Archivo del Autor: Guillermo Gabriel Valera Moreno

Nuestras labores: necesidad de repensar horizontes

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Hoy nos confrontamos a una serie de desafíos por el coronavirus que nos permite ver, desde la nueva situación creada de aislamiento y “distancia social” necesarios, otras formas de plantearnos las relaciones que veníamos teniendo para interactuar cotidianamente.

La pandemia nos sitúa en el caminos de diversos cambios que empiezan a intuirse o a ser algo visibles (pero no lo sabemos con claridad por ahora) y que se darán lugar (o tomaremos conciencia de ellos) paulatinamente.

Desde la oficina que trabajo (ODP Jesuitas del Perú) hicimos un recojo de información al respecto entre las diversas organizaciones con las que trabajamos, lo cual nos ha servido para recoger y procesar algunas ideas que se nos han ido planteando. Por ejemplo, algunos temas que no se venían trabajando tan directamente como propósito y que ahora podrían pasar a ser de primer interés, como la atención de ayuda humanitaria, para llegar con alimentos a familias que se van quedando rezagadas de la ayuda oficial o no les es suficiente, o ya fuera (en los siguientes meses) porque el problema se extiende en el tiempo y mucha gente pierde el empleo y no tiene ya ingresos.

Lo relativo a la salud pública, para la cual el Estado buscará ampliarse y acelerar su extensión, en lo cual habrá que ayudar en el propósito y, especialmente, complementar las iniciativas ya existentes; empezando por garantizar aplicar las orientaciones desde el propio nuevo accionar de nuestras organizaciones, hasta llegar a políticas públicas e incidencia si fuera el caso. Otro gran punto es lo relativo a la conectividad que se ha puesto en primer orden de necesidad para continuar haciendo buena parte de las cosas que hacíamos, pero desde casa. ¿Qué tenemos que mejorar para lograr una continuidad eficiente y con resultados pertinentes? Hay toda una cuestión a atender.

De otro lado, también podemos hablar de temas más “conocidos” desde lo que ha sido nuestro normal accionar como son el cuidado de la creación, tanto nuestra naturaleza, la diversidad biológica, la limpieza del medio ambiente, la atención básica de todos los grupos humanos, etc.. Lo relativo al impulso de emprendimientos e iniciativas económicas que compensen la ausencia o pérdida de las actividades en las que se desempeñaban muchos sectores de la población y que verán disminuida (o suprimida) su actividad; más aún, si consideramos que alrededor del 70% del empleo en nuestra economía se mueve en el campo de la informalidad.

También podemos anotar la solidaridad y ciudadanía activa, como expresión de nuestra responsabilidad mutua en el cuidado de unos y otros y la generación de medios adecuados a eso mismo y propósitos que apuntan al bien común público del conjunto del accionar del Estado, la sociedad civil y del empresariado. Junto a esto, el diálogo y concertación con diversos actores, especialmente organizaciones y movimientos populares, en el propósito de promover las iniciativas que sean necesarias con sentido cabal de convivencia y puesta de acuerdo sobre lo que vemos como prioridades o pasos a dar (¿el capitalismo como sistema económico debiera tocar a su fin? ¿el rol proactivo del Estado en garantizar la satisfacción de las necesidades básicas para todos es legítimo y necesario?).

Todo lo anterior nos cuestiona y nos hace evidenciar la necesidad de espacios de reflexión sobre lo que nos acontece, porque estamos ante una serie de hechos que nos han cambiado la vida y ya no vamos a volver a la normalidad anterior a la que estábamos acostumbrados. Desde todas las esferas de la sociedad, del Estado y la economía, necesitamos reflexionar la nueva situación en la que estamos, aquilatarla, discernirla y procesarla. Revisar y evaluar con otros ojos lo que hemos venido haciendo. Todo lo cual nos va a situar en inevitables cambios institucionales sobre lo que veníamos siendo y haciendo; la manera cómo nos situábamos y lo hacíamos; la forma de establecer interlocución, de formarnos y capacitar, de desarrollar las diversas iniciativas que hacíamos hasta hace poco. Dando lugar a replanteamientos o asunción de cosas nuevas o “reencauchadas” con los nuevos acontecimientos, necesidades y valoraciones.

Bueno, podemos seguir abundando en estos y otros planteamientos. Sin embargo, creo que es importante pensar en cómo vamos a encarar (y en los mejores términos) lo que nos está aconteciendo. Pensar en iniciativas lo más amplias posibles y donde hagamos sobre todo, el esfuerzo de sumar y apoyar lo mejor que se pueda proponer para lo que necesitamos hacer (o “seguir haciendo”).

Guillermo Valera Moreno
Magdalena del Mar, 17 de Abril de 2020

El verbo somos cada uno

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El verbo, la luz, el amor, la vida… todo cuanto existe lo es por Dios y Dios se encarnó en el mundo en todas las cosas y de modo especial en todo lo que tiene vida. Dentro de la vida se encarnó de manera especial en la persona humana, en cada uno de nosotros, para realizar mejor su obra y que llegara a su plenitud desde su misma creación. Eso no lo hemos terminado de entender pero es dicho camino al que se nos invita para darle un cabal sentido al mundo en el que vivimos. Hay que entenderlo y obrar en consecuencia, sin buscarnos discursos autojustificatorios de nuestros propios egoísmos sino del crecimiento de nuestra humanidad en solidaridad, compromiso con el bien común, una paz que brota de la justicia y un reinado del espíritu amoroso que nos enseñó Jesús en todas nuestras relaciones y maneras de relacionarnos. Nuevamente, no se trata sólo de discursos sino de aprender a descubrir los medios adecuados al propósito, tanto desde la propia oración y discernimiento constante, como desde la vida cotidiana y estructuras de sociedad que lo posibiliten. (G. V. M.)

Juan (1,1-18):
En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.
Él estaba en el principio junto a Dios.
Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.
En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.
El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.
En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.
Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.
Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.
Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne,
ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.
Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo:
«Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Elecciones del 26 de enero 2020

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Parece extraño, pero se podría decir que es primera ocasión en nuestra historia republicana en la que asistiremos a una elección congresal sin tener que elegir presidente de la república de modo simultáneo. Ello, antes, sólo se dio en ocasiones que se trataba de una asamblea constituyente, como lo ocurrido, por ejemplo, en los últimos 50 años para la asamblea Constituyente de 1978 y 1993. Por tanto, la elección de congresistas, en sus distintas modalidades y cámaras (hoy es una sola), siempre estuvo asociada a la elección de un presidente. Marcando con mayor razón el sentido (en distintos grados) del sistema presidencialista al que hemos estado normalmente adscritos como sistema político de gobierno.
 
Quizás por ello mismo, quisiéramos ver a los líderes políticos de las diferentes agrupaciones liderando a su potencial representación congresal a todo nivel y poder identificar de quiénes se tratan las 21 listas congresales que se presentan grosso modo en las 26 jurisdicciones electorales que tendremos; además, asumiendo que la elección en una no compromete los votos en la(s) otra(s). Y va a tener que ser así para que las representaciones no se definan por aspectos localistas a cada jurisdicción, donde el peso de los partidos políticos más conocidos o los personajes adscritos a las mismas sean las que terminen siendo determinantes. Más allá de si es más buena que mala dicha situación, el tema es estar prevenidos sobre lo que puede marcar más la decisión de los electores al momento de definir su voto.
 
Más aún si aún tenemos una ciudadanía que es bastante volátil en el voto; además, tenemos un buen tercio que es reiteradamente antisistema y que, en el peor de los casos se abstendrá o votará viciado. A ello se añade que no contamos un sistema de partidos muy sólido y tendran ventaja los que tengan más maña para moverse en un campo marcado por lo desconocido y fértil a opciones emotivas. Frente a ello, hay que buscar caminos que le den algo de sentido racional al nuevo voto que tendremos que emitir, el cual es para un periodo relativamente breve de gobierno legislativo, cuya principal misión puede estar en preparar un Perú más moderno y presentable al bicentenario que se nos viene y nos tiene que llenar de un significado que supere lo avanzado hasta hoy.
 
En esa lógica, el tema es qué vale la pena elegir para el siguiente Congreso. Más allá de posturas ideológicas, cabe preguntarse por quiénes de modo específico nos van a representar, por quién yo voy a votar. Allí es clave poder preguntarse a su vez por temas claves a los que puedan responder, más allá del partido al que representan. ¿Van a luchar contra la corrupción? ¿Van a apoyar la lucha contra la violencia contra la mujer / familiar? ¿Cómo se ubica mi candidato respecto a la gestión económica del país y la explotación de nuestros recursos naturales y el cuidado de la naturaleza? ¿Cuánto respeta la vida, en especial los temas de trata de personas, movilidad humana y otros aspectos de una problemática más amplia? Así mismo otros temas como la nutrición infantil, la calidad de los servicios básicos (salud y educación pública en especial), el empleo y el emprendimiento económico, el desarrollo de la cultura y el turismo, entre otros.
 
De hecho, no habrá tiempo para muchas cosas, pero es importante miradas de conjunto de nuestro país, integridad ética de los candidatos y propuestas más específicas para esos mismos temas en el modo de concretarlo en cada región. Estamos en un momento y tiempo político en el cual las respuestas no pueden venir solamente del ejecutivo y legislativo; necesitamos una participación muy activa de la sociedad civil y de una ciudadanía más que activa. Y nadie sobra, más bien, faltan muchos.
 
Guillermo Valera Moreno
Magdalena del Mar, 2 de enero de 2020

Nosotros los ciudadanos

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Construir un “Nosotros” en el país es fundamental para seguir un camino de construcción de ciudadanía e institucionalidad, necesaria para desarrollar una comunidad política donde tenga cabida todas las personas y no sólo se abarque a las élites que tienen capacidad de sobresalir por sus propias fuerzas.

Sin embargo, ¿cuál es la receta o qué tenemos que hacer para revertir las fuerzas que van contra el propósito mencionado, fuerzas como las de la corrupción, el individualismo en sus diversas expresiones o la falta de institucionalidad? Requerimos construir un sistema que haga imposible situaciones como las de Odebrech o la “salita del SIN” de los años ‘90s. O situaciones que se presten a la captura del Estado por el sector privado, haciéndole perder su sentido de representación universal de los intereses de la sociedad, especialmente de los más pobres y débiles.

Requerimos un cambio cultural, caminar hacia una cultura de la integridad y del respeto. Donde se vea mal los actos corruptos y se rompa su naturalización; donde no se acepte un mal salario a los trabajadores o indignas condiciones de trabajo. Donde se supere el poder del “billete” y el sentido del tener y el consumismo (antes que el ser).

Debemos ser conscientes que los alcances de la corrupción nos alcanza a todos, tanto en lo micro como en lo macro. Cada uno tiene que poner de su parte para combatirla. Lamentablemente, la mayoría de nuestros líderes y autoridades están manchados con la corrupción y otros males equivalentes. Basta ver nuestro Congreso de la república. Son expresión de lo mal y devaluado que está por hoy el “bien común” y la “solidaridad”. No obstante, hay que aportar desde donde se está, sin caer en el desánimo. Generando espacios de reflexión diversos desde los cuales procesar y estar atentos a dichas realidades y animar a otros.

Estamos en una sociedad y un contexto de una corrupción sistémica. Donde muchas veces no podemos decir o hacer nada por miedo a perder nuestro trabajo o ciertas posiciones alcanzadas. En esos entornos, ¿cómo formamos o construimos comunidad? Muchas veces se elude derechos y responsabilidades. Se prefiere pagar una multa por eludir el cumplimiento de normas, llegándose a eludir el propio cumplimiento del pago de la misma multa. Se prefiere optar por la informalidad porque supone prácticas del “cholo barato” y así nuestra economía se mueve por encima del 70% de informalidad. De otro lado, ¿cómo podemos evitar que el fraude se dé en sus diversas modalidades y camine delante de nosotros con total impunidad? No obstante, podemos también visualizar signos de esperanza y hay que trabajarlos como referentes políticos, hacer el esfuerzo por que se visibilicen. Hay leyes, nacionales e internacionales, que empiezan a crear otra orientación y una lucha franca contra la corrupción. Incluso, los propios juicios a ex presidentes que se ha dado lugar en nuestro país y otros vecinos.

Construir un nosotros se presenta como una clave para nuestra acción ciudadana, así como la invitación a tomar acciones correspondientes y a asumir un compromiso real. No acostumbrarnos, como dice Castillo, a naturalizar las situaciones de injusticia o de pobreza. Aunque los cambios no son rápidos, tenemos que poner cada uno lo que le corresponde desde donde uno está, reforzando nuestro sentido de esperanza. Trabajar en los entornos diversos en los que nos movemos, la familia, los jóvenes. Sabiendo que, por ejemplo, hoy los jóvenes están un poco más atentos y son el uso de herramientas informáticas y de telecomunicaciones, es más difícil engañarlos.

Hasta lamentarse por la realidad de nuestra política puede ser válido si nos sirve para crear una mayor conciencia y no quedarnos sólo en ello. Es clave evitar la indiferencia o juicios equívocos como el de “roba pero hace obra”. Tenemos que aprender a decir basta y no tolerar situaciones de clara transgresión del interés común o del bien común; casos de empresas en esa lógica es “Volvo”, quien ya no participa en licitaciones en el Callao, debido a la corrupción existente. En esa línea tenemos que sentirnos llamados a construir un “nosotros”. Tampoco es lícito recurrir a tener personas que hacen el “trabajo sucio” por todos los demás, desnaturalizando a las personas. Es preocupante ver como muchos jóvenes con sueños e ideales terminan domesticados por el sistema corrupto y son encasillados a prácticas corruptas, incluso sin caer muchas veces en la cuenta de ello.

Más de uno habrá pasado experiencias personales en las cuales se ha tenido que enfrentar situaciones corruptas y de desorganización, habiendo colaborado en revertir focalizadamente dichas situaciones. Caso de experiencia en Hospital en Abancay (Apurímac). Casos como el ausentarse de las guardias del hospital; favoritismos en la atención; dejadez para el necesario y buen funcionamiento de las actividades cotidianas, entre otras. Ayudó mucho el que se pudiera cohesionar un grupo significativo y de referencia para que las cosas cambiaran. El espíritu joven con el que se encaró dichos procesos, el ser matrimonios con hijos pequeños, etc. Todo ello se juntó para impulsarles a plantear prácticas más sanas y ejemplares en equipo. Sin embargo, cuando les tocó salir a otras zonas, se chocaron con situaciones distintas, más negativas. Otras realidades que parecían como “arar en un desierto”. Evasiones de responsabilidades de modo solidario; el robo institucionalizado; el conformismo en el trabajo; tercerizaciones amañadas; entre otros.

Tenemos la conciencia de que algo podemos hacer y bastante. Más aún, en el ámbito educativo y asumiendo labores pedagógicas a diverso nivel. Ocurre que muchas veces no somos conscientes de que determinados actos pueden ser actos de corrupción. Debemos ayudarnos unos a otros en ello, ha ser conscientes de qué vida llevamos y vivir de modo más consciente. Identificando y procesando todo ésto desde lo cotidiano hasta situarnos en realidades más complejas.

Guillermo Valera Moreno
Artículo procesado en base al intercambio tenido en CVX Siempre – Equipo Miércoles 7.30 pm (10 de julio 2019)

Un “nosotros” que ya se viene construyendo

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Construir un “nosotros” colectivo, a nivel de nación o algo más amplio, desde donde nos abarquemos todos sin excepción, es una apuesta fundamental para construir una sana convivencia. En el cual nos reconozcamos todos como “República” (comunidad democrática de ciudadanos) o como algo más amplio que podríamos denominar una aldea global compartida y solidaria.

Puede parecer una verdad aceptable pero muchas veces no asumimos sobre ella la menor responsabilidad en términos prácticos. Ya fuera porque no “sabemos” cómo hacerlo, lo vemos como algo demasiado genérico o simplemente rehuimos su abordaje. Sin embargo, en las últimas décadas, desde distintos espacios, se viene haciendo esfuerzos diversos para establecer conciencia de dicha necesidad, sobre la base de una defensa de derechos de lo más diverso, ya fuera de las personas (como el género), la naturaleza (la ecología y el medio ambiente), las condiciones de vida (muy vinculada a la pobreza). Aunque todo revierte a plantearnos la necesidad de una vida más humana en el mundo y en los diferentes ámbitos de la sociedad en la que nos movemos o estamos presentes.

Parte de lo anterior tiene que ver con reflexiones diversas que se han ido planteando. Podríamos resumir la significancia de varias de ellas en torno a lo que hoy conocemos como los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, más conocidos como las ODS. Éstas (y sus avances de implementación en el mundo) son una buena manera de ejemplificar caminos que se han ido consensuando a nivel de Estados y sociedad civil y, las cuales, debiéramos asumir de modo más activo e incluso militante. En ellas recogemos derechos diversos en torno a temáticas claves que permitirían una vida mejor para todos. Se trata de encaminarlas y garantizar su asunción y cumplimiento a todo nivel.

En forma parecida podríamos decir de las políticas de Estado (actualmente llegan a 32) que se han consensuado en los últimos lustros desde el llamado “Acuerdo Nacional” en nuestro país. Desde el cual se ha hecho de una labor meritoria que, sin remplazar los planes de gobierno de los partidos que participan en las elecciones regulares de autoridades, nos plantea un camino común y que debieran ser motivo de compromiso para que, alrededor de ellas, se establezcan las propias propuestas de gobierno que se propongan por los candidatos de turno en cada proceso electoral. Haciendo más factible el seguimiento y exigencia de cumplimiento de los planes de gobierno. En particular de quien llega al poder, después de una elección democrática.

Vinculable a unas y otras, podemos también señalar propósitos más circunscritos como los que se puede dar la Iglesia Católica o una Congregación Religiosa como los Jesuitas, la cual, después de un discernimiento prolongado llegó a establecer 4 preferencias apostólicas universales para su actuación en el mundo (formar en el discernimiento y los Ejercicios Espirituales, atención a los pobres, la Casa común, y los jóvenes). Sin pretender marcar prioridades, se establece un horizonte de convergencia que, de hecho, ayuda a entablar mejores conexiones con otro tipo de esfuerzos como los señalados para los ODS o el Acuerdo Nacional de Perú. Algo equivalente podríamos hallar en las bienaventuranzas que nos propuso el propio Jesús en su tiempo.

Todos ellos hay que reconocerlos como intentos, esfuerzos, para construir “comunidad” o sentido comunitario en niveles más amplios a experiencias micro, como por ejemplo a nivel de una población, un país o de una comunidad de naciones. Hoy necesitamos tomar conciencia, responsabilidad y compromiso en todo ello. Especialmente pensarlo como parte de nuestro quehacer ciudadano y cristiano.

Guillermo Valera Moreno
8 de junio de 2019

Un “nosotros” en el Perú

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(Apuntes para trabajar el Eje de país en CVX Siempre)

Pensando sobre cómo entender lo comunitario a nivel de un país, en nuestro caso el Perú, me preguntaba que podía dar lugar a fundamentarlo. Es real que mantener un sentido de comunidad en espacios pequeños, dígase la familia, un centro de trabajo, un grupo de amigos o en una comunidad cristiana propiamente dicha (por ejemplo, las CVXs.), no es fácil y se requiere de constancia, voluntad, paciencia, horizontes o sueños comunes, respeto por las diferencias, capacidad de diálogo, entre otras cosas, sin lo cual puede ser sólo locuaz el intercambio de pareceres entre los “afines” y poco más.

Es real que el individualismo en sus diversas expresiones en nuestra sociedad nos deriva a búsquedas alejadas de un sentido de cooperación (menos aún de solidaridad), salvo que sea para el desarrollo de los propios intereses. El individualismo no nos orienta a propósitos colectivos comunes. Nos limita trabajar aproximaciones que abunden a la búsqueda de cuestiones claves como el bien común, el bienestar de todos los implicados dentro de una misma colectividad e, incluso, el reconocerles valor a tales cuestiones de fondo. Podría parecer una redundancia, pero es una verdad cotidiana que el ser parte de una misma colectividad no significa que a todos se les reconozca iguales posibilidades o derechos.

Así como el individualismo, hay también otras motivaciones que empujan a tratarnos de modo excluyente, empezando por el hecho de quienes tienen más recursos monetarios o dinero respecto a quienes no lo tienen. Seguido por los usos y costumbres que pueden acompañar a unos y otros, incorporando en ello a aspectos que se vuelven más subliminales como el nivel educativo, el color de la piel, el lugar de origen, las creencias religiosas y otras, así como un etcétera que puede ser más o menos largo.

El asunto es que trasladando un sentido de lo “comunitario” a niveles más amplios han surgido los Estados y los gobiernos diversos intentando poner “orden” con relación al quehacer de unos y otros grupos sociales, estableciendo reglas de juego, normalmente recogidas en las Constituciones de los países (y las leyes más en general), así como en la construcción de instituciones que permitan un funcionamiento adecuado de las sociedades. En lo político, normalmente y de forma moderna, se ha buscado mecanismos de representación para elegir al gobierno que permita gestionar a la comunidad política en la cual (al menos teóricamente) nos reconocemos todos los ciudadanos.

Por tanto, puede ser pertinente preguntarse qué tanto hemos construido una comunidad política en la cual nos reconocemos todos, al modo de un “nosotros”, de una comunidad donde cabemos todos y nos aceptamos todos, con un sentido de pluralidad, de tolerancia, amplitud de consideraciones y buscando recoger las diversas posibilidades a modo de políticas públicas que preservan los derechos de todos. Qué tanto hemos crecido en ciudadanía las personas que nos corresponde, especialmente cuando llegamos al convencionalismo de la mayoría de edad con los 18 años; qué tanto nos hacemos responsables de nuestra vida y empezamos (o continuamos) tomando las decisiones que permitan construir ese “nosotros” en todo ámbito. Un nosotros que se corresponde con el respeto al otro, a los otros; con la aceptación de que todos podemos convivir en el mismo ámbito, región o país.

Es desde estas intuiciones que queremos enlazar nuestra reflexión con la que nos plantea JM Castillo en su libro Teología para Comunidades (capítulo 26, Cristianos en la sociedad). Él nos hace notar que muchas veces nos quejamos de las injusticias y situaciones no dignas en la sociedad, tanto en el país como en el mundo. Y tenemos razón en ello, puesto que es parte del propósito de nuestro ser cristiano el no naturalizar las situaciones de injusticia si no el saber reaccionar siempre frente a ellas. Es más, debemos poner atención a lo que puede propiciar los cambios pertinentes, incluso visualizando en lo que podemos intervenir o promover activamente en consecuencia.

Desde nuestra propia condición (situación, posibilidades) se nos invita a situar el propio compromiso, el que nos es posible desarrollar y discernir desde nuestra oración, paciencia y la correspondiente acción socio-política a la que se pudiera dar lugar y del modo que a cada uno le pueda corresponder. Podría ser normal que nos asalten preguntas, ya fuera sobre ¿cómo podemos transformar las estructuras de nuestra sociedad más en general? O preguntas en torno a ¿cómo estamos comprometidos en todo lo anterior? Desde lo laboral / profesional. En nuestra familia. Como ciudadanos. Como comunidad e Iglesia. Yendo a niveles más personales, como individuos, preguntarnos ¿somos íntegros y coherentes? ¿En constante búsqueda y crecimiento? ¿Somos personas de oración y discernimiento?

A propósito de lo anterior, podríamos añadir cuestiones sobre cómo construir un “nosotros” colectivo, a nivel de nación, que nos abarque a todos sin excepción, en el cuál todos nos reconozcamos como “República” (comunidad democrática de ciudadanos). ¿Cómo nos sería posible (o debiera serlo) encaminar ese nosotros, ese sentido comunitario, como país.

En fin, hay diversos canales que podemos usar para introducirnos a una temática que es muy rica y desde la cual quisiéramos ir planteándonos elementos fundamentales o más superfluos que nos ayuden a ese proceso de construcción de comunidad a nivel de nuestro país, el sentido que puede tener el reconocernos como una nación común o el reconocernos como una república cabal de ciudadanos.

Guillermo Valera Moreno
2 de junio de 2019

La suerte de Alan García

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Todo parece indicar que el suicidio del Sr. Alan García fue un acto estrictamente meditado y discernido, incluso con su círculo o entorno político más cercano. Por tanto, fue su última gran decisión política en vida. No se ha tratado de un acto espontáneo, una reacción circunstancial ante las presiones que podía haber tenido. Tratándose de alguien que fue 2 veces presidente del Perú, un argumento así termina algo derretido.

El Sr. García tenía claro que no quería ir a la cárcel (más allá de su culpabilidad penal que crecía en evidencias); tuvo claro (aunque equivocadamente) que no quería pasar por el juicio condenatorio del sistema judicial, porque afrentaba (así hubiera razón) a su condición de dirigente político y ex presidente. Su característica personal no podía permitir tal “afrenta”, así hubiera verdad y razones sólidas para sostenerlo y acusarlo, tal como se había empezado a desencadenar con el pedido anterior de su no salida del país (y quiso fugarse al Uruguay); con la dilación de las declaraciones que tenía que dar oficialmente el Sr. Barata de la Empresa Odebrech y otros implicados en los casos de corrupción promovidos por ésta empresa. El elemento sorpresa que hubo quizás fue que no se esperaba un pedido de prisión preventiva antes de las declaraciones del Sr. Barata y ésta se produjo (miércoles 17 de abril, honrando los protocolos y de acuerdo a ley, como en otros casos).

Pienso, que, habiendo reflexionado sobre su futuro inmediato, el Sr. García tuvo que plantearse ¿Cuál sería la salida más “digna” (para él) sin tener que ir a la cárcel? Ya había intentado huir del país y se lo impidieron. Quedaban como opciones: pasar a la clandestinidad o darse un tiro. Quizás lo primero lo podrían haber intentado alrededor de los días previos en que iba a declarar Barata (previsto para el siguiente martes 23 de abril). Pero el desenlace se adelantó y fue otra la forma como se dieron los hechos.

De todos modos, se percibe que el discurso estaba preparado para esta circunstancia y lo hemos visto en evidencia: culpar al Gobierno, sistema judicial y parte de la prensa de ser los responsables. Intentar convertir en un mártir al líder que se iría (que se fue). Buscar hacer del hecho una ocasión de una movilización nacional y de reagrupamiento y nuevo impulso del Partido Aprista. Sin embargo y aceptando que es un hecho doloroso la muerte de un líder partidario, así como el efecto que puede tener en sus adeptos y en sectores sensibles y cercanos a su partido, habrá que esperar como se “asientan” las aguas.

En realidad, y más ampliamente, lo que uno esperaría seriamente es una autocrítica tanto del Apra como del conjunto de los partidos políticos en el país por haber sido, de una u otra forma, parte de una práctica política que tendía a buscar recursos económicos de diversas formas poco transparentes, ilegales y, en algunos casos, abiertamente criminales. Las cuales no sólo servían para solventar las necesidades del partido sino también para un enriquecimiento de algunos pocos que medraban con ello y otra serie de “negocios”.

Habrá que seguir profundizando en éstas reflexiones. Es fundamental apostar por una renovación auténtica de nuestra política, nuestros partidos, de nuestra alicaída clase política y del sistema político en su conjunto.

Guillermo Valera Moreno
Magdalena del Mar, 19 de abril de 2019

Respeto a nuestra Amazonía

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La preparación del Sínodo Pan-amazónico viene desarrollándose de diversa forma en distintos puntos de nuestra selva, tanto en nuestro país como en las áreas involucradas de otros países vecinos. También hay iniciativas en otras zonas del país, aunque podemos pensar que son pocas. Algunas instituciones como el Instituto Bartolomé de las Casas (IBC) vienen apoyando y dando impulso a algunas de ellas.

Es fundamental que todos asumamos interés y aquilatemos la importancia que tiene el tema. No sólo por ser la amazonía parte de nuestro territorio, como lo es de varios países como Brasil, Colombia, Venezuela, Ecuador, entre otros. Un aspecto importante (y principal podríamos decir) es el tema común a todos en cuanto a cómo tomamos mejor en cuenta el cuidado de la naturaleza y de la creación. Especialmente, cómo hacemos para cambiar los hábitos y estilos de vida de cada uno que no son amigables con la ecología y el medio ambiente. Esa es una materia que cada uno tiene que seguir revisando y sobre lo cual hay que volver de modo continuo.

Nuestro país se caracteriza por contar con una diversidad cultural bastante amplia, la cual se puede reconocer tanto en costa, sierra y nuestra selva amazónica. Diversidad que encierra una extraordinaria riqueza de diversas características históricas y con la cual no terminamos de dialogar adecuadamente y, menos, valorar como corresponde. Los prejuicios racistas, el dinero y los diversos niveles de poder aún mantienen distancias entre los peruanos. Felizmente, a las poblaciones originarias de la selva no les afecta (e incluso lo reivindican) que les llamen “poblaciones indígenas” o “indios”. Y de ellos también debiéramos aprender éste tipo de aspectos.

Todos tenemos que ser muy respetuoso de las realidades de los otros. Más aún cuando tenemos una mezcla muy variopinta de nuestra realidad poblacional, saberes, costumbres, comidas y tantos otros aspectos. Los cuales no se pueden diluir o uniformizar en un llamado “mestizaje”, casi para salir del problema o no tener que referirse a ello con mayor profundidad.

Tratándose de la amazonía, con mayor razón, tenemos que ser respetuosos de esos otros que son las poblaciones indígenas en la selva y (también) el conjunto de sus habitantes mestizos que la pueblan. Poblaciones que conocemos poco o nada y, por supuesto, tenemos poco integrado en nuestro imaginario, en nuestra imagen de “población peruana”, en saber algo de cómo viven y algunas de sus costumbres ancestrales.

Algunas actitudes y propósitos son importantes de considerar en todo ello, haciendo eco a lo que el propio Papa Francisco nos viene señalando en los últimos años, especialmente desde que se dio a luz a su encíclica “Laudato Si”. Resalto tres puntos:

(a) Sácate las sandalias, estas en tierra sagrada. Tenemos la obligación de que la amazonía no sea considerada como una simple mercancía sobre la cual se puede hacer negocios y explotarla de todas las formas posibles. Tenemos que hacer el esfuerzo de tratar dicho territorio como “tierra sagrada”, revalorando su sentido original como parte de la creación, en especial a sus habitantes. Creación que hemos recibido gratuitamente y que debemos saber proteger, cultivar y beneficiarnos todos.
(b) Saber escuchar. Tenemos que convencernos de ello y volver una y otra vez. Porque en muchas cosas creemos que tenemos las “soluciones” o que las podemos proporcionar y no empezamos por escuchar a quienes viven milenariamente en los territorios amazónicos. Necesitamos saber escuchar sus demandas; ayudando a generar su propia voz e interlocución.
(c) Desarrollar una iglesia con rostro indígena. Como una tarea de más largo aliento y que tiene que significar una adecuada inculturación y un saberse “abajar”, como lo recordaba de modo constante Santa Teresita del niño Jesús y con el ímpetu de San Francisco Javier.

Tenemos muchos desafíos por delante. Empecemos cada uno por seguir revisando lo que son sus propios estilos de vida.

Guillermo Valera Moreno
Magdalena del Mar, 17 de febrero de 2019

Amazonía: dialogar y entenderse

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Realmente resulta muy significativo encontrarse en una misma reunión con gente muy diversa y trabajando en zonas muy alejadas y, sin embargo, con la alegría de compartir cuestiones básicas como la fe de manera común, con mucha profundidad e invitación a un mutuo conocerse y crecer.

Reflexionar teológicamente sobre realidades que normalmente o aparentemente nos dicen poco y las vemos alejadas y “libres” de nuestro compromiso, puede ser todo un desafío. Realidades que probablemente nunca hemos escuchado nombrar o ligeramente en las noticias de alguna emisora de televisión o en algún periódico entreverado con propaganda u otros titulares.

Por ejemplo, yo creía que Caballococha era el punto más alejado y fronterizo de Perú en el río Amazonas. Resulta que “más arriba”, río arriba, existe la “triple frontera” (Brasil, Colombia y Perú), donde el lado peruano lo constituye el centro poblado de Santa Rosa. Surcando algo más uno se haya con pueblos de nombres llamativos como Islandia; pensar que la única Islandia que había escuchado es en la zona del Ártico, una isla en el extremo noroeste europeo… En fin.

Conocer de cerca percepciones de una espiritualidad muy centrada en la naturaleza. Desde lo que puede ser la cosmovisión de los Candoshi o las miradas de los Achuar (hacia la frontera con Eucador). O ciertas aproximaciones de los Naguas, existentes más en la selva centro sur de nuestro país, por los adentros de donde se explota el gas de Kamisea. O las realidades de Madre de Dios, a la cual nos volvimos a aproximar de modo preocupante con la visita del Papa, hace poco más de 1 año.

Es interesante la complejidad de nuestra amazonía, lo extenso de su territorio, lo poco que lo conocemos y, por tanto, lo poco que la amamos. Porque es difícil amar o enamorase de alguien, de algo o de un territorio sin conocerlo, sin haberlo palpado de alguna manera, sin aproximarse de diversas formas a ello. Y ese es un punto por el que muchos tienen y tenemos que empezar.

Es necesario entender más de cerca su geografía, sus habitantes, su problemática. Como reflexionaba más de uno/a, conociéndola de ser posible “in situ” y pasando alguna(s) temporada(s) larga(s). Que mejor, trabajando en ella y comprometido en sus honduras y surcar de sus ríos. Con sus poblaciones indígenas, especialmente.

Necesitamos conocerla para entenderla mejor e incorporarla e integrarla como parte consustancial de nosotros mismos. En su propia diversidad. En su propia riqueza y diversidad. Sin afanes de negocio o lucro que es la manera más errada de aproximarse. Porque siendo un regalo que hemos recibido debiéramos acogerlo mirando siempre el bien común. No puede ser que nos suceda (erróneamente) como con los océanos, los cuales los depredamos cual despensa inagotable y la llenamos de basura incontrolable.

Tenemos que cuidar los bienes que hemos recibido como creación. Tratarlos como tierra y espacio sagrado. Y obrar en consecuencia.

Guillermo Valera Moreno
Magdalena del Mar, 12 de febrero de 2019

Amazonía: tan cerca, tan lejos

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Fruto de reflexiones conjuntas de un curso con el IBC, menciono a continuación algunas pistas que me han resultado sugerentes y que recogí como aproximación más personal:

° Es necesario entender más de cerca su problemática, conociéndola de ser posible “in situ”, desde sus propios interlocutores. En especial, desde las propias poblaciones indígenas que la habitan.

° Generar mecanismos de comunicación que permita un flujo de información adecuada de lo que acontece en ella. Estableciendo estrategias de comunicación para las zonas o regiones distantes de ésta, especialmente para Lima.

° Es clave el impulso de una sociedad civil amazónica más activa y consciente de sus derechos, tomando atención especial sobre las comunidades indígenas locales. Promoviendo propuestas que faciliten el ejercicio de sus derechos y desarrollo integral.

° Reforzar la labor de desarrollo y servicios de calidad desde los municipios y Gobiernos regionales, formando liderazgos éticos y comprometidos con sus zonas respectivas.

° Es fundamental plantear políticas nacionales a favor de la amazonía que garanticen la vida, el territorio y su equilibrio ecológico, haciendo efectivas las medidas recogidas en el Convenio 169 de la OIT, como la consulta previa y otros.

° Se requiere profundizar en una relación intercultural y en la comprensión de las diversas realidades y riqueza que encierra cada cultura local y su relación espiritual con el medio ambiente local, la naturaleza, sus visiones y sueños, sus mitos y leyendas.

° Ser muy respetuoso de las realidades de los otros, de esos otros que son las poblaciones indígenas en la selva y el conjunto de sus habitantes mestizos. Sabiendo escuchar sus demandas; tratando su territorio como “tierra sagrada”, ayudando a generar su propia voz e interlocución.

° Es importante ayudar al desarrollo de sus propias organizaciones, su mejor formación y superación de lógicas de rivalidad y desencuentro que se puedan plantear entre ellas. Apuntando a sentidos de justicia, paz e integración.

° Recoger la trayectoria y experiencia ya desarrollada por diversas congregaciones religiosas, entidades de sociedad civil y el Estado (cuando su relación ha sido positiva). Tanto en la defensa de derechos de las poblaciones indígenas como en la construcción de relaciones interculturales horizontales y fecundas.

° Desarrollar un compromiso más explícito desde las organizaciones de laicos y diversas asociaciones y organizaciones a favor de las poblaciones indígenas y las necesidades amplias del conjunto de su población.

Guillermo Valera Moreno
Lima, 8 de febrero 2019