Archivo por meses: diciembre 2010

Aprender de la historia para hacer historia

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Lo ocurrido en las últimas semanas con la trunca relación entre fuerzas de izquierda, en aras de buscar puntos de encuentro para su participación en los comicios presidenciales de abril 2011 y el desenlace que tuvo, especialmente con Fuerza Social, me ha hecho pensar (como ha muchos) en cuánto se ha avanzado en todo aquello que se ha denominado como “renovación de la política” y la búsqueda en generar un espacio nuevo desde la izquierda.

En principio, no se si todos los que actúan desde el espectro de la llamada izquierda (sea centro izquierda o más hacia la izquierda o lo que pudiera lindar con radicales de izquierda), puede decirse que buscan un proceso de renovación de la política. En todo caso, es una cuestión que no sólo es monopolio de la izquierda pero que podríamos decir que es desde donde se había puesto cierto interés y esfuerzo desde ya hace un buen tiempo, aunque todavía sin mucho éxito.

En realidad, lo podríamos identificar retrospectivamente, desde que la izquierda peruana redescubrió la “democracia” en los años 80s; la influencia que tuvo la posterior caída del muro de Berlín y la disolución de la URSS; el efecto que causó la implosión (especialmente) de los partidos políticos de la izquierda en los 90s; más recientemente, podríamos aludir a la incapacidad que se tuvo para explicarse adecuadamente fenómenos como los del nacionalismo de Humala (quizás debida también a una falta de autocrítica de lo que fue la actuación de la izquierda en todo el periodo anterior). Sin embargo, todos esos hechos, y algunos otros seguramente, nos condujeron a intentos diversos de “renovación” de la izquierda y de la política desde la izquierda. Como vemos, no es algo tan nuevo. Lo nuevo siempre será la posibilidad de llevarlo a efecto en algunos aspectos adicionales a lo que ya se pudiera haber avanzado y de hecho se ha avanzado.

Por ejemplo, el tema de lo democrático es algo que se hizo sentido común en una izquierda que desdeñaba dicho concepto porque se creía más en la “dictadura del proletariado” como vértice del ejercicio del poder; paulatinamente el voto y las ánforas se valoraron no sólo tácticamente sino como una cuestión determinante para la construcción de una “nueva sociedad”. La cuestión democrática no sólo se asumiría como un tema de sistema político sino como intento de práctica interna de organización partidaria.

La caída del llamado socialismo real nos permitió aprender que no podía centrarse la acción política en la existencia o no de “faros” (del “pensamiento correcto”) del socialismo o de la revolución y que cada experiencia debía hacer creativamente su propio camino y experiencia, contando por cierto con las enseñanzas de otros procesos ya vividos. Vinculado esto a la democracia, la revolución se va a visualizar como la plena y participativa democratización de la política, la economía, la sociedad y la cultura.

La disolución del sistema de partidos en los noventas (durante la experiencia de Fujimori), como se verá, no sólo afectó a la izquierda, pero ésta tuvo mayor dificultad de recuperarse. De hecho, hasta hoy no lo ha conseguido, salvo algunos sueños de ilusión y espejismo que nos dan triunfos circunstanciales, como los ocurridos con FS en Lima o en algunas regiones del país. Un triunfo no hace a un partido, creo que eso queda más claro; incluso, puede establecer el riesgo de afianzar prácticas caudillistas sin que sean lo deseable o proponerse conscientemente. Es lo que se puede ver en muchas zonas del país, al punto que podríamos decir que se han descentralizado los caudillos pero no se ha superado prácticas de dicha naturaleza.

El hecho ya posterior, del casi triunfo de Ollanta Humala en las elecciones del 2006, recompuso el panorama político peruano. Se podría decir que levantó nuevamente las expectativas de que una fuerza “antisistema” era posible (y la izquierda siempre se propuso en sus orígenes como “antisistema”), aunque estaba incubada desde otros intereses, muy distintos a los tradicionales de la llamada “izquierda histórica” (es decir, de sus partidos más conocidos); por eso la izquierda en esa fecha (2006), en un extremo de miopía, tuvo sus propias tres candidaturas que –sumadas- no alcanzaron ni el 1.5%. Ese coctel de resultados llevó a varios sectores izquierdistas (de los pocos que fueron quedando) a la inacción; otros realizaron sumas simples y vieron que era posible influir desde adentro; en otros casos, se siguió en la búsqueda de nuevas opciones (mostradas como débiles aún), en un contexto donde la izquierda había desaparecido del escenario político oficial y social.

Un aspecto adicional que habría que recordar es que, ya en la experiencia con Toledo, algunos otros sectores de izquierda se habían subsumido en su gobierno (2001-2006). No se si en mérito de ello, pero quedaron huellas que años después también fueron marcando las apreciaciones políticas. Una de ellas fue la de pensar (excesiva y muy tempranamente), en que sólo el Cholo era capaz de actuar como el “mal menor” del 2011, con la idea de que nada cambiaría (o podría, con voluntad política, cambiar); el razonamiento era que de lo que nos debíamos “cuidar” era del peligro de Keiko y la posibilidad de que saliera electa, cuestión que sólo hacía notar un profundo pesimismo y poca capacidad de hacer política distinta. Por alguna razón, Humala siempre estuvo descartado de antemano.

Un panorama como el triunfo de Susana Villarán y Fuerza Social en Lima se veía imposible (de hecho, era poco probable). Sin embargo, se hizo realidad; es cierto, acompañada de algunas circunstancias algo fortuitas, pero así también es la política, cierto azar y manejo en el escenario que puede terminar soplando favorablemente, más aún en un contexto donde no hay un consistente sistema de partidos y existe un cierto cansancio de que se de “más de lo mismo” y donde no sólo se quiere ver “caras nuevas” sino sentidos, confianzas, aspiraciones y sueños posibles, que permitan creer en nuevas posibilidades. Y la gente se termina animando, motivando y termina apoyando cosas así.

Pero no se crea que ello es automáticamente algo muy consistente, sino se le acompaña de voluntad política, organización y de generar procesos que puedan ayudar a consolidar los nuevos caminos que se abren. Allí se pone en juego la renovación de la política, en cómo se hace para traducir en nueva utopía y organización las oportunidades que se plantean.

Quizás más que quejarnos de nuestros errores, aunque sí hay que hacer balance de ellos (junto a los aciertos tenidos), de lo que se trate sea el de empezar debatir en serio que queremos traducir como renovación política en los siguientes cinco años (y treinta años), en lo que se refiere a aspectos tan significativos como la institucionalidad democrática; el liderazgo, los actores y el sistema de partidos; los caminos de la construcción de ciudadanía; la cultura política que queremos desarrollar; la organización partidaria que debe acompañar ello. Aspectos que debieran servir para identificar los gestos políticos que correspondan y centrar una mirada encarnada desde nuestro proceso político como país.

Guillermo Valera Moreno
26 diciembre 2010 Sigue leyendo

Hechos que nos descubren y nos llaman

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Hemos tenido una semana signada por la premiación del escritor Mario Vargas Llosa con el Nobel de Literatura, cuestión que podríamos recoger como un hecho político y cultural para nuestro país. Porque se configura que es posible marcar el acontecer de nuestra república con hechos no sólo positivos sino que labren nuestra conciencia y ayudan a diluir mezquindades y desafectos que pudieron darse en otros contextos.

Ciertamente “nadies” somos seres perfectos pero un reconocimiento justo enaltece y hace brotar actitudes similares en otros niveles y contextos. Cómo quisiéramos que quienes ejercen cargos públicos (presidente, congresistas, alcaldes y otras autoridades) y todos, nos pudiéramos contagiar algo más de un sentido mayor de justicia y verdad, potenciando mejor nuestras facultades, actitudes, sencillez y coraje.

Desde las responsabilidades que a cada uno le toca. Por ejemplo, señalo el caso de Franco Navarro en la final del futbol peruano (León de Huánuco versus U. San Martín), donde él toma la opción de no colocar a un jugador (Rodas) que había sido expulsado en el partido anterior e inexplicablemente absuelto de sanción. Pudo hacerlo jugar (era “legal”); además se trataba de un jugador clave; pero se optó por lo digno, más allá del resultado que al final tuvo el partido.

Qué contraste con la lógica del “todo vale” o la de dársela de el “más vivo” en situaciones de las cuales se puede sacar ventaja grosera. Qué contraste en un medio donde acusamos ingentes situaciones de pobreza que alguien como nuestro primer mandatario razone que “la plata llega sola” desde un cargo como el que esta ejerciendo (y compensar así su salario). O que diga y repita en distintos tonos que él puede impedir que alguien gane las elecciones si se lo propone (y todo indica que tiene un plan contra alguno por lo menos de los candidatos).

Con las próximas elecciones generales que se vienen y que cada vez se va configurando más claro el panorama que tocará como competición, al menos podemos empezar a visualizar que no habrá una dispersión tan grande de candidaturas presidenciales como en lides previas. Esta vez se esperaría que no sean más de 7, donde 4 son alianzas y 3 se encaminan como partidos políticos. ¿Qué habría que hacer para que los ejemplos que ponen de relieve nuestra peruanidad (o la que aspiramos) sea lo que prime, emulando tantos buenos ejemplos que se encarna en personajes como nuestro laureado novelista; el equipo de tabla campeón mundial y poco reconocido; Gastón Acurio y su perfomance en la culinaria nativa (junto a tantos); César San Martín y la revaloración de la Justicia (tarea titánica); entre otros?

Más allá de los porcentajes (a veces engañosos) que, por el momento, tiene cada aspirante al “sillón de Pizarro”, otra pregunta que uno se hace es si no sería conveniente (posible) que se pudiera configurar puntos comunes sobre los cuales se tendría que establecer compromiso. Una suerte de nuevo Acuerdo Nacional con horizonte al 2021 cuando menos, en temas como la desnutrición infantil, el empleo, educación y salud, anticorrupción, inversiones y tributos, responsabilidad social y medio ambiente, seguridad, cultura, entre otros. Por mencionar algunos de los temas que debieran ser materia de convergencia y no estar signados por intereses subalternos. ¿Es posible comprometerse con el país y su población en lineamientos básicos comunes?

Cada organización política no puede autosometerse a “lo propio”, a su propia postura o manera de mirar las cosas. El llamarse “partidos políticos” quizás genera equívocos. No porque sean la “parte” de un todo (cosa muy real), sino porque cada quien se queda en la parte y nunca termina de asumir el todo, cuestión que es a la que debemos aspirar si hablamos del ansiado bien común o interés general, si aspiramos a hacer realmente actividad pública y no llevar sólo “mis intereses” a la esfera pública para lucrar también con el favor del Estado (y encima muchos se declaran “liberales”, al menos en lo político).

Hagamos política mirando lejos y con los pies muy situados en tierra. Sepamos dar los pasos adecuados para avanzar y, en todo caso, detectar los errores a tiempo para corregirlos y aprender de ellos. Pero a todos nos toca poner de nuestra parte. Para ayudar a emerger nuevos liderazgos (no caudillismos); para ayudar a la renovación de la política (que es sinónimo de amar a nuestro Perú y Latinoamérica por extensión), para generar los compromisos que sean y correspondan, más allá de las opciones por las que terminemos simpatizando cada uno.

Guillermo Valera Moreno
12 diciembre 2010
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Algunos apuntes sobre la Mesa de Movimientos Laicales y las CVX

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La Mesa de Movimientos Laicales (MML) es la reunión de diversos grupos y comunidades laicales (hoy somos 8: CHC, CVX, JOC, EDOP, MIAMSI, MPC, MTC, UNEC), la cual se ha impulsado en diversos momentos, en las últimas décadas, con el propósito de coordinar, intercambiar experiencias, inspirar una corriente de opinión sobre temas de interés común, generar iniciativas de formación compartidas, orar juntos, entre otros.

Especialmente en iniciativas de formación, se han hecho algunas actividades recurrentes, desde las cuales se ha buscado afirmar el sentido de una Iglesia laical; la preocupación por la política, sus procesos y la coyuntura del país; Vaticano II y los Celams (Aparecida en particular); pistas y desafíos para sus integrantes y como Mesa. Con ello se ha aportado modestamente a la formación de laicos, cuestión que es confluyente con las iniciativas de formación que se viene buscando cuajar como PAN en cada Núcleo y comunidad CVX.

En ese sentido, creo que es un espacio que bien valdría reforzar, colaborando con los esfuerzos que se hacen desde la labor del CEN CVX. De hecho, actualmente participan en las reuniones de la MML David Uzcata y mi persona. En mi caso, lo he hecho más apoyando las iniciativas de formación que se han venido haciendo y a través de cosas escritas que he compartido por la red (Internet).

En particular, en el 2010 se tuvo tres momentos más intensos a modo de actividades de formación e integración: (1) Curso “Una Iglesia abogada de los pobres: Responsabilidad política del laico(a)” (24 al 26 de mayo). Llamados a aprender lo que es la política hoy en nuestro medio; los grupos de poder con los que se tiene que lidiar, la sociedad más compleja que existe hoy, el saber nadar contra la corriente. Donde nuestro cristianismo nos brinda una serie de claves significativas para humanizar el mundo, la vida y la propia política. Haciendo que la desconfianza y la pérdida de valores tengan formas de recomponerse y darnos sentido de esperanza; valorando lo que somos y hacemos, sabiendo utilizar nuestros tiempos y haciéndolos más productivos; abiertos a la novedad y creativos.

(2) Jornada “Memoria y desafíos de la Mesa de Movimientos Laicales” (29 setiembre), donde se remarcó sobre saber tomar conciencia de lo que nos corresponde ser y hacer, ser factor de diálogo, vincular fe y vida, orar la vida y vivir nuestra fe en comunidad de manera activa; sobre saber tener siempre una actitud de propuesta y sentido político y ciudadano.

(3) Una última actividad fue la Eucaristía compartida el domingo 5 de diciembre (10 am), en el colegio de Jesús, a propósito del Adviento y como motivo de reflexión sobre el proceso político que vivimos en el país e Iglesia. Fue bastante participada y momento importante de integración. Se reunió también diversos productos y regalos en razón de donarse por la navidad a un Asilo de Ancianos.

Para los próximos meses se tiene en mente desarrollar alguna actividad vinculada al proceso de elecciones que tendremos en abril para elegir Presidente y Congresistas. Entre el 1 y el 3 de marzo del 2011 debemos desarrollar un taller de debate sobre temas centrales en los cuales veamos posibles de comprometernos más directamente a construir y fiscalizar con quien salgo elegido.

Guillermo Valera.
08 de diciembre de 2010
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Cuánto hemos aprendido de Barrantes, Paniagua y otros

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Diversos sectores han recordado en estos días a Alfonso Barrantes Lingán, ex Alcalde de Lima (1983-85), y a Valentín Paniagua, ex presidente del país durante el gobierno de transición (2000-01). Personalidades ambas muy significativas en el liderazgo de la política y el ejercicio del gobierno a distinto nivel. Es bueno poner de relieve dichos aspectos dado el nivel en que todavía se mueve nuestra política local, donde figuras de relevancia muy poco asomo tienen y se prefiere muchas veces medrar en la mediocridad y el conformismo.

Una de las expresiones que confirman nuestra afirmación es la propia identificación que la población hace de la corrupción como el principal problema a atender en el país, pese a que ya pasaron 10 años desde que se destapó las experiencias de corrupción más graves que pudieran conocerse en el manejo del Estado peruano, encaminados por el llamado fujimontesinismo.

Quizás el último proceso electoral (municipal / regional) abonó a favor de que dicho tema terminara posesionándose en la agenda pública y en la mente del ciudadano, aunque dicha percepción ya venía de atrás. Quizás, en el presente gobierno aprista de Alan García, la cosa tendió a evidenciarse más por la serie de casos de corrupción que se fueron conociendo y la poca o ninguna voluntad política que García tuvo para afrontar dicho problema. Todos los organismos de lucha anticorrupción terminaron siendo una finta para justificar el eslogan de “no importa que robe mientras haga obra”.

En la misma línea de lo que empezamos señalando, podemos hablar de la elección del Dr. César San Martín Castro, como Presidente de la Corte Suprema, teniendo en su haber el ser responsable de la justa condena a Alberto Fujimori por crímenes de lesa humanidad. Cuestión que rema en el mismo sentido de buscar adecentar las instituciones del Estado y a tratar de que la Justicia en nuestro país pueda escribirse con mayúsculas y ser una posibilidad real para todos los peruanos.

Podríamos seguir mencionando otros nombres de importantes personalidades, como factor de inspiración al proceso político que empieza a calentarse de cara a las siguientes elecciones Presidenciales y Congresales. De hecho, van emergiendo alianzas novedosas (como la denominada “alianza para el gran cambio”, encabezada por un ex ministro de economía Pedro P. Kuczynski) o más esperadas (como la protagonizada por el ex presidente Alejandro Toledo con Perú Posible). Otras candidaturas han venido ya predeterminadas desde hace algunos años atrás por distintos intereses convergentes, tales como la de Luis Castañeda L., Keiko Fujimori y Ollanta Humala.

Particularmente nos detenemos en Humala, porque en las presidenciales del 2006 fue objeto de una alta votación (de hecho ganó en la primera vuelta, aunque perdió en la decisoria segunda vuelta). Puede ser que ese hecho, le otorgara al líder del Partido Nacionalista una cierta autoridad como candidato en una siguiente contienda (como la que ahora se avecina). Puede ser que estamos tan acostumbrados a un manejo caudillista de los liderazgos en los partidos y en las candidaturas que podía darse como sobreentendido que era un candidato “natural”. De hecho sigue teniendo una cierta aceptación en el electorado (sobretodo de provincias).

El gran problema es que no se tejió una adecuada convergencia con otros sectores y se pensó que las cosas se podían manejar pidiendo que todos se alineen detrás de su liderazgo, poco consensuado. Al surgir otro liderazgo alternativo y de otras características como el de Susana Villarán en las últimas elecciones municipales, se genera un cambio de la situación y de la relación de las fuerzas de izquierda y su vínculo con el nacionalismo. Eso, al parecer, nunca se ha terminado de valorar suficientemente por el sector humalista, como para poder ponderar más adecuadamente el cómo había que seguir construyendo, en forma unitaria, el espacio de la izquierda, de la centro izquierda y del nacionalismo.

De otro lado, en las filas de Fuerza Social se produce lo que yo llamaría un exceso de confianza (no lo llamaría triunfalismo) de lo que se puede hacer con “perfil propio” desde el triunfo Municipal en Lima. Creo que es justo que toda fuerza política pretenda construir su propio proyecto (y su propio perfil), buscando encarar en el plazo que pueda ser la opción de ser gobierno. Sin embargo, siento que se esta forzando dicha figura. Porque nada hace ver que, al menos en el corto plazo, unas elecciones internas primarias vaya a resolver el tema del liderazgo que se evidenció con Susana Villarán y pueda ser “sustituido”, “reemplazado” o “endosado”. Eso no pasa de ser otro espejismo más y podría no ir mucho más allá de la figura de candidaturas de “vientre de alquiler”.

No quiero ser muy duro y me parecen muy loables los esfuerzos de democratización interna que se intentan dar. Pero creo que nuestra responsabilidad como fuerzas políticas no sólo está en como sacamos la mejor ventaja política en cada coyuntura sino que nos corresponde mirar mucho más allá si queremos emular los ejemplos de grandes personalidades políticas como la de Barrantes o Paniagua. Es obvio que se puede tener puntos de vista muy discrepantes y quizás el mío no tenga mucho eco. Pero me parece que la responsabilidad de Fuerza Social está con el conjunto del espacio de la izquierda peruana y no sólo con el de “centro izquierda”, espacio que también habrá que seguir forjando y acumulando.

Respecto a lo anterior, creo que sería mucho más constructivo que se hiciera algún intento de primarias más amplias entre las fuerzas de izquierda. Si eso no fuera posible (cada vez lo parece menos por los plazos), creo que las elecciones primarias que prepara Fuerza Social debieran servir sólo para establecer la elección de listas parlamentarias en todos los departamentos del país. Buscando que alguno de los dos postulantes a “presidente” en Fuerza Social (Nano Guerra García y Manuel Rodríguez Cuadros) pudieran ser quienes encabecen finalmente la lista congresal de Lima por dicha agrupación.

Creo que si se trata de preservar lo mejor posible el espacio de la izquierda en esta coyuntura, las cosas debieran pasar por una alianza activa de todos sus componentes o de no evidenciar la falta de acuerdo que hoy se pone en forma más visible. Por eso, creo que lo conveniente debiera ser el sólo establecer listas parlamentarias si no se tiene capacidad de aportar o de ponerse de acuerdo en una sola candidatura presidencial desde la izquierda.

Guillermo Valera Moreno
5 diciembre de 2010
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