Archivo del Autor: Guillermo Gabriel Valera Moreno

Nosotros los ciudadanos

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Construir un “Nosotros” en el país es fundamental para seguir un camino de construcción de ciudadanía e institucionalidad, necesaria para desarrollar una comunidad política donde tenga cabida todas las personas y no sólo se abarque a las élites que tienen capacidad de sobresalir por sus propias fuerzas.

Sin embargo, ¿cuál es la receta o qué tenemos que hacer para revertir las fuerzas que van contra el propósito mencionado, fuerzas como las de la corrupción, el individualismo en sus diversas expresiones o la falta de institucionalidad? Requerimos construir un sistema que haga imposible situaciones como las de Odebrech o la “salita del SIN” de los años ‘90s. O situaciones que se presten a la captura del Estado por el sector privado, haciéndole perder su sentido de representación universal de los intereses de la sociedad, especialmente de los más pobres y débiles.

Requerimos un cambio cultural, caminar hacia una cultura de la integridad y del respeto. Donde se vea mal los actos corruptos y se rompa su naturalización; donde no se acepte un mal salario a los trabajadores o indignas condiciones de trabajo. Donde se supere el poder del “billete” y el sentido del tener y el consumismo (antes que el ser).

Debemos ser conscientes que los alcances de la corrupción nos alcanza a todos, tanto en lo micro como en lo macro. Cada uno tiene que poner de su parte para combatirla. Lamentablemente, la mayoría de nuestros líderes y autoridades están manchados con la corrupción y otros males equivalentes. Basta ver nuestro Congreso de la república. Son expresión de lo mal y devaluado que está por hoy el “bien común” y la “solidaridad”. No obstante, hay que aportar desde donde se está, sin caer en el desánimo. Generando espacios de reflexión diversos desde los cuales procesar y estar atentos a dichas realidades y animar a otros.

Estamos en una sociedad y un contexto de una corrupción sistémica. Donde muchas veces no podemos decir o hacer nada por miedo a perder nuestro trabajo o ciertas posiciones alcanzadas. En esos entornos, ¿cómo formamos o construimos comunidad? Muchas veces se elude derechos y responsabilidades. Se prefiere pagar una multa por eludir el cumplimiento de normas, llegándose a eludir el propio cumplimiento del pago de la misma multa. Se prefiere optar por la informalidad porque supone prácticas del “cholo barato” y así nuestra economía se mueve por encima del 70% de informalidad. De otro lado, ¿cómo podemos evitar que el fraude se dé en sus diversas modalidades y camine delante de nosotros con total impunidad? No obstante, podemos también visualizar signos de esperanza y hay que trabajarlos como referentes políticos, hacer el esfuerzo por que se visibilicen. Hay leyes, nacionales e internacionales, que empiezan a crear otra orientación y una lucha franca contra la corrupción. Incluso, los propios juicios a ex presidentes que se ha dado lugar en nuestro país y otros vecinos.

Construir un nosotros se presenta como una clave para nuestra acción ciudadana, así como la invitación a tomar acciones correspondientes y a asumir un compromiso real. No acostumbrarnos, como dice Castillo, a naturalizar las situaciones de injusticia o de pobreza. Aunque los cambios no son rápidos, tenemos que poner cada uno lo que le corresponde desde donde uno está, reforzando nuestro sentido de esperanza. Trabajar en los entornos diversos en los que nos movemos, la familia, los jóvenes. Sabiendo que, por ejemplo, hoy los jóvenes están un poco más atentos y son el uso de herramientas informáticas y de telecomunicaciones, es más difícil engañarlos.

Hasta lamentarse por la realidad de nuestra política puede ser válido si nos sirve para crear una mayor conciencia y no quedarnos sólo en ello. Es clave evitar la indiferencia o juicios equívocos como el de “roba pero hace obra”. Tenemos que aprender a decir basta y no tolerar situaciones de clara transgresión del interés común o del bien común; casos de empresas en esa lógica es “Volvo”, quien ya no participa en licitaciones en el Callao, debido a la corrupción existente. En esa línea tenemos que sentirnos llamados a construir un “nosotros”. Tampoco es lícito recurrir a tener personas que hacen el “trabajo sucio” por todos los demás, desnaturalizando a las personas. Es preocupante ver como muchos jóvenes con sueños e ideales terminan domesticados por el sistema corrupto y son encasillados a prácticas corruptas, incluso sin caer muchas veces en la cuenta de ello.

Más de uno habrá pasado experiencias personales en las cuales se ha tenido que enfrentar situaciones corruptas y de desorganización, habiendo colaborado en revertir focalizadamente dichas situaciones. Caso de experiencia en Hospital en Abancay (Apurímac). Casos como el ausentarse de las guardias del hospital; favoritismos en la atención; dejadez para el necesario y buen funcionamiento de las actividades cotidianas, entre otras. Ayudó mucho el que se pudiera cohesionar un grupo significativo y de referencia para que las cosas cambiaran. El espíritu joven con el que se encaró dichos procesos, el ser matrimonios con hijos pequeños, etc. Todo ello se juntó para impulsarles a plantear prácticas más sanas y ejemplares en equipo. Sin embargo, cuando les tocó salir a otras zonas, se chocaron con situaciones distintas, más negativas. Otras realidades que parecían como “arar en un desierto”. Evasiones de responsabilidades de modo solidario; el robo institucionalizado; el conformismo en el trabajo; tercerizaciones amañadas; entre otros.

Tenemos la conciencia de que algo podemos hacer y bastante. Más aún, en el ámbito educativo y asumiendo labores pedagógicas a diverso nivel. Ocurre que muchas veces no somos conscientes de que determinados actos pueden ser actos de corrupción. Debemos ayudarnos unos a otros en ello, ha ser conscientes de qué vida llevamos y vivir de modo más consciente. Identificando y procesando todo ésto desde lo cotidiano hasta situarnos en realidades más complejas.

Guillermo Valera Moreno
Artículo procesado en base al intercambio tenido en CVX Siempre – Equipo Miércoles 7.30 pm (10 de julio 2019)

Un “nosotros” que ya se viene construyendo

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Construir un “nosotros” colectivo, a nivel de nación o algo más amplio, desde donde nos abarquemos todos sin excepción, es una apuesta fundamental para construir una sana convivencia. En el cual nos reconozcamos todos como “República” (comunidad democrática de ciudadanos) o como algo más amplio que podríamos denominar una aldea global compartida y solidaria.

Puede parecer una verdad aceptable pero muchas veces no asumimos sobre ella la menor responsabilidad en términos prácticos. Ya fuera porque no “sabemos” cómo hacerlo, lo vemos como algo demasiado genérico o simplemente rehuimos su abordaje. Sin embargo, en las últimas décadas, desde distintos espacios, se viene haciendo esfuerzos diversos para establecer conciencia de dicha necesidad, sobre la base de una defensa de derechos de lo más diverso, ya fuera de las personas (como el género), la naturaleza (la ecología y el medio ambiente), las condiciones de vida (muy vinculada a la pobreza). Aunque todo revierte a plantearnos la necesidad de una vida más humana en el mundo y en los diferentes ámbitos de la sociedad en la que nos movemos o estamos presentes.

Parte de lo anterior tiene que ver con reflexiones diversas que se han ido planteando. Podríamos resumir la significancia de varias de ellas en torno a lo que hoy conocemos como los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, más conocidos como las ODS. Éstas (y sus avances de implementación en el mundo) son una buena manera de ejemplificar caminos que se han ido consensuando a nivel de Estados y sociedad civil y, las cuales, debiéramos asumir de modo más activo e incluso militante. En ellas recogemos derechos diversos en torno a temáticas claves que permitirían una vida mejor para todos. Se trata de encaminarlas y garantizar su asunción y cumplimiento a todo nivel.

En forma parecida podríamos decir de las políticas de Estado (actualmente llegan a 32) que se han consensuado en los últimos lustros desde el llamado “Acuerdo Nacional” en nuestro país. Desde el cual se ha hecho de una labor meritoria que, sin remplazar los planes de gobierno de los partidos que participan en las elecciones regulares de autoridades, nos plantea un camino común y que debieran ser motivo de compromiso para que, alrededor de ellas, se establezcan las propias propuestas de gobierno que se propongan por los candidatos de turno en cada proceso electoral. Haciendo más factible el seguimiento y exigencia de cumplimiento de los planes de gobierno. En particular de quien llega al poder, después de una elección democrática.

Vinculable a unas y otras, podemos también señalar propósitos más circunscritos como los que se puede dar la Iglesia Católica o una Congregación Religiosa como los Jesuitas, la cual, después de un discernimiento prolongado llegó a establecer 4 preferencias apostólicas universales para su actuación en el mundo (formar en el discernimiento y los Ejercicios Espirituales, atención a los pobres, la Casa común, y los jóvenes). Sin pretender marcar prioridades, se establece un horizonte de convergencia que, de hecho, ayuda a entablar mejores conexiones con otro tipo de esfuerzos como los señalados para los ODS o el Acuerdo Nacional de Perú. Algo equivalente podríamos hallar en las bienaventuranzas que nos propuso el propio Jesús en su tiempo.

Todos ellos hay que reconocerlos como intentos, esfuerzos, para construir “comunidad” o sentido comunitario en niveles más amplios a experiencias micro, como por ejemplo a nivel de una población, un país o de una comunidad de naciones. Hoy necesitamos tomar conciencia, responsabilidad y compromiso en todo ello. Especialmente pensarlo como parte de nuestro quehacer ciudadano y cristiano.

Guillermo Valera Moreno
8 de junio de 2019

Un “nosotros” en el Perú

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(Apuntes para trabajar el Eje de país en CVX Siempre)

Pensando sobre cómo entender lo comunitario a nivel de un país, en nuestro caso el Perú, me preguntaba que podía dar lugar a fundamentarlo. Es real que mantener un sentido de comunidad en espacios pequeños, dígase la familia, un centro de trabajo, un grupo de amigos o en una comunidad cristiana propiamente dicha (por ejemplo, las CVXs.), no es fácil y se requiere de constancia, voluntad, paciencia, horizontes o sueños comunes, respeto por las diferencias, capacidad de diálogo, entre otras cosas, sin lo cual puede ser sólo locuaz el intercambio de pareceres entre los “afines” y poco más.

Es real que el individualismo en sus diversas expresiones en nuestra sociedad nos deriva a búsquedas alejadas de un sentido de cooperación (menos aún de solidaridad), salvo que sea para el desarrollo de los propios intereses. El individualismo no nos orienta a propósitos colectivos comunes. Nos limita trabajar aproximaciones que abunden a la búsqueda de cuestiones claves como el bien común, el bienestar de todos los implicados dentro de una misma colectividad e, incluso, el reconocerles valor a tales cuestiones de fondo. Podría parecer una redundancia, pero es una verdad cotidiana que el ser parte de una misma colectividad no significa que a todos se les reconozca iguales posibilidades o derechos.

Así como el individualismo, hay también otras motivaciones que empujan a tratarnos de modo excluyente, empezando por el hecho de quienes tienen más recursos monetarios o dinero respecto a quienes no lo tienen. Seguido por los usos y costumbres que pueden acompañar a unos y otros, incorporando en ello a aspectos que se vuelven más subliminales como el nivel educativo, el color de la piel, el lugar de origen, las creencias religiosas y otras, así como un etcétera que puede ser más o menos largo.

El asunto es que trasladando un sentido de lo “comunitario” a niveles más amplios han surgido los Estados y los gobiernos diversos intentando poner “orden” con relación al quehacer de unos y otros grupos sociales, estableciendo reglas de juego, normalmente recogidas en las Constituciones de los países (y las leyes más en general), así como en la construcción de instituciones que permitan un funcionamiento adecuado de las sociedades. En lo político, normalmente y de forma moderna, se ha buscado mecanismos de representación para elegir al gobierno que permita gestionar a la comunidad política en la cual (al menos teóricamente) nos reconocemos todos los ciudadanos.

Por tanto, puede ser pertinente preguntarse qué tanto hemos construido una comunidad política en la cual nos reconocemos todos, al modo de un “nosotros”, de una comunidad donde cabemos todos y nos aceptamos todos, con un sentido de pluralidad, de tolerancia, amplitud de consideraciones y buscando recoger las diversas posibilidades a modo de políticas públicas que preservan los derechos de todos. Qué tanto hemos crecido en ciudadanía las personas que nos corresponde, especialmente cuando llegamos al convencionalismo de la mayoría de edad con los 18 años; qué tanto nos hacemos responsables de nuestra vida y empezamos (o continuamos) tomando las decisiones que permitan construir ese “nosotros” en todo ámbito. Un nosotros que se corresponde con el respeto al otro, a los otros; con la aceptación de que todos podemos convivir en el mismo ámbito, región o país.

Es desde estas intuiciones que queremos enlazar nuestra reflexión con la que nos plantea JM Castillo en su libro Teología para Comunidades (capítulo 26, Cristianos en la sociedad). Él nos hace notar que muchas veces nos quejamos de las injusticias y situaciones no dignas en la sociedad, tanto en el país como en el mundo. Y tenemos razón en ello, puesto que es parte del propósito de nuestro ser cristiano el no naturalizar las situaciones de injusticia si no el saber reaccionar siempre frente a ellas. Es más, debemos poner atención a lo que puede propiciar los cambios pertinentes, incluso visualizando en lo que podemos intervenir o promover activamente en consecuencia.

Desde nuestra propia condición (situación, posibilidades) se nos invita a situar el propio compromiso, el que nos es posible desarrollar y discernir desde nuestra oración, paciencia y la correspondiente acción socio-política a la que se pudiera dar lugar y del modo que a cada uno le pueda corresponder. Podría ser normal que nos asalten preguntas, ya fuera sobre ¿cómo podemos transformar las estructuras de nuestra sociedad más en general? O preguntas en torno a ¿cómo estamos comprometidos en todo lo anterior? Desde lo laboral / profesional. En nuestra familia. Como ciudadanos. Como comunidad e Iglesia. Yendo a niveles más personales, como individuos, preguntarnos ¿somos íntegros y coherentes? ¿En constante búsqueda y crecimiento? ¿Somos personas de oración y discernimiento?

A propósito de lo anterior, podríamos añadir cuestiones sobre cómo construir un “nosotros” colectivo, a nivel de nación, que nos abarque a todos sin excepción, en el cuál todos nos reconozcamos como “República” (comunidad democrática de ciudadanos). ¿Cómo nos sería posible (o debiera serlo) encaminar ese nosotros, ese sentido comunitario, como país.

En fin, hay diversos canales que podemos usar para introducirnos a una temática que es muy rica y desde la cual quisiéramos ir planteándonos elementos fundamentales o más superfluos que nos ayuden a ese proceso de construcción de comunidad a nivel de nuestro país, el sentido que puede tener el reconocernos como una nación común o el reconocernos como una república cabal de ciudadanos.

Guillermo Valera Moreno
2 de junio de 2019

La suerte de Alan García

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Todo parece indicar que el suicidio del Sr. Alan García fue un acto estrictamente meditado y discernido, incluso con su círculo o entorno político más cercano. Por tanto, fue su última gran decisión política en vida. No se ha tratado de un acto espontáneo, una reacción circunstancial ante las presiones que podía haber tenido. Tratándose de alguien que fue 2 veces presidente del Perú, un argumento así termina algo derretido.

El Sr. García tenía claro que no quería ir a la cárcel (más allá de su culpabilidad penal que crecía en evidencias); tuvo claro (aunque equivocadamente) que no quería pasar por el juicio condenatorio del sistema judicial, porque afrentaba (así hubiera razón) a su condición de dirigente político y ex presidente. Su característica personal no podía permitir tal “afrenta”, así hubiera verdad y razones sólidas para sostenerlo y acusarlo, tal como se había empezado a desencadenar con el pedido anterior de su no salida del país (y quiso fugarse al Uruguay); con la dilación de las declaraciones que tenía que dar oficialmente el Sr. Barata de la Empresa Odebrech y otros implicados en los casos de corrupción promovidos por ésta empresa. El elemento sorpresa que hubo quizás fue que no se esperaba un pedido de prisión preventiva antes de las declaraciones del Sr. Barata y ésta se produjo (miércoles 17 de abril, honrando los protocolos y de acuerdo a ley, como en otros casos).

Pienso, que, habiendo reflexionado sobre su futuro inmediato, el Sr. García tuvo que plantearse ¿Cuál sería la salida más “digna” (para él) sin tener que ir a la cárcel? Ya había intentado huir del país y se lo impidieron. Quedaban como opciones: pasar a la clandestinidad o darse un tiro. Quizás lo primero lo podrían haber intentado alrededor de los días previos en que iba a declarar Barata (previsto para el siguiente martes 23 de abril). Pero el desenlace se adelantó y fue otra la forma como se dieron los hechos.

De todos modos, se percibe que el discurso estaba preparado para esta circunstancia y lo hemos visto en evidencia: culpar al Gobierno, sistema judicial y parte de la prensa de ser los responsables. Intentar convertir en un mártir al líder que se iría (que se fue). Buscar hacer del hecho una ocasión de una movilización nacional y de reagrupamiento y nuevo impulso del Partido Aprista. Sin embargo y aceptando que es un hecho doloroso la muerte de un líder partidario, así como el efecto que puede tener en sus adeptos y en sectores sensibles y cercanos a su partido, habrá que esperar como se “asientan” las aguas.

En realidad, y más ampliamente, lo que uno esperaría seriamente es una autocrítica tanto del Apra como del conjunto de los partidos políticos en el país por haber sido, de una u otra forma, parte de una práctica política que tendía a buscar recursos económicos de diversas formas poco transparentes, ilegales y, en algunos casos, abiertamente criminales. Las cuales no sólo servían para solventar las necesidades del partido sino también para un enriquecimiento de algunos pocos que medraban con ello y otra serie de “negocios”.

Habrá que seguir profundizando en éstas reflexiones. Es fundamental apostar por una renovación auténtica de nuestra política, nuestros partidos, de nuestra alicaída clase política y del sistema político en su conjunto.

Guillermo Valera Moreno
Magdalena del Mar, 19 de abril de 2019

Respeto a nuestra Amazonía

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La preparación del Sínodo Pan-amazónico viene desarrollándose de diversa forma en distintos puntos de nuestra selva, tanto en nuestro país como en las áreas involucradas de otros países vecinos. También hay iniciativas en otras zonas del país, aunque podemos pensar que son pocas. Algunas instituciones como el Instituto Bartolomé de las Casas (IBC) vienen apoyando y dando impulso a algunas de ellas.

Es fundamental que todos asumamos interés y aquilatemos la importancia que tiene el tema. No sólo por ser la amazonía parte de nuestro territorio, como lo es de varios países como Brasil, Colombia, Venezuela, Ecuador, entre otros. Un aspecto importante (y principal podríamos decir) es el tema común a todos en cuanto a cómo tomamos mejor en cuenta el cuidado de la naturaleza y de la creación. Especialmente, cómo hacemos para cambiar los hábitos y estilos de vida de cada uno que no son amigables con la ecología y el medio ambiente. Esa es una materia que cada uno tiene que seguir revisando y sobre lo cual hay que volver de modo continuo.

Nuestro país se caracteriza por contar con una diversidad cultural bastante amplia, la cual se puede reconocer tanto en costa, sierra y nuestra selva amazónica. Diversidad que encierra una extraordinaria riqueza de diversas características históricas y con la cual no terminamos de dialogar adecuadamente y, menos, valorar como corresponde. Los prejuicios racistas, el dinero y los diversos niveles de poder aún mantienen distancias entre los peruanos. Felizmente, a las poblaciones originarias de la selva no les afecta (e incluso lo reivindican) que les llamen “poblaciones indígenas” o “indios”. Y de ellos también debiéramos aprender éste tipo de aspectos.

Todos tenemos que ser muy respetuoso de las realidades de los otros. Más aún cuando tenemos una mezcla muy variopinta de nuestra realidad poblacional, saberes, costumbres, comidas y tantos otros aspectos. Los cuales no se pueden diluir o uniformizar en un llamado “mestizaje”, casi para salir del problema o no tener que referirse a ello con mayor profundidad.

Tratándose de la amazonía, con mayor razón, tenemos que ser respetuosos de esos otros que son las poblaciones indígenas en la selva y (también) el conjunto de sus habitantes mestizos que la pueblan. Poblaciones que conocemos poco o nada y, por supuesto, tenemos poco integrado en nuestro imaginario, en nuestra imagen de “población peruana”, en saber algo de cómo viven y algunas de sus costumbres ancestrales.

Algunas actitudes y propósitos son importantes de considerar en todo ello, haciendo eco a lo que el propio Papa Francisco nos viene señalando en los últimos años, especialmente desde que se dio a luz a su encíclica “Laudato Si”. Resalto tres puntos:

(a) Sácate las sandalias, estas en tierra sagrada. Tenemos la obligación de que la amazonía no sea considerada como una simple mercancía sobre la cual se puede hacer negocios y explotarla de todas las formas posibles. Tenemos que hacer el esfuerzo de tratar dicho territorio como “tierra sagrada”, revalorando su sentido original como parte de la creación, en especial a sus habitantes. Creación que hemos recibido gratuitamente y que debemos saber proteger, cultivar y beneficiarnos todos.
(b) Saber escuchar. Tenemos que convencernos de ello y volver una y otra vez. Porque en muchas cosas creemos que tenemos las “soluciones” o que las podemos proporcionar y no empezamos por escuchar a quienes viven milenariamente en los territorios amazónicos. Necesitamos saber escuchar sus demandas; ayudando a generar su propia voz e interlocución.
(c) Desarrollar una iglesia con rostro indígena. Como una tarea de más largo aliento y que tiene que significar una adecuada inculturación y un saberse “abajar”, como lo recordaba de modo constante Santa Teresita del niño Jesús y con el ímpetu de San Francisco Javier.

Tenemos muchos desafíos por delante. Empecemos cada uno por seguir revisando lo que son sus propios estilos de vida.

Guillermo Valera Moreno
Magdalena del Mar, 17 de febrero de 2019

Amazonía: dialogar y entenderse

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Realmente resulta muy significativo encontrarse en una misma reunión con gente muy diversa y trabajando en zonas muy alejadas y, sin embargo, con la alegría de compartir cuestiones básicas como la fe de manera común, con mucha profundidad e invitación a un mutuo conocerse y crecer.

Reflexionar teológicamente sobre realidades que normalmente o aparentemente nos dicen poco y las vemos alejadas y “libres” de nuestro compromiso, puede ser todo un desafío. Realidades que probablemente nunca hemos escuchado nombrar o ligeramente en las noticias de alguna emisora de televisión o en algún periódico entreverado con propaganda u otros titulares.

Por ejemplo, yo creía que Caballococha era el punto más alejado y fronterizo de Perú en el río Amazonas. Resulta que “más arriba”, río arriba, existe la “triple frontera” (Brasil, Colombia y Perú), donde el lado peruano lo constituye el centro poblado de Santa Rosa. Surcando algo más uno se haya con pueblos de nombres llamativos como Islandia; pensar que la única Islandia que había escuchado es en la zona del Ártico, una isla en el extremo noroeste europeo… En fin.

Conocer de cerca percepciones de una espiritualidad muy centrada en la naturaleza. Desde lo que puede ser la cosmovisión de los Candoshi o las miradas de los Achuar (hacia la frontera con Eucador). O ciertas aproximaciones de los Naguas, existentes más en la selva centro sur de nuestro país, por los adentros de donde se explota el gas de Kamisea. O las realidades de Madre de Dios, a la cual nos volvimos a aproximar de modo preocupante con la visita del Papa, hace poco más de 1 año.

Es interesante la complejidad de nuestra amazonía, lo extenso de su territorio, lo poco que lo conocemos y, por tanto, lo poco que la amamos. Porque es difícil amar o enamorase de alguien, de algo o de un territorio sin conocerlo, sin haberlo palpado de alguna manera, sin aproximarse de diversas formas a ello. Y ese es un punto por el que muchos tienen y tenemos que empezar.

Es necesario entender más de cerca su geografía, sus habitantes, su problemática. Como reflexionaba más de uno/a, conociéndola de ser posible “in situ” y pasando alguna(s) temporada(s) larga(s). Que mejor, trabajando en ella y comprometido en sus honduras y surcar de sus ríos. Con sus poblaciones indígenas, especialmente.

Necesitamos conocerla para entenderla mejor e incorporarla e integrarla como parte consustancial de nosotros mismos. En su propia diversidad. En su propia riqueza y diversidad. Sin afanes de negocio o lucro que es la manera más errada de aproximarse. Porque siendo un regalo que hemos recibido debiéramos acogerlo mirando siempre el bien común. No puede ser que nos suceda (erróneamente) como con los océanos, los cuales los depredamos cual despensa inagotable y la llenamos de basura incontrolable.

Tenemos que cuidar los bienes que hemos recibido como creación. Tratarlos como tierra y espacio sagrado. Y obrar en consecuencia.

Guillermo Valera Moreno
Magdalena del Mar, 12 de febrero de 2019

Amazonía: tan cerca, tan lejos

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Fruto de reflexiones conjuntas de un curso con el IBC, menciono a continuación algunas pistas que me han resultado sugerentes y que recogí como aproximación más personal:

° Es necesario entender más de cerca su problemática, conociéndola de ser posible “in situ”, desde sus propios interlocutores. En especial, desde las propias poblaciones indígenas que la habitan.

° Generar mecanismos de comunicación que permita un flujo de información adecuada de lo que acontece en ella. Estableciendo estrategias de comunicación para las zonas o regiones distantes de ésta, especialmente para Lima.

° Es clave el impulso de una sociedad civil amazónica más activa y consciente de sus derechos, tomando atención especial sobre las comunidades indígenas locales. Promoviendo propuestas que faciliten el ejercicio de sus derechos y desarrollo integral.

° Reforzar la labor de desarrollo y servicios de calidad desde los municipios y Gobiernos regionales, formando liderazgos éticos y comprometidos con sus zonas respectivas.

° Es fundamental plantear políticas nacionales a favor de la amazonía que garanticen la vida, el territorio y su equilibrio ecológico, haciendo efectivas las medidas recogidas en el Convenio 169 de la OIT, como la consulta previa y otros.

° Se requiere profundizar en una relación intercultural y en la comprensión de las diversas realidades y riqueza que encierra cada cultura local y su relación espiritual con el medio ambiente local, la naturaleza, sus visiones y sueños, sus mitos y leyendas.

° Ser muy respetuoso de las realidades de los otros, de esos otros que son las poblaciones indígenas en la selva y el conjunto de sus habitantes mestizos. Sabiendo escuchar sus demandas; tratando su territorio como “tierra sagrada”, ayudando a generar su propia voz e interlocución.

° Es importante ayudar al desarrollo de sus propias organizaciones, su mejor formación y superación de lógicas de rivalidad y desencuentro que se puedan plantear entre ellas. Apuntando a sentidos de justicia, paz e integración.

° Recoger la trayectoria y experiencia ya desarrollada por diversas congregaciones religiosas, entidades de sociedad civil y el Estado (cuando su relación ha sido positiva). Tanto en la defensa de derechos de las poblaciones indígenas como en la construcción de relaciones interculturales horizontales y fecundas.

° Desarrollar un compromiso más explícito desde las organizaciones de laicos y diversas asociaciones y organizaciones a favor de las poblaciones indígenas y las necesidades amplias del conjunto de su población.

Guillermo Valera Moreno
Lima, 8 de febrero 2019

¿Mundo al revés?

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Parece el mundo al revés. Pero estamos en el Perú, en el siglo XXI, un día cualquiera del 2018, cualquier día del año, porque hemos tenido acontecimientos muy diversos e intensos como si hubieran transcurrido varios años y no uno sólo. En realidad, la intensidad empezó antes de finalizar el año anterior, para recibir la Navidad, con la írrita salida de la cárcel de Alberto Fujimori por una “amnistía” que meses después sería revocada.

Pareciera que la visita del Papa Francisco a nuestro país, en enero, realmente nos dejó algunos cuestionamientos que los fuimos reconociendo en los sucesos posteriores que nos tocó vivir. Tanto por las situaciones de exclusión que aún vivimos en diversas zonas del país, particularmente las afectadas por problemas medioambientales, donde las poblaciones indígenas de la selva son las que más evidencian sus efectos. Tanto por la corrupción que se ha ido destapando, “in crecendo”, lo cual produjo la salida de su cargo del presidente P. P. Kuczinsky (en marzo). Así como el serio cuestionamiento habido respecto al funcionamiento del Poder Judicial (y colaterales), así como del propio Congreso de la República.

Un conjunto de hechos revelados por unos audios grabados de conversaciones entre jueces y fiscales del Callao, fueron ayudando a atar cabos sobre componendas y actos corruptos desarrollados en casos muy diversos de aplicación de justicia por los encargados de hacerlo. En las que ponían precio al mejor postor, normalmente al inculpado de algún delito. Así fuera los cargos de violación de una niña, un homicidio y tantas posibilidades se pudieran plantear. En ello estaban también implicados intereses políticos y personales de poder, como podría ser el canje de un puesto en lo más alto de la esfera del Poder Judicial y el cierre de los casos de corrupción en las que estuviera sindicada la llamada “primera fuerza” de la “señora K”. Todavía queda por “terminar de probar” de quiénes se trata, aunque a todas luces sabemos de quiénes hablamos.

De allí que la victimización de la líder de Fuerza Popular, la señora Keyko Fujimori, el apoyo reiterado de su padre y la manifestación pública de algunos cuantos seguidores en las calles, no ha diluido la orfandad en que ha devenido el partido Fuerza Popular. A todas luces, sancionado en las últimas elecciones municipales y regionales con un contundente rechazo. Es cierto que no han sido los únicos, también el Apra, quien tiene como encargo en la coyuntura política el crear o propiciar cortinas de humo diversas para distraer a la opinión pública, Buscando distraer el foco de la política que es la lucha contra los corruptos y la corrupción.

Los ciudadanos debemos estar alertas, informarnos e informar adecuadamente de las cosas. Ayudar a esclarecer las cosas y llamar a las cosas por su nombre. Con las leyes que correspondan se debe propiciar que se sancione a quienes sean responsables de la corrupción que hemos seguido viviendo con gran cinismo y queriéndonos hacer creer que todo era normal. Felizmente cada vez se entiende mejor que en la aplicación de la justicia, no puede haber intocables. Todo lo contrario, se tiene que actuar de modo ejemplar y ejemplificador, como corresponde legalmente.

Estamos en una situación delicada en el país y debemos hacernos parte activa defendiendo la verdad y a quienes nos están dando ejemplo de luchar por ella. Con el debido compromiso y desde donde cada uno está.

Guillermo Valera Moreno
Magdalena del Mar, 28 de octubre de 2018

Fue nuestro espiritual…

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Eran los tiempos de la Parranda Panameña, “Parece que va llover, parece que va llover, el cielo se está nublando, parece que va llover, ay mamá me estoy mojando…” Lo bailábamos en cuanta fiesta o cumpleaños celebrábamos, sin la infaltable guinda de Huaura, bebida mítica dulzona que nunca supimos cómo era que se producía por allí (en el norte chico de Lima) y no había ninguna planta de la susodicha frutita. Disque la importaban desde Chile, vaya uno a saber.

Lo cierto que esa era parte de la rutina de nuestro querido Grupo La Cabaña, allá por el año de 1975, en el cual coincidimos con un buen grupo de estudiantes de 5to de Secundaria de diversos colegios de Piura, convocados por el P. Santiago (sacerdote jesuita) y la Hna. Margarita (religiosa del colegio Nuestra Señora de Lourdes). Buenos amigos nos hicimos de Nacho, Yolo, Federico, Miguel, Elisa, Anita, Sonia, Pilar y tantas personas que pasamos por allí, en ese despertar de la fe, de la conciencia social, del deseo de ampliarse a nuevas relaciones, de crecer…

Fue una iniciativa muy significativa y que nos marcó mucho. Motivando en nosotros el deseo de reflexionar con personas distintas a nuestro entorno acostumbrado. El buscar convivir más allá de las normales rivalidades que solían haber entre colegios, ya fuera por el deporte (basket y futbol sobre todo), las diferencias de “nombre”, estatus u otras necedades que nos suelen influenciar. Llegamos a confluir experiencias de colegios como el San Ignacio, Lourdes, Fátima, Santa María, Don Bosco e incluso del San Miguel en algún caso.

Era curioso y no dejaba de llamarme la atención que siendo el P. Santiago García de la Rasilla SJ (conocido por algunos como el “oso”), una persona relativamente seria (o muy seria en el colegio diría yo), podía tener el propósito y monitorear un grupo de jóvenes que más bien solíamos ser bastante bullicioso, inquieto y con las hormonas algo alborotadas. Quizás ayudó, para los que estudiamos en el Colegio San Ignacio, el hecho que Santiago fuera espiritual de varios de nosotros y nos daba una serie de orientaciones significativas. Por ejemplo, lo relativo a la dimensión vocacional.

Recuerdo aquella vez que nos aplicó un test vocacional y a mí me salió que tenía opción para un abanico de carreras profesionales. Por los puntajes que había obtenido podía estudiar desde carreras de ingeniería, pasando por economía, letras y hasta medicina. Recuerdo que le pregunté a Santiago qué me sugería y viendo las tendencias de mi puntaje me dijo que por mi interés por los temas de la sociedad y de las personas, quizá podía estudiar psicología o Sociología. Entonces me dije, estudiaré ambas carreras.

Otro gran detalle en nuestra formación con Santiago fue que lo tuvimos como profesor de filosofía en 4to de secundaria. El libro de cajón, de cabecera y de todo fue siempre “El criterio”, de Balmes. Creo que allí aprendí y empezé a entender lo que después conocería como el discernimiento ignaciano, especialmente en los Ejercicios Espirituales. Recuerdo que sus clases eran muy interesantes pero no dejaban de parecernos densas y, en algunos casos algo aburridas. La filosofía era algo dura de procesar. Sin embargo, en mí dejó ese interés por pensar, por aprender a pensar y saber hacerlo por mí mismo. A saber también pensar con sentido crítico y estar abiertos a la pluralidad y diversidad.

Puedo decir que Santiago fue una persona muy significativa en mi proceso de formación de mis últimos años de secundaria y con quien pudimos establecer una cercanía y amistad, la misma que se interrumpió muchos años porque, después, se fue a un año “sabático” y fue cambiado al otro lado de la frontera, a Tacna. Lo volvería a ver en Lima y, posteriormente, en el Vicariato de Jaén. Un gran abrazo a la distancia querido Santiago.

Guillermo Valera Moreno
Magdalena del Mar, 14 de agosto de 2018

Le llamaban Charly

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Cierto día, llegamos al Colegio Valentín Salegui y nos recibió entre otros un sonriente Carlos Ridavets SJ, Charles para algunos que lo tuteaban como Charly también. Era el año de 1982. Siempre agradable y bastante discreto, lo conocí desde Piura, donde terminé mis estudios escolares en el colegio San Ignacio (1975), lugar en el que empezé a conocer las misiones del Vicariato de Jaén o San Francisco Javier del Marañón, lugar donde ya estaban los Jesuitas desde los años 40s.

Más pacífico no podía ser Charly, al menos es la imagen que recogí de él. Buscando trabajar en lo suyo, la educación con muchachos donde le tocara estar. Él hayó su vocación en ese internado, en ese trabajo pedagógico con los muchachos awajun y wampis que cursaban sus estudios escolares y a los cuales había que entender a partir de su propia cultura e idioma, cuestión que se complicaba más por la ausencia de escritura en éstas culturas.

Años atrás, una de las anécdotas que le escuché mencionar fue aquella de que en los recreos los alumnos salían muchas veces a cazar pajaritos y allí mismo se los comían, denotando esa relación tan grande de la población local con la naturaleza, la misma que se bebe y se respira desde que se nace. Entre otras cosas, para divertirse y alimentarse, desarrollar sus habilidades de cacería, crecer en el propósito de dominio de la naturaleza, hacerse del medio. Todo ello se vinculaba también al marcado espíritu guerrero que mantienen las poblaciones locales.

Charly se embebió y fue haciendo “escuela” con todas las promociones que pasaron desde la mayor parte del recorrido de los 50 años del Colegio Valentín Salegui, lugar en el que compartió varias de esas décadas, una parte del lapso incluso como director, cuando el colegio era ya parte de la red de Fe y Alegría (Colegio Fe y Alegría 55). Ese fue su testimonio. Compartir su presencia, sus conocimientos, sus experiencias y sus deseos profundos de aprender del medio local, hacerse parte del mismo.

Aunque suene medio poético decir que a Charly le tocó morir como mártir, lo es menos constatar que apareciera maniatado y con algunos signos de violencia. Después de un largo caminaren la zona del Chiriaco, camino que podría haber seguido recorriendo 2 ó 3 lustros más, uno encuentra muy inexplicable su situación. Quizás sea una manera de comunicarnos y recordarnos lo necesaria que es para todos una cultura de paz a todo nivel. Ciertamente una paz basada en la justicia y en la verdad. Puede ser una manera de darle algún sentido positivo a situaciones plagadas de sinrazón.

Muchas veces amar de modo incondicional, aunque parezca contradictorio, nos expone de modos velados o abiertos al mal de nuestro mundo. Al mal, la maldad, el odio y tantos adjetivos que podríamos mencionar. Amar, obrar el bien, abogar por la verdad…, especialmente por los más indefensos, débiles y pobres, nos expone. Hay veces que también el bien de las personas se impone sin sacrificar su vida. En otros casos se suceden situaciones lamentables. Como la misma que le toco vivir a nuestro querido Jesús hace 20 siglos atrás. Y se muere para seguir viviendo. Charly ha empezado una nueva vida.

Guillermo Valera M.
Magdalena del Mar, 13 de agosto de 2018