Cintia

Qué no sería una mirada sino una señal? Uno no mira, sobre todo por mucho tiempo, algo que no le gusta; salvo que también sea solo por obligación y a la fuerza. Y me mirabas. Me hacía y todavía, al recordar, me hace sentir especial. Una mirada de existir un poco más. Ser algo menos finito dentro de lo infinito. Tal vez nos hubiéramos hecho más viejos juntos. Jamás hubiese querido dejar de mirarte. Tampoco se puede hablar sin antes mirar. Ciego, pero dicen que es ciego. Felizmente, no es también mudo, sería muy triste no poder mirar algo que nos gusta ni poder hablar (escribir) de ello. Me hubiese muerto por ti, hubiese sido otro. Que me mires y mirarte me daba un temor, pero temor del bueno, de quitar el maquillaje y encontrarme a mí mismo. Y hablamos, muy poco, pero lo hicimos; pena que, como para todo lo bueno, nunca es suficiente cualquier tiempo. Creo que pude haberte hablado más y así pude haber muerto un poco más de nuevo. Un cadáver contento y realizado. Ya no hubiera sido solo yo, sería una cadena. Dos manos entrelazadas, un caminar compasado de cuatro pies. Y no te miraba tanto como quisiera por temor a incomodar. Una falta de no tener alguien que me mirase como me mirabas. Ahora estás en mis pensamientos, y tal vez así sea mejor. Parece que todo lo que es, es lo mejor. Tendríamos que haber caminado hasta que se acabe la avenida y, si fuera posible, inventar otras. Hacer otras calles, lugares nuevos, otros futuros. Hubiese querido hacer contigo una historia como la de Dante y Beatriz, hacer otra nueva Vita Nuova. Pero al final fui tan yo, queriendo e intentando no ser como los demás animales. Y el tiempo pasó, lo dejé pasar. Al menos sé que has existido y tu nombre.