Archivo por meses: septiembre 2011

Todo para el mayor servicio

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Vivir proféticamente para renovar el mundo en que vivimos… pareciera ser una invitación demasiado romántica y vaga. Sin embargo, bien podría ayudarnos a centrar un mejor sentido de misión en CVX, en la Mesa de Movimientos Laicales u otros espacios comunitarios. Abriendo cauces de discernimiento y testimonio, motivos diversos de pasión y compromiso. Iluminándonos al modo de un campo lleno de flores muy variadas, como si estuviéramos en un océano lleno de peces de colores o como en una selva tropical con pájaros y mariposas de las más diversas variedades.

Vivir proféticamente podría bien resumir el sentido de saber vincular fe y vida, si sabemos relacionar nuestra relación con Jesús (y a través de Él con Dios) y nuestro quehacer cotidiano, sesgado por una atención especial por los que menos tienen, los más débiles, los más alejados. Porque es importante que el mundo haya superado (o lo este haciendo) visiones sacralizadas de la vida, ganando en autonomía; pero otra cosa es perder sentido trascendente de la vida o intentar descubrir la presencia de Dios en la vida toda que nos a tocado llevar a cada cual.

Necesitamos de las demás personas y del medio que nos rodea para vivir; para aprender a hacer nuestro camino y crecer; para saber descubrir nuestra propia vocación de vida y realizarla lo más plenamente posible. Sin embargo, toda esa dimensión y necesidad vital debiéramos tener la capacidad de descubrir que es poco o nada sin la referencialidad del bien y del amor. Para que tenga profundo sentido el estar aquí y ahora; la propia convivencia y diversidad; la propia realización de vida; nuestro propio paso temporal por el mundo que nos ha tocado y en la forma como nos ha tocado.

Hablar de Dios es expresar el sentido que tiene la vida para cada uno y en conjunto. Si lo tiene y lo vamos descubriendo es que estamos descubriendo a Dios. Descubrir el amor y la significancia que tiene el bien (y el hacer el bien) es descubrir a Dios. Dejar que ello ilumine todo lo que hacemos y lo potencie es semejante a “poner en manos de Dios” nuestra vida y su orientación.

Pese a ello, y es parte de su comprensión, somos más frágiles, débiles y limitados de lo que pensamos. Contradecimos el bien, el amor y tantas cosas equivalentes con mucha facilidad e inconsciencia. Traicionamos muchos de nuestros propósitos, pese a que tenemos constancia fehaciente de lo que nos ayuda mejor a crecer y a realizarnos. Pero también estamos hechos de capacidades y somos siempre una y mil posibilidades. Que nos puede impulsar en diferentes direcciones.

Lo importante es saber direccionarnos y saber coger las riendas apropiadas de nuestra propia vida y vivir de manera lo más consciente posible. Consciente, por supuesto, de lo bien que podemos hacer, de lo mucho que podemos amar, pero también de nuestros propios desaciertos y errores que seguiremos cometiendo; lo inoportunos que podremos ser en muchas situaciones; lo fuera de lugar que serán muchas de nuestras impresiones, creyéndonos que ya tenemos alguna experticia de ser “buenos” o de Dios.

Para encaminar mejor lo que decimos, es bueno mencionar que tiene pleno sentido el saber establecer una referencia a lo profético (al “vivir proféticamente”), al hecho de saber y aprender a ver con los ojos de Jesús, saber escuchar con los oídos de Jesús, saber sentir con el corazón de Jesús. Vivir proféticamente, asumiendo a Jesús como centro de nuestra vida, supone por lo tanto conocerlo cada vez mejor, porque confiamos que es la mejor revelación que hemos tenido de Dios entre nosotros; es más, confiamos que no sólo reveló a nuestro Padre mayor sino que fue (y es) su hijo directo; de alguna manera, él mismo hecho carne.

Renovar el mundo ¿qué nos podría significar? En realidad, debiéramos empezar por decir que hay que cambiarlo todo. Todo entendido como la lógica y sentido en el que vivimos. Donde lo que manda es la economía, entendida ésta por la búsqueda de la mayor rentabilidad / ganancia / plusvalía / dinero. En todas sus formas, niveles y semillas, la misma que se basa en “la explotación del hombre por el hombre” y la posibilidad de holgura de unos pocos.

El resultado es una gran mayoría excluida en el mundo, una pobreza extendida y la ausencia de sentido humano respecto a los propios seres humanos que somos nosotros mismos, nuestro vecino, el de más allá. Al respecto, no sólo necesitamos humanizar más al sistema capitalista; requerimos transformarlo en otro sistema de entendimiento de la vida, de las personas y de la manera de vivir y realizarnos cada uno y la convivencia respectiva a la que corresponde o debiera dar lugar.

Jesús en su época fue y supuso un enorme sentido de novedad por lo que nos reveló, nos aproximó y nos amó. Invitándonos a saber siempre poner al centro de nuestra vida el amor; el amor a Dios Padre y toda su creación. Traducida como amor a los demás (al “otro”, a “los otros”), a nosotros mismos, a la naturaleza y a todo cuanto nos rodea. Tanto así que, desde entonces, nunca dejó de ser novedad. Porque su discurso del “reinado de Dios” aún no se ha realizado entre nosotros, pese a los más de dos mil años de historia que ha transcurrido. Porque hemos seguido de espaldas a un sentido de servicio y de bien para todos.

Por todo lo dicho hasta aquí, tengo la impresión que hablar de vivir proféticamente y renovar el mundo son dos caras de una misma medalla e indisolubles. Será muy importante las mediaciones que nos demos para hacerlo posible y encaminarlo. Es a la luz de ello que debemos saber descubrir la voluntad del Padre y darle carácter de misión en el envío que nos hagamos como Iglesia. Abarcando la totalidad de cada uno, integrándola y disponiéndola siempre para el mayor servicio.

Guillermo Valera Moreno
24 de septiembre de 2011. Sigue leyendo

Accidente por “culpa de Dios”

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Caminaba Felipe por la calle, era domingo y pensaba en que debía ir a misa pero hacía ya varios meses que no frecuentaba la iglesia, salvo cuando tenía misa con un grupo de amigos con los cuales se reunía con cierta frecuencia. Pero eso era cada 3 ó 4 meses, si lograban ponerse de acuerdo y conseguir que Sergio, un cura amigo, les pudiera acompañar. Entonces hasta se animaba a comulgar.

Cerca de un parque, se topó con Sergio. Se saludaron y cada uno habría seguido su camino si no era porque una combi se salió de su ruta, perdió el control, se subió a la vereda y casi se los lleva de encuentro. Los rápidos reflejos de Felipe permitieron que se tirara hacia uno de los jardines del parque, arrastrando con suerte a Sergio. El carro se chocó contra un árbol más adelante y felizmente nadie salió herido, salvo sustos en mayor o menor grado de transeúntes y pasajeros. El “fercho” se largó como llegó, dejando el carro abandonado, cuestión que la policía se encargaría de recoger, después de dos horas.

La impresión que causó el hecho en Sergio y Felipe permitió que se quedaran conversando un rato y terminaran almorzando juntos en la casa parroquial. Como no tenían costumbre de siesta se quedaron conversando un largo rato sobre la voluntad de Dios en la vida de las personas, en el mundo. ¿Habría podido ser voluntad divina el que los atropellaran o el que no los atropellaran? En realidad “gracias a Dios” que salieron ilesos y sólo fue un susto. Pero ¿era Dios quien no quiso que los atropellaran? Y si hubiesen sido arrollados ¿habría sido “por culpa de Dios”? ¡Qué difícil se hacía dilucidar algo así! Cuantas veces le echamos la “culpa” a Dios de lo que nos sucede…

Curiosamente Felipe era el que más defendía no meter a Dios en ese tipo de dilucidación de destinos. No porque Dios fuera ajeno a cuanto pasaba en la vida de cada quien. Todo lo contrario, siempre lo podremos considerar sumamente implicado y deseando actuar en cada caso. Pero encarnado en cada persona, desde su propio ejercicio de la libertad recibida y la responsabilidad cultural aprendida. Sin violentar nuestras propias decisiones, aunque siempre valiéndose también de diversos mecanismos para hacernos conscientes de lo que puede orientarnos al bien, a “lo mejor para todos”, a la presencia de su amor manifestado en el sentido de convivencia, lo justo y lo verdadero.

Es que con tanta facilidad le echamos la culpa a Dios por las cosas malas que nos suceden o que existen en el mundo que, a veces, nos desconcierta, nos genera desánimo, nos hace perder de vista lo importante. Por cierto, si Dios nos ama a cada uno; quiere el bien de todos; busca por todos los medios que cada uno nos realicemos como personas que somos y seamos felices, ¿cómo podría ser cómplice del mal o desear el mal de las personas?

Sería como decir que Dios quiso la muerte de Jesús y que nos envió a su hijo para que lo mataran. A veces se generan sesgos muy serios sobre cómo podemos comprender la actuación de Dios en nuestras vidas y en el mundo… De allí que tengamos tantos sesgos para comprender lo que puede ser su voluntad y de cómo ayudar a conseguirla o realizarla. Sergio se quedó pensativo y se animó a invitarle a Felipe un anisadito para “bajar” la comida y acompañarlo de un cafecito bien cargado para el frío. Además es “Anís del mono” y del verdadero, me lo trajo el Padre Fermín hace dos meses que regresó de España.

Verdad que hablar de la “voluntad de Dios” siempre puede ser un tema complejo, anotó Sergio, y tiene mucho de misterio y cosa poco comprendida. Pero de lo que no podemos dudar es que esa llamada “voluntad de Dios” siempre nos orientará hacia el bien y hacia una mejor y más honda manifestación de su amor, entendida como compasión, hacer el bien sin esperar nada a cambio, saber optar por un bien mayor, entre otras cosas. Si no va por ahí, habrá siempre que sospechar o dudar de lo que se trata.

Efectivamente, ya nos vamos aproximando nuevamente en una misma comprensión. En realidad, sin necesidad de complicarnos demasiado, podríamos convenir que ese hacer el bien esta perfectamente recogido en el propio “Padre nuestro”, la oración por excelencia que nos enseño Jesús. ¿Recuerdas? Se nos invita a santificar su nombre y a construir su reino, tomando como base que ello debemos asumirlo a partir de ayudar a que todas las personas tengan “pan sobre su mesa” todos los días, el cual no nos va a caer como maná del cielo; sabiendo perdonar y cuidándonos de todo tipo de tentación y mal con el que nos podamos topar. Por cierto, sabiéndolo identificar.

¡Qué bien Felipe! Has hecho una identificación espléndida de lo que podemos considerar como “voluntad de Dios”. A veces nos parece tan difícil y oculto el sentido que pueden tener esas palabras y esta más a la vista de lo que parece. El problema es que tenemos que saber abrir los ojos; debemos saber no hacernos los sordos. Como se dice, “saber discernir los signos de los tiempos”, para hablar más ampliamente.

Creo que te voy a contratar para que nos des unas charlas sobre éstos y otros temas… ¿ah? No vendría mal que podamos conversar un poco más seguido y que éstas cosas salgan también en otros ámbitos en los que nos encontramos. Me gustará que puedas estar en la misa de las 7 p.m. que me toca presidir, seguro que podremos dar una vuelta más por el parque.

Gabriel
3 de septiembre 2011
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