Vocalizar, entonar, pausar y regular el volumen en las exposiciones

Los recursos orales están presentes constantemente en los mensajes que escuchamos en nuestro día a día, por ejemplo, en un podcast seguido por las mañanas o el video de nuestro youtuber favorito. Si prestamos atención, se puede notar que, en estos contextos virtuales, al igual que en los presenciales, se busca emitir mensajes que logren establecer un vínculo emotivo con el público.  Esto no solo se logra con el contenido mismo del discurso, sino con la aplicación de una serie de técnicas que permiten modular la herramienta más importante en este tipo de contextos: la voz. 

La voz, como ya se mencionó, será nuestro principal canal para transmitir mensajes orales. Consiste en la vibración que se emite desde el interior a partir de la respiración y el movimiento de las cuerdas vocales. Para producirla, sin embargo, se pone en marcha todo el sistema fónico. En la siguiente imagen, se puede apreciar el ciclo de movimiento que se producen en las cuerdas o pliegues vocales, y que permiten la emisión de la voz a partir de la expulsión del aire. 

 

Figura 1. Mecanismo del ciclo de producción vocal (Vilaseca 2008)

Como se puede observar, la voz depende de una serie de factores corporales que permiten su emisión. Estos aspectos fisiológicos generan contrastes y variaciones en el sonido. De esta manera, la voz puede presentar diversas tonalidades: graves, agudas, bajas y altas. 

Sin embargo, la exposición de un discurso oral no solo implica el aspecto físico del mismo, sino también el emotivo. Esto significa que se debe tener en cuenta que la voz tendrá un efecto en quien la escucha. Es decir, la vibración que producimos transmite emociones a otras personas. Por ello, la voz también variará en relación con estos sentimientos. En consecuencia, el saber modular la voz permitirá establecer vínculos emocionales efectivos con la audiencia. En este artículo, revisaremos cuatro recursos orales imprescindibles para lograr este fin: el volumen, la vocalización, la entonación y las pausas.

Volumen 

Consiste en la fuerza con la que se expulsa el aire a través de las cuerdas vocales. Esta fuerza generará que el volumen de nuestra voz sea alto o bajo. Ello se origina a partir de la respiración, que es fundamental en la emisión de sonidos. 

La finalidad de dominar este recurso oral es transmitir mensajes de forma clara para una audiencia numerosa. Asimismo, la modulación del volumen se asocia con la seguridad del expositor. Por ejemplo, en la modalidad presencial, se debe proyectar la voz hasta el fondo del salón. En la modalidad virtual, en cambio, se tendría que evitar susurrar hacia el micrófono o que este no funcione óptimamente y reproduzca un sonido bajo.

Para modular de forma eficiente el volumen, se pueden practicar ejercicios de respiración. Estos permitirán empujar el diafragma y que la parte inferior de los pulmones se llene. De esta forma, se puede contener por mayor tiempo el aire en el cuerpo y se obtendrá mayor control sobre la voz (Estrada 2019:12). En la siguiente imagen, se observan dos formas en las que se realizan estos ejercicios. Podemos acostarnos boca arriba o sentarnos erguidos en una silla y colocar una mano sobre el estómago. A continuación, deberemos aspirar el aire y procurar que este se dirija hacia el abdomen. Así, sentiremos que esta área se expande. Posteriormente, al expirar, esta misma zona se contraerá, como se observa en la imagen. Podemos repetir este ejercicio varias veces hasta dominar este tipo de respiración. 

Figura 2. Ejercicios respiratorios (Fisiofine)

Vocalización 

La vocalización se regula mediante el movimiento de los músculos faciales, particularmente los relacionados a la cavidad bucal, al momento de emitir la voz. Este recurso oral es importante, pues permitirá que el público comprenda las palabras pronunciadas en el discurso. 

Se debe entender que la cavidad bucal funciona como una caja de resonancia. Esta variará de forma según los movimientos de nuestros músculos faciales. Estos impulsarán un cambio de posición de nuestras mejillas, paladar, lengua y dientes. Por tanto, el sonido que emitamos será también distinto si abrimos, cerramos o fruncimos nuestra boca.  

Ahora bien, existen algunos ejercicios que se pueden realizar antes de iniciar una exposición o discurso y que permitirán calentar los músculos faciales. Con ello, se logra una modulación del movimiento de esta área con más fluidez. En primer lugar, podemos “sonreír exageradamente de modo que estiremos hacia atrás nuestros músculos faciales, y luego cerrar nuestros labios hacia adelante como haciendo una u, estirando todo lo que podamos nuestros músculos hacia adelante” (Estrada 2019:13). También, “podemos abrir nuestra boca y estirar nuestros músculos faciales para relajar la zona por donde saldrá nuestra voz” (Estrada 2019:13). Todos estos ejercicios ayudan a fortalecer zonas que no suelen ser entrenadas usualmente. 

Entonación

Figura 3. Discurso oral público (de mentatdgt en Pexels)

También es importante ocuparse de la entonación. No cabe duda de que, en la oralidad, no hay solo un tono uniforme. Cuando se está feliz, se tiende a hablar con ánimo e ímpetu. El tono de la voz es alto principalmente y varía constantemente. Cuando se está triste, en cambio, el tono disminuye y se mantiene bajo. Así sucede con las diversas emociones que se experimentan. 

En el caso específico de los discursos orales sobre todo, cuando se trata de exposiciones, es fundamental este recurso específico. Debido a que no existen formas escritas de resaltar lo que se dice con la voz, se necesita usar variaciones en la entonación para que el discurso no solo sea fácil de comprender, sino también atrayente. Por esto, cabe preguntarse cuáles son los elementos orales específicos para no mantener un discurso monótono. 

El primer elemento es el de la inclusión de frases interrogativas y exclamativas. Así como, en los textos escritos, existen preguntas retóricas u oraciones exclamativas para despertar interés en el público. También pueden ser encontradas en el discurso oral. Por un lado, el hecho de preguntar, de vez en cuando, si es que el público tiene alguna información sobre el tema o si es que ha oído, en algún momento, sobre aquello de lo que se está exponiendo les permite a ambas partes quien expone y quien escucha crear una relación más estrecha de comunicación. De esta forma, el discurso puede ser comprendido de mejor manera e incentivar tanto a la participación como a la crítica por parte de las y los oyentes. Por otro lado, las oraciones exclamativas para añadir información interesante e importante, durante la exposición, también contribuyen a guiar el orden y el discurso sobre cómo debería ser comprendido. Al mencionar información interesante, por ejemplo, con exclamaciones, se puede resaltar la misma dentro del contexto del discurso completo. De esta manera, se puede diferenciar entre lo más saltante de la exposición y el resto de contenidos que aparecen en ella. 

El segundo elemento es entonar las palabras clave con mayor fuerza. Así como la información interesante, los términos clave también necesitan ser expresados de una manera distinta a otros contenidos de lo expuesto. Cuando se prepara una exposición, deben estructurarse las ideas de mayor relevancia para que luego puedan ser reproducidas en el discurso oral de manera clara, explícita y con un tono fuerte. Como resultado, la persona que expone podrá ser entendida sin problemas frente a su público. 

Pausas

Aparte de vocalizar claramente, tener un volumen alto de voz y entonar la información en relación con el contenido relatado, las pausas deben ser consideradas y reproducidas correctamente en el discurso para presentar una buena exposición. Las siguientes son algunas ventajas de emplear estratégicamente las pausas.

En primer lugar, las pausas pueden mostrar una función similar a la de los signos de puntuación en un texto escrito; es decir, contribuyen a ordenar la información. De esta manera, la audiencia puede entender, sin mucho esfuerzo, cuándo empiezan y cuándo acaban las diferentes secciones de la exposición. En este sentido, la cohesión de las ideas principales mediante las pausas favorecen la claridad y la comprensión completa de la exposición. 

En segundo lugar, ellas sirven para preparar la información más importante: las pausas antes de las palabra clave preparan al oyente para esperar los puntos centrales de la exposición. Con esta separación pausada entre la información de más relevancia y el resto, la audiencia sabrá reconocer las ideas principales y podrá guiarse ordenadamente a través de su contenido, debido a que podrá relacionar cada concepto clave con el resto de ideas de desarrollo que lo acompañan.

En tercer lugar, una buena exposición requiere de pausas porque permite que esta pueda estructurarse temporalmente. Las pausas facilitan que el discurso se reproduzca a una velocidad moderada. Por ejemplo, si la persona expositora incluye pausas cortas entre ideas secundarias y pausas de mayor duración para la separación entre las partes principales de su presentación, podrá calcular el tiempo completo que es adecuado para exponer. En función de cómo se ha desarrollado la exposición, las pausas servirán para pensar, dependiendo del tiempo restante, cuánta información y velocidad debe considerar para las partes que aún no han sido desarrolladas. De esa manera, podrá expresar la mayor cantidad de ideas principales de la mejor manera. Un discurso pausado y ordenado puede generar una comunicación más efectiva y rápida que uno veloz pero desorganizado.

En suma, la vocalización, el volumen, la entonación y las pausas son recursos orales de suma utilidad para realizar una buena exposición. En primer lugar, la vocalización facilita la comprensión oral de cada palabra del discurso. Con ella, se puede contribuir a la claridad de la exposición completa. En segundo lugar, el volumen, que debe mantenerse alto durante toda la presentación, permitirá llegar sin interferencias a la audiencia. En tal sentido, se prefiere mantener una fuerza de voz potente para que se oiga cada parte del discurso. En tercer lugar, la entonación contribuye a la separación clara entre las secciones de la exposición. Por medio de la misma, se resaltan precisamente las ideas más importantes e interesantes de la exposición. En cuarto lugar, las pausas ordenan la presentación en tanto que la segmentan y sirven para regular el tiempo de la misma. Con ellas, quien expone tendrá tiempo suficiente para organizar las ideas que continúen dentro del discurso y preparar las ideas más importantes. De esta manera, los cuatro recursos aquí mencionados constituyen características cruciales para una exposición clara, ordenada y que comunique eficazmente la información de su contenido.

Bibliografía

ESTRADA, Christian
2019 La voz en el aula: volumen, entonación, vocalización, ritmo y silencios. Colección Materiales de Apoyo a la Docencia N° 5. Instituto de Docencia Universitaria. Consulta: 31 de mayo de 2021.

https://idu.pucp.edu.pe/wp-content/uploads/2019/06/05-La-voz-en-el-aula-vf.pdf

FISIOFINE
2020 Ejercicios de fisioterapia respiratoria. Consulta: 31 de mayo de 2021.

https://fisiofine.com/ejercicios-fisioterapia-respiratoria/

MOLINA, Isabel
2014 “Entonación, intención y relevancia. La importancia de la entonación y su enseñanza en el aula de ELE. Algunas propuestas didácticas”. Marcoele. Revista de Didáctica ELE. 19. Consulta: 31 de mayo de 2021. 

https://marcoele.com/descargas/19/molina-entonacion.pdf

VILASECA GONZÁLEZ, Isabel
2008 “Videolaringoestroboscopia: Una técnica para visualizar las cuerdas vocales”. Estudios de fonética Experimental. 17, p. 418-32. Consulta: 31 de mayo de 2021. 

https://www.raco.cat/index.php/EFE/article/view/140081.

La tercera imagen ha sido tomada de https://www.pexels.com/es-es/foto/hombre-en-traje-chaqueta-de-pie-junto-a-la-pantalla-del-proyector-2173508.

Elaborado por Daniela Dolorier y Juan Osores.

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