Literatura no tan importante

no tan importante

Bárbaro extranjero

En el tiempo de los extranjeros conocían la sangre, sobre todo la sangre en vano, sangre de unos como ellos mismos, sus semejantes. En aquel tiempo se odiaban por sus diferencias, felizmente luego aprendieron a respetarse y quererse. La distancia, la que también llegaron a dominar, tal vez aquella los había hecho odiarse. Entre extranjeros unos para otros eran bárbaros, querían tener su razón, olvidaban su paso prestado por la tierra, sus cortos largos días en vida. Tuvo que suceder mucha guerra y con ella sus sangres derramadas, sus verdaderos y falsos héroes. Se abrieron las fronteras, despertaron al verdadero mundo, no uno extremadamente dividido por vanidades ni ceguera egoístas, ceguera de verdaderos bárbaros. Todo lo malgastado y desperdiciado en armas para asesinar a sus semejantes, a unos con quienes en toda la soledad al menos podrían dialogar, acompañarse, aprender uno de otro, alimentó más bocas, vistió tanta fría desnudez. Pobreza, guerra, racismo, todo lo que antes los dividía era solo historia, una triste historia. Si bien la muerte no desapareció, se hizo más larga, tarda, muy lenta. Se moría porque se tenía que morir y no por ninguna saña ni odio. Tal vez entendieron que los únicos quienes se podían aniquilar eran ellos mismos, entendieron más su fragilidad. Tanta, pero tanta muerte, tanto desecho habían desaparecido. Si ellos querían era verano, si ellos querían, invierno, el clima estaba más a sus pies. Con sus muertes vanas no hacían más que acelerar el tiempo y lo que ellos querían era detenerlo, hacerlo lento como a la propia muerte. No mataron al tiempo como al clima, pero empezaron a convivir mejor con él. Convivir mejor entre ellos, con su propio planeta, con su propia riqueza. Después de todo comprendieron que las armas, fuera de sus puños y dientes, era solo de cobardes. No solo el mejor podría quitar una vida, sino también el peor malo. Cualquier lelo podría convertirse en asesino y lo que ellos querían era conocer. «Extranjero, extranjero», jamás se volvió a oír en ninguna calle, en ningún lugar. Ninguno de sus vivientes, en ningún lugar, estaban fuera de su terruño. Ah, y los gobernantes, ellos mismo de sí mismos, de sus propios actos y responsabilidades. Unión, cooperación, cero lucha y competencia. Extranjero, bárbaro, enemigo, anacrónicos. Tal vez su único enemigo era su propia superación, retrasar al tiempo. No volvieron a olvidar la poderosa y misericordiosa mano que siempre los salvó y sustentó.

Sacrificio

Busco el silencio y, a veces, para encontrarlo, tengo que hacer ruido. Porque cada uno con su bulla está contento y esa bulla es su silencio. La calma está muy por encima de la revuelta, aunque ésta crea que está primera. Lo calmo, si no es la paz, es seguro lo más cercano a ella. Cómo algo alocado, algo que no sabe lo que quiere, que no sabe lo que busca, puede ser mejor que algo que ya se ha encontrado. La violencia es algo que todavía se está cociendo, moldeando. En los términos mortales algo terminado se podría arruinar, romper, deshacer; es lo natural para ellos. Ningún mortal podría eliminar cualquier equis número. Ni menos tampoco habría necesidad de eliminar algo que verdaderamente es útil. Formamos parte de lo dañado. Es cuestión de cada uno poder recuperarse. Si se dejó dañar no fue por ninguna debilidad, sino para mostrar la maldad que existe entre la gente que vive con miedo. Poder salvar a su pueblo y no solo a sí mismo. Desde el pasado, desde el futuro, por siempre. Lo inocente y bueno no teme a nada. El que sabe que la justicia, y no la del hombre, existe, no teme a nada. El que sabe que la justicia existe la busca. Quién podría negar que la violencia está más cerca de la muerte que de la vida, aunque veamos y sepamos que un animal de presa muchas veces cumple su cometido, poder subsistir junto con los suyos. Pero qué tanto de perdón sabrán los animales que menos conocen de las sutilezas! Una forma de mejorarse es desechar las apariencias, lo superficial. Buscar el verdadero silencio, lo que está más cercano de la paz. Aunque vivamos no sabemos de la vida, lo que es peor, a veces ni la de la propia; así cómo podrían importarnos otros seres, el planeta mismo. Si la injusticia no es la violencia, tan lejanas no están una de otra. El calor, sino es el fuego, es una de sus partes o alguna de sus formas en las que se presenta. El mejor de todos los fuegos es el que no destruye, aunque también lo pueda hacer.

            Hace dos o tres meses o quizás medio año todavía vivías, te movías, te nutrias. Espero un día no tengan que morir nunca más. En el peor de los casos reducirles en todo lo posible sus sufrimientos. De los argumentos más “fuertes” de los carnívoros, que sean sobre todo creyentes, es el que se refugia en el alimento como un don de Dios; y no es que no lo sea. Pero también, parece, todavía, podemos tener al menos una mínima noción de lo que podría ser la compasión. Quizás si Pilato lo hubiese defendido con sus legiones, aunque no necesite ayuda alguna de ninguna legión, pues de un solo soplo podría eliminar a todas, aun así, ese solo gesto podría haber cambiado todo. Lo que tal vez se recuperó con Constantino. Siendo mejor esto último, pues a todas luces es mejor un emperador a un prefecto o procurador. La compasión son todas las gotas de los actos sinceros de cada uno y los ríos y lagos están hechos de la unión de todas ellas. En algún momento, en cualquier lugar, una gota más o una gota menos podría hacer la diferencia. Toda la materia existente concentrada en un solo punto. Volver a rehacernos. Recomenzar.

Hora

Después de todas las guerras, tal vez cansados por ello mismo, cambiaron. Es posible también que después de ser miles de millones y descender a solo un par de millones, asustados y hasta traumados por el miedo a desaparecer por completo, se haya producido el cambio radical de dirección. Ya no conocían, mas que como historia, los años, meses y días. Qué miércoles, qué domingo u otro de los llamados días, en cualquier idioma, eso ya no se usaba más. Su medida de tiempo era el cumplimiento de los objetivos propuestos. Cada meta lograda, otra era, aminorar las distancias. Los segundos y las horas eran meramente referenciales, pues estaban en un solo momento hasta cumplir con su plan. Mucho menos si ya no había días ni años, menos había fronteras, por fin una sola sociedad. Qué leyes podría haber para una especie que está literalmente al borde de la extinción, mas que o la ley de la selva o la ley de la razón. Razón que fácilmente podría ser también amor. El mismo planeta en el que vivían cambio de nombre, pasó a llamarse Hora en honor al tiempo. Otra razón para el cambio fue, porque de lo que era, quedaba solo una parte, entre contaminación nuclear, zonas áridas, así como inundadas; cómo podría mantener su nombre cuando el cambio era más que catastrófico. Además de un clima extremo, totalmente rudo, cambiado e inestable, hacerse la guerra unos con otros fue la peor idea. Tuvieron que achicarse los espacios para entender que una natalidad no puede ser descontrolada, hacer del exceso la regla. Tuvieron que desaparecer ingentes cantidades de otras especies, ya por sus manos o las de la naturaleza, para verse más solos en todo ese espacio. Cómo siendo adultos mayores, supuestamente racionales, podrían necesitar de gobiernos, de no civiles con capacidad de portar armas, de otras personas que los ayuden con su propia psique y relaciones interpersonales, de excesiva riqueza en un puñado de personas, ahora en Hora cada uno era responsable de sí mismo y de los que en verdad podía hacerse cargo. Si existía eso llamado riqueza era para cada uno de los que vivía y de los que vivirían luego, para cumplir sus objetivos como una sola fuerza. Riqueza que no sirve para adquirir lo que realmente importa, así se convirtió enteramente en una herramienta, en lo que como otras que poseían, pasaron a dominar de una mejor manera. Qué podrían hacer mejor juntos que divididos y más siendo pocos, por qué tendrían que ponerse trabas entre ellos mismos, si tenían que progresar y sobrevivir. En Hora, en cualquier parte del globo estaban en el mismo tiempo, no importaba con la luz de su estrella a su favor o en su contra en algún cualquier lugar. Era inadmisible que algo que debía, sino estar a su servicio, al menos estar más controlado; no dejar que algo como el tiempo los dividiese. Cómo podrían dividir las matemáticas! Le pusieron el nombre de lo que también ya habían perdido, pero para mejor.

Zul

Había una luz pero nadie sabía qué más podría ser aquello. Estaba en el cielo y no se le podía mirar de forma directa. Una luz, un resplandor podría ser cualquier cosa; desde algún fuego artificial, algún cohete con alguna nave o misil, algún asteroide o cometa. Aunque no la mirasen de forma directa todos sabían que estaba. El no saber qué era nos asustaba. Ya estaba suspendido por unas horas en el cielo que recién empezaba hacerse de noche. Ningún sonido pero sí una luminosidad que opacaba todas las otras luces que podrían haber en el firmamento. Con quienes estaba no sabíamos si escapar o intentar acercarnos. Para todos esa luz estaba en el mismo sitio, desde cualquier punto del globo todos miraban la misma luz en el mismo lugar, evento muy extraño. Se les había hecho la verdadera noche. Era un objeto que no tendría ningún impedimento ni resistencia para hacerse parte de todo, traspasar cada molécula y partícula. Así, escaparse o acercarse era lo mismo. Habíamos dejado todas nuestras distracciones para intentar mirar al cielo, además de mirarse unos con otros o intentar mirar en otras direcciones, todos querían tratar de fijar la vista hacia el cielo, hacía ese destello. Aunque trataran de mirar con espejos, lentes, cámaras, telescopios, lo que fuese con que se pudiera usar para mirar, todo lo observado estaba deslumbrado, copado de luz. Después de ya mucho rato en el cielo, el fulgor parecía expandirse un instante y al rato volver al tamaño de cuando empezaba a manifestarse. Pulsos discontinuos siempre de forma casi circular. Para ese entonces, sin ninguna noticia por ningún medio que pueda explicar la naturaleza de lo que sea que estuviese en el cielo, los grupos reunidos en las calles, amigos, familias y hasta desconocidos que se encontraban de forma circunstancial por el mismo lugar, estaban abrazados, como dándose aliento, consolándose. Para la relativa pequeña ciudad en la que nos encontrábamos ya no quedaba nadie más dentro de sus casas. En un muy corto instante se pulverizaron, se hicieron radiación, algo menos que polvo cósmico. Cómo no anticiparlo con tanta tecnología, pero cómo anticipar algo que proviene de otra dimensión. Tal vez estábamos al borde mismo de un agujero negro. Todo empezaba para todos.

Hormiga

Un día estaba el niño y le declaró la guerra a las hormigas. Con lo que podía para exterminarlas a fuego o agua o la presión de algo como un pie o un dedo para acabarlas. En cualquier lado que las viese, por las esquinas de una casa, por entre el césped del jardín o un parque, por donde fuese las mataba. Algún cebo, una mosca muerta o algún resto de comida para atraerlas y matarlas. Por momentos no quedaba ni una sola por las gradas, entre las grietas de la pared, a unos metros a la redonda era la desolación de las hormigas. En minutos, que deben de ser como horas y quizás días para ellas, entre ocultarse en pleno verano y no estar consiguiendo alimento alguno, aparecían de algún lado unas pocas contadas, qué más por alimentarse y vivir. Qué mal no poder seguir matándolas, mamá llama y dice que la acompañe, por el momento que dure entre ir y venir, estarán a salvo, se seguirán reproduciendo, algo que no sea un cebo conseguirán para almacenarlo y comerlo luego. Y mira, en el lugar a donde debía de ir a acompañar, habían muchas otras más, hasta algunas un poco más grandes y rápidas, más negras y ya no pardas, y cómo acabarlas, sembrarles el terror. El tiempo que estaría en el lugar no sería suficiente ni para acabar con unas cien, además de su libertad de movimiento limitado por la vigilancia materna, no te alejes, quédate aquí, no te muevas. Al fin, la hora de volver, de nuevo a las gradas o en el patio, ahí donde las encontraba las acababa, ahí dónde las dejó la última vez retorciéndose o ya inmóviles sin ninguna reacción. Quemadas por la luz potenciada del sol en la luna de la lupa, perseguidas hasta que se carbonicen, ahogadas con el agua de un chisguete. Se acabaron los días de sol, no se las ve mucho ni en otoño ni en invierno, quizás una que otra aventurera desorientada, alguna expulsada o autoexpulsada de su nido a punto de morir de hambre. Y en un día de tantos murió una hormiga, y en ese día de muchos, el niño que ya era un anciano murió también. Igual ellos y ellas todavía caminaban, se tropezaban entre todos, se aplastaban sin querer. Ninguno se acordó del otro cuando ya no quedaba nada, corrieron el mismo fin, unas antes y otros después.

Por Februa, el último mes

Salve a una, pero mate a muchas. Salve algunas, pero mate a muchas. De ninguna supe su nombre, no tendría que saberlo; ni de las que salvé ni de las que maté. Tal vez ni siquiera las maté o las salvé yo, quizás fueron sólo circunstancias. No cuidar para que no mueran es matar. No las cuidé. A todos nos hace matar algo, alguna pasión, alguna venganza, algún error. Mata el instinto porque no sólo son razones, si por éstas fueran nadie tendría que matar a nadie. Mata lo que no es ni instinto ni razón. Mata eso mismo que parece sólo materia inerte, impulsado o no por algún viviente. Y todos sabemos que más muerte de las cosas es su olvido que su desaparición. A todos hay algo que nos mata. Y es culpable! Por ello no tiene ni nombre ni rostro, porque es a todos. Algo que no tiene olvido porque es el olvido, aun peor, olvido que nunca fue recuerdo. La peor de las fantasías. Todos o algunos viven después de ella. Todos o algunos porque así tiene que ser. Porque no es un nombre lo que es. Porque no es un hombre lo que es. Porque nada de ella es. Aunque mueran, viven y ella sigue sin nombre. No dura más lo defectuoso que lo perfecto. Defectuosas las que por mi murieron y menos defectuosas y un poco más perfectas las que lograron huir de cada vez que las intente matar. En un ademán de golpe desaparecieron, no las vi de nuevo. Revolotean, todavía revolotean. En el suelo o en el aire, con dos o cuatro o cien patas. Es que en ese mes nacieron y en ese mismo mes murieron.

Cenicero

De a pocos adquirían la costumbre, de a pocos iban apareciendo. Ya no respiraban ni total ni completamente oxígeno. El problema de cada uno de estos era que, si bien podían resistirlo, era también su última oportunidad. Ya no como los otros que podían asimilar además de oxígeno algún otro veneno. Qué más venenos podrían ingerir ya. Ya habían logrado acostumbrarse a toda la toxicidad y combustibilidad del oxígeno, ahora, para su último fin, a otros tipos de venenos más. Alquitrán, amoníaco, arsénico, amonio por mencionar algunos. Los últimos que respiraban solo oxígeno desaparecieron, quedaban muy pocos de los que podían respirar oxígeno y sus demás otros venenos. Empezaban a reinar quienes ya solo respiraban sus venenos. Aun sabiendo que ya no podrían con el fuego, su locura por este era tanta que no les importaba ni que fuese su última oportunidad ni que se quemaran y vivieran con ampollas y llagas. Todo el monóxido ponía negros sus pulmones como sus corazones. Todas sus neuronas ya eran corruptas con sustancias demás que hacían que ellos ya no fueran ellos aunque todavía se lo creyesen. Eran seres más pesados. Porque además de vivir, necesitaban y dependían a morir de lo que los mataba. Qué corazones pueden haber ahora después! Vivir no es solo el intercambio de oxígeno. No se puede vivir contaminando. No piensan ni en ellos mismos mucho menos en los otros. Estar y quedar juntos es una mera circunstancia, si no se matan es porque no pueden comerse. Como ellos mismos son solo venenos. Rebasar toda tolerancia no por apartarla, sino por hacerla propia. Ellos son toda la extinción. Se quejaban y discutían por los desechos cuando ellos mismos son los desechos. Ellos mismos eran sus problemas. Desde el cielo ya no se miraba nada azul, en cambio se veían grandes manchas de humo, como si hubieran hecho erupción varios volcanes a la vez. Y era en los sitios más opacos, oscuros y humeantes en los que vivía toda esa gente; que no serían más de un par de decenas de millones. Se tomaban todos sus relaves y desechos industriales, esos eran sus mejores alimentos. A todas horas se valían de alguna linterna o reflector, pero de ninguna máscara ni filtro. Sólo vivían para contaminar y volver a contaminar. Si entre los que podían asimilar sólo oxígeno y los que podían asimilar alguno de sus comunes venenos además de oxígeno correspondían a un mundo en donde todos eran cualquiera, ahora los que solo asimilan sus monóxidos y tóxicos corresponden a un mundo en donde todos son nada. Todos sus colores son de tonos oscuros, sus luces no son tan luces, alguna común vela solitaria en algún otro tiempo antiguo alumbraría más que aquello. Pero así están acostumbrados, tampoco podrían tener ya mayor oscuridad. En algún lado tienen que caer todos sus propios desperdicios, todos ellos mismos.

Rolf

Primero fueron las flores, sólo después que el agua fueron las flores. Las flores son una parte de las plantas pero antes fueron las flores. En esa aridez la cual sólo de vez en cuando se regaba, crecían y se morían pero todo sus restos hacían una tierra más fértil. Su belleza a su muerte, su colorido a su muerte. Ninguna se queda metida en la tierra, todas como todas querían ascender, captar la luz. Asentarse donde ha de morir. Su conocimiento como su desconocimiento a su muerte. Pero no les importaba! Primero era florecer. Luego, igual, no les importaba. No luchaban entre ellas, solo que morir o vivir, sabían, no dependía jamás de ellas. Quién no quiere alcanzar la luz!? Al contrario, que se mataran unas con otras, no les permitiría alcanzar la luz, su vida. La maldad se instaló mucho pero mucho después. Instalarse, pero no reinar ni para reinar. Aun así, de todos modos, siempre han existido y existirán quienes nunca olviden que aniquilarse entre ellas es el final; no de una ni de tres, sino de todas. Antes pero mucho antes de la maldad, aunque no lo supieran, entre ellas había paz. Paz ni siquiera con ellas mismas, sino con lo que hacen fértil. Elegir entre una total aridez o un verdor de un prado que no ha sido pisado por ningún ser; algo que crece y muere en paz cada vez. Un campo de cualquier variedad de flor. Florecer, toda su luz y color captados, toda la explosión de vida. Lo primigenio, lo único antes que las flores, antes que toda paz o amor o sentimiento de vida. Aunque no se mirarán, a lo lejos unas con otras, estaban siempre firmes, conociendo su único y principal cometido. No se mataban entre ellas jamás. Y de dónde venía luego de toda esa aridez toda la vida, podrían preguntar otros, lo cual pocos saben o muy pocos quieren saber. No se ven a lo lejos y ya por ello creen que no existen, pero ellas están, son parte de ellos. En algún minúsculo momento son ellos. En algún minúsculo momento serán ellas. En algún minúsculo momento fueron ellos. Toda la vida serán ellos si no se matan. Después quizás venga de nuevo toda esa aridez y luego quizás, quién sabe, otras flores a vivir. Si somos flores no neguemos nuestro color, toda nuestra vida. Sería como querer negar toda la vida, todo lo que ha sido antes y nos alumbra, cosa imposible. Si todos mueren, nadie sabrá nada, pero si permanecen, solo en ellas está mucho el hecho de morir o vivir para siempre. No lo saben o es que no quieren saber, pero desde todo inicio, aquello siempre ha estado única y exclusivamente en ellas. No se pueden explicar. Una sola no puede hablar por ellas, pero esa sola no debe olvidar a otras. Todas son una y una son todas. Tampoco todas pueden hablar por una sola, aun así, sus pólenes se esparcen por el aire. Después de que se instaló la triste maldad, les empezaron a importar sus colores, arrancarle el color  a otra. Olvidaron que su color y entre otras cosas más no les pertenecen. Si les perteneciera no perderían su color. Aun así como si no tuviesen el suyo. Se guardan en esa aridez y despiertan a otra. En sus nimios, ínfimos, minúsculos y triviales momentos propios.  

Esperar

Alguno dirá que no gusta de esperar, pero el hombre, entre otras cosas, aunque no quiera hacerlo, espera. El estado del hombre es un estado de espera. Cómo podría en efecto  evadirse del porvenir? Ni aun de muerto se puede evadir, por suicidarse uno no se limpia el cargo, incluso es peor, se es mucho menos libre. A un algo uno que debería haber tenido un tiempo X, acortarlo, reducir su valor; por qué de verdad cuánto puede costar el tiempo? Tendrían que haber buenas razones que lo justifiquen? Puede uno estar muerto, pero el porvenir no desaparece por el muerto. Alguien quien tiene la menor cosa posible no es libre, sino que está atado a ella. Está atado con eso de lo que se precia. Solo tal vez esos babas hindúes que andan desnudos o a penas con taparrabos y sin ninguna o poquísima pertenencia serían lo más cercano a lo que el hombre puede llamar ser libre. Tal vez salvaje pero libre. Ser salvaje no es sinónimo de depredador. No es quien quiere toda la caza y todo el harén para sí el depredador, depredador sexual y salvaje? El predador no puede ni debe ser manso. Estos que en otras latitudes se les podría considerar personas chaladas por su desnudez y entre otras características, aunque claro no por el mismo motivo, sino de una forma más consciente en su razón y consecuente accionar, llegan incluso a ser venerados, tener discípulos. Al igual también más a sabiendas que aquellos a quienes se les suele llamar “no contactados”, muestran su desnudez de una forma seguro más inocente y más natural aun ya siendo adulto. Los nudistas dicen “vámonos a desnudar”, los otros siempre o casi siempre lo han estado. Lo que está desnudo ya no se puede desnudar. Desnudo no es alguien que vive con mentiras, ésta es un robo. Es hacer esperar con exageración. Se te libra de algo más vital e importante como es la realidad; así, se te induce al error. La mentira será una realidad, pero no es ésta misma. Alguien con mentiras todavía no está desnudo. Ahora, la espera, no termina en ello. Se puede tener un esperar calmo o uno tormentoso. No debe ser lo mismo esperar lo que ha de venir y lo que no ha de ser de ninguna manera. Es mejor quien espera o hace esperar? Nos parece que si alguien se va haciendo esa pregunta es porque algo no está yendo bien. Debe ser alguien que ve a otro alguien como un desigual. Se supone que si es pactado y no implantado debería cumplirse mejor; lamentablemente habemos personas que todavía no podemos vivir sin implantación. Como todos esperan, todos pasan. Y aun sin que los llegues a conocer eran quienes tenían que pasar en esos precisos momentos. No otros, sino ellos. Pero como algunos pasan, también algunos se quedan y ven juntos el pasar.

(más…)

Frío

Nos volvemos como el ambiente y tal vez hasta más frío. Debe ser también por la bondad que es superioridad de la naturaleza es que hay seguro sitios más fríos. Para que no sean solo ellos los malos y más malos. Son distintos una cosa que siempre dependía de calor externo a una que se la daba a sí sin más explicación y que luego de la misma manera lo perdía. Pasar a ser una mayor uniformidad; pasar que podría resultar también retornar. Además de retornar, todas esas células que antes no eran y que luego hacen un ser superior pensante, suman un peso, eso mismo ahora es más, y así sumándose más y más tal vez se lleguen a incendiar como una estrella. Desaparecer no podría incendiar nada y aun podría ser mejor por no ser ni frío ni calor. Una estrella fría. Eso que depende de calor para su calor siempre ha estado descubierto para sí, pero es lo que esos otros tienen que descubrir. No pueden descubrirse más de lo que ya son, para los otros es su fin y misión. Uno se aprovecha del otro. Tendrían que acabar de buena manera con el ambiente. Porque llegan a no diferenciar si es que hace más frío porque están más viejos o si es porque solo hace más frío. Y fuera de todas sus inferencias al frío no le importará si se lo siente más o menos, seguirá siendo lo que era independientemente de él. Potencia debe ser quien domina al frío y al calor, algo incorpóreo, que escape a ellos, que los contenga. No se apaga el fuego con más combustible. Uno huye del otro pero es seguro que hay algo de lo que ambos huyen. Seguro también que hay algo que nunca huye, no se puede huir siempre, no puede ser el huir la respuesta. Es en una disputa también que uno huye del otro, con igualdad no podría haber el huir. Ni unos fríos ni otros calientes. Porque menosprecian esos nombres de muchos años y muchas bibliotecas, todo ello que es mantener vivo un recuerdo. Recuerdo es en cualquier momento, tradición son fechas etiquetadas. No se es menos frío siendo totalmente olvido? El olvido debe ser más frío que el recuerdo, pero dicho sin temor si es la suerte que corren todos. El cariño no puede ser frío ni tampoco frío la admiración, cómo se podría recordar algo que ni se quiere ni se admira. Recordar algo que no has conocido de ninguna manera. No solo debe haber fuego por su uso y su necesidad, sino también porque siempre admira o solo viéndolo o si te toca. Algo seguro muy cerca a lo etéreo que te puede consumir, derretir una roca. La vida en una estrella. Lo malo no podría ser caliente, debe ser una cosa muy fría, no por ello lo bueno ser algo caliente. Frío como el Cocito de Dante, el círculo noveno del infierno y peor lo que hace que éstos se hielen. Y si lo bueno fuese algo que quema, solo seguro es algo que quema a lo malo; de otro modo sino qué contradicción! Lo bueno debe ser eso que sostiene a todo. Lo bueno debe ser toda la potencia. Recuerdo, algún calor de sinapsis.

(más…)