Archivo de la categoría: Literatura no tan importante

no tan importante

Zul

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Había una luz pero nadie sabía qué más podría ser aquello. Estaba en el cielo y no se le podía mirar de forma directa. Una luz, un resplandor podría ser cualquier cosa; desde algún fuego artificial, algún cohete con alguna nave o misil, algún asteroide o cometa. Aunque no la mirasen de forma directa todos sabían que estaba. El no saber qué era nos asustaba. Ya estaba suspendido por unas horas en el cielo que recién empezaba hacerse de noche. Ningún sonido pero sí una luminosidad que opacaba todas las otras luces que podrían haber en el firmamento. Con quienes estaba no sabíamos si escapar o intentar acercarnos. Para todos esa luz estaba en el mismo sitio, desde cualquier punto del globo todos miraban la misma luz en el mismo lugar, evento muy extraño. Se les había hecho la verdadera noche. Era un objeto que no tendría ningún impedimento ni resistencia para hacerse parte de todo, traspasar cada molécula y partícula. Así, escaparse o acercarse era lo mismo. Habíamos dejado todas nuestras distracciones para intentar mirar al cielo, además de mirarse unos con otros o intentar mirar en otras direcciones, todos querían tratar de fijar la vista hacia el cielo, hacía ese destello. Aunque trataran de mirar con espejos, lentes, cámaras, telescopios, lo que fuese con que se pudiera usar para mirar, todo lo observado estaba deslumbrado, copado de luz. Después de ya mucho rato en el cielo, el fulgor parecía expandirse un instante y al rato volver al tamaño de cuando empezaba a manifestarse. Pulsos discontinuos siempre de forma casi circular. Para ese entonces, sin ninguna noticia por ningún medio que pueda explicar la naturaleza de lo que sea que estuviese en el cielo, los grupos reunidos en las calles, amigos, familias y hasta desconocidos que se encontraban de forma circunstancial por el mismo lugar, estaban abrazados, como dándose aliento, consolándose. Para la relativa pequeña ciudad en la que nos encontrábamos ya no quedaba nadie más dentro de sus casas. En un muy corto instante se pulverizaron, se hicieron radiación, algo menos que polvo cósmico. Cómo no anticiparlo con tanta tecnología, pero cómo anticipar algo que proviene de otra dimensión. Tal vez estábamos al borde mismo de un agujero negro. Todo empezaba para todos.

Hormiga

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Un día estaba el niño y le declaró la guerra a las hormigas. Con lo que podía para exterminarlas a fuego o agua o la presión de algo como un pie o un dedo para acabarlas. En cualquier lado que las viese, por las esquinas de una casa, por entre el césped del jardín o un parque, por donde fuese las mataba. Algún cebo, una mosca muerta o algún resto de comida para atraerlas y matarlas. Por momentos no quedaba ni una sola por las gradas, entre las grietas de la pared, a unos metros a la redonda era la desolación de las hormigas. En minutos, que deben de ser como horas y quizás días para ellas, entre ocultarse en pleno verano y no estar consiguiendo alimento alguno, aparecían de algún lado unas pocas contadas, qué más por alimentarse y vivir. Qué mal no poder seguir matándolas, mamá llama y dice que la acompañe, por el momento que dure entre ir y venir, estarán a salvo, se seguirán reproduciendo, algo que no sea un cebo conseguirán para almacenarlo y comerlo luego. Y mira, en el lugar a donde debía de ir a acompañar, habían muchas otras más, hasta algunas un poco más grandes y rápidas, más negras y ya no pardas, y cómo acabarlas, sembrarles el terror. El tiempo que estaría en el lugar no sería suficiente ni para acabar con unas cien, además de su libertad de movimiento limitado por la vigilancia materna, no te alejes, quédate aquí, no te muevas. Al fin, la hora de volver, de nuevo a las gradas o en el patio, ahí donde las encontraba las acababa, ahí dónde las dejó la última vez retorciéndose o ya inmóviles sin ninguna reacción. Quemadas por la luz potenciada del sol en la luna de la lupa, perseguidas hasta que se carbonicen, ahogadas con el agua de un chisguete. Se acabaron los días de sol, no se las ve mucho ni en otoño ni en invierno, quizás una que otra aventurera desorientada, alguna expulsada o autoexpulsada de su nido a punto de morir de hambre. Y en un día de tantos murió una hormiga, y en ese día de muchos, el niño que ya era un anciano murió también. Igual ellos y ellas todavía caminaban, se tropezaban entre todos, se aplastaban sin querer. Ninguno se acordó del otro cuando ya no quedaba nada, corrieron el mismo fin, unas antes y otros después.

Por Februa, el último mes

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Salve a una, pero mate a muchas. Salve algunas, pero mate a muchas. De ninguna supe su nombre, no tendría que saberlo; ni de las que salvé ni de las que maté. Tal vez ni siquiera las maté o las salvé yo, quizás fueron sólo circunstancias. No cuidar para que no mueran es matar. No las cuidé. A todos nos hace matar algo, alguna pasión, alguna venganza, algún error. Mata el instinto porque no sólo son razones, si por éstas fueran nadie tendría que matar a nadie. Mata lo que no es ni instinto ni razón. Mata eso mismo que parece sólo materia inerte, impulsado o no por algún viviente. Y todos sabemos que más muerte de las cosas es su olvido que su desaparición. A todos hay algo que nos mata. Y es culpable! Por ello no tiene ni nombre ni rostro, porque es a todos. Algo que no tiene olvido porque es el olvido, aun peor, olvido que nunca fue recuerdo. La peor de las fantasías. Todos o algunos viven después de ella. Todos o algunos porque así tiene que ser. Porque no es un nombre lo que es. Porque no es un hombre lo que es. Porque nada de ella es. Aunque mueran, viven y ella sigue sin nombre. No dura más lo defectuoso que lo perfecto. Defectuosas las que por mi murieron y menos defectuosas y un poco más perfectas las que lograron huir de cada vez que las intente matar. En un ademán de golpe desaparecieron, no las vi de nuevo. Revolotean, todavía revolotean. En el suelo o en el aire, con dos o cuatro o cien patas. Es que en ese mes nacieron y en ese mismo mes murieron.

Cenicero

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De a pocos adquirían la costumbre, de a pocos iban apareciendo. Ya no respiraban ni total ni completamente oxígeno. El problema de cada uno de estos era que, si bien podían resistirlo, era también su última oportunidad. Ya no como los otros que podían asimilar además de oxígeno algún otro veneno. Qué más venenos podrían ingerir ya. Ya habían logrado acostumbrarse a toda la toxicidad y combustibilidad del oxígeno, ahora, para su último fin, a otros tipos de venenos más. Alquitrán, amoníaco, arsénico, amonio por mencionar algunos. Los últimos que respiraban solo oxígeno desaparecieron, quedaban muy pocos de los que podían respirar oxígeno y sus demás otros venenos. Empezaban a reinar quienes ya solo respiraban sus venenos. Aun sabiendo que ya no podrían con el fuego, su locura por este era tanta que no les importaba ni que fuese su última oportunidad ni que se quemaran y vivieran con ampollas y llagas. Todo el monóxido ponía negros sus pulmones como sus corazones. Todas sus neuronas ya eran corruptas con sustancias demás que hacían que ellos ya no fueran ellos aunque todavía se lo creyesen. Eran seres más pesados. Porque además de vivir, necesitaban y dependían a morir de lo que los mataba. Qué corazones pueden haber ahora después! Vivir no es solo el intercambio de oxígeno. No se puede vivir contaminando. No piensan ni en ellos mismos mucho menos en los otros. Estar y quedar juntos es una mera circunstancia, si no se matan es porque no pueden comerse. Como ellos mismos son solo venenos. Rebasar toda tolerancia no por apartarla, sino por hacerla propia. Ellos son toda la extinción. Se quejaban y discutían por los desechos cuando ellos mismos son los desechos. Ellos mismos eran sus problemas. Desde el cielo ya no se miraba nada azul, en cambio se veían grandes manchas de humo, como si hubieran hecho erupción varios volcanes a la vez. Y era en los sitios más opacos, oscuros y humeantes en los que vivía toda esa gente; que no serían más de un par de decenas de millones. Se tomaban todos sus relaves y desechos industriales, esos eran sus mejores alimentos. A todas horas se valían de alguna linterna o reflector, pero de ninguna máscara ni filtro. Sólo vivían para contaminar y volver a contaminar. Si entre los que podían asimilar sólo oxígeno y los que podían asimilar alguno de sus comunes venenos además de oxígeno correspondían a un mundo en donde todos eran cualquiera, ahora los que solo asimilan sus monóxidos y tóxicos corresponden a un mundo en donde todos son nada. Todos sus colores son de tonos oscuros, sus luces no son tan luces, alguna común vela solitaria en algún otro tiempo antiguo alumbraría más que aquello. Pero así están acostumbrados, tampoco podrían tener ya mayor oscuridad. En algún lado tienen que caer todos sus propios desperdicios, todos ellos mismos.

Rolf

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Primero fueron las flores, sólo después que el agua fueron las flores. Las flores son una parte de las plantas pero antes fueron las flores. En esa aridez la cual sólo de vez en cuando se regaba, crecían y se morían pero todo sus restos hacían una tierra más fértil. Su belleza a su muerte, su colorido a su muerte. Ninguna se queda metida en la tierra, todas como todas querían ascender, captar la luz. Asentarse donde ha de morir. Su conocimiento como su desconocimiento a su muerte. Pero no les importaba! Primero era florecer. Luego, igual, no les importaba. No luchaban entre ellas, solo que morir o vivir, sabían, no dependía jamás de ellas. Quién no quiere alcanzar la luz!? Al contrario, que se mataran unas con otras, no les permitiría alcanzar la luz, su vida. La maldad se instaló mucho pero mucho después. Instalarse, pero no reinar ni para reinar. Aun así, de todos modos, siempre han existido y existirán quienes nunca olviden que aniquilarse entre ellas es el final; no de una ni de tres, sino de todas. Antes pero mucho antes de la maldad, aunque no lo supieran, entre ellas había paz. Paz ni siquiera con ellas mismas, sino con lo que hacen fértil. Elegir entre una total aridez o un verdor de un prado que no ha sido pisado por ningún ser; algo que crece y muere en paz cada vez. Un campo de cualquier variedad de flor. Florecer, toda su luz y color captados, toda la explosión de vida. Lo primigenio, lo único antes que las flores, antes que toda paz o amor o sentimiento de vida. Aunque no se mirarán, a lo lejos unas con otras, estaban siempre firmes, conociendo su único y principal cometido. No se mataban entre ellas jamás. Y de dónde venía luego de toda esa aridez toda la vida, podrían preguntar otros, lo cual pocos saben o muy pocos quieren saber. No se ven a lo lejos y ya por ello creen que no existen, pero ellas están, son parte de ellos. En algún minúsculo momento son ellos. En algún minúsculo momento serán ellas. En algún minúsculo momento fueron ellos. Toda la vida serán ellos si no se matan. Después quizás venga de nuevo toda esa aridez y luego quizás, quién sabe, otras flores a vivir. Si somos flores no neguemos nuestro color, toda nuestra vida. Sería como querer negar toda la vida, todo lo que ha sido antes y nos alumbra, cosa imposible. Si todos mueren, nadie sabrá nada, pero si permanecen, solo en ellas está mucho el hecho de morir o vivir para siempre. No lo saben o es que no quieren saber, pero desde todo inicio, aquello siempre ha estado única y exclusivamente en ellas. No se pueden explicar. Una sola no puede hablar por ellas, pero esa sola no debe olvidar a otras. Todas son una y una son todas. Tampoco todas pueden hablar por una sola, aun así, sus pólenes se esparcen por el aire. Después de que se instaló la triste maldad, les empezaron a importar sus colores, arrancarle el color  a otra. Olvidaron que su color y entre otras cosas más no les pertenecen. Si les perteneciera no perderían su color. Aun así como si no tuviesen el suyo. Se guardan en esa aridez y despiertan a otra. En sus nimios, ínfimos, minúsculos y triviales momentos propios.  

Esperar

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Alguno dirá que no gusta de esperar, pero el hombre, entre otras cosas, aunque no quiera hacerlo, espera. El estado del hombre es un estado de espera. Cómo podría en efecto  evadirse del porvenir? Ni aun de muerto se puede evadir, por suicidarse uno no se limpia el cargo, incluso es peor, se es mucho menos libre. A un algo uno que debería haber tenido un tiempo X, acortarlo, reducir su valor; por qué de verdad cuánto puede costar el tiempo? Tendrían que haber buenas razones que lo justifiquen? Puede uno estar muerto, pero el porvenir no desaparece por el muerto. Alguien quien tiene la menor cosa posible no es libre, sino que está atado a ella. Está atado con eso de lo que se precia. Solo tal vez esos babas hindúes que andan desnudos o a penas con taparrabos y sin ninguna o poquísima pertenencia serían lo más cercano a lo que el hombre puede llamar ser libre. Tal vez salvaje pero libre. Ser salvaje no es sinónimo de depredador. No es quien quiere toda la caza y todo el harén para sí el depredador, depredador sexual y salvaje? El predador no puede ni debe ser manso. Estos que en otras latitudes se les podría considerar personas chaladas por su desnudez y entre otras características, aunque claro no por el mismo motivo, sino de una forma más consciente en su razón y consecuente accionar, llegan incluso a ser venerados, tener discípulos. Al igual también más a sabiendas que aquellos a quienes se les suele llamar “no contactados”, muestran su desnudez de una forma seguro más inocente y más natural aun ya siendo adulto. Los nudistas dicen “vámonos a desnudar”, los otros siempre o casi siempre lo han estado. Lo que está desnudo ya no se puede desnudar. Desnudo no es alguien que vive con mentiras, ésta es un robo. Es hacer esperar con exageración. Se te libra de algo más vital e importante como es la realidad; así, se te induce al error. La mentira será una realidad, pero no es ésta misma. Alguien con mentiras todavía no está desnudo. Ahora, la espera, no termina en ello. Se puede tener un esperar calmo o uno tormentoso. No debe ser lo mismo esperar lo que ha de venir y lo que no ha de ser de ninguna manera. Es mejor quien espera o hace esperar? Nos parece que si alguien se va haciendo esa pregunta es porque algo no está yendo bien. Debe ser alguien que ve a otro alguien como un desigual. Se supone que si es pactado y no implantado debería cumplirse mejor; lamentablemente habemos personas que todavía no podemos vivir sin implantación. Como todos esperan, todos pasan. Y aun sin que los llegues a conocer eran quienes tenían que pasar en esos precisos momentos. No otros, sino ellos. Pero como algunos pasan, también algunos se quedan y ven juntos el pasar.

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Frío

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Nos volvemos como el ambiente y tal vez hasta más frío. Debe ser también por la bondad que es superioridad de la naturaleza es que hay seguro sitios más fríos. Para que no sean solo ellos los malos y más malos. Son distintos una cosa que siempre dependía de calor externo a una que se la daba a sí sin más explicación y que luego de la misma manera lo perdía. Pasar a ser una mayor uniformidad; pasar que podría resultar también retornar. Además de retornar, todas esas células que antes no eran y que luego hacen un ser superior pensante, suman un peso, eso mismo ahora es más, y así sumándose más y más tal vez se lleguen a incendiar como una estrella. Desaparecer no podría incendiar nada y aun podría ser mejor por no ser ni frío ni calor. Una estrella fría. Eso que depende de calor para su calor siempre ha estado descubierto para sí, pero es lo que esos otros tienen que descubrir. No pueden descubrirse más de lo que ya son, para los otros es su fin y misión. Uno se aprovecha del otro. Tendrían que acabar de buena manera con el ambiente. Porque llegan a no diferenciar si es que hace más frío porque están más viejos o si es porque solo hace más frío. Y fuera de todas sus inferencias al frío no le importará si se lo siente más o menos, seguirá siendo lo que era independientemente de él. Potencia debe ser quien domina al frío y al calor, algo incorpóreo, que escape a ellos, que los contenga. No se apaga el fuego con más combustible. Uno huye del otro pero es seguro que hay algo de lo que ambos huyen. Seguro también que hay algo que nunca huye, no se puede huir siempre, no puede ser el huir la respuesta. Es en una disputa también que uno huye del otro, con igualdad no podría haber el huir. Ni unos fríos ni otros calientes. Porque menosprecian esos nombres de muchos años y muchas bibliotecas, todo ello que es mantener vivo un recuerdo. Recuerdo es en cualquier momento, tradición son fechas etiquetadas. No se es menos frío siendo totalmente olvido? El olvido debe ser más frío que el recuerdo, pero dicho sin temor si es la suerte que corren todos. El cariño no puede ser frío ni tampoco frío la admiración, cómo se podría recordar algo que ni se quiere ni se admira. Recordar algo que no has conocido de ninguna manera. No solo debe haber fuego por su uso y su necesidad, sino también porque siempre admira o solo viéndolo o si te toca. Algo seguro muy cerca a lo etéreo que te puede consumir, derretir una roca. La vida en una estrella. Lo malo no podría ser caliente, debe ser una cosa muy fría, no por ello lo bueno ser algo caliente. Frío como el Cocito de Dante, el círculo noveno del infierno y peor lo que hace que éstos se hielen. Y si lo bueno fuese algo que quema, solo seguro es algo que quema a lo malo; de otro modo sino qué contradicción! Lo bueno debe ser eso que sostiene a todo. Lo bueno debe ser toda la potencia. Recuerdo, algún calor de sinapsis.

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Huvanity

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Qué posibilidades reales de humanidad tienen quienes si hubiese otra guerra mundial participasen de ella más directamente? Por humanidad se debería entender también el sobreviviente y no ser solo una baja programada. Es humanitario tener bajas programadas? La pregunta nos nace a partir de pensar en las dos anteriores guerras llamadas mundiales y el daño que a estas alturas de la humanidad pueda lograr el hombre con sus máquinas de guerra. Más directamente, de la frase anterior, podría caber en lo ambiguo pues se podría pensar en militares, pero quienes más han padecido y dado vidas han sido civiles. Una cosa es que dos o más que se estén enfrentando lo hagan entre ellos y otra es afectar a quienes nada tienen que ver. Tal vez esté en su pensamiento de estos quienes ya solo quieren matar el pensar que, como los gobernados y gobernantes no pueden separarse, entonces que mueran también civiles, para ellos tal vez les sea casi necesario e inevitable. Cuando pueda el hombre ir a velocidad luz y pueda llevar como un Moisés a su pueblo por las extensiones del universo, debería (y la frase de BoyScout que cae muy a pelo aquí) dejarle (heredarles) la Tierra a sus descendientes y a los otros animales mejor que como la encontró. Qué pues logra el hombre, sobre todo gente con poder e influencias, dejando zonas de la tierra con radioactividad? Están estos parece muy seguros que los sobrevivientes serán muy pocos y no podrían otros sino ellos mismos los que sepan quienes son. El hecho de poder vivir necesitando trajes especiales que nos cubran todo el cuerpo, pues de otro modo se estaría muerto, hasta sea mejor lo último. Algo que tal vez incluso ya esté sucediendo.

Es alguna forma de inmadurez que existan divisiones entre supuestos seres inteligentes. Ser uno en un metro y ser otro al otro metro. Es también alguna inmadurez el usar las cuerdas vocales, hacer palabras y escritos cuando está el pensamiento. Y en qué han cambiado! La muerte es posible, pero tampoco se debería tratar de matar por matar. Es cercano como a lo terrible que puede ser tener que elegir entre un mal menor en alguna votación. Si existe división de seres extraterrestres y ultra-terrestres, debe ser también por alguna inmadurez. Se supone que uno queda. Es penoso pero tal vez sí existan los enemigos irreconciliables, unos que antes si bien no eran amigos, al menos eran compañeros. Una sola de las partes tiene terquedad, lo otro es razón, de otro modo no habría lío. Debe ser que si están en lugar, pues es natural que el hombre esté en un lugar, y además si hay otros como él, aun con un pensamiento distinto, también en algún otro lugar, es porque deben compartir. De otro modo unos hubieran nacido en un planeta y otros en otro. Tal vez la terquedad no sea más que con ellos mismos, así, son ellos mismos quienes se pelean. Como cualquier otro animal que aun viéndose semejante y con el que podría departir al menos un momento, no hacen más que agredirse, por territorios y todo lo que éstos incumben.

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Materia oscura casi gris

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Bien se podría narrar la vida de una persona y mejor la propia, algún tipo de diario mucho más detallado y concienzudo. Pero suceden dos cosas: una, que la narración sea hecha con cierta fidelidad y vaya acorde con lo que sucede y con lo que ha sucedido, aunque obviamente no mejor que la vida participativa misma; otra, es que la narración tenga momentos cortados o distorsionados, ya sea en partes o en su totalidad. Es distorsión que haya una palabra más o una menos. Hay una gran distinción entre el hacer y el no hacer. El tan solo pensar no es no hacer, lo malo es algo que no se debe ni hacer ni pensar. Cómo eliminar algo valioso? Tampoco se trata de una cuestión de narrar bien o narrar mal. El punto es que no se adhiera o quite partes. Y es como un peso que tiene que caer el que si ni se resta ni se suma algo, aunque ni mejor ni peor, está conservado. Qué cosas se conservan o se deberían conservar? Bien que haya cosas que se conservan solas además de conservar a otras (doblemente bien). Quién podría decir que no se sirve de esas otras cosas y por ese servirse mantenerse. En sí las cosas son gratis, lo costoso y el peso son las decisiones de otros por otros con alguna que otra representatividad. No puede no costar eso que sirve. Pero qué razón es que no pudiendo acaparar nunca todo, por ese tiempo corto de vida, que mucho sirva a poco. El problema de lo poco es que aun siendo eso pueda valer más o al menos algo más que poco. Puede ser que sea tan injusta la naturaleza? Es que nos atrofiamos nosotros mismos con el tiempo? Atrofiarnos nosotros mismos incluye uno mismo y unos con otros. Porque algo de la entropía nos debe afectar, así como la degradación de una materia que ya no puede generar más energía de la que tiene. Esos bienes que pueden mantenerse por sí mismos además mantener (conservar) a otros, ya con sus respectivas porciones de energía, no pueden más que acatar y esperar; así también es poco lo que pueden hacer para elegir ni antes ni después. Se debería oír y seguir a quien diga que se puede elegir, pero ni esos astros eligen lo que quieren y si eligen esos que piensan en algún grado, igual no dejan de ser más que minucias. No debe ser toda la respuesta pero en gran parte es la quietud.

Luego simplemente ya no se quiere recordar o si se recuerda es solo o lo que uno desea recordar o lo que no se desea recordar pero se recuerda. Es alguna parte y culpa de uno mismo que se tenga que lidiar con eso pasado y con lo que se hace en lo progresivo. Tal vez siempre se sueñe solo que no se recuerde. Tal vez también haya seres que nunca sueñen o por ya estar dormidos para siempre o por estar despiertos, atentos y en vigilia constante. Como sucesos en la vida diaria que no se pueden obviar tampoco se pueden obviar ni el dormir ni el soñar. Los sueños, los recordatorios de la vida y el dormir el de la muerte. No se puede dormir para siempre, no puede no haber una consciencia que no desemboque en un alma. Entonces todo eso conocimiento sería el puro vacío. Hay un fuego que no necesita ni combustible ni comburente y se apaga y se enciende en cualquier lugar y en cualquier momento a total discreción. La Sinapsis Primera.

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Alguna bulla oculta

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Qué te diría ocultamente, ocultamente que es más fácil. Lo que sí no hace el decirlo en lo oculto es evadir la mentira, pero si habría de decirte mentiras preferiría poner el punto final aquí. La pregunta aunque sin su símbolo, es por desconocer que puede ser un no sé de no saber qué elegir y no no sé de no saber; habría que agregarse también un no sé de no saber por dónde comenzar y más cada vez que es menos oculto que esto. Decir lo primero que se te viene a la mente aunque no por primero necesariamente más importante. Parece que cualquier cosa que se haya hecho es porque algo habrá importado y como lo de las mentiras tendría que haber un punto definitivo aquí si no importara. Porque esto en algún momento finalice tampoco quiere decir que no haya importado, el hombre no es el que pone los fines aunque se ilusione con ello. Porque ha pasado el tiempo y porque escriba “día” no son sus horas ni sus minutos, todo eso que ha habido. Porque no se puede olvidar, que en otro modo sería no acodarse, de algo como tu idioma materno, salvo tal vez con un traumatismo que afecte las zonas de la memoria y del lenguaje en el cerebro, que es en lo que estás pensando a diario; podría ser un uso descontinuado y por el contacto con otra lengua distinta, dependiendo también de a qué edad, aun así seguro habrá unos que pierdan más o menos eso que aprendieron de niños, que quieran dejarlo o retenerlo. A veces está tranquilo, en calma, lo he comparado con algún vaso o diáfano con agua hasta el tope, quien no sabe que está lleno y hasta el mismo quien lo pudo haber llenado podría haberlo olvidado, le parecería vacío y se daría cuenta de lo contrario solo hasta que se mueva o caiga un poco de lo que contenía; un peor, llegar a vaciar todo o gran parte del contenido; otro aun y aún más peor, llegar a romper el vaso  y con el todo el liquido desperdiciado, liquido que se habría llenado por alguna razón. Sellado una vez llenado tendría que estar, lleno de un mismo liquido, que alguna vez solo se duerma y cuando luego despierte aunque ya no sea el mismo frasco, que sí sea el mismo liquido, liquido que haya querido completarse con otros debido a desgatar el contenido por olvido o desconocimiento, desconocimiento que es en sí mismo ya un mal uso, y que al reencontrarse se vuelvan a sellar otra vez con todo otro liquido nuevo que hayan podido acumular. Si no se quedasen siquiera con alguna milésima parte de todo eso que adquirieron, eso sería toda injusticia. Sin ninguna seña no habría ninguna busca. Pero qué magia hace que en otro frasco esté el mismo liquido? No hablamos del simple acto de vaciar un contenido de un recipiente a otro y así tener el mismo liquido en otro recipiente, hablamos de un frasco en otro tiempo después de morir. Tal vez también podríamos ponernos a recoger el agua regada… Se tendría que esparcir y al reaparecer a quienes se pertenecen juntarse en un nuevo recipiente, sellarse. Hay sí seres que se sellan a ellos mismos y hay de los que necesitan de otro para sellarse, para estos últimos no hacerlo es la verdadera muerte; cosa que no es tan mala después de todo sino que es morir antes de lo que se debiera; y quién sabe quién muere a menos sea un suicida o un asesino!?, y ni así tal vez la tengan tan segura. Aventó con los pies la silla, pero cuando ya no sentía el aire, quería alcanzar la silla que aventó con sus mismos pies. Siempre será preferible un rayo en una roca que un rayo en un árbol.

Pues ese día me cansé. Si se está haciendo es porque vale la pena al menos eso parece y además tendría que terminar. Por decir que algo termina no quita nuestro principal creer de que en sí nada, al menos de hombre, termina. Que el hombre diga que ha terminado es mera ilusión y hasta cierto punto solo debido a que existe eso llamado palabra y con ella la retórica y el poder hacer uso de éstas. Únicamente que puede ser sin compañía, alguna cantidad mejor que alguna calidad. Podría decir alguien que un edificio común y corriente de alguna calle cualquiera habitado está terminado, que un auto recién salido de cualquier fábrica está terminado. Es algo que de forma particular no se podría negar, pero que sí de forma general; como lo particular con lo general no son cosas totalmente distintas no valdría la coma antes del “pero”. Tendrían que terminarse todos los edificios y todos los autos y no volverse a hacer ninguno más. Acabados éstos o por maravillosos o por que acabados su creadores. La misma idea con no saber de no saber y no saber de no saber qué elegir; todo eso podría ser un pero. Primero porque valió la pena lo que provoca esto y porque también vale la pena tratar de explicarlo en lo mejor que se pueda. Tal vez sea por el hecho de vivir antes en una casa y luego habitar en un departamento de edificio. La vecina anterior de arriba era menos bulliciosa a la que vino luego, en algo creo haberla espantado. Pero de verdad les digo que a veces cuando llamaba para decir que no fumemos no éramos nosotros y también sentíamos el aroma del cigarro aunque de forma ligera; contar también que tenía un bebé recién nacido y si el humo con el aroma venía desde arriba a ella le afectaría más todavía. No diremos que nunca habremos fumado al menos más de un cigarro, pero las veces que llamó no era uno el culpable. Tuvo que salirse, alquilar su piso a otra familia. De tan aburrido y cansado de la voz y de las chácharas con otra u otros de voz tan pesada, casi ya gritos, aunque tampoco es que haya sido la única razón, hice lo que tenía pensado hacer desde hace un tiempo atrás. Cosas así la hacen una suma de malos ratos, cosas que no solo tienen que ver con vivir en edificios. Como alguna de mis protestas personales que seguro a nadie más que yo importa, aunque lo de ese día sí seguro importó a algunos, no me importó y por suerte creo o por alguna razón que desconozco la saqué barata y muy. Aunque ya había oído la música en un volumen que podría considerarse alto, esa noche con su madrugada y con una mañana entera, aproximadamente desde las nueve de la noche hasta casi cerca la una de la tarde, el volumen estuvo alto. Como para no decir que lo hacia por y con el “valor del alcohol” (más valor hay en hacer cosas sobrio que ebrio, aunque llega a ser más divertido tal vez) no habré bebido la cerveza que ya tenía obviamente lista hasta que fuesen al menos las once y algo de la noche y luego tampoco eso ya importó. Puse toda la música que pude poner, desde música clásica, cantos gregorianos y tal vez de todas las que puede haber oído en mi vida hasta esa fecha y que obviamente tenían que gustarme y porque tal vez sabía que a alguien le gustaba y aunque no lo oyera en ese momento alguna vez lo habría oído y seguro en algún momento oirá de nuevo aunque no oigamos que lo oye. Alguna vez tuvo que escribir algo de borrachos. Cuando se despertó a esa hora no había ningún dinosaurio sino que tuvo que apagar lo encendido y a una pequeña siesta más otra vez.

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