Si se pudiese estar en más de un sitio a la vez, es inevitable que se aprenda más que estando en un sitio a la vez. Si hay seres que pueden aquello que para otros es ficción, sería que están más anticipados. A todo ser que no sea Dios, le sobreviene el error. Si ya no se está en error, alguna vez lo estuvo. Hay uno que recorre el globo, pero lo natural, parece, para todo ser con consciencia, es estar con los suyos. Claro que se sabe de unos animales que han criado a otros que no eran necesariamente de su misma especie, pero se suele estar mayormente con los suyos. Ningún ser podría decir que no ha tenido parientes ni ascendentes ni descendentes, algunos cercanos a él y que aunque esté solo, los piense. Nos late, que la ciencia es solo una concesión. Se ha visto en algunos casos, que se les ha sido concedido a quienes se han esmerado en buscarla y a otros que nunca antes recibieron instrucción avanzada alguna. Claro que la mejor ciencia se queda en el hombre y en lo que se llama cultura general, saber quién hizo qué, alguna pregunta de examen de ingreso. Si se pensara tanáticamente, que hasta se podría ver como fanáticamente, ciencia sería eso que sirva y que no; obviamente es muy útil saber sumar. Si se pensara de ese modo, una frase “si alguna vez me sucederá la muerte, entonces por qué debería yo hacer algo?” que puede ser generalizada a una como “si no sé si mi especie sobrevivirá lo suficiente como para poder arrojar todo mi esfuerzo y vida a mejorarla, por qué debería preocuparme de ello?”. Alguna otra podría argüir mejor y decir que con lo logrado son solo pocos los que se benefician y hasta podría ser mal usado. Aunque de forma más oculta en la última oración, no deja de tener una influencia del pulso tanático. Si no se tiene beneficios, se está en banca rota y la muerte se hace más fuerte así; y en que algo tecnológico sea mal usado y termine destruyendo y matando también. Esto último no podría ser pensado en un aspecto personal ni particular, pues una afectación siempre termina abarcando a más de uno. Una viuda, aunque sea uno el marido, su deceso no puede dejar de afectarla ni a los hijos si los tuviera. Como “amor volat undique”, se podría intercambiar fácilmente “amor” por “mors”. El pulso de vida parece decir “no importa, lo hacemos”. Tan así de desenfrenado podría ser dicho impulso? Por lo general, creo más por estos tiempos, aunque no se haga el amor, se lo llama así y de ello suele hacerse más vidas. Un posible por qué, es que algunos tienen más vidas sin siquiera tener para mantenerse a sí mismos antes, su deseo le ha ganado por completo a su razón. Se puede llegar a ver la vida en la muerte y ésta, a su vez, también, vida. Tánato no se puede desligar de la vida ni ésta, en algunos casos, de lo otro. Seguir al que ha nacido para no morir. El otro que también recorre el globo, y parece muy cerca del otro, tal vez algo más rápido, es el mal y también suele estar con los que debe, aunque a diferencia del otro, podría afectar a quien quisiese cuando quisiese; es menos programado.

El problema o los problemas no sobrevienen sino solo por los deseos personales y particulares de cada quien. Unos tienen deseo de bondad y otros el del mero, aunque se lo vea como crecimiento, por ellos, ego: el hacer algo que a ellos y solo a ellos agrade y colme. Así como hay en unos, más bondad que en otros, en uno mismo, también, en momentos, hay bondad o maldad. Y no es sino uno mismo quien en verdad elije. A más allegado, más bondad: es más difícil castigarlo como se haría con cualquier otro. Este que no debería ser castigado, debería también poner de su parte, llegar a verdaderamente creer que no se debe ir en contra de los mayores ni de sus reglas establecidas, por ejemplo. Si hay alguien que castiga, hay entonces alguien a quien castigar; ninguno de los dos debería acabar sus límites hasta tener que llegar al verbo en mención, hecho algún moretón o cicatriz o insulto. Pero el otro problema es que el que debería guiar, haya errado ya el camino. Hay de los que sin ningún enojo, harán los que sus padres o tutores les ordenen, no por miedo sino por estar convencidos y de acuerdo; hay otros, también, en quienes su deseo tiene que ser el que prime antes que el de cualquiera. Este ser no estaría completo si es que eso que desea no es cumplido. Puede llegar a ser un auténtico pedido de justicia o solo capricho. Aun ellos mismos sabiendo que su deseo no sea de algo bueno y deseable, lo reprimen y prima en ellos solo su yo. Que conste que a lo reprimido llamamos el hacer bien, lo malo, de por sí, no conoce represión. Lo único que se reprime es lo bueno por algo malo, eso represión para lo bueno, es solo un obstáculo. En como es que actúan, el filtrarse y multiplicarse, es en lo poco que pueden semejarse. En su separación y meta, es cuando se sabe si era lo uno o lo otro. Así entendemos, también, la frase “por sus frutos los conocerás”. En una escala, alguna vez oí hablar de unos animales que por su sensibilidad al estrés, se golpeaban la cabeza en lo que más cerca y más duro que encontrasen, muriendo algunos y quedando heridos otros. A unos les gusta los flashes de las cámaras y otros se quieren matar por ello. Éstos, a diferencia de los humanos, no tienen los chantajes que los otros sí pueden idear. Solo les queda golpearse. Los otros tienen sogas, puentes, venenos, armas, etcétera. Pero en algunos casos cómo ganarle a la desesperación y al desconsuelo? Es muy difícil que lo que haga uno no afecte a otros. Lo privado no es tan privado.

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