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Comunidad, ¿qué tenemos para el 2017?

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En CVX Siempre, hoy somos 24 integrantes, 13 mujeres y 11 varones, repartidos 12 en cada equipo. Recogimos el año pasado lo importante que fue el tratamiento sobre la Misericordia, desde las reflexiones sugeridas por nuestro Papa Francisco y la invitación a revisar nuestra vida desde criterios más evangélicos. Tuvimos la experiencia de reflexión sobre la familia, especialmente con la presencia de Fernando Vidal y su llamado a vivir una CVX más en camino, que dé pasos y se motive desde la propia vivencia familiar para hacerse parte más activa del mundo que vivimos y salir de actitudes meramente pasivas o contemplativas.

Constatamos lo importante que es para nuestra comunidad las revisiones de vida (RV) y los ejercicios espirituales (EE.EE.). Salvo 1 persona que no hizo RV y 4 que no llegaron a hacer EE.EE., todos compartimos esa experiencia. Cuestión consustancial a nuestro ser CVX el darnos esa regularidad anual, en cuanto medios adecuados de crecimiento y renovación espiritual constante que necesitamos para encontrarnos con Dios, discernir su voluntad en nuestra vida y encaminarnos al mejor propósito que corresponda. Junto a ello, por cierto, están nuestra presencia en la Eucaristía dominical, la oración y pausa diaria, contar con un acompañante y participar de nuestras reuniones comunitarias. Entendemos que cada uno vive ello como algo ya incorporado y de lo que se trata es de profundizar, darnos profundidad en nuestra espiritualidad y capacidad de diálogo con Dios, para un mejor seguimiento de Jesús (en clave de magis).

Mirando más específicamente el año 2017 que estamos iniciando nos toca identificar en qué nos sentimos llamados a crecer de modo solidario. Lo cual es, en primer lugar, una responsabilidad estrictamente personal: si queremos crecer, el darnos los medios para crecer, el apoyarnos en la comunidad para crecer. La comunidad (como otros espacios) nos brinda la oportunidad de abrirnos a un mundo más solidario, de relaciones interpersonales variadas, de mutua aceptación, de crecimiento en la fe y en nuestro sentido humano. En ello nos toca y queremos aprovecharlo.

De allí, nuestro deseo de situar nuestra labor desde dos dimensiones que vemos muy significativas: nuestro modo de ser Iglesia y nuestro compromiso político con el país. Queremos recorrer cada año teniendo presente cuestiones que nos pueden ayudar a caminar juntos, crecer y aportar. Revisando lo que hacemos y lo que nos proponemos en nuestras vidas concretas para situarnos de modo más amigable con la naturaleza y para encaminar relaciones más justas con las personas. En todo lo que puede tener como cambio de estilos de vida, actitudes, manera de relacionarnos e integrar nuestra fe y vida.

Por ejemplo, en la dimensión de Iglesia vemos muy importante el seguir aprendiendo a ser comunidad, preguntarnos qué significa ser Iglesia hoy. Aprender a acompañarnos entre nosotros; acompañar a otras comunidades; acompañar la formación de otras personas. Se trata, especialmente, de profundizar en nuestro modo de ser Iglesia, vinculado a estos aspectos como a otros que pueden ser de interés.

En la dimensión de nuestro compromiso político con el país tenemos recurrencias como la corrupción que seguramente ya nos generan hartazgo y deseos de pasar de página. Y es una tentación. Querer no hacernos del problema porque es tan recurrente y lo hemos tratado tantas veces. ¿Y para qué? Si hasta uno de los grandes defensores de la lucha anticorrupción (contra el Fujimorismo), como lo fue Toledo, ahora resulta que también ha sido un gran ladrón. Es cierto, estamos con la mierda encima y que nos rodea de modo abundante. Pero, por eso mismo, necesitamos situarnos en esa realidad y saber reflexionarla, saber cómo obrar en ello, saber qué decir a las nuevas generaciones. Con pleno sentido de esperanza, a lo que siempre nos invita Jesús y nos ayuda a ir más allá, a ver más allá, a saber acoger con amor y justicia lo que corresponde obrar.

Se trata pues de vincular nuestras inquietudes con las dimensiones comunitarias que nos pueden ayudar a crecer, a caminar sin ir sólo deambulando o sin un mínimo propósito. No se trata de llenarnos de tareas o actividades. Se trata de darle sentido a nuestra vida comunitaria, la cual se juega mucho en el modo cómo aprovechamos nuestras reuniones y actividades diversas, y les damos calidad y calidez. Si para ello, necesitamos también echar mano de la tecnología, en buena hora, siempre y cuando suponga un uso eficiente y acorde al propósito, sabiendo disponer de los medios necesarios para ello. Pensemos que todo lo que ayude a nuestro propósito de ser y crecer como comunidad y el tejido de relación fraterna y cercana que supone será siempre de gran utilidad y deseable de asumir.

Seamos conscientes de los tiempos que vivimos. Lo que nos puede ayudar a encaminarnos mejor en los desafíos y problemas de nuestro tiempo, sabiendo que Dios no cesa de trabajar en ello. Como se menciona al final del Decreto 1 de la Congregación 36, “Creemos que Dios continua su obra de ‘reconciliar el mundo consigo en Cristo’. Escuchamos la urgente llamada a unirnos al Señor en la atención a los más necesitados y a extender la misericordia de Dios allá donde la injusticia, el sufrimiento y la desesperación parecen desbaratar el plan divino. Pedimos el valor y la libertad de tener ‘la audacia de lo improbable’.” (“Compañeros en una Misión de Reconciliación y de Justicia”, p.9)

Demos sentido a nuestro accionar. Nos ayudará a crecer. Dejémonos que nos afecte el amor de Dios y actúe de modo inspirado en la vida de cada uno.

Guillermo Valera Moreno
Coordinador CVX Siempre
Magdalena del Mar, 11 de febrero de 2017