Soñar y vivir. Dos contra la muerte. Pasan cosas y luego seguir, ya despiertes o duermas. La otra es una sola que tiene a muchos, pero sola. Ni siquiera podría llamarse a ello “tener”. Los otros sí se tienen a ellos y a otros, aunque sea en un corto tiempo. Tiempo de una vida humana, aunque también sea muy variable. También sus días a un solo momento. No es mejor un solo día a ninguno!? Un día no está solo, tiene todas sus horas, todo su transcurrir del sol. No solo de sus planetas y él, sino de éste en todo el espacio, con toda la galaxia. Días mucho más largos. Las estrellas también se separan, se deshacen las constelaciones. Eso enorme y del que muchos dependen que tampoco es uno solo. Porque no solo se vive o solo se sueña, sino ambos. Si solo se está soñando tal vez no se “haga nada” como tampoco si solo se vive. Y sí, solo se está muerto. Por los sueños es que nos reproducimos en vida. Se cuela por cualquier sitio de cualquier forma. Es que la soledad se reproduce!? Seguro no más que unos que viven y sueñan, pues, de otro modo, todo sería estéril. Y esto último es parte de la felicidad. Siempre queda una alegría. Amor (amar) sin alegría? Reconocerse es una forma de alejar a la soledad. A uno mismo no lo puede conocer mejor otro, no se puede insultar una inteligencia tan fácilmente. La naturaleza nos llama a ser fecundos, pero estamos quienes preferimos la esterilidad. No soñar. Es que el fin no tiene ni mucho ni poco. Lo que sí se puede hallar en uno que son dos y que pueden ser más. No se puede hablar del vivir sin el soñar; si bien tampoco se puede hablar del morir sin el vivir, los dos primeros están más cerca el uno del otro. Extremos. Y lo importante es estar cerca de cualquier modo lo más que se pueda. No solo corta una tijera o algo filoso. Corta también toda la actitud. Lo en serio y la broma. La vida es una potencia. Es que la quietud da resultado? Quietud, lo natural, lo fecundo en sí. Lo quieto lo potente. Toda la masa de lo existente moviéndose y la serenidad. Ningún tormento podría ser quietud. Amor y constancia a través de otras vidas; al menos una. Soñar y vivir son una proyección. A veces solo se entrometen, llegan a uno. Y hay algo en todos que percibe esas proyecciones. Qué son antes todas las cosas existentes sino deseo.

Porque nos vuelve como “animalitos”. Es lo primero que se nos viene a la mente. Porque es sexismo, dominación. Como el despilfarro de la tierra el despilfarro de uno mismo, de su energía. Por el solo hecho de que nos hace escribir de ello. Porque fuera hay mucho sexo, esperemos que no poco amor. Hay algo que nos dice que debería ser solo para reproducción. He visto a muchos sorprendidos y hasta escandalizados por el último planteamiento hecho. Más deberían estarlo por saberlo de uno totalmente contradictorio a su planteamiento en los hechos. Alabar lo Straight Edge, pero solo eso. Control tiene uno que puede dominarse, saber qué gastar y qué no. La idea es no perder la cuenta, pero lo hacemos. Nos reconforta y conforma, un casi pesimismo, el saber que al menos nos lo cuestionamos. Deberíamos vencer al animal. Es una enajenación que genera muchísimo dinero y a su vez también miseria. La enajenación es hasta cierto punto vicio. Sí pues, los vicios generan dinero. Cosa errónea, que hasta llegamos a pensar que el problema de los vicios no son ellos mismos, sino la falta de dinero o medio para llevarlos a cabo. El problema del vicio es que se hace dos: el vicio mismo y el vicioso. Porque lleva a mentir. Luego no queramos buscar personas que quieran ser libres. En el camino es un bache, un seudo atajo, una ruta más larga. A veces nos pasa que nos queremos malgastar, auto-destruir. Porque son un problema y traen problemas. Ni siquiera son obligados sino que uno mismo se obliga. El solo placer no es suficiente excusa. Es algo que se supone relaja y evita el estrés, pero que también puede ocasionar todo lo contrario. No se puede supeditar la parte al todo. El sexo es la parte y la persona es el todo. Nos llevamos algo de uno y de otro. Pero ello no es visto necesariamente como exclusivo, exclusividad. Lo que más se hace es para otros exclusividad: una de las contrariedades más grandes del mundo. No poder pero tampoco querer, no tener necesidad de ello. Saber que la verdadera libertad es erradicar su animalidad. Saber cada órgano y sus funciones. No tener ni masculinos ni femeninos, sino solo humanidad.