Esta situación se podría resumir con la frase popular que reza: “barrer debajo de la alfombra”. El uso masivo de plásticos se encuentra soslayado, pues el enfoque se basa solo al uso de bolsas de compra y no se toma en cuenta en ningún momento todo el plástico que se usa en los empaques en los que vienen la mayoría de productos que se expenden. Es incluso hasta más ingente todo el desecho plástico usado en lo mencionado que en las bolsas destinadas al uso para compras del cliente. Nos resulta desesperanzador y hasta imposible que grandes empresas cambien sus costumbres implantadas a lo que esta contaminación respecta. Desesperanzador también las costumbres, prácticamente inamovibles, de las mismas personas relacionado a este tema. No es más que un engaña muchacho todas las campañas en contra del uso de plástico, aunque es mejor que nada. Se requieren cambios más profundos en toda la cadena industrial, cambios que muy pocas compañías seguro están dispuestas a realizar. Pareciera que creen que la capacidad del planeta es ilimitada o es que simplemente no les importa y solo piensan en los beneficios diarios. Tal vez a una persona de a pie le cueste verlo, pero resulta difícil creer que les cueste lo mismo a personas encargadas y con puestos importantes y decisivos en cada una de sus empresas. Cómo desconocer todo el tiempo que demora la degradación de los diferentes tipos de plásticos existentes y que no nos llegue a importar ni preocupar. La sencillez y la practicidad les son meras ilusiones, cuando en sí son los que harían mucho menos contaminación de la que hay y de la que habrá. Los productos en unidades vienen en bolsas que a su vez vienen en paquetes más grandes los cuales también están empaquetadas en más plástico. Es tal vez solo una estrategia de ventas toda la pompa de las bolsas biodegradables para enmascarar los demás desperdicios que demorarán más de cien años en degradarse. Por la poca cultura de reciclaje, lo que varía dependiendo de cada país, agrava el daño irreparable causado al ecosistema, daño a otros animales que nada tienen que ver. El en fondo no es la misión de los directivos empresariales velar por el medio ambiente, sino las ganancias que se puedan obtener. A nadie le importará hasta que nos hayamos convertido en muñecos no de trapo sino de plástico. Cuando ya sea demasiado tarde para reaccionar. Seres mucho más insensibles con árboles artificiales por naturales. Vidas vanas y plásticas como nuestros propios desperdicios. El plástico no alimenta por más que lo ingiramos en peces u otros animales.

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