Archivo de la etiqueta: Narraciones

Romamores

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Pero cuánto amor le tendrías tú a tu Vaquerito o tú a tu Marco Antonio o tú Aquiles a tu Patroclo. Cuántas clases de amores existen? Con tu sola mirada y el movimiento de cuello seguro sabrían qué hacer, destrozar la primera linea o retroceder. Es que acaso ellos no tenían ningún amor propio y te seguían solo de perros? “Me han matado a cien hombres!”, por uno solo caído. Seguro también te amaban, veían tu destreza y arrojo. Adelante! Si se va a tener que morir y aun siendo emperador o soldado no morir sin tener que cortar las cabezas que se puedan y deban. Por si muere! Todo lo que un hombre manco de la derecha pueda hacer por vengar al amigo, al amado. Y es que ahora no se ama como se debe o si se ama no es como debería. Cómo debería ser? No empezar la batalla sin el brazo derecho en su posición y como se acordó. Oh! Yo! Brazo derecho sin ti. Todas las letras y puntos de ti para ti. Libros y libros.

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Caesares

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Para marchas de campaña, los cuatrocientos años de desierto, migraciones todas, tantos individuos, que podrían no seguir si quisieran, avanzan. Mas todos esos pies se activan por la voz de uno que manda. Cincuenta mil o más guerreros que a uno podrían destrozar mas lo siguen y obedecen. Si se les dice izquierda, es izquierda; si se les dice derecha, derecha; avanzar o retroceder, atacar o defender. En cambio en números reducidos como en un senado las divisiones y traiciones se acumulan. El soldado solo obedece, los otros con sus cúmulos de leyes que derogar o aprobar se inundan. Pero es necesario que se hagan esos trabajos? Cuántos reinos deben caer para aprender que ninguno se mantiene en pie eternamente? Por cuidar mucho al pichón, éste puede morir. El que manda a atacar o defender debe reconocer bien una celada, pero cómo podría hacerlo si antes ni siquiera se conoce a sí y a los que guía. El que lleva los ejércitos tendría que ser el mejor, “el primero entre iguales”. Tan cauto y sagaz como para, sabiéndose el mejor, tratar de hacerse pasar por desapercibido. Si los otros no saben tus planes y hasta te consideran su igual, cómo podrían adelantarte. Un hombre cazando a cualquier otro animal. Cómo no seguir fielmente a alguien quien siendo tu líder estaba en primera linea cortando cabezas contigo? Qué hacer si al que supuestamente debes seguir como ejemplo lo ves huyendo? Unos hombres que aunque muertos aún se les recuerda, era todo su pueblo con él en la lucha. Era todo su pueblo y la política.

No se movía por sí mismo. Él solo y ningún espacio. De qué serviría? Mares y nadie que los surque. Ese pedazo de roca tal ves sea más feliz. De lo que ha sido desde mucho antes, aún sigue como tal. Unos, que aunque formando parte de lo que también es parte esa roca, piensan, hacen y deshacen; esa roca solo está así y ahí solo por que hay un espacio; no es eso mejor a tener que decidir y con ello la vida de miles de personas? Bueno, de algún modo, eramos roca, pensamos y volvemos a ser rocas. Lo inerte es antes que lo viviente, entonces? Cómo se hace la carne vida? La carne no parece haber hecho volcanes ni mares, aunque sí, claro, tiene de éstos y hasta los necesita para ser. Un núcleo frío haría vida? Tendríamos que volver a lo que creemos y decir que ni de lo inerte ni de lo viviente podríamos predicar que uno es mejor o peor que el otro, sino que son necesarios uno con otro y hasta complementarios. Lo bueno y lo malo ahora solo nos llega al ojo del hombre. Radicalismos como el querer y creer que lo que es y lo que no es sean enemigos eternos y que si uno es el otro no seria, aunque posible, no sea lo que es. El desconocimiento de algo acaso no es, en algún caso y momento, el no ser de algo? Alguien que aún no nacía ni sus padres acaso en ese momento eran? El morir de alguien común acaso no es solo el vivir en el recuerdo familiar y pos olvido a uno que logra trascender generaciones? En batallas cruentas de seguro alguien no recuerda a un soldado, sin por ello desmerecer su labor, más que a quien decía adelante. Morir debería ser malo? Si ésto logró su cometido debería responder o quedarse en doxa.

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Globos

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¡Qué miedo daba! Pero a la vez era gracioso mojarlos. Tan calurosos días sentados cerca de la puerta que daba a la quinta Santa Rosa. Un balde por cada uno, ¿Cuantos globos? Ya no recuerdo habrían más de cinco o seis en cada balde con agua. -Bueno ya te toca, ¿a quién, a quién?, esperando a las siguientes víctimas a ser empapadas. Por lo general era al primer auto que pasara o con Ángel en la avenida principal de una cuadra arriba, los buses con gente parada en el intermedio, cuántos agradecidos y cuantos iracundos. Ese medio día de verano con los baldes y Johnny repartiendo globos a cuanto auto pasase. Un escarabajo rojo se aproxima -a ese, a ese. ¡Te toca!- Un globo al azar del balde cualquier color y la fuerza necesaria para intentar mojar al conductor o su acompañante. Qué tan gran coincidencia de momentos por la ventana más pequeña del lado del chófer se logra colar el globo y ¡Splash! Preparados a correr, cuando en eso un -¡Gracias!-. Tan caluroso medio día convertido en la salvación de un conductor que de seguro necesitaba un refresco.

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Ya no serían tus brazos

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Cómo habría sido, no lo vi aunque podría decir que sí y cuan relativo y relativista me siento. Este es un problema como el de por ejemplo querer saber cuando lo azul muy oscuro se confunde con el negro. Siendo tan tierno de no más de dos años podría uno acaso decir que recuerda? Como la vista parece que en ese estado la memoria es aún corta y tal vez hasta lenta. Se oiría como pasos sobre tierra de una multitud algo lenta. Casi arrastrando los pies y de rato en unas paradas de descanso. La serenidad que se trataría de guardar junto con el bullicio de los balbuceos de las personas conversando. No, de lo que puedo decir que recuerdo y doy fe es de que no era asfalto, era tierra y anduve por él.Por cuáles de las opciones habrían ido y venido, se decía que no se podía volver por donde se vino y sobre todo los familiares más cercanos. Por cuáles habría sido, seguro anduve por ahí y me daba escalofríos, no era miedo, diría que era como echar de menos algo que conociste y no. Estaría en brazos o en la manta transformada como en mochila en la espalda de alguien quien seguro no era cualquiera. A gusto, caliente y mayormente durmiendo o tratando de. Espero no haber oído las piedras en su golpear con la madera ni los llantos, aunque entiendo que el agua talla la roca. Ya no serían tus brazos.

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