La lengua de señas peruana

El Perú es un país pluricultural en donde se hablan distintas lenguas: aimara, quechua, shipibo, español, asháninka, entre otras. Un aspecto en común entre las anteriores, además de que se emplean en distintas regiones del país en cuestión, es que comparten el mismo canal de transmisión: se manifiestan de manera oral, es decir, a través de la voz; sin embargo, también existen las lenguas de señas, las cuales se transmiten gestualmente, mediante señas manuales y no manuales (como gestos faciales y corporales). En particular, en Perú, se habla la lengua de señas peruana (LSP).

Existen diferentes mitos sobre la LSP y sobre las diferentes lenguas de señas en general. Una de las creencias más perjudiciales para la comunidad sorda es que, frecuentemente, se piensa que estas no son lenguas, sino meras mímicas asistemáticas. Ello, pues, constituye una idea falsa que solo perpetúa la discriminación lingüística. Estas, así como cualquier idioma oral, poseen un sistema complejo en tanto cuentan con un léxico propio y una gramática organizada. Asimismo, presentan variaciones geográficas, sociales, situacionales y adquisicionales. Incluso, dentro de un mismo país, se puede encontrar más de una lengua de señas. Por ejemplo, en Perú, se ha reportado que, además de la previamente mencionada, también existe la lengua de señas de Sivia, lengua usada por los hablantes sordos de la ciudad de Sivia en Ayacucho (Clark 2017: 245).

Por otro lado, a lo largo de los años, la sordera se ha concebido a la luz del paradigma clínico; es decir, se la ha interpretado como una deficiencia a nivel cognitivo, y el Perú no es ajeno a esa creencia. Incluso, estas ideas se conservan entre especialistas médicos, educadores, terapistas y psicólogos (Rodríguez Mondoñedo 2017: 5; 17). Nuevamente, ello debe ser desmentido, pues la capacidad mental de un sordo es exactamente igual a la de un oyente.

Al considerar que la LSP no es un idioma, las personas sordas son, muchas veces, privadas del derecho a aprender de manera espontánea una lengua. Así, se les somete, a través de terapias, a aprender una lengua oral, lo cual no es necesariamente negativo. Lo que es preocupante es que ello se realice en detrimento del aprendizaje de la lengua de señas, pues los niños sordos tienen la capacidad y el derecho de aprender una lengua de manera natural. Para que esto ocurra, lo único que necesitan es estar expuestos al estímulo lingüístico pertinente, es decir, a una lengua de canal gestual. Los bebés y niños, así, podrán comenzar, sin instrucción dirigida, a adquirir su lengua nativa. En contraste, para lograr dominar una lengua oral, los niños tendrán, necesariamente, que asistir a terapias y clases, y, para ello, se necesitan recursos económicos y tiempo, lo cual impone un problema, pues no todos cuentan con estos (Rodríguez Mondoñedo 2017: 43).

Con respecto al ámbito educativo, la situación a la que se enfrentan las personas sordas es complicada. A veces, se les niega la posibilidad de usar su lengua nativa (la LSP) y estudian junto con alumnos oyentes, lo cual no permite que establezcan un intercambio de conocimientos con personas que compartan su lengua, ejercicio necesario para su formación. Ello es sumamente perjudicial para los sordos, pues se les niega la posibilidad de estudiar bajo las mismas condiciones con las que los oyentes cuentan para aprender de manera adecuada el contenido dictado. De este modo, las dificultades que se presentan para avanzar a la par que los oyentes deben ser asumidas, por supuesto, como producto de la deficiencia del sistema de enseñanza y, de ninguna manera, como el resultado de una deficiencia cognitiva. En diversos países desarrollados, este tipo de educación ha sido desplazada en favor de una educación a través de una lengua de señas, debido al evidente fracaso de la modalidad anteriormente mencionada (Rodríguez Mondoñedo 2017: 47).

Es imperativo, por todo lo señalado, desterrar los mitos entorno a la sordera y a las lenguas de señas. Los mencionados anteriormente son solo algunos de los tantos que existen. En el siguiente enlace, se observará cómo Juan, profesor y hablante nativo de la LSP, desmiente otras ideas erradas sobre las lenguas de señas, y, por cierto, lo hace empleando plenamente su lengua materna: la LSP.

 

Como se pudo ver en el video, existen diversas creencias erróneas sobre las lenguas de señas. Se suele pensar que son universales, que son lenguas artificiales, que se expresan solo a través del deletreo, que son absolutamente icónicas y que no poseen ni variación ni una propia gramática, pero, como explica Juan, ninguna de estas es correcta.

En el país, por lo mencionado líneas arriba, es necesario que se difunda que la sordera no es una discapacidad cognitiva y que las lenguas de señas son, efectivamente, lenguas. El canal de transmisión de estas no compromete, de ninguna manera, la complejidad de un idioma, producto, siempre, de la facultad lingüística propia de la especie humana. Aunque ha habido avances sobre el tema en cuestión, ello no es suficiente: en el presente año, se ha aprobado el Reglamento de la Ley N° 29535, la cual reconoce a la LSP como una lengua oficial. Ello, si bien representa un avance, es solo un primer paso de un largo camino aún por recorrer.

 

 

Bibliografía:

 

CLARK, Brenda
2017     “Sign Language Varieties in Lima, Peru”. Sign Language Studies. Volumen 17, número 2, pp. 222-264.

 

MANOS QUE CONECTAN

2017 Mitos sobre la lengua de señas [Videograbación]. Lima: PUCP
http://puntoedu.pucp.edu.pe/videos/manos-que-conectan-mitos-sobre-la-lengua-de-senas/

 

RODRÍGUEZ MONDOÑEDO, Miguel.

2017 La Lengua de Señas Peruana: Una aproximación lingüística [Manuscrito]. Lima: PUCP.

 

 

Fuente de la imagen:

https://www.pinterest.com/pin/446911962999620473/

 

 

Autora: Mariana Carlín

 

Puntuación: 5 / Votos: 1

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


*