Amarrado a su propia promesa de sacrificar lo primero que le saliese enfrente a su regreso, si es que salía victorioso de la batalla, la tuvo que ofrecer, su única hija y descendencia. Qué tiempos tan duros de inmolaciones, de vidas que dependen de la voluntad, decisión y hasta capricho de alguien más; cosa que, dependiendo de la latitud del planeta en la que una persona se encuentra, sigue todavía más o menos vigente. Llorar con sus amigas no solo por el hecho de morir, sino el de morir sin haber conocido varón, sin poder ser madre. Hasta la muerte fue mejor aceptada que el hecho de morir virgen. Decisión de otro sobre uno o unos, sin ningún tipo de consenso, es tiranía en todo su sentido. A primera vista parece convincente el eslogan de la llamada “marea verde” el propugnar que la mujer tiene derecho sobre su cuerpo, lo que en efecto y de manera general se aplica a cualquier persona, mas para llegar a copular sabiendo todos los riesgos, a menos haya sido mediante el abuso y la coacción, implica ya la destrucción de un nuevo ser el abortarlo. Peor aún y aun habiendo variedades de métodos anticonceptivos. Hasta qué punto no es solo un eufemismo llamar aborto a la muerte? Debe de ser de los actos que como especie más debiera de avergonzarnos, vernos como simples desechos de deslices de un momento de placer. Viéndolo de la forma más materialista, se desechan posibles humanos, recursos humanos, dinero. Por qué mejor, todas esas personas con atuendos verdes, además de otras que sin portar los mismos colores están en la misma línea de desechar vidas humanas como simples desperdicios, no se unen para criar a todos esos seres no deseados y hacerlos personas de bien? Qué simplista y facilista pensar solo en desechar! Aunque claro también en algo debe influir la poca participación de los Estados en tomar bajo su tutela a todos quienes se encuentran desamparados o en todo caso tutelarlos con mejores recursos de calidad; porque de dos cosas está formado un Estado: su territorio y su gente. Ya habrá algunos que tilden a esto de paternalista, pero si no es el país en el que nacieron quien debe cuidar y proteger a seres sobre todo indefensos, entonces quién o quiénes si ya han sido despreciados de antemano? Derecho de su propio cuerpo, pues claro que todos tenemos derecho por nuestros cuerpos, pero cuando dentro de un vientre se desarrolla otro ser, ya no es un solo cuerpo, la decisión ya no es por uno solo. El derecho y decisión sobre el propio cuerpo tendría que haber sido antes. Que mal y triste, a su vez, decidir más por la muerte que por la vida. La única razón posible para frustrar un embarazo tendría que ser debido a problemas clínicos comprobados de manera fehaciente. Cada hijo no deseado o nacido de delincuentes totalmente desquiciados y desalmados tendrían que pasar al cuidado de su país y llevar como apellido el nombre de su terruño. 

        Como muy lamentablemente en algunos países y Estados se han aprobado legalmente los abortos, deberían también, de pasada, esterilizarse a quienes ya mostraron que no desean tener descendencia. Tal vez deberían haberlas esterilizado antes. Desechar por desechar es de mentes apocadas. Con todo el dinero de corrupción, cuántas personas de bien se podrían formar para la sociedad? De las decepciones más tristes que debe de haber es que unos auto-proclamados nacionalistas roben a su propio país. Si bien la historia de Jefté y su hija no es sobre un aborto, si es la de un sacrificio hecho por una mejor razón para sus tiempos: cumplir una promesa ofrecida a su Dios; además de que como a todas las víctimas de embarazos frustrados intencionalmente, no se les llegó a conocer el nombre. Si el color verde antes representaba la vida y la esperanza, ahora empieza a tornarse el color de la muerte y desesperanza. Por lo general el agua podrida se torna de color verde, ese es tal vez el motivo de una marea verde.