Horizontes

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En cada etapa de la vida de una persona se suelen plantear cierres de determinadas experiencias y apertura de nuevas que uno aspira a vivir. En ellas se plantea uno el horizonte de vida que se desea seguir y encaminar.

A esos horizontes hacemos alusión cuando nos referimos con dicho término al blog (“Horizontes”) que me identifica y que deseo sirva para compartir inquietudes profesionales, preocupaciones por el país y la globalización, temas de fe y búsquedas de Dios, vida familiar y laboral, hacia dónde queremos ir (debemos, podemos, aspiramos).

Soy alguien que ha estudiado una carrera como Sociología y una maestría (Ciencia Política), es casado (con dos hijos), comparte una experiencia comunitaria en CVX (Comunidades de Vida Cristiana), trabaja en proyectos de desarrollo y es un vecino “aceptable” (al menos pago mis impuestos). Me pregunto, cómo una persona como la que escribe puede colaborar con un proyecto de vida más amplio y ayudar a tejer una apuesta por la equidad, la inclusión, la transparencia, profundo sentido de justicia, seguridad y diversión, con unos mínimos iguales para todos y respetados por todos.

No quiero hablar de cosas que pueden ser de perogrullo. Más aún en los tiempos de cambio que nos han tocado vivir, tan intensamente como los que llevamos experimentando en las últimas décadas, especialmente desde los años ‘60s e intensificadas en las dos últimas con toda la revolución tecnológica de la informática, la Internet. Los medios de comunicación social, entre otros.

En medio de ello me surge la pregunta, a lo Vaticano II ¿cómo leemos los signos de los tiempos actuales? ¿Cómo nos hacemos profetas de nuestro tiempo? No para parecer alguna suerte de “adivinos” modernos sino para encontrarle el mejor sentido a la historia que nos ha tocado vivir y obrar en consecuencia.

Ello tendría que llevarnos a hacer un mayor esfuerzo en aprender a vivir situados; desde la realidad particular que a cada uno le ha tocado vivir y no hacerlo a modo de “burbuja” o “nicho”. ¿Cómo me relaciono con mi entorno? ¿Cómo construyo mi alteridad y me significa “el otro”, los otros?

Y para vivir situados hay que aprender también a mirar lejos, saber darnos horizonte, perspectiva, “norte”. Por dónde pasan nuestros sueños y utopías, hacia dónde queremos orientarnos en la vida, qué reglas de juego queremos darnos nos sólo para una convivencia sana sino para tener condiciones comunes de felicidad. Por ejemplo, puede parecer una “tontera” el decir que, en vez de aspirar a ganar la mayor cantidad de dinero como factor de realización, tuviese el fin o la aspiración de lograr mayores índices de felicidad en las personas de la tercera edad o que nunca más mueran niños menores de 5 años por asuntos de desnutrición o mala atención de salud (por decir algo). ¿Esas pueden ser apuestas posibles para toda la sociedad y no sólo para sectores aislados o más o menos articulados?

¿Es pueril hablar de eso? Mientras no existan los medios eficaces al tema y se acompañe de los resultados que corresponde seguramente lo seguirá siendo. El tema es que estamos ante cambios fundamentales de paradigmas en nuestro mundo. Ojalá pudiéramos convencernos que nadie sobra en el planeta, que su cuidado es responsabilidad y tarea elemental de todos y que, dentro de él, sigue en juego la propia especie humana. Qué tan lejos podemos mirar en el horizonte para convencernos de esas cosas o que el mundo no le pertenece a unos cuantos que pudieron tener más habilidad que los otros para acumular riquezas y, de paso, subordinar a sus intereses a todos los demás, bajo distintas formas que no es el caso discutir acá.

Cómo, el asumir conciencia de los cambios actuales que nos han tocado vivir (y que no son estrictamente nuevos pero sí profundos), nos ayuda a vivir mejor situados y mirar lejos en nuestra condición humana, terrestre y de vida en general (y de Dios si tiene sentido para uno; para mí lo tiene). Porque todo ello tendría que ayudarnos a configurar nuestro proyecto de vida personal y, más ampliamente, comunitario (¿familiar? ¿social? ¿político? ¿eclesial?)

¿Qué da sentido a nuestra vida y cómo damos respuesta no sólo personal porque la individualidad de cada uno no es un absoluto respecto a los demás, sobretodo si aceptamos que todos importamos? Por dónde pasa la vocación, el sentido de realización, servicio, coherencia, alegría y más en cada uno en cada etapa de vida que le toca vivir, porque somos de varias vidas ¿etapas? en el transcurso de la vida de cada uno que no es lineal ni nunca definitiva. Y todo ello apreciándolo con la máxima humildad, prudencia y plena voluntad. En esos términos invitémonos a saber pensar y compartir.

Domingo, 8 de marzo 2009
Guillermo

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