Archivo por meses: Diciembre 2009

Concurso de Cuentos Navideños ‘Sursum Corda’


La agrupación cultural Tunanmarka, se proyecta a realizar el 2010, un Concurso de Cuentos Navideños, cuya temática es la Navidad en Jauja. Los mejores cuentos seleccionados serán editados en un libro, para regalárselo, como un legado literario, a todos los niños de Jauja. Espero poder publicar más adelante las bases de este concurso; sin embargo, desde ya, me emociona esta noble iniciativa. Mi felicitación a los organizadores y me anotaré para participar con un cuento.

De otro lado, la última semana no actualice el blog por cuestiones propias de fin de año (académicas y laborales). Por consiguiente, pido disculpas a los lectores por esta grave e inevitable negligencia, que no volverá a ocurrir, al menos de lo que queda del 2009.

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APORTES DE LA COMUNIDAD JAPONESA AL DESARROLLO DE JAUJA

Japoneses jaujinos en la Laguna de Paca
Histórica foto que recuerda la visita del Embajador de Japón a Jauja hacia los años 60. Se aprecian de izquierda a derecha: Los tres primeros son visitantes, siguen don Víctor Hiroshi Kanashiro, Joaquín Kanashiro, Shimabukuro, Eduardo Onuma, Antonio Iseki, la autoridad local de ese tiempo, el Embajador de Japón, Benito Araki, Nobuo Taniguchi, Masao Miura, José Fukushima, esposos Tabuchi, visitante e Hiroshi Kato (parados). Visitante, Makino Umemoto, Fernando Toichi Taira, visitante, Ricardo Otzuka, Chinen, Pedro Onaka y Murakami (hincados).

Darío A. Núñez Sovero

El gran y desaparecido humorista peruano Sofocleto en una de sus columnas célebres llamada Frases para la Histeria solía decir que los japoneses tienen un déficit de sueño porque tienen atrasado por siglos su vida onírica, aludiendo a los ojos rasgados que tienen. Durante la primera mitad del siglo XX una pujante y numerosa comunidad nipona llegó a Jauja con las ansias de una realización personal insospechadas. Vinieron sin más equipaje que un caudal de ansiedades, o como diría el poeta “cargando sus locas esperanzas”. Llegaron desde lejanos lugares del Japón como Okinawa, Hiroshima, Yokohama, etc., para darle a nuestra tierra una vida más que febril y dinámica. Y, para alegría nuestra su paso por la historia de Jauja ha sido más que satisfactoria. Por nuestra parte y siempre hospitalaria y haciendo alusión a su denominación de la muy noble ciudad de Jauja hubo una receptación de amplia prodigalidad y un rico proceso de mestizaje que han dejado huellas memorables en nuestro devenir.

La importancia de este proceso migratorio radica, entre otros aspectos, en que sólo en los últimos cuarenta años tres alcaldes niseis han dirigido los destinos de nuestra provincia. Los memoriosos recuerdan la gestión muy provechosa de don Juan Makoto Higuchi Imamura a quién, entre sus numerosas obras, debemos que numerosas calles de Jauja fueran pavimentadas. Tiempo después un japonés como Pedro Onaka Ichiroshi, fuera el responsable de continuar la obra de su anterior paisano y hacia 1987, José Iseki Koitabashi, sería el encargado de concluir esta triada dirigencial de nuestro pueblo, habiendo descollado en la culminación de numerosas obras como la Antena Retrasmisora de Tv, la Vía de Evitamiento y otras que sería largo enumerar. Pero lo mas destacado de estas gestiones eran, por un lado, que no percibían remuneración alguna por su labor siendo íntegramente ad honorem, y, por otro, que fueron gestiones de una absoluta transparencia, no habiendo recibido cuestionamiento alguno al manejo económico, situación que en este tiempo de corrupción generalizada es difícil concebir.

Cuando llegó este grupo poblacional a Jauja, la vida de nuestra ciudad cambió radicalmente. El valor del trabajo se consolidó y enseñoreó en nuestra economía y muy pronto muchos ciudadanos japoneses empezaron a demostrar que con tesón y constancia se podía avanzar. Tanto que casi en todas las actividades económicas tuvieron un rol descollante. Es de recordar que fue don Genaro Higuchi quién abrió el campo de la fabricación de bebidas gaseosas con la emblemática Inka Kola que dio trabajo a decenas de trabajadores jaujinos. Su hermano Fortunato sería paralelamente un hombre destacado de la panadería y desde esta actividad proyectaría entonces el mundo de los panetones Higuchi que hizo las delicias de los paladares jaujinos en navidades de antaño. Hoy, esta familia, está afincada en Lima dedicada a los caballos de carrera en el Hipódromo Monterrico. En paralelo a don Genaro, Pedro Onaka, abriría más tarde la fábrica de aguas gaseosas Inti. En el campo agrícola, como si fuera ayer, recuerdo nítidamente cómo don Antonio Iseki trasladaba a bordo de su viejo camión a peones hasta sus campos de cultivo para desempeñar faenas de los que obtenía grandes cosechas (¿sabrán nuestros paisanos que el Barrio San Antonio de Jauja fue denominado así en recuerdo a este venerable patricio japonés?). Como para demostrar que no todo lo que brilla era oro, muchos japoneses a su arribo tuvieron que pasar difíciles momentos, algunos de sus paisanos recuerdan cómo Makino Umemoto y un tal Kawamura tuvieron que vender tamales y panes en la estación del ferrocarril a fin de agenciarse de recursos para sobrevivir.

A pesar de ello, en el rubro de los bazares cómo no recordar a las familias Kato, Kanashiro y Miyahira, la primera de las cuales todavía resiste la seducción de la emigración, pues que sepa los últimos volvieron a su tierra de origen. Las mejores pulperías y tiendas de abarrotes eran de japoneses: es de recordar en este rubro a los hermanos Chinen, a la familia Yamamoto, a los Taira y en especial a quién inició el trabajo como un gran mayorista luego de revertir su indigencia: don Makino Umemoto. La tienda que expendía cueros y suelas estaba bajo la propiedad de la familia Higa y los mejores restaurantes de Jauja estaban bajo la responsabilidad de los Nakamura, Araki , Miura y Nakasone, las fotografías de los hermanos José y Ricardo Otzuka eran visibles frente al Cine Colonial, y en cuanto a hoteles cómo no recordar al Hotel “Los Angeles” de don Joaquín Kanashiro en el Jr. Junín. En el deporte, es de destacar el concurso de Luis Sato como asistente de Akira Kato en la preparación de la selección nacional de Vóley que dio tantos lauros al país; pero, además, hubo algo que no supimos aprovechar: el japonés Zoko Nakachi (siempre callado y meditabundo) era cinturón negro de Karate y quería a como dé lugar poner una academia para enseñar a la juventud jaujina el arte de la defensa personal, murió en Jauja sin contar con el apoyo que buscaba.

Zoko Nakachi

Zoko Nakachi, llegó a Jauja muy joven y vivió ahí hasta su muerte. No pudo consolidar la idea de consolidar una academia de karate, cuando no había ninguna en el Perú, dada su condición de cinturón negro

La actividad de la comunidad japonesa les permitió incursionar en todos los órdenes de la vida de nuestra Jauja: la familia Onuma fabricaba caramelos; en el ámbito del folklores es de recordar la participación de un nisei, nacido en Jauja, que cantaba huaynos en la vieja carpa de la avenida Bolívar en el Porvenir-Lima llamado Makino Tori donde al lado de Juan Bolívar destacaba nítidamente con su poncho y pañuelo jaujinos, mas adelante César Ichikawa se encargaría de pasear su voz por el mundo como vocalista de los afamados Dolton’s (a este respecto, José Kato nos dice que, César nació en la 5ta cuadra del Jr. Grau donde ahora funciona el local de la Beneficencia). En el campo del arte pictórico, Jauja tiene su representante nisei y él se llama Oswaldo Higuchi Onaka quién ha hecho exposiciones en el país, Norteamérica y Europa, siendo reconocido como un artista plástico notable. En el campo profesional tenemos que mencionar al Dr. Tabuchi quién actualmente es un destacado médico del Hospital del Niño en Lima y a la fenecida Dra. Rosa Kanashiro, quien fuera una destacada Presidenta del INABIF. Ni qué decir del bazar de la familia Onaka donde se encontraban trajes típicos en épocas de carnavales o las peluquerías de Makino en el jirón Grau o la relojería de Fukushima (todavía recuerdo las memorables noches que pasábamos en el Doria donde don José daba magistrales demostraciones de billar a tres bandas haciendo “voladas” hasta el cansancio) y la joyería de Nobuo Taniguchi en el Jirón Grau (único japonés que tenía a su servicio a una bellísima geisha). Recuerdo que, en épocas de carnavales, don Fernando Nakasone era asiduo derribador de montes en los barrios de Jauja, así como después lo haría su hijo Yoshío, lo que demuestra la rápida compenetración de esta comunidad con nuestra rica cultura. También hay que mencionar que, en el ámbito de las gestiones, descendientes de ellos han posibilitado grandes obras en Jauja como, por ejemplo, la realizada por doña Lucía Yamamoto Horita gracias a cuyo entusiasmo se adquirió el terreno donde actualmente se ha construido el Coliseo del Colegio “San José” de Jauja, cuando desempeñó el cargo de Presidenta de la Asociación de Padres de Familia . De esta misma familia, años después, tendríamos al Reverendo Padre José Chuquillanqui Yamamoto, quién actualmente despliega generoso y reconocido trabajo en pro de la comunidad de Manchay en Lima, habiendo transformado a una comunidad pobre en un poblado lleno de progreso y esperanza.

La comunidad japonesa residente en Jauja, anualmente, se reunía para celebrar el onomástico del Emperador Hiroito de Japón, así como también hacían sus reuniones campestres para celebrar el advenimiento del Año Nuevo, especialmente en los parajes de Huertas; tenían además un local social “El Nisei” donde actualmente está la sede del Colegio San Agustín y, no olvidemos, el famoso Parque Chino era de ellos, el mismo que luego fuera cedido para que funcione el Instituto Superior Pedagógico “Pedro Monge” (al parecer este desprendimiento es usual en la colonia japonesa, amigos míos me comentaban que en Huanta el pueblo vive agradecido con la familia Hiraoka la que ha donado su casa para que en ella funcionen oficinas públicas). ¡Qué rica actividad cívica de esta comunidad japonesa en la vida de Jauja!.

Es posible que en el desarrollo de este post haya olvidado el valioso aporte de muchos otros distinguidos ciudadanos provenientes del país del sol naciente que llegaron a Jauja para dejar una imborrable huella de bienestar y progreso. Sobre esto expreso, en primer lugar, mis disculpas, pues es una omisión involuntaria. En todo caso estoy refiriendo aquello que he visto y de lo cual me felicito, pues en muchas ocasiones tuve la suerte de alternar con muchos de los mencionados. Recientemente, el gobierno, pidió perdón, a nombre de la nación, a la comunidad afroperuana por la marginalidad en que vivió en el pasado, pienso que este es el momento en que Jauja, vía sus entidades políticas y sociales, debe reconocer y premiar el esfuerzo y aporte de la comunidad japonesa al progreso y desarrollo de Jauja. No importa que muchos ellos ya no estén (más de trescientos japoneses descansan sus restos en nuestro Cementerio General), lo que importa es que su paso por nuestra historia ha sido muy provechoso y útil.

Jauja, diciembre de 2009.

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La Noche Jaujina


La Noche Jaujina

NOTA DE PRENSA

Incentivando la recuperación del Patrimonio Material e Inmaterial de Jauja

Proyecto Jauja Monumental presenta:
“La Noche Jaujina”

Velada poética musical será con la participación de reconocidos artistas de la Provincia de Jauja.

El Proyecto Jauja Monumental en coordinación con URBANI Restaurant Turístico alistan la NOCHE JAUJINA, este 18 de diciembre a partir de las 05:30 pm. en el Jr. Junín 430 con motivo de reflexión y de rescate del Patrimonio Cultural que mantiene la Primera Capital Histórica del Perú.

Este evento se desarrollará con la participación de reconocidos poetas de Jauja, como Gerardo García Rosales, Luis Suarez Galarza, Henoch Loayza, Ovidio Salinas y el joven Marx Espinoza. En la parte musical se contará con el repertorio de los ex integrantes del inmortalizado Trío Los Xauxas, Edith Cáceres y Lucho Castro; así como también la presentación del recordado guitarrista Jorge Castilla y el cantautor Zósimo Solís.

La Noche Jaujina tendrá un matiz excepcional con la participación de jóvenes artistas de Jauja en esta velada cultural. Esta actividad tiene como finalidad sensibilizar y movilizar a la población de Jauja dentro de la zona Monumental a fin de captar su interés en las tareas de participación ciudadana, además de dar a conocer la creativa literaria y musical de personajes ligados a la cultura de Jauja.

Jauja, diciembre de 2009

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Edgardo Rivera Martínez


El Jaujino Universal es, hoy en día, uno de los mejores escritores latinoamericanos

Edgardo Rivera Martínez

El laureado jaujino es uno de los más renombrados escritores de la Literatura contemporánea. Sus obras han sido recibidas con beneplácito por la crítica literaria, siendo País de Jauja, la novela con la que alcanzó una audiencia nacional e internacional.

Edgardo Rivera Martínez nació en Jauja el 28 de septiembre de 1933, hijo de Hildebrando y María. Sus estudios primarios los realizó en la Escuela “Nuestra Señora del Carmen”, habiendo iniciado su carrera literaria a muy temprana edad, cuando cursaba la educación secundaria en el Colegio San José de Jauja (1946-1950), instruido por los intelectuales jaujinos Pedro S. Monge y Miguel Martínez Saravia, quienes lo estimularon para que años después se convierta en un connotado escritor.

De las aulas jaujinas pasó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (1952), en cuya Facultad de Letras cursó la especialidad de Literatura. Se inició en la docencia en 1956, habiendo obtenido una beca mediante la cual pudo ampliar su formación en la Universidad de París (1957-1959) y en la de Perugia. A su regreso, optó el grado de Doctor en Literatura (1960), a mérito de la tesis sobre El paisaje en la poesía de César Vallejo y Referencias al Perú en la literatura de viajes europea de los siglos XVI, XVII y XVIII, respectivamente.

Cumplió nuevos períodos de perfeccionamiento en Francia (1964 y 1967). Nuevamente en Perú, publicó Imagen de Jauja (1967), en el que analiza los trabajos de los cronistas, historiadores y viajeros que la visitaron entre 1534 y 1880. Fue reincorporado a la enseñanza en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (1971) y eventualmente atendió al International Writing Program, en la U. de Iowa (1975).

En 1982, ganó el primer premio del Concurso Nacional del Cuento de las Mil Palabras, con un jurado integrado, entre otros, por Mario Vargas Llosa y Julio Ramón Ribeyro, y de la que resultó vencedor con el cuento “El ángel de Ocongate”. También ha sido profesor en Darmouth (EE.UU.) en 1988 y en Tours y Caen (Francia) en 1990.

En 1993, publicó su magistral novela “País de Jauja”, la misma que fue finalista del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos. Al respecto: Francoise Aubes de la Universidad de París, ha dicho que País de Jauja es una: “novela faro de este fin de siglo literario, novela de la felicidad, de la utopía feliz de un Perú mestizo y que reinserta el mundo andino en la cultura universal”.

Al año siguiente, además de seguir escribiendo otras obras, fue premiado por su destacada participación en el primer Premio Pegaso de Literatura para Latinoamérica, realizado en Colombia. Asimismo, recibió la Beca Guggenhelm Foundation para la creación Literaria, en 1997.

En 1999, su obra “País de Jauja”, fue considerada, de acuerdo con una encuesta publicada por la revista Debate, como la novela más importante de la década de 1990 en la Literatura Peruana. En dicha encuesta participaron los mejores críticos literarios de nuestro medio.

Desde el año 2000, es miembro de la Academia Peruana de la Lengua. Dicho ente agrupa actualmente a los 27 académicos más importantes del Perú, expertos en el uso del idioma español, entre los que destacan Luis Jaime Cisneros, Martha Hildebrandt, Mario Vargas Llosa, Fernando de Szyszlo, etc.

Para mí, es un orgullo ser paisano de Edgardo Rivera Martínez, su obra ha servido para resaltar el nombre de la Primera Capital del Perú, Jauja, en todos los lugares del Perú y del mundo. Conocido como el “Jaujino universal”, nombrado así en un emotivo homenaje que le realizó la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, es uno de los mejores escritores de Latinoamérica. De los diversos homenajes que recibió, destaca que César Ferreira e Ismael Márquez hayan editado un volumen de homenaje al escritor reuniendo estudios de importantes narradores y estudiosos: De lo andino a lo universal. La obra de Edgardo Rivera Martínez (Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 1999).

El 03 de mayo de 2013, la Casa de la Literatura Peruana inauguró la exposición “Edgardo Rivera Martínez: una literatura andina de amarus, unicornios y ángeles”, con la que se rindió tributo por sus ochenta años a este destacado escritor jaujino.

Muchas gracias Edgardo Rivera Martínez, Jauja siempre te estará agradecida por haberla tenido como temática central de tus obras. Tu reconocimiento a nivel mundial es un justo premio a tan fructífera labor literaria. Mi sincero homenaje para tu persona, a través de este humilde blog.

Obras
– El unicornio (1963)
– Imagen de Jauja (1967)
– El Visitante (1974)
– Azurita (1978)
– Enunciación (1978)
– Hombres, paisajes, ciudades (1981)
– Historia de Cifar y de Camilo (1981)
– Angel de Ocongate (1982)
– Casa de Jauja (1985)
– Ángel de Ocongate y otros cuentos (1986)
– País de Jauja (1993)
– A la hora de la tarde y de los juegos (1996)
– Libro del amor y las profecías (1999)
– Ciudad de fuego (2000)
– Danzantes de la noche y de la muerte y otros cuentos (2006)
– Diario de Santa María (2008)

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¿Qué nos sucede? ¿Hasta cuándo?

Edgardo Rivera
Camilo Espinoza Beas

Hace muy poco, para ser exactos, el tres y cuatro de diciembre de este año, se realizó el Coloquio Internacional “Julio Ramón Ribeyro: La palabra del mudo”, en el Centro de Estudios Literarios Antonio Cornejo Polar. Lima.

Hubo muchos asistentes, muchos de ellos muy conocedores del tema. Yo me sentía, como un postulante a universidad, muy nervioso entre españoles, italianos y doctores en lingüística y literatura, muchos de la PUCP, de la UNMSM y de la Universidad de Texas en Austin. Pero de ninguna manera disminuido, porque yo tenía el respaldo de Edgardo y su País de Jauja, quiero de decir, que si alguien me preguntará por algo, y no supiera la respuesta, inmediata diría pero: “Leíste País de Jauja”, eso sería mi coraza.

Pero sucedió lo pensado e impensado. Cuando comenzó la Conferencia Magistral: “La memoria de las palabras. Escritura autobiográfica en JRR y la narrativa de los ´50”, en el desarrollo de la misma comentó, uno de los conferencistas sobre la influencia de JRR en escritores como (ERM) Edgardo Rivera Martínez (y yo agrego lo siguiente JRR 1929, ERM 1933, MVLL 1936, ABE 1939) dijo: “País de Jauja, es una de la novelas mejor desarrolladas, donde el arte, el amor y el sentimiento se ven reflejados, muchos de nosotros lo tomamos para sustento de tesis”.

El conferencista señaló: “Resulta importante para el conocimiento y desarrollo de la literatura peruana contemporánea, entre tantas otras obras, destacar País de Jauja.

Yo me acerqué, luego de su ponencia, a saludarlo y el muy cortés me atendió. Le dije que era de Jauja y una especie de caballero templario de País Esperanza, el esbozo una sonrisa y me dijo: “Ustedes tienen un gran escritor, consérvenlo, admírenlo y sobretodo léanlo”. Yo quedé agradecido por sus palabras. Y me dije: “Cómo es que otra personas admiran y valoran a Edgardo, y esperan en algún momento darle la mano y conversar. Y nosotros, los jaujinos, que a veces lo tenemos en Jauja, caminando por la calle Junín, por Bolognesi, por San Martin, ni siquiera sabemos ¿Quién es? Y ni siquiera leemos País de Jauja o A la hora de la tarde y de los juegos, entre otras creaciones”.

Siento que si no lo rescatamos será como: Los chilenos que nos quitan todo, es decir, en algún momento los huancaínos dirán que Edgardo es huancaíno, e intentaran apropiarse como lo hacen con la laguna de Paca, en sus guías turísticas.

Por tal motivo: con Sergio, autor del blog, planeamos promover el primer concurso de ensayo “Sobre Edgardo Rivera Martínez y País de Jauja”. Esperando su auspicio, su interés y sobre todo su participación, que de alguna manera será un reconocimiento a nuestro Edgardo y su País de Jauja, contamos con ustedes.

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Ese febrero de carnavales

Cortamonte en Jauja
Camilo Espinoza Beas

El día se inicio con el estallido de los cohetes característicos que avisan que la traída empieza, ese sábado de febrero, febrero de carnavales. Día del cual muchos se levantaban con el deseo de acudir a tan cortés invitación de parte de los padrinos. Otros acuden después de una jornada de fiesta sin haber cerrado los ojos, con poca energía y con el pensamiento que tan suculenta patasca los pondrá nuevamente en lucha para continuar con la fiesta de carnavales.

Manuel, de doce años, hijo de María, y hermano mayor de Teresita de apenas dos años, vive en pobreza, en una casita de barro muy cerca del cementerio de Jauja, y su ilusión y sus oídos no son ajenos a los estallidos de los cohetes. Él como muchos se cree con derecho de asistir, porque se considera del barrio de La Libertad, como parte de la comitiva que traerá el árbol. Aunque no cuenta con ushcata, ni con sombrero y menos con la invitación que lo acredite como parte del “selecto” grupo que estará en el camión, él no pierde las esperanzas y tan pronto como se viste, se dirige a la casa de uno de los padrinos, casa que ya tiene ubicada, y que espera también le inviten un “suculento plato de patasca” tal como dice en las tarjetas de invitación. Él se sentiría afortunado que también le invitasen dos platos más de patasca una para su mamá y otra para Teresita su hermanita.

Su buena fortuna y su presencia solo le alcanzan para tomar una taza de café y un pan de huevo. Pan que sin embargo no come porque piensa en su hermanita. Y qué decir del shajteo, Manuel se cree con tanto derecho de estar en el almuerzo, pero siendo niño no es iluso, y sabe que ni de a vainas le llegará un plato de comida, y él piensa: “Eso es solo para los que tienen manta y sombrero, y para los que vienen de Lima.” No hace mayor drama y se sienta muy cerca adonde (ribera del rio Yacus) los invitados y cuellos, se divierten jugando con harina, desperdiciando harina que para Manuel y su familia significarían muchos panqueques, acompañados de café. Contempla como después de regar tanta harina, todos los invitados son seleccionados para almorzar. Hacen un ruedo y todos comen sin parar, pidiendo: “otro platito por favor porque está muy rico”. Manuel se siente tentado a comer el pan de huevo que guarda para su hermanita, pero antes hace un intento por agenciarse algo de comida y se acerca a una de las madrinas y le dice: “Señora, le ayudo a recoger los platos sucios y me dan un platito”, esta señora muy distinguida acepta, pero no cumple con su parte del trato y solo le dan algunas papas con ají. “Algo es algo, peor es nada”, piensa Manuel.

Él acompaña, a los bailantes, primero, muy cerca a la orquesta y luego cerca a esas mujeres y hombres que gritan eufóricos, que denotan que son los padrinos y están sumamente contentos de gastar su dinero, pero que sin embargo incumplieron su trato con él, y siendo Jauja una cuna de abogados, Manuel, no podrá contar con uno a fin de emplazar y pedir que le cumplan con dar ese “exquisito plato de shajteo con presa de cuy”, tal como dice en la tarjeta.

El sábado se oscurece, y Manuel no se puede quedar a ver como terminan los asistentes a la traída, aunque sabe, que muchos terminan, durmiendo, peleando, llorando, riendo, bebiendo y besándose (en algunos casos, aunque no necesariamente con la esposa o la novia).

La ilusión de Manuel sobre las fiestas de carnaval, radican especialmente en el día del cortamonte. Porque sabe que al momento de cortar los árboles, él aprovechará en recoger la mayor cantidad de regalos y demás cosas que los padrinos cuelgan de los árboles para demostrar que uno tiene más dinero que otro.

Manuel desde la tres de la tarde, del día martes de febrero, febrero de carnavales, carnavales del barrio La Libertad, La Libertas de los jóvenes, contempla los cuatro árboles y los juguetes y demás cosas que hay en cada uno. Él ya tiene seleccionado que es lo que obtendrá, aunque sabe que habrá una dura lucha, porque como él muchos niños pobres acuden en busca de un regalo. Algunos para cambiarlos por comida, otros buscan obtener los regalos, como es el caso de Manuel, para llevárselos a su hermanita. Que en sus dos años de vida el único regalo que obtuvo fue una muñeca sin una pierna, y a la que de tanto peinar, terminó con una calvicie prematura, aun así su muñequita forma parte de la familia.

Manuel sabe que la forma de conseguir los regalos, que cuelgan de los árboles, es luchar contra viento y marea, contra otros niños, cuando los árboles caen, arriesgando su propia integridad, arriesgando su vida. Sabe que debe tener cuidado, porque María la madre, le advirtió que si algo le pasa, ella no podría atenderlo, no podría pagar las medicinas porque solo les alcanza para comer, y comer solo una vez al día. Y no se pueden dar el lujo de enfermarse. Manuel ante las palabras y posición de su madre, las entiende pero el deseo de ver a su hermanita con unos regalos, lo lleva a mantener su posición de conseguirlos como a de lugar.

Manuel sabe, que los árboles al caer pueden cambiar de rumbo. Pero aun así, el seguirá con su plan, nada lo detendrá. Tiene un jebe, de color rojo, cruzado en el cuerpo que le ayudará a defenderse de los abusivos que intentasen quitarle lo que logre atrapar, que por derecho ya le pertenece. Ha practicado algunas patadas de karate viendo a Jackie Chang, en el televisor de un señor que vende abarrotes en la plaza Santa Isabel. Plaza que pertenece al barrio La Libertad, y del cual él sabe que es parte, que esa es su zona, asi que él se desplaza con seguridad y pertenencia por todas esas calles que muy pronto estarán llenas de parejas de bailantes, algunos bailantes más elegantes que otros, más sincronizados que otros, pero en fin bailan tantos que uno ya no distingue quien hace un papelón.

Cae el primer árbol, Manuel, temeroso e intrépido a la vez, logra obtener una panera de color azul y una jarra del mismo color, regalos que guarda debajo de su vieja chompa para luego dárselas a guardar a su mamá que está muy cerca y a la vez excluida de la fiesta.

Manuel sabe que en los siguientes arboles hay mejores regalos y está a la expectativa, rodeando los arboles, rodeando los regalos.

En un momento logra ver a aquella madrina que incumplió con el trato, muy alegre y muy elegante y con el cabello teñido, danzando con una copa en una mano y en la otra una hacha cuidadosamente adornada, pero eso ya no le importa, su nueva tarea es estar vigilante a la caída de los arboles, y hacia donde corre el viento, porque sabe que el viento es traidor.

Siete de la noche, él como otros niños esperan los regalos, y sucede, cae uno de los árboles que por casualidad golpea a otro y este también cae, los niños ante la caída de los dos árboles se desesperan por conseguir los regalos, algunos de ellos están sorprendidos porque nadie se esperaba tal situación. La banda de música ensordece a todos los presentes, Manuel se desespera y no consigue atrapar nada, no se lo esperaba, se sintió muy triste y decepcionado con el mismo, ¿Ahora que le llevaré a mi hermanita, tendré que esperar al otro año? Se preguntó, y ante tanto desorden por saber quiénes serían los nuevos padrinos, la madrina que incumplió el trato, se le acercó y le entregó una manta. Manuel, en ese momento supo que sí pertenecía al barrio La Libertad, ya no importaba la patasca o el shajteo que no comió. Miró a la señora con ojos de agradecimiento eterno y corrió a buscar a su mamá.

Y éste le dijo: “Mira mami ¡ya tengo manta! Me falta sólo el sombrero para ir a la traída del próximo año”. María, lo abrazó.

Lima, diciembre 2009

Foto: Enviada por Carmen Cáceres Mayor (q.e.p.d.)

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