Maneras de querer la vida

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Salir a correr de modo interdiario, un par de vueltas a buena parte del parque González Prada, unos 2,500 metros, es de las cosas más agradables que disfruto en los últimos meses. Pese a que me cuesta hacerlo, vencer a veces perezas, resistencias y simulacros de cansancio durante el trote o sudar a chorros en la fase final de la carrera, cuestión que me favorece para eliminar toxinas diversas. Termino con un baño que me reconforta y me deja muy relajado. Ha sido un gran redescubrimiento.

Pareciera que hubiera reemplazado a mi alicaído estudio del inglés, el cual he venido realizando de modo continuado y con diversas dificultades hasta llegar al Intermedio 10 en el ICPNA. Buena institución, muy profesional, más allá que a veces le toque a uno cierto profesor/a poco cabal o en quien puede más el dar consejos que poner atención en su clase. Con todo, he hecho un paréntesis en el último trimestre, por razones varias, aunque espero recontinuar el siguiente mes, aunque sea los sábados y a paso más lento. Pero no lo dejaré. Me abrió un campo de aprendizaje muy variado y cultural, además de valorar en mí la capacidad de dominar una lengua distinta a la de mi origen. Tan presente lo tengo que recién me encontré con un chinito compañero de clases que se encargó de recordármelo con su sola mirada en confluencia con mis buenos deseos de ello.

Conversamos en comunidad sobre la Eucaristía. Siendo su centro el compartir y recordarnos cada vez que participamos que estamos invitados a compartir con los demás lo que tenemos y lo que somos, empezando por compartir el pan, cuestión que se resume en la comunión, como modo simbólico de compartir el pan en la vida toda. Desde allí adquiere sentido mayor el conjunto de otros símbolos que se ponen en juego, a través de expresiones tales como el servicio, el perdón, la resurrección, el pecado… Haciendo memoria de la pasión, muerte y resurrección de Jesús y de su vida más amplia recogida en los evangelios especialmente. Lo importante de participar de ella en forma regular, sintiéndonos parte de la Iglesia más amplia de Jesús, con diversas expresiones y una misma espiritualidad. Como modo de agradecer “tanto bien recibido”. Como manera de alimentarnos y reciclar nuestra experiencia de vida en Jesús.

Me inscribí a una 5K, organizada por la Sociedad Peruana de síndrome down. Segundo año que lo hago, esta vez con el compromiso de participar más activamente el 2 de julio en el llamado “Pentagonito”. No sé por qué, desde niño siento mucha cercanía por los down, quizás porque en Piura (donde nací y viví mis primeros 15 años) había una entidad que promocionaba su atención y tomó mi atención sobre su problemática. También porque suelen ser personas muy afectivas y humanas. He tenido ocasión de conocer a varias personas así. Lástima que en dicha fecha se cruce la maratón con otra actividad que desarrollan las CVX en El Agustino. En ésta última no podré estar, pues, ésta vez, estaré con los down y a correr.

A mi esposa le debo diversas disculpas por ser tan “trejo”, como dice ella. Le compraré algunas flores y algo rico que le guste. Sé que ella me dirá que para qué gasto en esas cosas, por gusto… Pero lo haré, como una manera de hacer algo distinto con ella y porque también la quiero mucho, por cierto.

Guillermo Valera Moreno
Magdalena del Mar, 23 de junio de 2017

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