Archivo por meses: marzo 2012

El valor de la comunidad: a propósito de la membresía CVX

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La reflexión que nos plantea el ExCo mundial CVX sobre la membresía en CVX (Proyectos 150) pareciera que fuera algo ya “sabido” o, por defecto, algo que no se entiende de modo suficiente. Es algo sabido, en cuanto asociar “membresía” a sentido de pertenencia a CVX, o identidad y compromiso en CVX; lo que significa ser parte de una CVX. No se entiende suficiente –o se entiende poco- en tanto la membresía puede albergar otros aspectos más próximos a “marca CVX”, visibilidad de la CVX, proyección de la CVX hacia el mundo…

En realidad nos podemos quedar con la acepción más propia al sentido de pertenencia y lo que se marca como camino para hacerse cada uno “integrante de CVX”. Lo cual, muy bien se afirma, es parte de un sentido vocacional que se debe vivir como proceso; asumiéndose con la gradualidad a la que invitan los llamados “compromisos temporales” y los “compromisos permanentes” en CVX. Incorporando en ello el proceso de crecimiento espiritual que significa la aventura de los ejercicios espirituales en sus diversas semanas y en la regularidad de su experiencia periódica. Por cierto, complementado con temas diversos de formación constante y la capacidad de compartir la vida en comunidad, así como la centralidad de la vida comunitaria en la vida toda (en conjunto), vinculando más adecuadamente fe y vida como consecuencia de ello.

De allí la alusión a los principios generales CVX 10 y 12 , en los cuales se nos habla de los “integrantes” y del “estilo de vida en CVX”, cuestiones que nos conducen a hacer presente que la dimensión comunitaria nos deben afirmar y motivar a un constante crecimiento como personas en los diversos ámbitos que corresponde (espiritual, social, cultural, político, humano); nos debe conducir a trabajar “con Cristo en la anticipación del reinado de Dios”, participando activamente en el desarrollo apostólico que nos pueda corresponder, individual y comunitariamente. Hoy en nuestro Perú, por ejemplo, ¿cómo se pone en juego el ser profesionales competentes y testigos convincentes? Aunado al sentido de solidaridad y esperanza con el que estamos llamados a vivir el amor del Padre. Participando por cierto de las reuniones comunitarias y acompañándonos mutuamente en la creación de sentidos, desarrollos vocacionales, y realización personal desde lo que descubrimos como “voluntad del Padre”, como disposición para realizar dicha voluntad amorosa.

Nuestra partencia a CVX hoy tiene mucho sentido. Desde distintas ópticas. Porque nos puede ayudar a vivir una fe por encima de tantas acepciones de individualismo egoísta; nos ayuda a crecer en la relación con el “otro” y en el manejo de las diferencias. Nos ayuda a construir un sentido mayor de convivencia social y de hacernos ciudadanos más conscientes de la comunidad política que nos corresponde ayudar a construir; a sentirnos nada ajenos en el esfuerzo por orientarnos siempre hacia el “bien común”.

Teniendo presente, en forma permanente, que Dios actúa en nosotros y, su presencia amorosa en nuestras vidas, es muy anterior a cada uno de nosotros, como lo han sido por fuerza los padres que nos engendraron y cuidaron de nosotros a lo largo de nuestro crecimiento, al menos de los primeros (y fundamentales) años. A través del Espíritu Santo se rebela el amor gratuito del Padre. Amor que se nos invita a testimoniar y a que sea nuestro “sesgo” característico, servidores por excelencia, disposición para el servicio, con capacidad para servir en todo y con sencillez. Haciendo de ello nuestra tarea de predicar y de asumir el “envío” comunitario, la proyección apostólica, el magis ignaciano.

Ojala que de todo éste revalorar nuestra pertenencia comunitaria y el valor de la comunidad para el conjunto de nuestra vida (y viceversa), nos permitiera hacernos conscientes que necesitamos aprender a tomar mejores decisiones, a saber tomar decisiones y, por lo tanto, a mejor saber discernir nuestras vidas y el llamado del Señor, para las decisiones que nos pudiera corresponder. Así como decisiones, también aprender a trazarnos metas a diverso nivel, procurando direccionar mejor lo que hacemos y dándole un sentido mayor a rutinas de actividades o activismos más o menos intensos que llenan nuestros tiempos y espacios. Por ejemplo, ¿es posible que cada uno se trace una meta en el año sobre lo que quiere crecer como persona? ¿Es posible trazarnos una meta comunitaria para el año, sobre lo que queremos crecer comunitariamente y vernos todos reflejados en una motivación común?

Hay muchas cosas a las que nos motiva un tema como el de la membresía. Lo importante será que Jesús esté al centro de todo ello y sea él mismo quien nos motive y guíe en todo lo que hacemos y buscamos crecer.

Guillermo Valera Moreno
20 de marzo de 2012 Sigue leyendo

Cuaresma: por un cambio pleno de sentido

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No había caído muy en la cuenta el profundo significado del calendario litúrgico referido a la Cuaresma, como tiempo de conversión, de perdón y reconciliación, de llamado a cambiar nuestra vida y la del mundo que nos rodea. Un tiempo muy especial como suelen serlo el Adviento o Pentecostés.

Qué bueno que éste se de dentro de los primeros meses del año, como una forma de plantearnos: ¿Qué debo hacer por Cristo, a qué me llama Cristo, cómo debo seguir a Cristo? ¿Qué debo hacer con mi vida en el presente año 2012 en el que ya estoy “sobre el caballo”? Vida que corresponde a mi persona, la de quienes me rodean, dígase mi familia, mis compañeros de trabajo, mis vecinos, mi país, mi Iglesia local, mi comunidad cristiana más inmediata… el conjunto de responsabilidades que pudiera tener entre manos.

Estamos ante un tiempo privilegiado. Más que para hacer ayunos o promesas, para revisar nuestra vida, el sentido que he ido construyendo de ella, los valores con que la he ido rodeando y visibilizando. Finalmente, para que me importe qué cosa; para situar como lo significativo qué cosa; para decir que amar es qué cosa. ¿Para centrarme más en mí mismo o en mi relación con los demás, en la preocupación por el otro, especialmente por el diferente?

Calza muy bien lo que el propio Papa Benedicto XVI nos señala a propósito de la Cuaresma, recomendando: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (Hb 10, 24). Hoy en nuestro país, dónde tenemos que poner la mirada, dónde debemos situar al otro y encontrar estímulo para la caridad (dígase el amor y el servicio a los demás); en que se pone en juego las “buenas obras”.

Ciertamente, incendios provocados con los fines que fueran no pueden ser buenas obras, más aún si dañan las posibilidades de una mejor educación para nuestros niños y niñas. Más aún, cuando una educación pública de calidad es una de las condiciones claves para una mayor equidad y sostenibilidad de nuestro desarrollo.

De qué manera los conflictos sociales existentes en nuestro país, en especial los mineros y medio ambientales, me dicen algo y me comprometen a hacer mejor el trabajo que realizo o la vida familiar que llevo, bajo las claves con las que me gustaría que se resolvieran éstos. Me refiero, ¿sabemos dialogar en toda circunstancia? ¿Sabemos resolver con sentido de convivencia razonable los problemas que se nos presentan? ¿Le huimos a los conflictos porque suponen tensión y, quizás, algunos problemas adicionales?

Revisar nuestra vida desde mi relación con los otros, de lo que significan para mí y mi entorno. Qué tanto me suponen vivir en sencillez y en franca solidaridad y fraternidad. Porque no es fácil y tenemos que constantemente revisar lo que a cada uno le toca. Estamos en ese tiempo especial para hacerlo, como parte de prepararnos para la semana santa y revisar también el tipo de Iglesia y comunidad que somos y ayudamos a construir. Más aún, cuando recordamos los 50 años de Vaticano II, el cual nos da una clave más de esperanza para el presente año.

Así como Vaticano II significó un momento intenso de cambios en nuestra Iglesia (con mucha deuda aún pendiente), del mismo modo, debemos procurar que cada Cuaresma se convierta en nuestro Vaticano II personal y comunitario. Como un momento que nos ayuda a identificar y poner los medios para los cambios de vida que debemos proceder. Para que el término “conversión” al que nos llama nuestra Iglesia no sea hueco sino pleno de sentido.

Guillermo Valera Moreno
11 de marzo de 2012 Sigue leyendo