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Algunas recomendaciones en torno al léxico académico

El ser humano es un ser social, por lo que siente la necesidad de comunicarse. Es más, al ser parte de las dinámicas de la sociedad, se encuentra en comunicación constante en el hogar, en su centro laboral, en su interacción con las instituciones públicas, en los intercambios comerciales, en el mundo académico, entre otros entornos que se podrían seguir enumerando. Para que el acto comunicativo sea efectivo y eficiente, se requiere transmitir la información de forma precisa y puntual. De manera particular, se debe considerar que, en el ámbito académico, que se caracteriza por el tratamiento de información objetiva, el uso preciso del léxico es indispensable.

La precisión léxica se refiere al uso de un término con su significado exacto. En ese sentido, el empleo de palabras con otro significado del que específicamente les corresponde evidencia un uso impropio del léxico. Al respecto, se ha señalado que algunos de los factores de este problema de imprecisión se relacionan con el desconocimiento del significado real de una palabra o con la confusión sobre algún término de parte de los usuarios. Estos hechos, sin duda, dificultan la transmisión del mensaje, puesto que, para la construcción de sus mensajes, elegirán expresiones que poseen un significado muy general. En consecuencia, se desviarán de la variedad formal recomendada en entornos académicos.

Asimismo, es importante señalar que el escaso repertorio de vocabulario y la imposibilidad de usarlo adecuadamente afecta los procesos de aprendizaje asociados a la lectura y la escritura de los estudiantes (Alejos 2017: 61). Al respecto, Freites (2009: 87), citado en Alejos, advierte que “el conocimiento exclusivo de las variedades coloquiales e informales restringe el acceso de las personas a los espacios en los que se precisa el dominio de formas lingüísticas de mayor complejidad y precisión” (2017: 62), los cuales se corresponden con los entornos de la educación superior. Por consiguiente, la transmisión eficiente de un mensaje, los procesos de lectura y escritura, y la experiencia académica se relacionan con la competencia léxica. En esa misma línea, Alejos ha señalado su importancia: “[…] el léxico de los estudiantes universitarios es una herramienta fundamental para la iniciación y el avance en materia de conocimiento y profesionalización” (Alejos 2017: 62).

Como se afirmó previamente, la exigencia del uso de la variedad estándar del lenguaje en el entorno académico tiene como objetivo garantizar que el receptor comprenda el mensaje con claridad. Sin embargo, diversas investigaciones evidencian las dificultades de los estudiantes. Al respecto, Molina afirma que “los alumnos carecen de sinónimos, emplean palabras “comodines” […], impropias expresiones coloquiales…” (2017: 2). Este problema, también, ha sido señalado por Montenegro: “Se tiende a utilizar términos con significados imprecisos: cosa, algo, dar, haber, por mencionar solo algunos que, lejos de brindar exactitud en el empleo de los términos, inducen a la vaguedad léxica” (2018: 199). Esta dificultad se ha identificado en estudiantes de colegios y de universidades. Así, Madrigal y Vargas, quienes citan a Haché (1991) y Sánchez Avendaño (2005), refieren que es usual escuchar comentarios de los docentes en torno a la pobreza de vocabulario que presentan los estudiantes (2016: 140). En este sentido, el uso de términos precisos o el reemplazo de expresiones coloquiales, y una mayor riqueza en el vocabulario representan un desafío para los estudiantes.

Otra de las dificultades es el limitado repertorio que poseen, por lo que ocurre el uso repetitivo de términos. En otras palabras, se refiere al empleo de palabras innecesarias para expresar un concepto o idea ya señalada. Este inconveniente ha sido señalado por  Montenegro cuando afirma que “persiste una tendencia por la redundancia, al repetir expresiones comunes, como por ejemplo, […] entrar adentro (¡Todos, entren adentro!), […], hemorragia de sangre (Ella tuvo hemorragia de sangre) que, lejos de aclarar el mensaje, lo tornan incomprensible” (2018: 198-199). Tal como lo indica la autora, estas construcciones pueden afectar la trasmisión del mensaje y alterar el proceso comunicativo, pero, además, se alejan de la variedad académica.

Como se ha podido observar, las dificultades más frecuentes durante el proceso de redacción académica se centran en el empleo de términos imprecisos, coloquialismos y en el uso de la redundancia por la poca variedad léxica. A continuación, se detalla cada uno de estos aspectos con el objetivo de reconocerlos y evitarlos.

1. La imprecisión léxica

En la redacción académica, se debe procurar la mayor propiedad y precisión posible. Es decir, las palabras deben ser adecuadas de acuerdo con el contexto de uso específico. Algunos de los casos más frecuentes de imprecisión léxica se centran, por ejemplo, en términos como cosa, algo, dar, tener o expresiones como es que, es cuando, es como.

Ejemplos

“A partir de las medidas, la lucha contra la corrupción todavía se da en estos tiempos. No obstante, se entiende que, si la corrupción no es controlada, puede frustrar proyectos o progresos de cualquier ámbito público o privado”.

Se sugiere reemplazar la palabra da por continúa.

“La educación en aspectos éticos y valores debe ser dada a los funcionarios públicos como a la ciudadanía en general”.

Se sugiere reemplazar la palabra dada por brindada.

2. Coloquialismos

En la redacción académica, se suelen sancionar los usos de vocablos considerados coloquiales. Estos refieren a “las formas de hablar o escribir que seleccionamos diariamente en contextos no académicos” (Brañez s/f). Algunos términos propios de la cotidianidad aparecen en la escritura académica. Por ello, es recomendable evitarlos.

Ejemplos

“Además, se observa que el poder fue distribuido a aliados del Fujimorismo, lo que significa que hartas decisiones se resumen en un fallo unívoco a favor del Poder Ejecutivo.”

Se recomienda reemplazar hartas por diversas.

“Por ende, se debe evaluar a los candidatos que postulen en los próximos años y no quedarse de brazos cruzados”.

Se recomienda omitir la expresión quedarse de brazos cruzados.

3. Redundancia

A veces, en la redacción académica, suelen reiterarse vocablos innecesarios. Estos incurren en casos de redundancia léxica. Esta refiere al uso repetitivo de términos en oraciones contiguas. Se deben corregir estos casos, pues pueden interrumpir la comprensión de las ideas.

Ejemplos

“Por ello, se deberá analizar qué sectores en el Estado peruano son afectados por la corrupción. Estos sectores serán concesionados al sector privado.”

Se sugiere omitir la segunda aparición de sectores y reemplazar la última palabra sector por el ámbito privado.

“Este caso se puede ilustrar en los múltiples decretos supremos emitidos por Fujimori, los cuales sirvieron para sobornar a múltiples funcionarios.”

Se sugiere reemplazar el término múltiples por diversos. 

Debe entenderse que la redacción forma parte de un proceso. En él, se corrigen los errores de manera paulatina. Por otro lado, el incremento del léxico se relaciona directamente con la socialización de palabras nuevas, por lo que se sugiere generar una práctica habitual de lectura.       

Bibliografía

BRAÑEZ, Roberto
s/f Guía UARM para el lenguaje académico. [En elaboración] 
MADRIGAL, Marta y Ericka VARGAS

 

2016 “Índice de riqueza léxica en redacciones escritas por estudiantes universitarios”. Káñina. Revista de Artes y Letras de la Universidad de Costa Rica. 2016, volumen 40, número 3, pp. 139-147. Consulta: 26 de setiembre de 2020.

https://www.scielo.sa.cr/pdf/kan/v40s1/2215-2636-kan-40-s1-139.pdf

MOLINA, Aaron
2017 Cuestiones de léxico cuarta parte. Silo.Tips. Consulta: 26 de setiembre de 2020.

https://silo.tips/download/cuestiones-de-lexico-cuarta-parte

MONTENEGRO, María Isabel
2018 “En torno a la precisión léxica: reflexiones”. Boletín Academia Peruana de la Lengua. 2018, 64, pp. 197-204. Consulta: 26 de setiembre de 2020.

http://revistas.apl.org.pe/index.php/boletinapl/article/download/183/114/

Elaborado por Pamela Jiménez y Sonia Valdez.

La imagen ha sido tomada de https://1.bp.blogspot.com/-RRSbpR20Zq4/XRRKXlMltQI/AAAAAAAAACM/8vRpSBdPR4oVsPNP3Qp_PFlNRIn7mTOdACLcBGAs/s1600/Captura-de-pantalla-2017-08-04-a-las-17.48.24.png

Ricardo Palma y las Tradiciones peruanas: entre la historia y la lexicografía

 

“Las Tradiciones son mi ofrenda de amor al país y a las letras […]. En esta tarea no aspiro a ser un obrero del presente, sino del pasado”.

Ricardo Palma

Ricardo Palma (1833-1819), escritor limeño y recopilador de la oralidad popular de su tiempo, vierte en sus Tradiciones peruanas (género que discurre entre la crónica, el costumbrismo y el relato) un espíritu travieso y divertido, logrado, crucialmente, a partir del recojo de los usos de palabras regionales propias de la coloquialidad en el discurso. A cien años de su muerte, su obra aún posee un valor literario y lingüístico invaluable. En este post, nos interesa concentrarnos en su relevancia para los estudios lexicográficos, pues las Tradiciones junto con Papeletas lexicográficas y Neologismos permiten acercarnos al lenguaje limeño de fin de siglo (Arrizabalaga 2013: 3).

Como se señaló, Palma reflexiona en sus obras sobre cuestiones lingüísticas. Un claro ejemplo de ello son las Tradiciones. Así, en “Carta canta”, se aclara el origen de la frase que lleva por título esta tradición. Palma inicia enfatizando que, hasta mediados del siglo XVI, la frase era rezan cartas y, luego, precisa:

Leyendo anoche al jesuita Acosta, que, como ustedes saben, escribió largo y menudo sobre los sucesos de la conquista, tropecé con una historia, y díjeme: «Ya pareció aquello –o lo que es lo mismo, aunque no lo diga el padre Acosta–: cata el origen de la frasecilla en cuestión, para la cual voy a reclamar ante la Real Academia de la Lengua los honores de peruanismo» (Palma 2001: 101).

Como se recuerda, en esa tradición, Palma cuenta que a dos mitayos se les encargó transportar diez melones y una carta. En el camino, estos decidieron comerse dos de los frutos. A fin de que la misiva no los vea ni los delate, la ocultaron detrás de una piedra mientras comían. Sin embargo, fueron descubiertos por el mensaje escrito en la carta. Los mitayos le atribuyeron poderes mágicos a la carta, dado que por entonces desconocían la escritura.

De forma similar, en “Los refranes mentirosos”, el autor demuestra que el significado de un refrán que consigna la Real Academia de la Lengua de la época no es preciso. Se trata del siguiente dicho: “El gozo cayó en el pozo”, el cual aludía a algún evento que causaba alegría inicial y, luego, desazón por ser una mentira. Palma rastrea la historia en la cual se populariza la frase y descubre que ha sido trastocada. Se cuenta que durante una época de poco caudal del río Rímac, las monjas bernardinas realizaron una procesión de rogativa a San Nicolás de Tolentino dentro de su claustro para solicitarle que les proporcione el agua que ya era escasa.  En medio de las súplicas, el agua empezó a rebosar del pozo y todo el pueblo fue a presenciar el milagro y se llevó un cántaro lleno. Por lo tanto, Palma consideraba que la frase debería ser “el gozo salió del pozo” y, en honor al origen, sugiere que “bien puede la Academia echarle un remiendo al refrancito”.

Este espíritu por recopilar o explicar el origen de las palabras y frases es una constante en la vida intelectual del escritor. Así, en sus Papeletas lexicográficas, revela manifiestamente su afán recopilador de vocablos propios de nuestra oralidad:

Tengo (entre otras, seguramente) la inofensiva chifladura de que cuando encuentro una palabra, en la conversación o en mis lecturas, que me parece necesaria o apropiada, y que no se halla en el Diccionario, sin pérdida de minuto la consigno en mi cartera de apuntes, para después estudiarla y alambicarla. Tal es el origen de este librito, para el que he puesto a contribución también, entre otros americanos aficionados a la Lexicografía castellana […] (Palma 2011 [1903]).

Así, pues, se trata de una obra que consigna una gran cantidad de peruanismos, con sus respectivas definiciones, incluso a manera de protesta contra la Academia Española, pues, como menciona repetidas veces en el documento en cuestión, esta había rechazado previamente su propuesta de concluir entradas de origen peruano.

Como muestran estos casos, entre muchos otros, Palma ha contribuido tanto con la literatura como con los estudios lexicográficos del Perú a través de sus obras. De no ser por ellas, muchas voces y refranes tradicionales se hubieran perdido en el tiempo, y tal vez serían recordados solo parcialmente por la tradición oral.

Bibliografía

 

ARRIZABALAGA, Carlos
2013 “«Barbarismo» en las Papeletas lexicográficas de Ricardo Palma”. Revista de la Casa Museo Ricardo Palma. Lima, número 4, pp. 13-28. Consulta: 10 de junio de 2019.

https://pirhua.udep.edu.pe/handle/11042/3038

CISNEROS, Luis Jaime
2001 “Palma en su epistolario”. Revista de la Casa Museo Ricardo Palma. Lima, año 2, número 2.
PALMA, Ricardo
2001 Tradiciones peruanas. Lima: Peisa
2011 [1903] Papeletas lexicográficas. Biblioteca Virtual Miguel Cervantes, edición digital basada en la edición de Lima: Imprenta la Industria. Consulta: 10 de junio de 2019.

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/papeletas-lexicograficas–0/html/01c25134-82b2-11df-acc7-002185ce6064_2.html

 

Elaborado por Mariana Carlin y Rubí Huamán.

La imagen ha sido tomada de http://www.asale.org/noticias/lima-en-la-pluma-de-ricardo-palma.

Peruanismos: pituco y envarado

Según Di Perú: Diccionario de peruanismos, dirigido por Julio Calvo (2016), se considera peruanismo a toda palabra o expresión que “sea de uso genuinamente peruano”, al margen de que se hable en nuestro territorio o fuera. Considerando esta conceptualización se ha recopilado más de un centenar de vocablos propios del habla peruana.

Algunos de estos pertenecen al ámbito del deporte, como sucede con la palabra huacha, la cual se refiere a una jugada en la que la pelota ingresa entre las piernas de algún rival. Asimismo, se encuentran palabras relacionadas con la actividad culinaria. Un ejemplo de esto es el vocablo mazacotudo, que alude a la consistencia pegajosa que ha tomado el arroz luego de cocerlo. Otras palabras presentan un significado más amplio. Este es el caso de pituco y envarado, vocablos que son tratados a continuación.

En primer lugar, con respecto al término pituco, se encuentran definiciones en distintos diccionarios. Por un lado, el Vocabulario de peruanismos, de Miguel Ángel Ugarte, indica que pituco (y su versión femenina pituca) se refiere a un “joven de clase social alta y con dinero” (1997: 238). A diferencia de esta definición, obras como el Diccionario de peruanismos, de Juan Álvarez, y el volumen 1000 palabras y frases peruanas, de Martha Hildebrandt, destacan el matiz peyorativo que posee esta palabra. De este modo, el primero consigna como su significado “dicho de una persona: de clase alta” (2009: 357) y agrega en una nota adyacente que “es un adjetivo despectivo y coloquial que equivale a presumido […]” (2009: 357). La publicación de Hildebrandt, por su parte, indica que “se usa este término […] que tiene connotación peyorativa o despectiva para designar cierto tipo humano de nivel socioeconómico alto y de conducta refinada o presumida” (2011: 256). A pesar de estas caracterizaciones otorgadas a pituco, el Diccionario de americanismos ha optado por definirla, para el uso peruano, simplemente como “persona de extracción social alta” (ASALE 2010).

Ahora bien, otro vocablo poseedor de un sentido generalmente asociado al de pituco es envarado. Este término es otro peruanismo poco estudiado. Curiosamente, el Diccionario de americanismos (2010) solo registra, para este país, la acepción de “autoridad de las comunidades indígenas cuya misión es ejercer funciones municipales y componer amigablemente las diferencias”. Esto, sin embargo, resulta insuficiente, pues el significado de esta palabra, tal como es entendido por los peruanos, no se agota en esa acepción. En contraste, en la edición del 2014, el Diccionario de la lengua española consideró el sentido más extendido que los peruanos le otorgamos:

  1. adj. Dicho de una persona: Estirada, orgullosa. U. t. c. s.
  2. m. y f. Perú. Persona que tiene valimiento o influencia con una autoridad.
  3. m. Perú. Autoridad de las comunidades indígenas cuya misión es ejercer funciones municipales y componer amigablemente las diferencias.

El estudio de los peruanismos, como los comentados aquí, cuenta hoy con varios repertorios lexicográficos, es decir, compilaciones de los usos léxicos particulares del Perú. No obstante, aún están pendientes algunas tareas: la recopilación más exhaustiva de vocablos y sentidos regionales al interior del país, la identificación de la etimología de tales palabras, y también el análisis profundo de sus diversos significados, desde la perspectiva semántica.

Bibliografía

ALVAREZ VITA, Juan
2009 Diccionario de Peruanismos. El habla castellana del Perú. Segunda edición. Lima: Universidad Alas Peruanas.
ASOCIACIÓN DE ACADEMIAS DE LA LENGUA ESPAÑOLA (ASALE)
2010 Diccionario de americanismos. Madrid: Santillana. Consulta: 30 de octubre de 2018.

http://lema.rae.es/damer

CALVO PÉREZ, Julio (director)
2016 Di Perú: Diccionario de peruanismos. Lima: Academia Peruana de la Lengua.
HILDEBRANDT, Martha
2011 1000 palabras y frases peruanas. Lima: Planeta.
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA (RAE)
2014 Diccionario de la lengua española. Vigésima tercera edición. Madrid: Espasa. Consulta: 30 de octubre de 2018.

http://dle.rae.es/

UGARTE CHAMORRO, Miguel Ángel
1997 Vocabulario de peruanismos. Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

 

Elaborado por Junior Alca y Paul Bustamante.

 

Las imágenes han sido tomadas de https://i.ytimg.com/vi/985TjMhMLLY/maxresdefault.jpg y  https://bufeoucayalino.lamula.pe/2017/07/23/reconocen-autoria-del-diccionario-de-peruanismos/bufeoucayalino/