Day: 10 febrero, 2012

Qué que bueno

Que bueno!,
ya no se está solo.
Contados pasados todos.

Sino benigno
cada pez y anzuelo;
comidas, vacíos y comidos

Qué bueno!
Acabado consuelo
ladridos, filos escupidos

Ser esculpido a escupido puede ser y es a razón de una l.
Lo de, que bueno, puede ser por algo empezado o por algo acabado.

A bueno!
Se está solo
y desocupado.

Destino
y Camilo
Ponsetudo

Bueno
anhelo
cumplido.
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Ego: degenerado

La vida es un hierro que se pule con la lima de la constancia. Se puede fallar por dos motivos: porque es una mala lima y peor desgastada o porque el que debe limar no sabe hacerlo. Obviamente también podrían ser ambas a la vez. Esas dos circunstancias son indeterminadas y azarosas. Del punto en el que se vive hay un punto en el que se nace y muere y no otro. Matar a Héctor o no? Tal vez diría, sí, con mucho gusto, a todas las veces. Para intentar moldear ese hierro al gusto de uno o quedarse solo con lo que las posibilidades se nos den, se necesita paciencia. Tener constancia es tener paciencia, saber esperar o dejar pasar las cosas. Como el vivir es de algún modo progresivo, o en el peor de los casos, cambiante, que podría ser progresivamente o degenerativamente. Se puede creer como algo progresivo una planta o arma nuclear, pero lo que puede suceder, también, es que se torne degenerativo, a menos que alguno no crea que la muerte sea algo degenerativo, así como las aberraciones genéticas que ésta produce. Los animales en peligro de extinción están en algún grado degenerados, venidos a menos. No solo hay una forma de que algo sea degenerado, se puede ser de algunas cosas o se puede serlo completamente. Lo degenerado es por ejemplo que no se tenga una lima o ésta esté estropeada o que no se tenga qué limar o ambas, que sería el peor escenario. Si es que la paciencia y la constancia no son una misma cosa, están muy emparentadas y tienen en común conceptos internos. Ambas refieren al tiempo, ambas deben tener algún movimiento y por ende velocidad de acción y momento. Si no se espera, no se tiene paciencia y si no se tiene paciencia no se tiene constancia. También se podría no esperar porque ya es un tiempo muy exigido. No sería por no tener paciencia, sino que entran a tallar las propias responsabilidades. La constancia como el saber esperar, alguna vez concluyen, ya sea debido a que se logró el cometido o es que ya es algo completamente imposible de lograr. El saber esperar es tener paciencia. Aunque ambas nos refieran al tiempo y su uso, por ello poseedoras de algún movimiento y velocidad, la constancia es más móvil que la más quieta espera. El esperar es de algo más fijo y la constancia lo es de muchas cosas, la vida misma y todo lo que está implícita y explícita en ella. Las tardanzas son una forma de degeneración. Algo degenerado es tomar como cierto que A sea B, menos sin ninguna demostración, ley o consenso previo alguno. Negar que a sea A, de la misma manera. Algunos parece que creen que cuando se dice una hora, se puede tomar cualquier minuto entre el uno y el cincuenta y nueve para llegar a tiempo. Seguro y como en casi todo, existen excusas ciertas y falsas; así como tolerancias previas acordadas e impuestas. Las ciertas son o contienen demostraciones, las falsas son solo eso.

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