Archivo por meses: febrero 2011

Es bueno hacer cosas distintas

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Una buena manera de hacer cosas distintas, de paso algo de ejercicio e incluso divertirse un poco es caminar. En mi caso no es nuevo hacerlo. Me gusta caminar para diferentes propósitos, pese a que siempre hay que estar atento a los temas de seguridad que son propios a una ciudad como Lima que no es del todo segura, no sólo por el tema de “choros” con los que uno se puede topar de distintas maneras, sino también por el tránsito que puede traer “sorpresas” diversas o lugares un tanto peligrosos de transitar.

Algo relacionado a lo que comentamos son las escaleras que se han estrenado en los distritos de San Miguel y Magdalena (dos en cada distrito) y que dan facilidad de acceso al circuito de playas del todavía proyecto “costa verde” en esas zonas. El trabajo avanza de manera interesante y ya se puede transitar para caminar, hacer actividad ciclista, hacer algo de deporte, correr, etc. Se ha acompañado de presencia policial pertinente para facilitar que no sea todavía muy “solitario” el tránsito por éstas rutas.

La verdad que la proyección que se empieza a hacer para éstas zonas como lugar turístico y de afluencia amplia para disfrutar del paisaje, del mar, de actividades recreacionales diversas, seguramente de comercio alimentario, entre otras. Pero ello está por verse de manera más consistente en los siguientes meses y, ojala, para el siguiente verano. Esperemos que todos quienes accedamos y tengamos posibilidad de ir sintiendo y disfrutando de dichos beneficios podamos cuidar adecuadamente el verdor que se empieza a ver, las construcciones que se empiezan ha hacer, desde bancas para sentarse, sistemas de riego y todo lo demás.

Algunas cuestiones que llaman la atención son la seguridad vial que puede haber o el buen aprovechamiento que puede haber de la apertura hecha de alguna de éstas escaleras. Me refiero en particular la construida a la altura de la Av. Sucre en Magdalena, puesto que allí hay una bajada peatonal sumamente peligrosa, donde no se ha puesto el cuidado de establecer alguna baranda (por lo menos) para no tener que transitar tan al borde del precipicio en varios puntos por los cuales hay que conducirse hasta llegar a la escalera propiamente dicha que facilita el acceso a la zona del circuito de playas.

A propósito de caminar, hicimos la experiencia de caminar por el circuito de playas, de Magdalena hasta la playa redondo (altura de Larco Mar en la parte de “arriba” y de la Rosa Náutica en la parte de “abajo”). Aunque todavía faltan accesos claros de tránsito peatonal, fue agradable hacer un recorrido de ésta zona bordeando (casi) la playa. Muy simpática la mejoría que también se ve en ésta zona, la misma que se ha vuelto de hace un buen tiempo para prácticas de todo lo que tiene que ver con Tabla, deporte que cada vez se va extendiendo, entre otros por la gran motivación que produce la buena perfomance de nuestros deportistas a diverso nivel, especialmente en campeonatos mundiales.

No dejó de llamarnos la atención que al regreso nos topáramos con la oficial anulación del acceso a una escalera antigua que existía formalmente en ese lugar (me refiero de playa redondo), la misma que permitía el acceso a la parte alta, saliendo a un costado de Larcomar. El tránsito informal de la misma se ha hecho tan normal que nos preguntábamos por qué, más bien, no se arregla con las seguridades del caso y se habilita formalmente la misma. El argumento que más sonaba al respecto era que los empresarios “dueños” de Larcomar eran los principales opositores, llamativo siendo una vía tan necesaria. ¿Cuáles serían las razones reales? Es algo que sería bueno se explicara.

Como se verá, caminando se aprecian una serie de detalles que, de otra manera, quizás no es tan sencillo de aproximar o ver su necesidad. En realidad, hay una serie de otros aspectos que hemos obviado. Lo interesante es recuperar también el gusto por caminar y disfrutar de otra manera de nuestras vías. Esperemos que los automovilistas respeten mejor a los peatones y quienes hacemos de peatones seamos también más cuidadosos con el tránsito vehicular. Cuestiones de cultura cívica pero también de adecuadas instituciones que colaboren a ello.

Guillermo Valera M.
20 de febrero 2011 Sigue leyendo

Encuentro casual

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Si no fuera porque estaba con su hija de la mano, le respondo el golpe, ¡qué desgraciado! Todavía que estamos haciendo lo mejor que podemos las cosas y los dirigentes están muy contentos con la escuela de formación, viene éste tío a creerse los cuentos del “líder histórico”, de que estábamos excediendo nuestra presencia o nuestra opinión, en desmedro de los líderes en formación, cuando era exactamente lo contrario… y de lo que acusaba era la estricta descripción de lo que él mismo había hecho toda la semana. Quién lo creyera, quien lo dijera, hasta donde podemos aguantar éstas arbitrariedades…

Pasó la evaluación de lo trabajado en la escuela y Ramón hizo el ademán de disculparse, ya había caído en la cuenta que no sólo había cometido un error, se había descontrolado como pocas veces por dejarse calentar la oreja por alguien que ya pintaba muchas canas pero también ya era “historia” y no asemejaba en nada lo que alguna vez pudo ponerlo en el centro de la política o la lucha social. ¡Qué triste! Pero el mundo da vueltas y no faltaría una circunstancia distinta.

Qué diferencia con la del viejo fundador del gremio campesino más antiguo, humilde hasta en la hora de partir. ¿Te acuerdas de Hipólito Pévez? ¡Qué viejo con tan hondo sentido de persona, natural de Ica! Puedes imaginar que él mismo, sabedor de su “hora” nos invitó a un almuerzo muy significativo de despedida, literalmente de despedida de su vida terrena. Lo realizó un sábado común, en su casa (en San Miguel), en medio de familiares, algunos pocos amigos muy cercanos y algunos dirigentes y asesores que fuimos considerados, algo realmente muy especial. Se brindó y comió con sobriedad, hubo algo de música andina, hurras, cariño, palabras del viejo y el reflejo de una historia de vida puesta sobre la mesa, impregnada en el ambiente. Pedagogía pura de cómo se nos transmitía todo un ejemplo de vida que quizás en esos momentos no alcanzábamos a comprender.

Tomando un vaso de leche con café caliente, a eso de las 4.30 pm, Felipe le contaba a Isabel esa y otras anécdotas de la experiencia tenida con diversas organizaciones, unas más especiales que otras; más que recuerdos, verdaderas lecciones de sentido humano, por cierto de diverso carácter. Cha que yo los odiaría a todos con un maltrato así… y no hubiera vuelto a trabajar con ellos, los tendría bien lejos de mí… ¿cómo has podido seguir en todo esto? Creo que eres medio masoquista… Imagínate si lo fuera, no estaría conversando aquí contigo, al menos por eso habrá valido la pena, ja, ja, ja.

Pero no, para mí todo esto ha sido algo que me gusta, por lo que siento verdadera vocación y que trae también sus malos momentos, pero, como ves, también tiene sus lados gratificantes. Pensar que hace 18 años estuvimos más cerca que la distancia de la mesa que nos reencuentra, ¿te acuerdas? Fueron años de militancia, de sueños más románticos y voluntaristas, aunque creyéramos que teníamos los objetivos muy claros sin importar mucho todo lo que pudiéramos haber logrado. ¿Crees que perdimos nuestro tiempo? ¿Fue tiempo que se diluyó como la sal en el agua?

No digas eso, quizás o de hecho algunas cosas no sirvieron, pero ¿no fue importante acaso el enorme trabajo con organizaciones de base, todo el trabajo de formación, los proyectos de desarrollo que se impulsaron? ¿Crees que fue inútil toda la labor política que permitió que se fuera más allá de un “si papay” y que se lograra un mayor sentido ciudadano de muchos sectores que hasta entonces no sabían relacionarse bien con el Estado o los grupos de poder local? De hecho, por más que se le critique, el Chino Velazco y su reforma agraria fue algo que impactó mucho también en ese propósito, pese a que después se prejuició mucho sobre él y sólo se le ha querido valorar por el abandono en que devino la agricultura y todo su proyecto social después que se murió…

Isabel, tú ahora con cinco hijos… y pensar que cuando nos dimos ese beso casual te morías de miedo de lo que sería de tu vida… parecías tan chiquilla y ahora ya pareces mi mayor, ja, ja… quien lo diría, bueno es que hemos sabido también conservarnos jóvenes de espíritu y de mentón, ¿qué te parece? Ay Felipillo, te haces parecer como joven pero fíjate bien que yo no tengo canas todavía, jijiji. Así que estás buscando esa medicina para el estómago, para el menor de tus hijos, aunque pareciera que nos hubiéramos puesto de acuerdo para que justo en La Punta nos viniéramos a encontrar. De verdad, que si no me pasas la voz yo ni te veía, porque para remate ni tenía puestos mis anteojos.

En realidad no es por farmacia alguna que estoy por acá sino por el médico que trata a mi hijo; resulta que vive en ésta zona y, aprovechando la visita a mi madre que vive en Saenz Peña, me dí un salto por acá. ¿Sabes que ahora me dedico a un negocio particular? Ya no dependo de otras personas y así sola he aprendido a defenderme y salir adelante. Pues no me extraña, nunca olvidaré esa defensa férrea tuya de nuestro jefe común, cuando la crisis de gobierno, parecías entre inspirada, fiera y desbordante de una energía que nadie se atrevía a pasar el umbral de la oficina o gritar más de la cuenta.

¿Cuántos años más pasarán para otro encuentro casual? Se despidieron afectuosamente como se habían saludado y Felipe pensó que era bueno volver sobre el mar, caminar sobre las piedras y nadar un rato más, echado boca arriba en el agua, con un sol que por ratos se ocultaba y, entre los ruidos de los demás bañistas, sintió que había vuelto a Piura, su tierra querida, salvo que en ese mar no habían las olas que tanto le gustaban.

Gabriel
17 de febrero 2011 Sigue leyendo

Un viaje

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Felipe pensaba que llegaría temprano a la cita, pero ya se había pasado 10 minutos y seguía en el micro y faltaban por lo menos diez cuadras. El tránsito seguía “atorado” y sin visos de que fuera a mejorar. Mejor me bajo, pensó, ya tres personas lo habían hecho quejándose aunque por el pretexto no quisieron pagar su pasaje y se fueron discutiendo con el chofer y el cobrador… ¡qué te mantenga tu marido! No ves que no es mi culpa el tráfico…

No, yo pagaría y me apuraría caminando, total, tenía para mi pasaje y no tenía que fingir nada, sólo apurarme. Ya no los iba a alcanzar. La pareja con la que debía viajar y su enamorada estarían desesperados, mejor dicho, ya debían de haber partido en el Interprovincial que los llevaría a Arequipa, a la reunión regional del Partido. Miércoles, ya la fregué, se decía Felipe, cómo no se me ocurrió salir más temprano.

Corriendo llegó hasta la estación de CIVA y, claro, ya no habían sus amigos… Por favor, el ómnibus que sale a Arequipa de las 8 pm, tengo boleto para viajar… Lo siento, su carro ya salió, no podemos hacer nada. A partir de mañana salen otros carros, en el mismo horario o más temprano, porque el que salió fue ya el último para Arequipa, salvo que quiera ir para Cañete, Pisco, Ica o Nazca. El último sales a las 10 pm. No, no me sirve, tengo que llegar a Arequipa directo.

Miró alguna cara conocida, por si había alguna en la sala. Nadie, algunas personas muy alegres estaban bromeando con cierto nerviosismo de algunos accidentes de carro en la Panamericana. Otros esperaban con impaciencia la salida de su bus y había quienes leían una revista o su periódico, pero nadie dormía, pese a ser de noche y hacer algo de frío. Decidió ir a otras agencias a ver por algún pasaje, tenía que viajar si o si esa noche.

Caminó a otra estación que estaba a dos cuadras. No, no había. Fue a otra de más allá… tampoco, el carro ya había salido también. Se entusiasmó en otras dos que habían de modo contiguo y sólo iban hasta Nazca o Ica. No podía ser, no le alcanzaría el tiempo y perdería el contacto en Arequipa. Tomó un taxi y fue a Cruz del Sur, era seguro que allí salían carros hasta las 11 pm. Por más presuroso que llegó, encontró una larga cola que al menos le dio la esperanza de conseguir algo. No habían avanzado 4 ó 5 personas y se dio cuenta que un cartel asomaba en el lugar de atención “Pasajes AGOTADOS para Arequipa”.

Pucha, ¿qué hago? Se fumó un cigarro para el frío. Me voy aunque sea hasta Nazca y de allí llamaré, lo peor era que no tenía su libreta de teléfonos y su celular lo había dejado en casa por evitar que se le perdiera. Nada salía bien. Taxi, por favor a Oltursa, bien, vamos. Apúrese jefe que ando apurado, si pierdo este bus no me quedará opción que ir hasta el puente Atocongo y por ahí es bien bravo a esta hora.

Se sentó en el número 23, al costado de una señora que iba con su bebé en brazos, felizmente dormía y podía ser que le dejará hacer un viaje adecuado, al menos dormir en el trayecto. Pusieron una película de Terminator, la que ya había visto pero hizo el esfuerzo de verla un rato hasta que se quedó dormido, soñando en Rebeca, su enamorada, quien estaría triste de no poder viajar juntos. Era la primera vez que ella lo hacía y se había animado porque irían juntos.

Habían pasado Pisco, cuando el bebe de al lado empezó a llorar y a reclamar su teta o que le cambien de pañal. Qué sería. Lo cierto es que vinieron a sus pensamientos los debates en que habían estado en Lima y a recordar que las fechas de la actividad en Arequipa se habían estado redefiniendo porque no podían estar todos los delegados para la fecha prevista. Claro, si yo mismo planteé que mejor sería variar dos semanas la reunión para garantizar que estuviéramos todos.

Mierda, mi agenda, mis apuntes, mi pequeño maletín donde los tenía. Lo bajó del lugar donde lo había colocado y sacó rápidamente lo que necesitaba, de paso una chompa que le cubriera un poco el frío que empezaba a sentirse un poco más. Parece que tiene hambre su hijo, sería mejor que le diera algo de comer, se dirigió a la señora de al lado. Perdón, si quiere le sostengo a la criatura para que pueda sacar lo que necesite. Ya estaban cerca de Ica y serían las 3 de la mañana.

Gracias joven, deme a mi hijo, le daré su biberón de leche. Felipe aprovechó para terminar de revisar sus apuntes y, quién lo diría, la reunión sería recién en dos semanas y él ya estaba de viaje a Arequipa (mejor dicho a Nazca). “Los pasajeros que bajan en Ica pueden alistar sus pertenencias, llegamos en 10 minutos”. ¿Qué hacía él viajando… la canción? ¿Seguía sentado o se bajaba nomás en Ica? Ni modo, veré cómo me las arreglo por estas tierras, iré a ver a mi compadre Soto, aunque sea para tomar desayuno temprano y regresarme después.

Felizmente lo dejaron terminar de pasar la noche en la estación a puerta cerrada, junto con otros pasajeros que estaban de tránsito o no tendrían a donde ir… Horas después, él se pasó otras tantas buscando la dirección de su amigo, la cual nunca encontró. Sólo atinó a llamar a su casa en Lima y hablar con su hermano, para que supiera que llegaría como a la hora de almorzar, estaba en casa de otro pata donde había pasado la noche y de allí se había puesto a estudiar para los exámenes finales que tenía la semana siguiente. En realidad, fue lo que hizo de vuelta en el bus, las horas que duró el largo camino que vivió, con las innumerables paradas que tuvo que gozar en el ómnibus que logró conseguir a la salida de Ica.

Gabriel
10 de febrero de 2011 Sigue leyendo

Aprender a vivir la vida es hacer política

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Cómo queremos al otro, cómo nos relacionamos con las personas conocidas y desconocidas, qué nivel de respeto ponemos en juego al hacer compras en una bodega o en un mercado; de qué manera dialogamos con el cobrador del bus o con el policía de tránsito (si lo hay).

Cuánto dialogamos con nuestros hijos y conyugue, cómo nos vinculamos a ellos y a nuestros familiares. Qué decir con los compañeros de trabajo o las personas que están bajo nuestra responsabilidad, ya sea obreros, empleadas del hogar, secretarias u otros funcionarios del caso.

En todas esas relaciones se pone en juego el quehacer político de la sociedad y en todas ellas influye la manera de actuar políticamente, ya sea que se procese desde instancias partidarias, la opinión pública o el quehacer propiamente dicho del Estado. La manera cómo nos relacionamos es clave para el sentido de lo político y en la manera de hacer política.

Finalmente, estamos hablando de cómo convivimos en la polis, en el conglomerado de población que hacemos parte de una urbe o de una dispersa zona rural, la misma que suele estar conectada por servicios diversos o infraestructura promovida normalmente por el Estado (ya sea desde el municipio o alguna instancia del gobierno central).

Sin embargo, la manera tan devaluada de entenderse la política (casi sinónimo de pantano, basural o simplemente estiércol), nos obliga a recrear la manera cómo la entendemos, de cómo nos aproximamos a la política y sobre qué nos dice como sentidos (en plural) necesarios en la construcción de una democracia, ya sea ésta abordada desde una mirada con énfasis pre-moderno, moderno o post-moderno.

Quizás podamos hurgar o hallar diferencia entre una y otra, en cuanto a quiénes incluye o quiénes son los ciudadanos (una élite, un sector social, los mayores de 18 años o lo son todos en una sociedad); en cuanto a si sólo se refiere a cuestiones de racionalidad propositiva, en tanto iguales ante la ley, programa político, ideología, etc.; o si también involucra las relaciones interpersonales a todo nivel, donde todos somos parte del poder, las decisiones y de la capacidad de realizarnos como personas (tomando en cuenta la realización de todas las personas y no sólo la de unos cuantos).

Pareciera que estamos caminando hacia dimensiones y horizontes distintos a los que hemos estado acostumbrados. Como se entenderá, no se trata sólo de un tema de actitudes y valores, los cuales son también fundamentales y debemos hacerlo muy explícitos, más aún, como sentido ético de lo político.

Sin embargo, se trata además de cómo aprendemos a situarnos en una vida más interconectada, más globalizada y también más homogenizada, en la cual vamos sumergiéndonos en forma creciente, en el marco de un desarrollo capitalista que se ha ido extendiendo a modo de mercado en el conjunto de nuestras relaciones económicas, sociales y culturales.

Redescubrir que lo, ciudadano puede ser algo personalizado y no solo anónimo, por más impersonal y masificada que se vuelva la política, como también se vuelve (y lo vuelve) el mercado y el tipo de cultura al que se da lugar (por ejemplo, la diversión o el entretenimiento que discurre por la “mass media” suele ser muy impersonal).

Sin embargo, y pese a ello (o felizmente por ello), la manera de relacionarnos unos con otros no deja de ser un elemento clave para comunicarse y llegar de mejor (o peor) manera a los demás, al llamado “el otro”; más aún, al diferente. Ese tipo de factores es toda una cuestión que debemos o se tendrá que recrear desde la educación más inicial, empezando por el hogar, seguido por el “nido” (o el wawa Wasi); en el colegio y el vecindario; en la universidad, el centro laboral y la manera de relacionarnos con el Estado en sus diversas instancias y aproximaciones.

Necesitamos considerarnos personas aún (sería mejor decir “y sobre todo”) en las situaciones de contradicción grave o de mayor conflicto; en las diversas situaciones que se pueda plantear o establecer. Obrar el bien en situaciones normales es cosa relativamente fácil (aunque no es obvia, ni es redundante decirlo). Es casi como se dice “amar a nuestros amigos o a nuestros familiares o a personas preciadas”. El asunto importante esta en cómo hacemos posible o viable lo diferente, lo adverso, el remar contra la corriente, las situaciones que suponen tensión o rechazo.

Esta en juego mejorar la vida de todos, ya sea bajo la forma de actos de justicia, la defensa de una causa verdadera o similares, el destierro de la muerte de niños por la causa que sea. Esa u otra motivación, es algo por lo que tenemos que saber confrontar. Pues será la mejor forma de convivir, será la mejor forma de hacer pedagogía de la no violencia, será la mejor forma de establecer pautas duraderas. Esta en juego mejorar la vida de todos y aprender a mejorar siempre la vida en el lugar en que vivimos. Sintiéndolo y viviéndolo como una pauta a la que nos podemos sentir llamados. Llamados y saber responder a ese llamado es hacer política y es aprender a vivir la vida.

Guillermo Valera Moreno
7 de febrero de 2011 Sigue leyendo

La política como pedagogía

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Al hablar de renovación política podemos hacernos preguntas diversas: ¿algo que involucra grupos humanos tiene que ver sólo con la persona o tiene que ver principalmente con las estructuras sociales dentro de las cuales viven y se mueven dichas personas? ¿Se trata sólo de crear una mejor (y mayor) conciencia social, un “cambio de corazones” en cada individuo, o hay que transformar las estructuras de injusticia, reformar el Estado, cambiar la Constitución, entre otros aspectos, para lograr encaminar buenas o mejores prácticas de la política, con sentido inclusivo, responsable y para todos?

Podríamos así seguir señalando otros aspectos muy válidos y que generan contraste interesante. El asunto sería ver cuánto nos ayuda a encaminar propósitos de renovación creativa sobre cuestiones como la política que de por sí nos dicen poco, lo vemos muchas veces como pantano de corrupción o como olla de grillos de intereses diversos que pugnan por sacar el mejor provecho.

No por gusto se han hecho célebres frases como “Con Dios y con la plata” al juramentar muchas autoridades, traicionándoles el subconsciente por el nerviosismo del momento o porque ha sido una manera de evidenciar lo que es lamentablemente parte del sentido común, casi emulando que se puede dar a Dios lo que es del César o al César lo que es de Dios. “La plata llega sola” ha sido otra joya de nuestra expresión mundial, que de no estar rodeada de la melindrosa corrupción con la que ha gobernado su autor y convive nuestro Estado de manera escandalosa desde sus orígenes republicanos (y de más atrás), hubiera habido más de un aventurero que le hubiera salido en defensa y hallado sus “aspectos positivos”; claro, si se hace una buena labor, la plata debiera poder llegar sola, con la pequeña gran diferencia que no va para los bolsillos particulares de quien tiene a cargo la gestión o la autoridad, ya sea ésta chica o grande.

¿Estamos condenados a aceptar cualquiera autoridad? Más vale “viejo conocido” y así haya robado o cometido actos delictivos, es llamativo que una persona puede terminar dando confianza o convenciendo a un electorado, frente a oportunistas, jóvenes sin experiencia o aparentes desconocidos. Ese, como otros, es el caso de la sorprendente elección en el distrito de Magdalena del Mar, en Lima, con la además reelección del Sr. Francis Allison, con más del 50% de los votos. Dado ese resultado, no me hubiera sorprendido que Alex Kouri hubiese sido elegido en Lima de no proceder la tacha que lo dejó fuera de juego, por incumplimiento de uno de los requisitos elementales (tener residencia continua en el lugar que se postula, en los dos últimos años)

De otro lado, podría ser el caso de la candidatura de Keyko Fujimori para la presidencia. Ha estado entre la primera y la tercera opción de voto en los últimos meses. Es cierto que ella no es directamente responsable de los delitos que se le imputa a su padre (el ex presidente Alberto Fujimori) ni se le puede hacer pasible de la mafia fujimontesinista. Pero se presenta sobretodo en tanto es hija de su padre (por ello tiene la posibilidad de lanzarse) y esta rodeada de una parte importante de la corte que estuvo gobernando con su padre. Una de sus preclaras acompañantes es la señora Marta Chávez que sigue pregonando la inocencia de Fujimori padre, como si el sistema judicial, los juicios realizados y la evidencia material e histórica se hubiera trucado para hacerlo responsable de lo que no hizo, pero hizo, de lo que no se enteró pero dio las ordenes para que se ejecutaran, de lo que no propició pero derruyó la institucionalidad para que campeara la impunidad, donde se disque combatió el narcotráfico pero hasta en el avión presidencial se descubrió tráfico de droga.

A lo que voy es que renovar la política es explícitamente remar contra la corriente, salirse del sentido común, plantearse tareas que no gustan al común de los ciudadanos, saber que muchas cosas que las vemos como negativas tienen una aceptación social muy extendida y que es parte de nuestra propia cultura política. Por tanto, estamos frente a propósitos de largo aliento y que no se resuelven en una campaña cívica; tampoco en firmas de acuerdos anticorrupción o de pactos éticos. Todo ello es muy necesario pero requiere posibilidades pedagógicas de mayor trascendencia.

Empezando por la escuela y los diversos niveles de educación. Desde muy pequeña una persona, un niño, un churre, una guagua, etc., debe comprender la importancia de los valores y debe poder vivirlos en la cotidianidad de su hogar, del ámbito escolar en el que se empieza a mover, en el vecindario que le rodea más inmediatamente. Pero también desde los medios de comunicación que forman parte de su vida y que influyen muchas veces tan igual o más que el propio entorno más cercano.

Trabajar en una cultura política distinta y sobre cómo hacerlo debiera podría ser parte interesante sobre cómo abordar un proceso electoral que muchas veces sólo se desliza por la banalidad, el insulto y la mediocridad. Cómo pensar una gestión participativa con la población y una mejor construcción de ciudadanía debe animarnos a apostar juntos por un país que lo podemos construir todos los peruanos y no dejarlo sólo en manos de las eventuales autoridades que puedan salir elegidas. Sigamos en ésta reflexión y hagamos pedagogía política desde donde cada uno pueda aportar.

Guillermo Valera Moreno
4 de febrero de 2011 Sigue leyendo