Archivo por meses: agosto 2021

¿Cómo redactar párrafos que describen procesos?

Una de las prácticas recurrentes de la experiencia de los estudiantes que inician su vida universitaria es la redacción de diversos trabajos académicos, los cuales se caracterizan por la precisión y claridad en la información compartida. La formación universitaria no se caracteriza solamente por la adquisición de contenidos, sino, sobre todo, involucra la enculturación de los estudiantes para construir, discutir y comunicar el conocimiento (Navarro 2014: 29). Por ello, como parte de sus actividades cotidianas, ellos se involucran en los procesos de lectura, comprensión de textos y redacción, entre otros. Con relación a la producción textual, esta puede tratarse de textos breves, extensos, con contenido diverso, y estructura o características particulares. No obstante, todos siguen el mismo objetivo: transmitir la información producto de una investigación realizada, pues allí radica el interés académico.

En la medida en que los estudiantes se encuentran en un proceso de enculturación de las prácticas académicas vinculadas a la lectura y escritura científica, su nivel de dominio es diverso y, a veces, se pueden encontrar con información que no saben cómo comunicar. Este hecho puede ocurrir, por ejemplo, cuando deben explicar el desarrollo de un proceso o la descripción de fases de un determinado evento. El poco dominio de recursos discursivos pueden producir un texto confuso, por lo que se debe cuidar que el mensaje sea claro y preciso. Para ello, las oraciones deben estar organizadas de forma coherente y cohesiva, aspectos indispensables e inseparables en un párrafo. Esto se desprende de lo señalado por Aranda y Díaz: “La cohesión es la manifestación de la coherencia y ocurre al interior del texto como un conjunto de enlaces intratextuales para establecer relaciones semánticas que necesita un texto para construirse como unidad de significación” (2017: 239). Por esta razón, se debe seleccionar adecuadamente  los conectores discursivos que vincularán las ideas del párrafo.

Para redactar secuencias, se plantean las siguientes recomendaciones. Primero, se requiere el uso de conectores discursivos temporales, pues indican una transición entre dos eventos ocurridos en diferentes momentos (primero, después, luego, paralelamente, por último, finalmente…). Luego de integrarlos al texto, tiene que comprobar que el texto, en su totalidad, represente el orden de eventos o acciones que se desee describir. En segundo lugar, se debe constatar que los verbos señalen el tiempo de la narración de la secuencia y guarden concordancia. Según Aranda y Díaz, el tiempo que predomina en este tipo de información suele ser el pretérito perfecto, ya que permite expresar acciones que comenzaron y ya finalizaron, es decir, que ocurrieron en un espacio temporal delimitado (2017: 240). Sin embargo, el uso del presente también es posible. Entonces, el uso de nexos discursivos de temporalidad junto a determinadas estructuras verbales plasmará la información con una noción de secuencialidad para el lector. En los ejemplos siguientes, se han usado negritas y cursiva para enfatizar lo señalado.

Ejemplo 1. Las fases de la redacción

(texto adaptado de Gatty y Wiesse)

La redacción de un texto coherente requiere, de forma indispensable, de un proceso intelectual compuesto de varias fases o etapas. La primera de ellas  es la intelección. Esta consiste en la fijación y el conocimiento del tema por redactar. La segunda es la invención. Esta fase se caracteriza por el acopio de proposiciones o ideas relativas al tema. La tercera es la disposición. En esta, se enfatiza el ordenamiento lógico de las mencionadas proposiciones. Por último, la etapa final corresponde con la elocución. Esta involucra y abarca por completo la elaboración lingüística del texto. 

 

Ejemplo 2. La configuración de Battery Management System (BMS)

(texto adaptado de Sacoto)

Antes y durante la competencia del Fórmula Student 2017, se pudo comprobar y analizar el comportamiento de la batería. No obstante, antes de ello, se realizó la configuración de su sistema. Primero, se configuró el voltaje de las celdas. Este valor sirve al BMS para calcular el SOC y SOH de la batería. Luego, se seleccionó el tipo y número de celdas. En nuestro caso, se eligió solo una celda. Después, se realizó la habilitación de los sensores de corriente tanto del cargador como del auxiliar que porta la batería de alto voltaje en su interior. Paralelamente a este paso, se enceraron ambos sensores. Seguidamente, se programaron los valores de voltaje y corriente durante la carga y descarga. Si la batería no se encuentra funcionando dentro de estos valores, el BMS permanece en modo de fallo hasta que se solucione el problema. La siguiente acción realizada fue la estructuración del balanceo de las celdas con un voltaje igual o con mínima diferencia entre ellas de 50 mV. Para finalizar, se verificó que los valores de comunicación del BMS fueran los establecidos en el manual del fabricante con el objetivo de que tenga compatibilidad directa con la mayoría de computadoras. 

Por otro lado, los estudiantes también requieren redactar información de procesos de forma óptima, pues, en la investigación académica, es usual redactar este tipo de relaciones. En ese sentido lo han señalado Gatti y Wiesse: “En muchos textos científicos, se emplean las relaciones de causalidad para concatenar las distintas proposiciones. Ciertas proposiciones funcionan como causas; otras, como efectos. Algunas veces, una explicación científica consiste en una serie o una cadena de causas y efectos”. (1993: 81). Por esa razón, se enfatizará en dos recomendaciones principales para la redacción de este tipo de información. La primera se relaciona con la necesidad del uso de gráficos para establecer con claridad las variables involucradas en el proceso: diagrama de ishikawa, árbol causal, cadena causal, entre otros. Estos permiten identificar y singularizar cada factor si hubiera más de uno; interrelacionarlos y establecerlos en el orden de ocurrencia en el tiempo. Esta actividad es parte de la planificación previa a la redacción, por lo que cumple un rol crucial en la proyección de las ideas del texto. Así, diversos autores proponen el planteamiento de cadenas causales que recojan las singularidades de los procesos, tal como se muestran en los gráficos 1, 2 y 3.

Gráfico 1

Gráfico 2

Gráfico 3

El planteamiento de ideas en un esquema permite que en el texto se pueda representar con claridad las relaciones de causa y efecto, pues la organización y redacción de ideas se realiza en función del esquema. Adicionalmente, es necesario señalar qué recursos permitirán plasmar estas ideas de forma debida. Al respecto, Gatti y Wiesse (2020) proponen el uso de los nexos causales (porque, puesto que, como, supuesto que, de que, ya que, por razón de que…) y consecutivos (a causa de, por tanto, de tal manera, en consecuencia, de tal modo que, entonces…). Asimismo, los verbos y las frases que contienen carga semántica “de consecuencia” también son adecuadas para plantear este tipo de relaciones. Entonces, cuando se tenga establecida la relación entre dos elementos de la cadena causal, se deben construir oraciones a partir de dos eslabones (causa y consecuencia). Los ejemplos siguientes representan oraciones con estas características señaladas:

  • La cianuración provoca la disolución selectiva los metales preciosos. 
  • La contaminación por la minería es causada es causada por el contacto de metales como el arsénico, el cobre, el oro, la plata y el zinc con el agua
  • El fenómeno climático, denominado Tania, se produjo por el choque de una masa de aire frío en altura con el aire caliente de la superficie.

Finalmente, se debe tener en cuenta que los recursos discursivos permiten a los redactores expresar las ideas en el sentido que deseen, pero el dominio de estos siempre se potenciará gracias a la práctica constante. ¡Cuando redactes fases, procesos o secuencias sigue las recomendaciones planteadas!

Bibliografía

ARANDA, Gonzalo y Carmen DÍAZ 
2017 “La presencia de elementos de conexión y de progresión temporal en narraciones escritas: una mirada a la realidad escolar nacional”. Onomázein. Revista de lingüística, filología y traducción. Santiago de Chile, 2017, número 38,  pp. 233-262. Consulta: 29 de mayo de 2020. 

http://onomazein.letras.uc.cl/Articulos/N38/38_5-Aranda.pdf

CHUQUIMARCA, Santiago y Kevin SUIN 
2017 Diseño y desarrollo de una batería de alto voltaje para un vehículo de competencia tipo Formula SAE eléctrico. Trabajo de titulación previo a la obtención del título de Ingeniero Mecánico Automotriz. Cuenca: Universidad Politécnica Salesiana Ciudad, Carrea de Ingeniería Mecánica. Consulta: 29 de mayo de 2020. 

http://dspace.ups.edu.ec/handle/123456789/14908

GATTI, Carlos y Jorge WIESSE
1993 Técnicas de lectura y redacción: lenguaje científico y académico. 1 edición. Lima: Universidad del Pacífico. Consulta: 29 de mayo de 2020.

https://repositorio.up.edu.pe/bitstream/handle/11354/1623/AE7.pdf?sequence=1

NAVARRO, Federico (coordinador)
2018 Manual de escritura para carreras de humanidades. 1 edición. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Consulta: 29 de mayo de 2020. 

http://publicaciones.filo.uba.ar/sites/publicaciones.filo.uba.ar/files/Manual%20de%20escritura%20para%20carreras%20de%20humanidades_interactivo.pdf

Elaborado por Sonia Valdez.

La imagen ha sido tomada de https://www.freepik.es/foto-gratis/estudiante-que-estudia-lluvia-ideas-analying-campus-concept_2760716.htm#page=1&query=estudiantes&position=18

Vocalizar, entonar, pausar y regular el volumen en las exposiciones

Los recursos orales están presentes constantemente en los mensajes que escuchamos en nuestro día a día, por ejemplo, en un podcast seguido por las mañanas o el video de nuestro youtuber favorito. Si prestamos atención, se puede notar que, en estos contextos virtuales, al igual que en los presenciales, se busca emitir mensajes que logren establecer un vínculo emotivo con el público.  Esto no solo se logra con el contenido mismo del discurso, sino con la aplicación de una serie de técnicas que permiten modular la herramienta más importante en este tipo de contextos: la voz. 

La voz, como ya se mencionó, será nuestro principal canal para transmitir mensajes orales. Consiste en la vibración que se emite desde el interior a partir de la respiración y el movimiento de las cuerdas vocales. Para producirla, sin embargo, se pone en marcha todo el sistema fónico. En la siguiente imagen, se puede apreciar el ciclo de movimiento que se producen en las cuerdas o pliegues vocales, y que permiten la emisión de la voz a partir de la expulsión del aire. 

 

Figura 1. Mecanismo del ciclo de producción vocal (Vilaseca 2008)

Como se puede observar, la voz depende de una serie de factores corporales que permiten su emisión. Estos aspectos fisiológicos generan contrastes y variaciones en el sonido. De esta manera, la voz puede presentar diversas tonalidades: graves, agudas, bajas y altas. 

Sin embargo, la exposición de un discurso oral no solo implica el aspecto físico del mismo, sino también el emotivo. Esto significa que se debe tener en cuenta que la voz tendrá un efecto en quien la escucha. Es decir, la vibración que producimos transmite emociones a otras personas. Por ello, la voz también variará en relación con estos sentimientos. En consecuencia, el saber modular la voz permitirá establecer vínculos emocionales efectivos con la audiencia. En este artículo, revisaremos cuatro recursos orales imprescindibles para lograr este fin: el volumen, la vocalización, la entonación y las pausas.

Volumen 

Consiste en la fuerza con la que se expulsa el aire a través de las cuerdas vocales. Esta fuerza generará que el volumen de nuestra voz sea alto o bajo. Ello se origina a partir de la respiración, que es fundamental en la emisión de sonidos. 

La finalidad de dominar este recurso oral es transmitir mensajes de forma clara para una audiencia numerosa. Asimismo, la modulación del volumen se asocia con la seguridad del expositor. Por ejemplo, en la modalidad presencial, se debe proyectar la voz hasta el fondo del salón. En la modalidad virtual, en cambio, se tendría que evitar susurrar hacia el micrófono o que este no funcione óptimamente y reproduzca un sonido bajo.

Para modular de forma eficiente el volumen, se pueden practicar ejercicios de respiración. Estos permitirán empujar el diafragma y que la parte inferior de los pulmones se llene. De esta forma, se puede contener por mayor tiempo el aire en el cuerpo y se obtendrá mayor control sobre la voz (Estrada 2019:12). En la siguiente imagen, se observan dos formas en las que se realizan estos ejercicios. Podemos acostarnos boca arriba o sentarnos erguidos en una silla y colocar una mano sobre el estómago. A continuación, deberemos aspirar el aire y procurar que este se dirija hacia el abdomen. Así, sentiremos que esta área se expande. Posteriormente, al expirar, esta misma zona se contraerá, como se observa en la imagen. Podemos repetir este ejercicio varias veces hasta dominar este tipo de respiración. 

Figura 2. Ejercicios respiratorios (Fisiofine)

Vocalización 

La vocalización se regula mediante el movimiento de los músculos faciales, particularmente los relacionados a la cavidad bucal, al momento de emitir la voz. Este recurso oral es importante, pues permitirá que el público comprenda las palabras pronunciadas en el discurso. 

Se debe entender que la cavidad bucal funciona como una caja de resonancia. Esta variará de forma según los movimientos de nuestros músculos faciales. Estos impulsarán un cambio de posición de nuestras mejillas, paladar, lengua y dientes. Por tanto, el sonido que emitamos será también distinto si abrimos, cerramos o fruncimos nuestra boca.  

Ahora bien, existen algunos ejercicios que se pueden realizar antes de iniciar una exposición o discurso y que permitirán calentar los músculos faciales. Con ello, se logra una modulación del movimiento de esta área con más fluidez. En primer lugar, podemos “sonreír exageradamente de modo que estiremos hacia atrás nuestros músculos faciales, y luego cerrar nuestros labios hacia adelante como haciendo una u, estirando todo lo que podamos nuestros músculos hacia adelante” (Estrada 2019:13). También, “podemos abrir nuestra boca y estirar nuestros músculos faciales para relajar la zona por donde saldrá nuestra voz” (Estrada 2019:13). Todos estos ejercicios ayudan a fortalecer zonas que no suelen ser entrenadas usualmente. 

Entonación

Figura 3. Discurso oral público (de mentatdgt en Pexels)

También es importante ocuparse de la entonación. No cabe duda de que, en la oralidad, no hay solo un tono uniforme. Cuando se está feliz, se tiende a hablar con ánimo e ímpetu. El tono de la voz es alto principalmente y varía constantemente. Cuando se está triste, en cambio, el tono disminuye y se mantiene bajo. Así sucede con las diversas emociones que se experimentan. 

En el caso específico de los discursos orales sobre todo, cuando se trata de exposiciones, es fundamental este recurso específico. Debido a que no existen formas escritas de resaltar lo que se dice con la voz, se necesita usar variaciones en la entonación para que el discurso no solo sea fácil de comprender, sino también atrayente. Por esto, cabe preguntarse cuáles son los elementos orales específicos para no mantener un discurso monótono. 

El primer elemento es el de la inclusión de frases interrogativas y exclamativas. Así como, en los textos escritos, existen preguntas retóricas u oraciones exclamativas para despertar interés en el público. También pueden ser encontradas en el discurso oral. Por un lado, el hecho de preguntar, de vez en cuando, si es que el público tiene alguna información sobre el tema o si es que ha oído, en algún momento, sobre aquello de lo que se está exponiendo les permite a ambas partes quien expone y quien escucha crear una relación más estrecha de comunicación. De esta forma, el discurso puede ser comprendido de mejor manera e incentivar tanto a la participación como a la crítica por parte de las y los oyentes. Por otro lado, las oraciones exclamativas para añadir información interesante e importante, durante la exposición, también contribuyen a guiar el orden y el discurso sobre cómo debería ser comprendido. Al mencionar información interesante, por ejemplo, con exclamaciones, se puede resaltar la misma dentro del contexto del discurso completo. De esta manera, se puede diferenciar entre lo más saltante de la exposición y el resto de contenidos que aparecen en ella. 

El segundo elemento es entonar las palabras clave con mayor fuerza. Así como la información interesante, los términos clave también necesitan ser expresados de una manera distinta a otros contenidos de lo expuesto. Cuando se prepara una exposición, deben estructurarse las ideas de mayor relevancia para que luego puedan ser reproducidas en el discurso oral de manera clara, explícita y con un tono fuerte. Como resultado, la persona que expone podrá ser entendida sin problemas frente a su público. 

Pausas

Aparte de vocalizar claramente, tener un volumen alto de voz y entonar la información en relación con el contenido relatado, las pausas deben ser consideradas y reproducidas correctamente en el discurso para presentar una buena exposición. Las siguientes son algunas ventajas de emplear estratégicamente las pausas.

En primer lugar, las pausas pueden mostrar una función similar a la de los signos de puntuación en un texto escrito; es decir, contribuyen a ordenar la información. De esta manera, la audiencia puede entender, sin mucho esfuerzo, cuándo empiezan y cuándo acaban las diferentes secciones de la exposición. En este sentido, la cohesión de las ideas principales mediante las pausas favorecen la claridad y la comprensión completa de la exposición. 

En segundo lugar, ellas sirven para preparar la información más importante: las pausas antes de las palabra clave preparan al oyente para esperar los puntos centrales de la exposición. Con esta separación pausada entre la información de más relevancia y el resto, la audiencia sabrá reconocer las ideas principales y podrá guiarse ordenadamente a través de su contenido, debido a que podrá relacionar cada concepto clave con el resto de ideas de desarrollo que lo acompañan.

En tercer lugar, una buena exposición requiere de pausas porque permite que esta pueda estructurarse temporalmente. Las pausas facilitan que el discurso se reproduzca a una velocidad moderada. Por ejemplo, si la persona expositora incluye pausas cortas entre ideas secundarias y pausas de mayor duración para la separación entre las partes principales de su presentación, podrá calcular el tiempo completo que es adecuado para exponer. En función de cómo se ha desarrollado la exposición, las pausas servirán para pensar, dependiendo del tiempo restante, cuánta información y velocidad debe considerar para las partes que aún no han sido desarrolladas. De esa manera, podrá expresar la mayor cantidad de ideas principales de la mejor manera. Un discurso pausado y ordenado puede generar una comunicación más efectiva y rápida que uno veloz pero desorganizado.

En suma, la vocalización, el volumen, la entonación y las pausas son recursos orales de suma utilidad para realizar una buena exposición. En primer lugar, la vocalización facilita la comprensión oral de cada palabra del discurso. Con ella, se puede contribuir a la claridad de la exposición completa. En segundo lugar, el volumen, que debe mantenerse alto durante toda la presentación, permitirá llegar sin interferencias a la audiencia. En tal sentido, se prefiere mantener una fuerza de voz potente para que se oiga cada parte del discurso. En tercer lugar, la entonación contribuye a la separación clara entre las secciones de la exposición. Por medio de la misma, se resaltan precisamente las ideas más importantes e interesantes de la exposición. En cuarto lugar, las pausas ordenan la presentación en tanto que la segmentan y sirven para regular el tiempo de la misma. Con ellas, quien expone tendrá tiempo suficiente para organizar las ideas que continúen dentro del discurso y preparar las ideas más importantes. De esta manera, los cuatro recursos aquí mencionados constituyen características cruciales para una exposición clara, ordenada y que comunique eficazmente la información de su contenido.

Bibliografía

ESTRADA, Christian
2019 La voz en el aula: volumen, entonación, vocalización, ritmo y silencios. Colección Materiales de Apoyo a la Docencia N° 5. Instituto de Docencia Universitaria. Consulta: 31 de mayo de 2021.

https://idu.pucp.edu.pe/wp-content/uploads/2019/06/05-La-voz-en-el-aula-vf.pdf

FISIOFINE
2020 Ejercicios de fisioterapia respiratoria. Consulta: 31 de mayo de 2021.

https://fisiofine.com/ejercicios-fisioterapia-respiratoria/

MOLINA, Isabel
2014 “Entonación, intención y relevancia. La importancia de la entonación y su enseñanza en el aula de ELE. Algunas propuestas didácticas”. Marcoele. Revista de Didáctica ELE. 19. Consulta: 31 de mayo de 2021. 

https://marcoele.com/descargas/19/molina-entonacion.pdf

VILASECA GONZÁLEZ, Isabel
2008 “Videolaringoestroboscopia: Una técnica para visualizar las cuerdas vocales”. Estudios de fonética Experimental. 17, p. 418-32. Consulta: 31 de mayo de 2021. 

https://www.raco.cat/index.php/EFE/article/view/140081.

La tercera imagen ha sido tomada de https://www.pexels.com/es-es/foto/hombre-en-traje-chaqueta-de-pie-junto-a-la-pantalla-del-proyector-2173508.

Elaborado por Daniela Dolorier y Juan Osores.

¿Antes, durante y después de leer un texto académico? Recomendaciones para una lectura eficaz

Cuando nos enfrentamos por primera vez a la lectura de un texto académico, es común encontrarnos con una serie de dificultades. Quizá la principal sea no entender el texto leído. Esto, naturalmente, puede frustrar a los estudiantes e inclusive provocar cierto rechazo hacia la lectura. Esta publicación tiene como objetivo señalar algunas estrategias de lectura para comprender el contenido de los textos académicos, esto es, de los textos propios de la universidad.

Para empezar, debemos señalar que en el proceso de lectura pueden identificarse tres fases (la prelectura, la lectura y la poslectura) y que, en cada una de estas etapas, es recomendable realizar un conjunto de actividades.

  • En la fase de prelectura, el alumno suele encontrarse con el siguiente problema: la falta de motivación. Con la guía del profesor, el estudiante debe entender por qué y para qué leer el texto asignado en clase (Solé 2007). Esto le permitirá reconocer la importancia del texto en cuestión. Asimismo, para concentrarse en la lectura, es necesario que el estudiante disponga de un ambiente idóneo donde no se filtren sonidos externos o cualquier otro elemento distractor. Maira Solé, magíster en Planificación y Evaluación Educativa, apunta que “el entorno o espacio seleccionado para ejecutar la actividad de lectura es de gran importancia, [ya que] las comodidades mínimas que posea la institución educativa, tales como la ventilación, iluminación y mobiliario, van a garantizar el éxito estratégico de la lectura” (2007: 5). Dada la coyuntura actual, no podemos acceder a los espacios de estudio de la universidad, tales como las bibliotecas. Por tanto, resulta imprescindible identificar qué lugares de la casa y en qué momentos del día es preferible leer sin mayores contratiempos.
  • En la fase de lectura, la principal dificultad con la que se enfrenta el alumno es la incomprensión del texto leído a nivel léxico, sintáctico y de contenido semántico. Es decir, el estudiante tiene problemas para entender el significado de ciertas palabras, por ser muy técnicas, o porque la misma construcción oracional —la sintaxis— es compleja. Pensemos, por ejemplo, en las oraciones extensas y cargadas de conceptos hasta ese entonces desconocidos por el alumno. Estas dificultades pueden afectar y reducir la motivación conseguida en la anterior fase de lectura. Por consiguiente, es necesario aplicar estrategias de aprendizaje como el subrayado (o el resaltado) y el sumillado.
    • Subrayar o resaltar los conceptos e ideas claves durante la lectura le permitirá al alumno identificar y seleccionar la información más importante del texto. Esta capacidad de discernimiento se logrará con una lectura atenta y detenida. En el proceso, cuando el alumno desconozca el sentido de algunas palabras puede recurrir a un diccionario físico o virtual y, cuando se dificulte la comprensión de los enunciados, puede elaborar reformulaciones o parafraseos de ellos.
    • Además, es recomendable insertar preguntas o comentarios en los márgenes de las páginas del texto, a modo de anotaciones. De esta forma, el lector se vuelve activo: produce o construye conocimiento a partir del saber del otro (en este caso, del autor del texto). Tal como señala Josefina Peña, docente de la Escuela de Educación en la Universidad de los Andes, “al incorporar a sus conocimientos el significado obtenido de la lectura de un texto, el lector está modificando sus esquemas conceptuales, es decir, está ampliando la información preexistente y a la vez está preparándose para adquirir nueva información” (2000: 160). Esto permite entender al lector no como un recipiente vacío que deberá ser “llenado” por el conocimiento de otros, sino más bien se propone a un modelo de lector cuyos saberes o experiencias previas contribuyen a crear un conocimiento nuevo a partir de lo leído.
  • En la fase de poslectura, el principal inconveniente para el estudiante es no poder expresar, con sus propias palabras, el texto leído. Además de emplear las estrategias del subrayado y el sumillado, es necesario el uso de dos estrategias de lectura adicionales: el fichado (es decir, las fichas bibliográficas de resumen) y los organizadores gráficos (tales como los mapas conceptuales o los cuadros sinópticos). Emplear estos recursos permitirá que el alumno procese la información a partir de la selección y el resumen de las ideas principales del texto. El esfuerzo por recordar y resumir dichas ideas con sus propias palabras posibilitará que el estudiante interiorice el contenido del texto leído. Así pues, no se trata de memorizar o copiar y pegar información, sino más bien de formar un lector “eminentemente activo que asimila, organiza, procesa y utiliza la información que le ofrece el texto” (Peña 2000: 160).

En conclusión, el uso de este conjunto de estrategias de aprendizaje mejorará las competencias lectoras del estudiante. Asimismo, su empleo deberá ser constante, puesto que la capacidad de entender el contenido de un texto —al igual que el hábito de lectura— no se adquiere de forma inmediata. Se requiere tiempo, motivación y concentración.

Bibliografía

PEÑA, Josefina
2000 “Las estrategias de lectura: su utilización en el aula”. Educere. La Revista Venezolana de Educación. Mérida, volumen 4, número 11, pp. 159-163.
SOLÉ, Maira
2007 “Consideraciones didácticas para la aplicación de estrategias de lectura”. Revista Electrónica Actualidades Investigativas en Educación. Costa Rica, volumen 7, número 3, p. 1-15.

Elaborado por Sha Sha Gutiérrez.

 

¿Sabes qué es el lenguaje figurado y cómo se utiliza?

Cuando Aristóteles, en la Poética, se refiere a las «palabras raras» como palabras extrañas, metáforas y «todo lo que se aparta de lo usual» (Aristóteles 2020: 91), se refiere a la necesidad de que el discurso presente un enigma; es decir, es difícil de comprender con naturalidad a causa del uso de este tipo de palabras con significado no literal. Por tanto, se evidencia que existen dos tipos de construcciones: las normales y las raras o enigmáticas. Estas últimas son las que disrumpen el lenguaje cotidiano para introducir elementos que deben descifrarse para que el mensaje sea comprendido por los lectores. Varios siglos después, los estudios lingüísticos clasificaron el significado de los enunciados diferenciando el lenguaje denotado y el lenguaje connotado. Lo que Aristóteles denominó palabras raras o enigmáticas son analizadas como elementos que se incluyen en el lenguaje connotado, pero ¿qué expresa un enunciado formulado en lenguaje connotado?

En el análisis lingüístico se distinguen dos tipos de significados: el denotado y el connotado. El primero es el literal, aquel que no ha sido moldeado por figuras retóricas como la metáfora, por ejemplo. En contraste, el lenguaje figurado es ambiguo, pues se construye a partir del «doble sentido [que] corresponde a un destinador dividido, un destinatario dividido, además de una referencia dividida» (Jakobson 1984: 383). Con ello, Jakobson explica que, en el marco de la función poética del lenguaje, si bien se emplea un código común (el mensaje que se enuncie dependerá de la selección de palabras elegidas y de las combinaciones de esta) se establece un contexto de ambigüedad. No obstante, para que el enunciado sea comprendido, los elementos que intervienen en la comunicación, emisor y receptor, no solo deben manejar un mismo código, es decir, la misma lengua, dialecto o registro, sino «que es indispensable tener un conocimiento relacionado con las actitudes, los valores, las situaciones en las que los hablantes de una lengua pueden estar inmersos» (Fajardo 2013: 170). Por ejemplo, cuando se lee el cómic Mafalda, el lector debe reconocer que los enunciados son emitidos en códigos figurativos. En otras palabras, la interpretación de «poner los pies en la tierra» se aleja del significado literal, «pisar el suelo», para asumirse como «un regreso a la realidad». Este juego de palabras, que se corresponde con la creatividad del lenguaje, se emplea en los usos cotidianos para expresar un mensaje atractivo y singular. Ahora bien, ¿en qué tipo de textos se emplea este discurso?

Probablemente, no pocas personas responderían que la función poética del lenguaje pertenece, sobre todo, a los géneros literarios, es decir, a la poesía, al teatro y a la narrativa. Esta afirmación no es falsa; por el contrario, es fácil de ilustrar: los relatos La metamorfosis de Franz Kafka y Carta a una señorita en París de Julio Cortázar se estructuran a partir de metáforas. En La metamorfosis, Gregor Samsa se convierte en un monstruoso insecto y, desde su publicación en 1916, los lectores de Kafka se preguntan y conjeturan respecto al significado de esta transformación. Por ejemplo, cierta crítica la ha interpretado como un signo del individuo oprimido y alienado por las exigencias del patriarcado y el capitalismo, sistemas sociales que producen monstruosos insectos. En Carta a una señorita de París, el narrador vomita, en secreto e incontrolablemente, conejitos. Por lo general, ese impulso ominoso se ha descifrado como un símbolo de la locura que invade la psiquis subrepticiamente. Por lo demás, hojear un texto literario es toparse con lenguaje figurado. Verbigracia, en Las ruinas circulares de Jorge Luis Borges, se lee que soñar es “mucho más arduo que tejer una cuerda de arena o que amonedar el viento sin cara” (2018: 50).

Ahora bien, incurriría en una falsedad quien pensara que el lenguaje connotativo es exclusivo de los géneros literarios. Por el contrario, este atraviesa diferentes disciplinas y tipos textuales: desde el artículo periodístico hasta el científico. Esta publicación de blog contiene, por ejemplo, más de una metáfora. En la oración “hojear un texto literario es toparse con lenguaje figurado”, el verbo “toparse” le exige una interpretación al lector. Los ensayos filosóficos, también, abundan en metáforas: el famoso dictum nietzscheano “Dios ha muerto” ilustra cómo opera la retórica filosófica. Más aún, a pesar de que, desde el siglo XIX,  el lenguaje de los artículos científicos ha pretendido depurarse del lenguaje figurativo, aún, de vez en cuando, los científicos recurren a metáforas para expresar sus ideas. Por ejemplo, para manifestar su posición respecto al principio de incertidumbre de Werner Heisenberg, Albert Einstein manifestó: “Dios no juega a los dados”. Es decir, Einstein se oponía a la idea de Heisenberg de que, en el mundo microscópico, no se pudieran determinar simultáneamente ciertos pares de variables físicas, como la posición y la velocidad de una partícula. Según Heisenberg, mientras se sabe con mayor exactitud la posición de una partícula, menos se puede definir su velocidad. Es frecuente encontrar el dictum de Einstein en textos científicos y de divulgación que traten sobre Heisenberg.

En definitiva, el lenguaje figurado implica la transmisión de información en doble sentido, cuya comprensión depende del manejo pertinente de los códigos por parte del receptor. De ese modo, las combinaciones de palabras sugieren un significado oculto. Asimismo, es imperativo desdecir el lugar común de que la función poética del lenguaje pertenece exclusivamente a los géneros literarios. Por el contrario, autores de las más diversas disciplinas recurren al lenguaje connotativo, cuando ensayan los géneros más diversos. Incluso, los científicos, que, por lo común, en sus escritos, prefieren la precisión y la claridad por encima de cualquier ambigüedad rapsódica, se permiten, de vez en cuando, alguna imagen verbal.

 

Bibliografía

ARISTÓTELES
2020 Poética. Madrid: Alianza Editorial.
BORGES, Jorge Luis
2018 “Las ruinas circulares”. En: Ficciones. Bogotá: Debolsillo, pp. 44-56.
CORTÁZAR, Julio
2020 “Carta a una señorita en París”. En: Bestiario. Madrid: Alfaguara, pp. 20-33.
FAJARDO, Luz
2013 “Acercamiento teórico a la comprensión-interpretación del lenguaje figurado en aprendices tardíos de L2”. Forma y Función, Bogotá, volumen 26, número 1, pp. 165-181. Consulta: 07 de junio de 2021.

https://www.redalyc.org/pdf/219/21929788007.pdf

JAKOBSON, Roman
1984 “Lingüística y poética”. En Ensayos de Lingüística general. Barcelona, Ariel, pp. 347-395. Consulta: 07 de junio de 2021.
KAFKA, Franz
2019 La metamorfosis. Madrid: Editorial Alma.

Elaborado por Samiq Saavedra y Pamela Galvez.

Las imágenes han sido tomadas de https://www.pinterest.com/pin/303570831136690489/ y  https://elpais.com/cultura/2020-09-30/10-frases-inolvidables-de-mafalda.html.

¿Cómo evitar información falsa o imprecisa en la búsqueda de fuentes? Criterios de confiabilidad académica

¿Todavía es posible encontrar información confiable en el siglo XXI? ¿Por qué es cada vez más difícil distinguir los criterios de confiabilidad? ¿De qué modo una información se considera veraz, imprecisa o, en el peor de los casos, falsa? No solo en el mundo académico, sino en la sociedad posmoderna actual, existen dos problemas fundamentales relacionados con la búsqueda de datos y fuentes. 

Por un lado, se ha producido (y se sigue produciendo) demasiada información tanto en fuentes escritas, sobre todo, en medios electrónicos. El ensayista mexicano Gabriel Zaid había advertido, en 1972, la existencia de demasiados libros (que se multiplicaban en proporción geométrica), pero pocos lectores (multiplicados en proporción aritmética). Del mismo modo en que los alimentos no abastecerían a toda la humanidad en un futuro sobrepoblado, los lectores no podrían leer todos los libros publicados. En pocas palabras, desde el siglo pasado, nos dirigimos a un mundo con más autores que lectores. En el mundo académico, esto puede dificultar nuestra posición como investigadores de fuentes formales ante tal saturación.

Por otro lado, la velocidad con la que se publica la información ha dificultado la posibilidad de distinguir entre su veracidad, imprecisión o falsedad. El ritmo de la información difundida es tan acelerado que no nos permite comprobar su procedencia, mucho menos nos posibilita el tiempo necesario para averiguar y contrastar (Fernández 2019). En este ámbito, nos encontramos frente al riesgo de las informaciones imprecisas y falsas. Así como las noticias falsas se caracterizan por su rápida difusión a partir de su inmediatez y la falta de rigurosidad del lector (Muñoz-Machado 2020), una fuente imprecisa encarna la poca convicción del lector por averiguar académicamente un tema.

Criterios de confiabilidad de una fuente académica

De esta manera, nos preguntamos: ¿cómo puedo saber que una fuente de información es confiable?, ¿cómo puedo notar que una fuente es formal o informal? Recordemos que una fuente confiable es una fuente formal, veraz y precisa. Así, la formalidad de un texto depende de dos aspectos que debemos considerar siempre al momento de seleccionarlas para elaborar artículos académicos. En primer lugar, a nivel paratextual (aspectos más allá de la redacción del texto académico en sí), tenemos que considerar los siguientes criterios:

  • ¿Cuál es el origen de la fuente

Debemos ser cuidadosos con la manera en que encontramos el texto en línea. Recurrir a bases de datos formales nos prevendrá del uso de fuentes falsas o poco serias. Evitemos recurrir a buscadores genéricos como Google, Bing, entre otros, pues estos no siempre brindan información de medios especializados o científicos.

  • ¿Quién es el autor

Es importante notar si la fuente seleccionada posee un autor con nombre propio (en el caso de un artículo académico) o un autor institucional (en el caso de manuales, informes). La ausencia de autor es un anuncio de que la fuente encontrada no es fiable. Cuidado: puede tratarse de un resumen o transcripción.

  • ¿Cuál es la fecha de publicación

Esto es útil para corroborar la formalidad de la fuente que hemos hallado. Al igual que con el nombre del autor, la ausencia de fecha puede indicarnos la informalidad o imprecisión de un texto; así como lo actualizado de la data brindada.

En segundo lugar, encontramos el nivel textual, es decir, aquel que se ciñe a la escritura de la fuente en sí. Para ello, podemos plantearnos las siguientes interrogantes para considerar la formalidad o informalidad de una fuente:

  • ¿De qué manera está redactada?

Una fuente confiable debe estar escrita con lenguaje académico, es decir, no debe incurrir en coloquialismos (términos comunes en el habla cotidiana) o léxico impreciso (uso excesivo de los llamados verbos baúl: hacer, tener, dar; empleo de palabras poco claras, muletillas).

  • ¿Presenta rigurosidad en el tratamiento de la información?

Un texto académico, a su vez, debe trabajar con distintas fuentes de información a partir de las cuales el autor elabora una exposición. No se debe recurrir a fuentes que no citen a otros autores (pues esto indicaría la falta de rigurosidad en la investigación) o que citen documentos o páginas webs genéricas.

  • ¿Cumple con las referencias bibliográficas?

El uso de las referencias es necesario para toda fuente formal. Si un autor no ha empleado referencias bibliográficas al final del artículo, puede exhibir un tratamiento informal. Asimismo, todas las citas que se realicen durante el desarrollo del artículo deben, posteriormente, aparecer en el listado de referencias bibliográficas.

 

Buscadores confiables en línea de fuentes académicas

A continuación, presentamos una lista de algunos buscadores académicos que servirán para encontrar información confiable. ¿De qué manera puedo comprobar que las fuentes compartidas por estos espacios son veraces? Dicha comprobación no es necesaria, pues todos los textos subidos a tales plataformas han sido previamente evaluados y revisados por miembros de la comunidad académica internacional. Los artículos, libros, tesis, informes, entre otras fuentes, han recibido la aprobación científica necesaria para su posterior publicación.

  • Base de datos PUCP es una plataforma oficial de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Brinda acceso a diferentes bases de datos internacionales:

https://biblioteca.pucp.edu.pe/recursos-electronicos/bases-de-datos/

  • Repositorio PUCP es un espacio académico de dicha universidad especializado en revistas y tesis de pregrado y posgrado:

https://biblioteca.pucp.edu.pe/recursos-electronicos/repositorios-pucp/

  • Google Académico es la plataforma que brinda acceso a distintos repositorios, bases de datos y fuentes formales universitarias. Es el Google para investigadores:

https://scholar.google.com/

  • JSTOR es una biblioteca digital que contiene más de 12 millones de artículos académicos en 75 disciplinas de la comunidad científica:

 https://www.jstor.org/

  • Redalyc es una red de revistas científicas de acceso abierto, promovida por la Universidad Autónoma del Estado de México:

https://www.redalyc.org/home.oa

  • SciElo es una biblioteca digital científica promovida por la Fundación para el Apoyo a la Investigación del Estado de Sao Paulo, Brasil y Latinoamérica:

https://www.scielo.org/

  • ALICIA es uno de los mayores repositorios nacionales de acceso abierto a artículos especializados, trabajos técnico-científicos, programas informáticos, datos procesados y estadísticas de monitoreo, tesis y similares:

https://alicia.concytec.gob.pe/

 

Bibliografía

FERNÁNDEZ, Francisca Ramón
2020 “Comunicación y noticias falsas en relación al COVID-19: algunas reflexiones sobre la información, la desinformación y propuestas de mejora”. Revista Española de Comunicación en Salud. Madrid, suplemento 1, pp. 253-264. Consulta: 10 de mayo de 2021.

https://e-revistas.uc3m.es/index.php/RECS/article/view/5375

MUÑOZ-MACHADO, Julia
2020 “Noticias falsas: Confianza y configuración de la opinión pública en tiempos de internet”. El Cronista del Estado Social y Democrático de Derecho. Madrid, números 86-87, pp. 122-138. Consulta: 10 de mayo de 2021.

http://www.elcronista.es/El-Cronista-n%C3%BAmero-86-87-Coronavirus.pdf

ZAID, Gabriel
2006 [1972] Los demasiados libros. Barcelona: Anagrama.

Elaborado por Joy Godoy.

Las imágenes han sido tomadas de  https://www.transparenciaelectoral.org/que-medidas-se-pueden-promover-para-combatir-la-influencia-de-las-fake-news-en-las-elecciones/ y https://biblioteca.pucp.edu.pe/presentacion-revistas-cientificas/.