Hecho histórico de auténtica estrategia militar basada en la audacia, sagacidad y valentía de uno de los más grandes héroes que tiene el Perú, el Gran Mariscal Andrés Avelino Cáceres Dorregaray, serrano él (ayacuchano), pero dotado de gran espíritu patriótico que desconoció el ominoso Tratado de Ancón de 1883, que fraccionaría nuestra patria a favor de Chile.
Esta es la famosa historia de la famosa “Huaripampeada”: Ya en las postrimerías de la guerra con Chile, el General Miguel Iglesias, es ungido como presidente del Perú, “por la bayoneta de los chilenos”, como diría Cáceres, en una asamblea en Cajamarca con el título de Presidente Regenador del Perú. Iglesias propone un tratado de paz, soslayando la rebeldía de Cáceres que en el centro llevaba su campaña de resistencia a la invasión chilena. Iglesias vio respaldada su posición por la batalla de Huamachuco que resultó un desastre para los peruanos, donde Cáceres herido, se salva de ser hecho prisionero de los chilenos, huyendo nuevamente hacia la sierra central.
Luego de esto, Iglesias firma el Tratado de Paz y Amistad en la Villa de Ancón el 20 de octubre de 1883, por el cual el Perú cedía a Chile el departamento de Tarapacá a perpetuidad y entregaba en calidad de rehenes las provincias de Tacna y Arica, por diez años, que luego mediante plebiscito se decidiría donde quedaban, acuerdo firmado en 1884.
El héroe de Tarapacá rechaza el Tratado y desconoce el gobierno de Iglesias, encolerizado además, pues muchos de sus amistades, seguidores y familiares fueron deportados, perseguidos y otros huyeron a la sierra central a esconderse. Cáceres toma las armas contra el mandatario elegido por los chilenos quienes lo nombraron Presidente Provisorio por una asamblea constituyente.
El 27 de agosto de 1884, Cáceres intenta tomar el poder, pero es rechazado por fuerzas gobiernistas, entonces opta por retirarse hacia Arequipa (¿Y donde estaría Nicolás de Piérola?), allí organiza una tropa y marcha a la sierra central en marzo de 1885. Llega al Valle de Jauja (todavía no se llamaba Valle del Mantaro), el 10 de noviembre de ese mismo año, con la intención de llegar a Matucana, con un ejército mal armado de 2 000 hombres. El presidente Iglesias pone entonces precio a la cabeza de Cáceres por un monto de 3 000 soles de 9 décimos de plata y envía de Lima 6 000 soldados para derrocar la rebelión cacerista, al mando de Relayze.
Cáceres se posesiona de la margen derecha del río Mantaro (previamente había derribado un puente colgante por el paraje “Siclachaca”), entre Muquiyauyo y Huaripampa, las fuerzas de Iglesias lo hacen en la margen izquierda entre Xauxa (hoy Sausa) y Maquinhuayo. Un 15 de noviembre de 1885, ambos bandos rompen fuegos a las 12 del día, los caceristas desde el cerro “Quinllú” (Huaripampa) y los gobiernistas desde las alturas de “Shushunya” (Sausa). Luego de una hora de disparos y cañoneos, Cáceres ordena la retirada a lo más selecto de sus tropas, dejandro entre las ruinas pre incas de “Quinllú”, algunos soldados heridos, piedras amontonadas y algunas mulas y asnos que simulaban ser soldados.
La tropa rebelde se dirige hacia Mito. Las fuerzas gobiernistas al mando de Relayze, cometieron un grave e histórico error: Olvidaron que al frente tenían al gran “Brujo de Los Andes”, aquel que hizo correr a los chilenos del centro del Perú. Relayze creyendo haberlo derrotado, marcha hacia Huancayo, comunicando a Lima la derrota de Cáceres, ignorando que éste por la ruta de Mito, Aco, Consac e Ipas, cruzaba en plena nevada el camino hacia Lima por Yauli-La Oroya. Cuentan que en una noche de tormenta, el General ordena descanso para dormir. Él se cubrió con su capa y poncho, al día siguiente al despertar se sobresaltó al no ver a nadie, solo una pampa cubierta por la nieve, preguntó por sus hombres y ordenó a su corneta tocar diana, al hacerlo, toda la pampa nevada se comenzó a mover y levantar ¡Eran los invecibles caceristas que ante nada se rendían!
Así las tropas de Cáceres llegan a Chicla, capturando el tren con víveres, uniformes y armamentos que desde Lima, Iglesias enviaba para luchar con el temible “Brujo de los Andes”. Cáceres tomó todo, sus soldados se alimentaron, se armaron y se cambiaron con el uniforme de las tropas de Iglesias y en el mismo tren bajaron hacia Lima.
Los pobladores reconocieron a Cáceres y lo recibieron con entusiasmo, por su parte Iglesias creía que eran sus soldados y al darse cuenta de la realidad, tuvo que hacer frente y en dos días de lucha, el 2 de diciembre de 1885, capitula luego de una violenta batalla fratricida. Después – Iglesias – deja el mando a un consejo de ministros presidido por Antonio Arenas, quien convoca a elecciones, saliendo elegido Presidente del Perú, Andrés Avelino Cáceres. El resto es otra historia.