Archivo por meses: abril 2011

Respetar a los protagonistas

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No deja de sorprender que el ganador de una contienda electoral tenga que justificar y explicar a sus contrincantes por qué ganó, si tiene que cumplir sus promesas electorales o las puede cambiar; pedir permiso para cambiarlas o sólo poder hacerlo tentativamente, quizás en el sentido del que los perdedores pudieran demandar como “correcto”; pareciera haber un derecho de los perdedores a constituirse en el gran jurado de lo que podría estar bien o estar mal, manejando a discresión lo que pudiera afirmarse como verdad o convertirse en “verdad”.

Más allá de las desconfianzas que despertó el resultado de las últimas elecciones, especialmente en los grupos de poder económico y sectores medios, creo que hay un sentido común del respeto mínimo a los resultados que tiene que saber ponerse por delante. Salvo que hubiera habido resultados amañados o defectuosos que requirieran de aclaraciones (que no es el caso), debemos tomarnos en serio lo que se viene en términos de resultados y siguiente gobierno para el Perú (y no es “harina de otro costal”). Por tanto, considero que es justo y demandable a buena parte de los medios de comunicación de mi país y a los candidatos perdedores, sobre la necesidad de respetar los resultados y, por tanto, a los protagonistas de los resultados (los dos candidatos que han pasado a la 2da vuelta electoral, Ollanta Humala y Keyko Fujimori) y en el orden en que han quedado.

Insistir en el orden no es por un asunto formal ni banal. No sólo porque el candidato Humala quedó en primer lugar, a una distancia de más de 8 puntos de su más cercano seguidor, sino porque pareciera que otro hubiese sido el resultado, dada la cobertura que tiene en los medios la Sra. Fujimori, siendo muy parcial en su favor el manejo de la información. Ya una clarinada la ha dado el propio grupo editor de El Comercio (irónicamente uno de los abanderados en la libertad de prensa), habiendo despedido a dos de sus trabajadores por negarse a parcializar su labor apoyando a Fujimori en el manejo noticioso a su cargo. Esperemos que ello no se extienda.

No me corresponde salir en defensa del manejo de las propuestas del candidato de Gana Perú (Ollanta Humala), pero creo que si algo tiene de significativo el triunfo de Humala en las últimas elecciones, a diferencia del 2006, es que antes se marcó más como un estado de ánimo y ahora se vió más configurada una propuesta de gobierno que se ha encarrilado hacia un estilo de lo que ha sido el gobierno de Lula en Brasil, apareciendo como viable y recogiendo también la insatisfacción de la población con los gobiernos de los últimos lustros. Además, se ha dejado sentir la existencia de un equipo técnico que puso una marca significativa a su plan de gobierno, el mismo que centra su interés en ir a una economía nacional de mercado y darnos un marco jurídico de mayores consensos para las mayorías en el país.

No obstante, las variantes que se fueron generando en el transcurso de la campaña electoral (1ra vuelta electoral), en el sentido de ir haciendo precisiones que permitieran explicar mejor el sentido de ciertas afirmaciones del plan de gobierno general, especialmente en lo que concierne al manejo de la economía, la libertad de expresión, la reelección, entre otros, ha llevado a generar diversos manejos de la opinión pública (algunos muy tendenciosos). Sobretodo, en el sentido de que no hubiera claridad de lo que se quisiera hacer. Por tanto, y de todos modos, un desafío para Gana Perú, en los siguientes días y semanas, será dar claridad de lo que se propone como plan de gobierno mínimo, los equipos que respaldarían cada uno de los pasos que se puedan plantear como medidas de gobierno y con qué fondos se procedería lo que corresponda. Tanto a nivel de lo que se tenga que proponer (contenidos) como a nivel de saber comunicar adecuadamente lo que se plantee (difusión).

Se tiene que tomar en cuenta que no sólo por los opositores a Gana Perú, sino por la desconfianza más amplia en la que aún se mueve la candidatura del señor Humala, es necesario que se haga un esfuerzo especial por explicar el sentido de lo que son propuestas claves de temas como la redistribución del crecimiento económico, los cuales podrían quedar en el camino si se “pisa el palito” del mete miedo en que se sigue manejando buena parte de las discrepancias o ignorancias que se tiene respecto al candidato con mayor favoritismo del electorado.

Un ejemplo de ello ha sido el tema de la llamada “pensión 65”, la cual no busca otra cosa que aproximar el Estado y el reconocimiento de la sociedad a todos los mayores de 65 años, otorgándole una pensión de alrededor de 250 soles (menos de 100 dólares) mensuales, lógicamente dirigido a aquellos que no tienen ningún ingreso por pensión alguna y de modo voluntario. ¿Por qué no atender a nuestros viejitos y viejitas con una cuestión tan elemental y que va a favor de la redistribución económica en el país? Un tema que debiera ser de consenso elemental, se deforma planteándose que se quiere quitarle los fondos a las AFPs para financiar una iniciativa así; felizmente se ha ido aclarando y despejando las dudas, aunque no necesariamente se ha vuelto consenso para todos en cuanto política pública.

Aunque sea difícil pedirle a la Sra. Keyko Fujimori que juegue limpio en tanto lleva como gran peso la herencia del fujimorismo de los noventas, el cual ella ha reivindicado “a mucha honra”, creemos que será muy importante que desde el candidato Humala se encamine la serenidad y la altura necesaria de lo que resta de la campaña para que se logre generar confianza en quien salga; en creer en nuestro país más allá de quien salga elegido; en saber que el país no sólo lo hacen el presidente y sus congresistas sino que se puede influir de muchas maneras para establecer contrapesos e iniciativas diversas. Porque no sólo es importante ser vigilante con la realización de las promesas electorales sino con el respeto mínimo de las instituciones desde donde deben de encaminarse. Una clave estará en que sepamos respetar en todo momento a ambos candidatos, para tener mayor autoridad de cuestinarlos cuando sea legítimo y necesario. Otro aspecto clave lo vemos en promover un nuevo Acuerdo Nacional para el país.

Guillermo Valera Moreno
Lima, 24 de abril de 2011 Sigue leyendo

Lagartijas

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Manya como corre esa lagartija por el techo!! Oye sí, cuidado se tira encima tuyo, dicen que esas saltan a los ojos, por eso les dicen “saltojos”. Anda, no seas desgraciado, me estas tomando el pelo… De cierto lo que te digo, no me creas, pero esas son distintas a las que cazamos en el campo, no ves que cómo se mueve, retorciéndose como si fuera una culebra con patas. De verdad, ¿no? Y con sus ojos todo salidos como si los fuera a votar, se ve feísima. Y pensar que a esos animales les gusta meterse en las casas, especialmente entre la ropa en los cuartos, donde parece que hacen sus nidos pero mayormente no atacan, aunque produce repulsión verlos…

Hay otros que son más peligrosos y son los jañapes. Esos también se suben por las paredes y se meten a las casas por comida. Dicen que esos si son algo venenosos y te pueden morder. Hay otra variedad pequeña de lagartijas que también viven en las casas que les llaman capones, la verdad no se por qué. Se podría decir que son hasta bonitos, más mansitos y no atacan, muy amigables cuando entran “en confiansa”, aunque cada vez más escasos, poco se les ve. Todas ellas distintas de las que siempre hemos cazado en el campo, las lagartijas normales y las de colores (rojo, verde, azul, naranja) en la parte del pescuezo. También los pacasos o las iguanas que poco se veían pero cuando salía una nos hacía correr del susto y de lo imponente que nos parecían.

Cuanta cacería no daríamos a esos animalitos, manera de divertirnos y de pasar algunos de nuestros ratos libres, ya fuera con honda o con escopeta de balines, te acuerdas Juanca. Una vez se le salió el disparo a uno de nosotros y se te incrustó detrás de la rodilla, que te hizo chillar rico, aunque no fue nada grave, sólo un aviso del cuidado que se debía tener con nuestras “armas” de cacería. De niños como será la influencia de ciertas películas de los primeros cristianos y de la quema en la hoguera de muchos mártires que terminábamos emulando esos hechos con las propias lagartijas que cazábamos, quién lo diría y aprobaría ahora que lo vemos a la distancia.

Felipe y tú sabes que jañape resulta que le decían también a los atrasadores, los que se metían con la mujer del vecino o de otro pata. No jodas, yo he escuchado varias veces decir “no seas jañapero” entre patas pero no terminaba de entender a qué se referían, pensaba que se trataba de algo de vivesa y nada más… De eso y de más se trata, sobretodo entre la gente del campo y entre compadres. En reuniones de dirigentes campesinos, ya fuera en la Fradept, la Federación Agraria de la zona de Piura que surgió con Velazco, o en otras organizaciones locales, muchos dirigentes se fregaban con esos términos, hasta los curas que caían por ahí les soltaban la broma. Sobretodo los campeches del Bajo Piura eran los que más gustaban de poner chapas y todo.

Y cómo fue que te desapareciste tanto Juanca, ya no supimos más de tu familia y después de haber sido tan patas, de tantas andadas. De niño creía que los amigos de esos años ya no dejarían de volver a verse y seguirían siendo tan amigos como siempre. Y en realidad creo que es así, porque te veo después de 32 años y es como si te hubiese visto ayer y nos hubiéramos seguido tratando todos estos años, donde cada quien anduvo metido en su propia madriguera, en sus propias experiencias, haciendo de las suyas propias. ¡Quién lo diría!

Quien se va a olvidar del tramposo más tramposo de los tramposos, qué milagro que no apareció tu nombre en la lista de los que desfalcaron el país con Montesinos y el gobierno que les dio cobijo… Mira nomás que tu nombre sí lo vi en algún viceministerio ¿o lo vas a negar? Y no creo que fuera porque tuvieras vocación de rata o de algún otro especimen rastrero. Carajo, que tal conversación la nuestra, lo que pasa es que éramos tan picones cuando jugábamos que no podíamos soportar que el otro gane y nos victimisábamos para justificar que perdíamos y ¡claro! El otro era siempre el tramposo. No, pero tú Felipe sí que eras bien tramposo… Lo que pasa es que yo te ganaba más veces y, por tanto, resultaba ser el más “tramposo”, o te vas a picar por eso… jeje, parecemos dos churres discutiendo por las canicas que le ha ganado el otro.

Pero hablando más en serio, no deja de llamarme la atención que no te dedicaras a alguna profesión de negocios, a la economía o una ingeniería, tenías pasta para dedicarte a hacer empresa o qué se yo… y resultas metido de político, aunque de forma poco visible. Al menos congresista ya fueras, dicen que ganan bien y podrías viajar gratis y salir en la televisión. Cha que por Piura hay cada ganso que ha sido nuestro representante que ya no se sabe cómo miércoles los eligen y cómo puede ser tan grande la pasividad de la gente para elegir a cualquiera. De razón mucha gente se queja de para qué sirve el Congreso, que mejor lo debieran cerrar, que esta por gusto, etc., etc. Felismente que a algunos ya no los reeligen, como a esa que le habían puesto la “lorita”, por el rol de escudera verbal que cumplía de algunos de los candidatos presidenciales.

Bueno Juanca, yo me dediqué a las cosas simples de la vida, como decía la canción de esa telenovela “Nino” que pasaron cuando éramos chicos, no se si la llegaste a ver, pero fue un boom y todos andábamos pegados de cuando en cuando a la TV para seguir algunos de sus capítulos. Y eso que era en blanco y negro, jaja. Otros tiempos… Me quedé como lagartija simple, dedicado a los temas sociales, metido en cuestiones campesinas y agrarias, yo también veo que algunas cosas cambiaron conmigo porque en Piura no me gustaba mucho el ir al campo, tanto que me perdí cuantas veces las invitaciones de ir a San Lorenzo que nuestros vecinos nos hacían, su viejo era bien pata conmigo y tenía tierras no sólo en Piura sino en otras zonas, aunque no era un hacendado propiamente dicho, o la reforma agraria no lo afectó directamente… ¿o más bien se benefició de ella? La verdad que ya no lo recuerdo pero del campo sólo me gustaba el que quedaba por los alrededores de la casa, el de las cacerías de lagartijas y poco más…

Si pudiéramos retroceder el tiempo esta vez si te ganaría en el Monopoly, qué manera de hacer negocios tenías y yo siempre terminaba hipotecado o lleno de deudas y sin propiedades. Y fíjate que soy yo más bien el que se ha metido más al mundo empresarial y no me ha ido nada mal, cómo sería si tú estuvieras en él. Sería bacanaso que te animes, podríamos hacer negocios juntos. De verdad ¿no? Pues déjame pensarlo, aunque si yo no termino de empresario ya tengo uno de mis hijos que es fiel candidato a seguir ese camino. Ya de más pequeño le ha venido tinkando el tema y anda siempre con ideas sobre ello, ya veremos, no me parece mala idea, caramba, sólo que se necesita plata, capital que le dicen, y a veces no alcanza. Ah, eso no es problema, el tema es que decidas aventarte a la picina y hablamos… Pues lo pensaré, gracias por el estímulo, somos de tantas vidas en nuestro recorrido de vida que bien podría ser la nueva apuesta que elija.

Gabriel
17 de abril 2011 Sigue leyendo

Concertar para crecer como país

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¿Era esperable un desenlace como el ocurrido en las elecciones generales en Perú? Mirando la foto después de tomada uno podría decir que sí, aunque nos negáramos a aceptar que ello era factible con varios meses de anticipación como lo supo visualizar Mario Vargas Llosa, cuando se refirió metafóricamente al posible resultado Humala – Keyko.

Ni nuestro más preclaro politólogo (Julio Cotler) visualizó esa posibilidad como real, cuando a inicios de año se le pedía ensayar un resultado. Y es que nuestra realidad pareciera leerse mejor desde los lentes de un escritor de novelas o cuentos que desde la sociología o la antropología. No por gusto las mejores descripciones de nuestra realidad se las debemos a personajes como José María Arguedas, Ciro Alegría, Manuel Scorza, Enrique López Albújar, el propio Vargas Llosa, entre muchos otros.

Pero lo anterior podría pecar de anecdótico. Lo principal tendríamos que apreciarlo en lo que nos devela el triunfo de las dos opciones que pasaron a la segunda vuelta electoral que se realizará el próximo 5 de junio. Especialmente porque se trata de propuestas políticas que fueron identificadas con sesgos autoritarios, ya fuera por sus orígenes, propuestas, vínculos e imágenes.

La más evidente es la de Keiko Fujimori (Fuerza 2011), quien no sólo tiene el “accidente” de ser hija de Alberto Fujimori (en la cárcel por haber sido un gobierno corrupto, violador de los derechos humanos y tener responsabilidad directa en crímenes diversos); el tema es que ella reivindica el gobierno de su padre y la experiencia de los 10 años que estuvo en el poder, más allá de haber tenido algunos gestos de distancia sobre algunos llamados “errores” que en él se cometieron.

Ollanta Humala (Gana Perú) tiene en su “haber” su origen militar, los vínculos que en algún momento tejió con Chavez de Venezuela y algunas dudas que se han seguido insistiendo cuando su labor “antisubversiva” en Madre Mía (Huánuco), además de los sucesos de Andahuaylas que dirigió su hermano (hoy en la cárcel por ello).

Como fuera, los rasgos autoritarios marcados en ambos candidatos nos hace ver que más de la mitad de la población no le hace ascos a ello y, de alguna forma, es fiel expresión de la herencia autoritaria que hemos vivido en nuestro país durante largas décadas. No sólo es fruto de la confrontación que se vivió entre los 80 y el fín de siglo pasado; es una larga cola de dictaduras que han acompañado a nuestra historia republicana, las mismas que han predominado por encima de la débil democracia que hemos construido como experiencia. Deríamos, lo que hoy vivimos es claramente parte de los aprendizajes que tenemos que recorrer para conseguir una democracia más estable y un sentido creciente de ciudadanía entre nuestra población.

De otro lado, el problema planteado tiene que ver también con la débil institucionalidad y sistema político, expresado, entre otros aspectos, en la carencia de un sitema de partidos polítcos. Pero hay que ser claros en que su debilidad no tiene que ver sólamente con un tema de liderazgos u organizaciones poco consistentes por falta de voluntad política de sus integrantes. También hay que reconocer que hoy la pugna de intereses políticos se juega mucho (y en creciente copamiento) desde la influencia de la opinión pública y el rol desmesurado que han cobrado los medios de comunicación social. Al punto de haber tranformado a los propios partidos políticos en una suerte de “cajas de resonancia”, de “atrapalotodos” (y como sea) de los votos, de oficina de marcketing político y, muy débilmente (o cada vez menos), de fuerza organizadora de la población tras sus intereses.

Sin embargo, debemos reconocer que, la continuidad del sistema democrático, expresada en el ejercicio del voto, del recambio periódico de nuestras autoridades elegidas, de la existencia de contrapeso de poderes (aún muy endebles, especialmente hablando del poder judicial y legislativo), la libertad de prensa (aunque todavía muy sujeta a grupos de poder económico) y la creciente conciencia ciudadana que todo lo anterior da lugar, nos hace ver que se va marcando un camino que ha retomado lo que vivimos brevemente durante la década democrática de los pasados años ochenta. Y que esperamos se pueda consolidar reforzando nuestras principales instituciones a todo nivel.

En los últimos lustros hemos asistido ha diversas encrucijadas al momento de votar. Quizás porque hemos estado muy sujetos a una falta de experiencia democrática, donde es normal que ante reglas de juego comunes y tomada la decisión en las ánforas, se acepten los resultados, más allá de quién haya sido o no favorecido. En éste entendido, pienso que no se puede pretender que unos se vistan de democráticos y se descalifique a los otros. Ya sea porque no exista una comunión de ideas o porque mi adversario plantee cambios sustanciales (incluidas las reglas de juego), si ellas se proceden a través de los mecanismos establecidos como democracia. Tampoco se puede pretender que las recetas económicas son inamobibles si exite una coherenca de propuestas que nos pueden ayudar a una mayor distribución de la riqueza que se produce o conducirnos a la circunstancia de que nos mojemos todos y más equitativamente, según los ingresos que se posea (por ejemplo, en el pago de impuestos); especialmente cuando llevamos creciendo dos quinquenios seguidos y la superación de la pobreza no se siente en los bolsillos de la gente.

Nuestra débil institucionalidad se ha expresado también en la volatillidad de las opciones de votación. Una vez más, las cosas se terminaron definiendo en el último mes, el previo a las elecciones. Hasta esa fecha, todo parecía resuelto. Un Alejandro Toledo (Perú Posible) estaba muy sólido en el primer lugar. Sin embargo, una combinación de factores como los propios errores del candidato, la pérdida del temor hacia una opción que podía haberse valorado como extrema (Humala, y su buen manejo de imagen), la pérdida de confrontación con el partido de gobierno, así como la imagen de cierta mediocridad (“mentiroso”, “borracho”, “frívolo”, etc.), devinieron en una debacle que no se supo controlar, hasta caer a la cuarta ubicación en el resultado final. Otro caso equivalente fue el que se dio entre los candidatos Castañeda (Solidaridad Nacional) y P.P. Kuzinsky (Alianza por el gran Cambio), los cuales llegaron en quinto y 3er lugar, respectivamente.

Sin embargo, la gran cuestión gira en torno a lo que se pueda hacer hacia adelante. Toda la clase política no identificada en los resultados del domingo 10 de abril tendrá que “votar el chanchito” y tomarse en serio que uno de los dos candidatos de todos modos estará en palacio el próximo 28 de julio. Así no me guste Keyko o Humala (o ambos). El tema es que tenemos que hacenos responsables de lo que pueda acontecer y no vendarnos los ojos o jugar al avestruz. De allí que es de suma importancia los reflejos que se han manifestado en torno a generar puntos de acuerdo comunes y de concertación entre las principales fuerzas políticas, especialmente para las que disputarán la siguiente 2da vuelta electoral.

Pienso que allí se va a poner en juego la capacidad de convencimiento que pueda darse para hacer viable una propuesta de gobierno y ganarse la confianza popular. Pero no creo que ésto necesariamente vaya a jugarse estableciendo binomios de confrontación; creo que será un proceso más fino de tratamiento el que deba darse lugar. Por ejemplo, en lo político se pondrá en tensión temas como “dictadura – democracia”, “corrupción – anticorrupción”, “nueva constitución – defensa de la existente”. Pero serán más bien los gestos politicos los que terminen siendo determinantes.

En lo económico la tentación será polarizar entre propuestas de “mercado – Estado” y sin embargo se requiere de ambos y de un rol activo del empresariado; “ricos – pobres” será una perita en dulce en tanto la derecha se haga más activa en su apoyo a Keyko Fujimori y no por eso habrá que abusar de dicha conforntación porque interesará a Humala generar presencia en los sectores A y B, desmitificando el fantasma del terror en que algunos sectores lo han convertido; otros aspectos como “tecnicismos – solución de necesidades”, “asistencialismo – desarrollo de capacidades en la población” tendrán que ser manejadas también con tino para no caer en la demagogia o en el ofrecimiento fácil (de ambos candidatos).

En lo cultural es quizás donde se podría insistir más y decantar mejor los horizontes que queremos como país y como presente, deslindando con el “vale todo” en aras de un sentido ético como país y a todo nivel, aunque sin caer tampoco en purismos.. El binomio “clientelismos – construcción ciudadana” será otro elemento clave de por dónde queremos entender nuestra democracia y proyectarla, tomando en cuenta especialmente a las personas y no sólo ideas abstractas que dicen poco al común. Después de todo, somos un país muy interesante, singular y sujeto a una serie de riesgos que estamos obligados a correr y a comprometernos en ello.

Guillermo Valera Moreno
Lima, 15 de abril de 2011 Sigue leyendo

Democracia del voto o democracia ciudadana

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Para muchos la democracia del voto se pone en juego sólo cada cinco años. Después, el resto del tiempo, nos olvidamos o ponemos en hibernación nuestra condición ciudadana. Así también, tendemos a olvidarnos muchas veces de los pobres y la exclusión, muy vigente en nuestro medio, a pesar de que hemos crecido sostenidamente en la última década; hemos bajado 20 puntos de la pobreza en los últimos 10 años; y hemos pasado, en las cifras de organismos internacionales, a ser un país de “ingresos medios altos”.

Suele darse parecida situación con ciertos sectores “serios” del país que solo se acuerdan de los excluídos y de los más pobres cuando tienen que buscarse el favor de su voto en una elección, así tengan que pasar por hacer cierto ridículo o recurrir incluso a la payasada, tal como lo hizo notar bien nuestro premio Nobel Vargas Llosa (la política como entretenimiento que le dicen, porque de lo que se trata es de “vender” y “ganar”). Por eso, cuando surge alguien como Humala que nos recuerda a los pobres en su dimensión más intrincada, con sus varias aristas de frustración, invisibilidad, racismo, autoritarismo y tantas otras formas como se expresan y significan los excluídos, muy rápidamente se pasa a descalificar su liderazgo, antes que establecer una consideración explicativa más de fondo.

Por eso que, en el proceso electoral de éstos últimos meses, en buena medida no hemos tenido un debate de ideas hasta muy a las vísperas de la votación y hecho aún con severas limitaciones. Porque en el fondo, cada vez interesa menos lo que se propone (y menos, cumplir con lo propuesto como oferta electoral). De lo que se ha tratado en todo momento ha sido de ponerse a tono y captar el interés del gran público, escondiendo muchas veces las verdaderas credenciales. En ello se ha tenido mayor ventaja en tanto se pudo acceder al juego mediático de las grandes empresas de telecomunicación, pese a que no resulta ser necesariamente lo único que determina una votación.

En esa lógica, podría ser un autoengaño grave querer atribuirle credenciales sólo autoritarias a unos candidatos (Ollanta Humala y Keyko Fujimori) y querer pasar como demócratas sólo a una parte de ellos (Toledo, PPK y Castañeda). ¿Qué pasaría si los dos primeros pasaran a la segunda vuelta? Más allá de la metáfora predictiva de nuestro literato más destacado, ¿tendríamos que pensar que ha fracasado la democracia y que nada más se puede hacer? ¿No habría que detenerse a pensar (y obrar en consecuencia) sobre las causas más profundas que ello estaría manifestando?

En realidad, en el Perú estamos confrontados a una incipiente realidad democrática que vuelve a forjarse en los últimos diez años y cuya continuidad esta en juego; creemos que no tanto por quién salga necesariamente elegido. Sobretodo esta en juego en tanto la capacidad que tengamos de hacer avanzar y extender la institucionalidad del sistema democrático; en cuanto a continuar cohesionando un sistema de partidos, los poderes centrales del Estado (especialmente el Poder Judicial y el Congreso de la República), así como el rol que tiene que seguir teniendo (y creciendo) la sociedad civil, incluidos los medios de comunicación con sentido responsible.

Es cierto que nuestra democracia presidencialista deja mucho poder a quien sale de presidente y que los riesgos de lo que puede hacer de manera poco controlada siempre estará presente. Lo hemos vivido en varios presidentes que han asumido el gobierno (Alan G. estatizó la banca en su primer gobierno; Fujimori cerró el Congreso) y ha sido caldo de cultivo para que campee la corrupción con la “normal” complicidad de ciertos grupos de poder económico. Sin embargo, no es menos verdad que todo ello también constituye y ha sido parte de nuestros aprendizajes, de lo que se debe hacer y cómo. Y en esa tarea estamos como país.

Por tanto, los temores o sobresaltos que puede producir un determinado candidato o candidata, pienso que no debiera ser determinante en las opciones que podamos seguir al momento de votar. Por ejemplo, puede escandalizarme que cierta opción que me produce rechazo (en mi caso, especialmente Keyko Fujimori), que desearía no hubiera vuelto a tener opción en el país (en tanto movimiento “fujimorista”), porque dio lugar a una mafia montesinista que hizo mucho daño, etc, etc., sin embargo, tiene un caudal significativo de aceptación, de gente que fue cautivada por el clientelismo político de entonces (de su padre, Alberto F.) y que finalmente se identificó con el sentido de “roba pero hace obra” y lo valora así. Podemos estar muy en contra de esa opción y considerarla nociva para cualquier país. Sin embargo, si ganara legimamente las elecciones, tendríamos que aceptarlo; nos quedaría aguzar todo lo más posible los controles de todo tipo para que no nos volviese a invadir el “todo vale” y el sólo “baile del chino”.

Lo anterior tendríamos que saber decirlo de cada uno de los candidatos, cada uno con sus propios matices e intereses (más de uno, defensor de grandes intereses económicos). Porque ninguno es santo ni tiene credenciales democráticas a toda prueba. Tan es así que diciéndose muy democráticos, algunos candidatos no dejaron muy rápidamente de descalificar de anti-democrático al contrincante calificado de “antisistema”, cuando empezó a tener la posibilidad de ganar.

Quizás, porque en el caso de Humala (quien con seguridad llegará en primer lugar a la primera vuelta electoral), su organización política levanta planteamientos de cambio. Tanto en lo político (una nueva constitución política dentro de los cauces democráticos establecidos); como en el manejo de la economía (superar el modelo económico neo-liberal), atreviéndose a decir que no basta sólo las políticas sociales para solucionar los problemas de los más excluidos, sino que debemos ir a cambios más de fondo y potenciar nuestra economía y mercados internos, aunque siempre dentro de una economía de mercado y un manejo más consistente y proactivo del Estado.

Sea cual sea el voto que decidamos dar el domingo 10 de abril, no bastará hacerlo conscientemente. Habrá que hacerlo comprometido en ayudar a consolidar nuestro sistema democrático, sus instituciones, y aprendiendo a convivir entre diferentes, con pleno sentido de justicia y de equidad.

Guillermo Valera Moreno
8 de abril de 2011 Sigue leyendo