta que hacia 1875 encontró en esta ciudad una pequeña sociedad cultivada, conformada tanto por la clase media del lugar como por los extranjeros asentados allí. A manera de ejemplo, este mismo autor, señala que los curas encargados de la parroquia de Jauja eran franceses, quienes a la vez le enseñaron su idioma a él en sus años párvulos, lo que nos habla de la particular atmósfera que se vivía en la ciudad. La fuerte presencia de extranjeros en el pasado, incluso, se puede rastrear en la actualidad, mediante la existencia de diversos apellidos de las más distintas latitudes. En el caso de los japoneses, por citar un ejemplo, entre los años de 1909 a 1942, había algo de sesenta familias, de los que actualmente quedan un promedio de seis. En el cementerio de Jauja se encuentran los restos de 370 japoneses, siendo la tumba más antigua de 1915. Esta situación da idea de que se trataba de una ciudad bastante cosmopolita. Al menos Manuel Baquerizo, un ensayista de la cultura del valle del Mantaro, encuentra que hacia la segunda década del siglo XX, Jauja era una de las ciudades más cosmopolitas del Perú, incluso más que Lima en ese momento.

Lo mostrado hasta aquí permite afirmar que Jauja tenía una personalidad cultural que se definía por la influencia de varias vertientes, patentizada en la presencia de personas de diversas latitudes llegadas a Jauja por motivos que se han destacado en el presente artículo. El hecho debe destacarse, debido a que estamos inmersos en una realidad urbana y, sobre todo, andina. Esta personalidad se reflejará en varios aspectos, en particular en la producción intelectual de sus escritores, lo que sería parte de un análisis independiente del aquí realizado.

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Gracias Leonor Álvarez-Calderón Olavegoya

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2 pensamientos en “La ciudad sanatorio

  1. Darío A. Núñez

    Saludos a Carlos Hurtado por este sesudo post y, válgome de la ocasión para sugerir a los lectores a leer "País de Jauja" de Edgardo Rivera Martínez donde encontraremos la versión más lúcida del cosmopolitismo jaujino de la primera parte del siglo XX; y "Sanatorio" de Carlos Parra del Riego (hermano de Juan, el afamado autor de "Polirritmos") donde se encontrará con un dramático relato de la vida de los enfermos que llegaban a Jauja con la esperanza de la sanación de la TBC y la alegría de los curados que alentaban a los recién llegados para su pronta recuperación, pese a la (siempre y crónica) modorra de la burocracia hospitalaria.

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