Kamala, en sueños alguna vez.
De por quien cerraste
las ventanas.

Ya no recibiste a nadie más Kamala;
él oyó el cantar del pájaro dorado en su pecho.
Lo sabias! Kamala. Pero algo en tu ser, pensaría atraparlo.
El Om y el dorado trinar te lo arrancó. Haberte amado ser de mundo.

Por el camino peregrina Kamala,
antes que la vida de un buda se apagara.
Ya intoxicada lo vería en sueños;
su samana y aprendiz Siddhartha.
Su vida en su regazo se resbala;
por la cruel serpiente que la mordiera,
no lo volvería a ver ni en mil años.
Descansa y ya su alma se aparta.

Lo reencontraste para morir,
que es como perderlo a él otra vez.
No es entonces que no haya habido despido;
sin haberlo visto a él antes no hubieras tenido tú tu paz.

NO SE HABLA DEL QUE NO SE DEBE
TODA LA NOCHE DE PIE.

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