El análisis de textos: la lectura interpretativa

La lectura puede comprenderse como un proceso en el que el lector ha de aprender a desarrollar diferentes estrategias para analizar la información que el texto le ofrece. Mientras que en una lectura inicial se realizará una inspección general de la estructura de la redacción y un reconocimiento de las ideas principales, durante una lectura más minuciosa es posible enfocarse en el análisis de datos específicos y en lo que, como lectores, puede interesarnos particularmente del texto que estamos leyendo.

Este post está basado en las ideas de la Metodología de Estudio de la Universidad de Antioquía, las cuales buscan brindar algunas ideas para afrontar con éxito una lectura.

 

Primera regla: ubicar palabras clave y comprender su significado

En primera instancia, se deben localizar las palabras importantes y luego indagar cuál es el aspecto fundamental del texto que el autor busca transmitir. Una vez logrado esto, debemos detenernos y pensar si es que son los mismos vocablos que el autor considera relevantes, es decir, descubrir por qué estas palabras son importantes para el autor. Así, en última instancia, se debería llegar a un acuerdo entre lector-redactor. De no lograrse, no se arribará a una comprensión general del texto.

¿Cómo localizar esas palabras relevantes? El lector se debe detener en los sustantivos (obviar palabras sin mayor contenido semántico como preposiciones, conjunciones, adverbios, adjetivos y algunos sustantivos irrelevantes) y encontrar algunas palabras que le ofrezcan cierta dificultad. Es probable que en estas se encuentre el contenido semántico más importante del texto. Otra forma de reconocerlas es a partir de la frecuencia con que el autor las usa y la insistencia de detenerse en su definición o discusión. Finalmente, se debe considerar la disciplina a la que pertenece la lectura. Por ejemplo, si estamos leyendo un artículo relacionado con la educación, es necesario detenernos en palabras como “desarrollo holístico”, “aprendizaje colaborativo”, “zona de desarrollo próximo”, “discente”, etc., pero si leemos uno relacionado con las matemáticas, resultaría coherente detenernos en términos como “diferencial”, “derivada”., “integral”, “vector”. Así no entendamos todas estas palabras, es importante descifrar su significado, pues están directamente relacionadas con las disciplinas antes mencionadas.

Después de haber localizado estos vocablos clave, la función de un lector activo es descifrar no solo su acepción (esto se lograría con la búsqueda en el diccionario), sino descubrir el significado con que el autor las utiliza en el texto. Así, por ejemplo, no es lo mismo la palabra “integral” en un artículo vinculado con las matemáticas que la misma palabra ligada a un contexto educativo.

 

Segunda regla: revelar e interpretar oraciones

En segundo lugar, se debe descubrir e interpretar las principales oraciones. Una oración, desde el punto de vista lógico, es la expresión de un juicio. Con las oraciones, un autor afirma o niega ideas. Además, por el lado del lector, estas deben generar en él una expectativa: la de la demostración.

Los enunciados de un autor no pueden ser asumidos como verdaderos solo por el hecho de estar apoyados en la autoridad de quien los enuncia. El autor debe proceder a demostrar su verdad, para lo que se vale de argumentos, es decir, cadenas de oraciones que despliegan el conocimiento que el autor quiere transmitir. Las oraciones que forman un argumento son, principalmente, de dos clases: premisas y conclusiones. En definitiva, un libro contiene más tipos de oraciones, pero son estas (premisas y conclusiones) las que nos proporcionan el conocimiento que el autor imparte. Naturalmente, lo fundamental son las conclusiones, pero el lector debe analizar las premisas, pues de ellas puede depender que las conclusiones sean ciertas o no.

De lo anterior se desprende que el lector tiene que encontrar las principales oraciones de un libro, ya que ellas lo llevarán a los principales argumentos; sin embargo, también es posible afirmar que estos argumentos contendrán las principales oraciones. Si bien la regla que trata sobre los argumentos es la tercera de este post, es importante resaltar, en este apartado, lo estrechamente relacionadas que están la segunda y tercera regla de esta etapa.

El contexto está formado por las demás oraciones que, en el párrafo, acompañan a la importante. Para asegurarnos de que estamos leyendo bien, debemos enunciar el juicio que la oración encierra en palabras propias. Si el párrafo no pierde nada de su sentido, estamos comprendiendo; si lo pierde, debemos hacer un nuevo esfuerzo por comprender mejor.

Para saber si se está comprendiendo, el lector debe relacionar los juicios del autor con experiencias propias o dar ejemplos, reales o imaginarios, de lo que el autor quiere decir. No hemos de olvidar que los juicios de un autor se refieren al mundo en que vivimos y que es en él donde hemos de encontrar el último sentido de lo que el juicio enuncia.

 

Tercera regla: localizar o reconstruir argumentos

Es de vital importancia que, después de ubicar las oraciones principales, el lector reconstruya, con sus propias palabras, los argumentos que aparecen en el texto. A algunos de estos se les puede localizar con facilidad, pues se trata de párrafos analizantes o sintetizantes donde el argumento se localiza al inicio o al final de estos. No obstante, en la mayoría de textos, especialmente en los filosóficos, los argumentos se encuentran dispersos. De ser así, al lector le corresponde detenerse, tomar los juicios valiosos y, a partir de estos, armar argumentos, en otras palabras, recoger oraciones y formar secuencias lógicas. Esta es una de las pruebas más valiosas de que el lector está participando activamente en la lectura. Una vez que se junten todos los argumentos, se puede llegar a una conclusión global del texto. Esto funcionaría como la hipótesis global o argumento central del mismo.

 

Cuarta regla: identificar qué hipótesis quedaron demostradas y cuáles no

Finalmente, debemos saber qué problemas resolvió el autor y cuáles no. Esta cuarta regla está relacionada a la lectura estructural: el lector tiene que conocer los problemas que el autor se planteó. De esta manera, tenemos que descubrir si los problemas planteados fueron resueltos en su totalidad o no, así como si se formularon nuevos. La lectura de interpretación, hecha hasta aquí, permitirá al lector responder estas preguntas acertadamente. Una vez lo haya hecho, estará en condiciones de iniciar la tercera lectura: la evaluativa o crítica.

 

Ejemplo de lectura interpretativa

Fragmento de

2015                           BONAVITTA, Paola. “El amor en los tiempos del Tinder”. En Creative commons, pp. 197-210. Consulta: 28 de setiembre de 2017. http://www.scielo.org.mx/pdf/crs/v10n19/v10n19a9.pdf

 

Elaborado por Erika Aquino, Gabriela Navarro, Andrea Bazán, Annie Apaza, Paul Bustamante, Jorge Zagal y Carlos Rivas

 

Bibliografía

UNIVERSIDAD DE ANTIOQUÍA

Lectura interpretativa o sintética. Consulta: 28 de setiembre de 2017.

http://docencia.udea.edu.co/regionalizacion/induccion/presentacion/Lecturas.html

Imagen:

http://lecturacritica1234.blogspot.pe/

 

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