Respeto a nuestra Amazonía

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La preparación del Sínodo Pan-amazónico viene desarrollándose de diversa forma en distintos puntos de nuestra selva, tanto en nuestro país como en las áreas involucradas de otros países vecinos. También hay iniciativas en otras zonas del país, aunque podemos pensar que son pocas. Algunas instituciones como el Instituto Bartolomé de las Casas (IBC) vienen apoyando y dando impulso a algunas de ellas.

Es fundamental que todos asumamos interés y aquilatemos la importancia que tiene el tema. No sólo por ser la amazonía parte de nuestro territorio, como lo es de varios países como Brasil, Colombia, Venezuela, Ecuador, entre otros. Un aspecto importante (y principal podríamos decir) es el tema común a todos en cuanto a cómo tomamos mejor en cuenta el cuidado de la naturaleza y de la creación. Especialmente, cómo hacemos para cambiar los hábitos y estilos de vida de cada uno que no son amigables con la ecología y el medio ambiente. Esa es una materia que cada uno tiene que seguir revisando y sobre lo cual hay que volver de modo continuo.

Nuestro país se caracteriza por contar con una diversidad cultural bastante amplia, la cual se puede reconocer tanto en costa, sierra y nuestra selva amazónica. Diversidad que encierra una extraordinaria riqueza de diversas características históricas y con la cual no terminamos de dialogar adecuadamente y, menos, valorar como corresponde. Los prejuicios racistas, el dinero y los diversos niveles de poder aún mantienen distancias entre los peruanos. Felizmente, a las poblaciones originarias de la selva no les afecta (e incluso lo reivindican) que les llamen “poblaciones indígenas” o “indios”. Y de ellos también debiéramos aprender éste tipo de aspectos.

Todos tenemos que ser muy respetuoso de las realidades de los otros. Más aún cuando tenemos una mezcla muy variopinta de nuestra realidad poblacional, saberes, costumbres, comidas y tantos otros aspectos. Los cuales no se pueden diluir o uniformizar en un llamado “mestizaje”, casi para salir del problema o no tener que referirse a ello con mayor profundidad.

Tratándose de la amazonía, con mayor razón, tenemos que ser respetuosos de esos otros que son las poblaciones indígenas en la selva y (también) el conjunto de sus habitantes mestizos que la pueblan. Poblaciones que conocemos poco o nada y, por supuesto, tenemos poco integrado en nuestro imaginario, en nuestra imagen de “población peruana”, en saber algo de cómo viven y algunas de sus costumbres ancestrales.

Algunas actitudes y propósitos son importantes de considerar en todo ello, haciendo eco a lo que el propio Papa Francisco nos viene señalando en los últimos años, especialmente desde que se dio a luz a su encíclica “Laudato Si”. Resalto tres puntos:

(a) Sácate las sandalias, estas en tierra sagrada. Tenemos la obligación de que la amazonía no sea considerada como una simple mercancía sobre la cual se puede hacer negocios y explotarla de todas las formas posibles. Tenemos que hacer el esfuerzo de tratar dicho territorio como “tierra sagrada”, revalorando su sentido original como parte de la creación, en especial a sus habitantes. Creación que hemos recibido gratuitamente y que debemos saber proteger, cultivar y beneficiarnos todos.
(b) Saber escuchar. Tenemos que convencernos de ello y volver una y otra vez. Porque en muchas cosas creemos que tenemos las “soluciones” o que las podemos proporcionar y no empezamos por escuchar a quienes viven milenariamente en los territorios amazónicos. Necesitamos saber escuchar sus demandas; ayudando a generar su propia voz e interlocución.
(c) Desarrollar una iglesia con rostro indígena. Como una tarea de más largo aliento y que tiene que significar una adecuada inculturación y un saberse “abajar”, como lo recordaba de modo constante Santa Teresita del niño Jesús y con el ímpetu de San Francisco Javier.

Tenemos muchos desafíos por delante. Empecemos cada uno por seguir revisando lo que son sus propios estilos de vida.

Guillermo Valera Moreno
Magdalena del Mar, 17 de febrero de 2019

Amazonía: dialogar y entenderse

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Realmente resulta muy significativo encontrarse en una misma reunión con gente muy diversa y trabajando en zonas muy alejadas y, sin embargo, con la alegría de compartir cuestiones básicas como la fe de manera común, con mucha profundidad e invitación a un mutuo conocerse y crecer.

Reflexionar teológicamente sobre realidades que normalmente o aparentemente nos dicen poco y las vemos alejadas y “libres” de nuestro compromiso, puede ser todo un desafío. Realidades que probablemente nunca hemos escuchado nombrar o ligeramente en las noticias de alguna emisora de televisión o en algún periódico entreverado con propaganda u otros titulares.

Por ejemplo, yo creía que Caballococha era el punto más alejado y fronterizo de Perú en el río Amazonas. Resulta que “más arriba”, río arriba, existe la “triple frontera” (Brasil, Colombia y Perú), donde el lado peruano lo constituye el centro poblado de Santa Rosa. Surcando algo más uno se haya con pueblos de nombres llamativos como Islandia; pensar que la única Islandia que había escuchado es en la zona del Ártico, una isla en el extremo noroeste europeo… En fin.

Conocer de cerca percepciones de una espiritualidad muy centrada en la naturaleza. Desde lo que puede ser la cosmovisión de los Candoshi o las miradas de los Achuar (hacia la frontera con Eucador). O ciertas aproximaciones de los Naguas, existentes más en la selva centro sur de nuestro país, por los adentros de donde se explota el gas de Kamisea. O las realidades de Madre de Dios, a la cual nos volvimos a aproximar de modo preocupante con la visita del Papa, hace poco más de 1 año.

Es interesante la complejidad de nuestra amazonía, lo extenso de su territorio, lo poco que lo conocemos y, por tanto, lo poco que la amamos. Porque es difícil amar o enamorase de alguien, de algo o de un territorio sin conocerlo, sin haberlo palpado de alguna manera, sin aproximarse de diversas formas a ello. Y ese es un punto por el que muchos tienen y tenemos que empezar.

Es necesario entender más de cerca su geografía, sus habitantes, su problemática. Como reflexionaba más de uno/a, conociéndola de ser posible “in situ” y pasando alguna(s) temporada(s) larga(s). Que mejor, trabajando en ella y comprometido en sus honduras y surcar de sus ríos. Con sus poblaciones indígenas, especialmente.

Necesitamos conocerla para entenderla mejor e incorporarla e integrarla como parte consustancial de nosotros mismos. En su propia diversidad. En su propia riqueza y diversidad. Sin afanes de negocio o lucro que es la manera más errada de aproximarse. Porque siendo un regalo que hemos recibido debiéramos acogerlo mirando siempre el bien común. No puede ser que nos suceda (erróneamente) como con los océanos, los cuales los depredamos cual despensa inagotable y la llenamos de basura incontrolable.

Tenemos que cuidar los bienes que hemos recibido como creación. Tratarlos como tierra y espacio sagrado. Y obrar en consecuencia.

Guillermo Valera Moreno
Magdalena del Mar, 12 de febrero de 2019

Amazonía: tan cerca, tan lejos

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Fruto de reflexiones conjuntas de un curso con el IBC, menciono a continuación algunas pistas que me han resultado sugerentes y que recogí como aproximación más personal:

° Es necesario entender más de cerca su problemática, conociéndola de ser posible “in situ”, desde sus propios interlocutores. En especial, desde las propias poblaciones indígenas que la habitan.

° Generar mecanismos de comunicación que permita un flujo de información adecuada de lo que acontece en ella. Estableciendo estrategias de comunicación para las zonas o regiones distantes de ésta, especialmente para Lima.

° Es clave el impulso de una sociedad civil amazónica más activa y consciente de sus derechos, tomando atención especial sobre las comunidades indígenas locales. Promoviendo propuestas que faciliten el ejercicio de sus derechos y desarrollo integral.

° Reforzar la labor de desarrollo y servicios de calidad desde los municipios y Gobiernos regionales, formando liderazgos éticos y comprometidos con sus zonas respectivas.

° Es fundamental plantear políticas nacionales a favor de la amazonía que garanticen la vida, el territorio y su equilibrio ecológico, haciendo efectivas las medidas recogidas en el Convenio 169 de la OIT, como la consulta previa y otros.

° Se requiere profundizar en una relación intercultural y en la comprensión de las diversas realidades y riqueza que encierra cada cultura local y su relación espiritual con el medio ambiente local, la naturaleza, sus visiones y sueños, sus mitos y leyendas.

° Ser muy respetuoso de las realidades de los otros, de esos otros que son las poblaciones indígenas en la selva y el conjunto de sus habitantes mestizos. Sabiendo escuchar sus demandas; tratando su territorio como “tierra sagrada”, ayudando a generar su propia voz e interlocución.

° Es importante ayudar al desarrollo de sus propias organizaciones, su mejor formación y superación de lógicas de rivalidad y desencuentro que se puedan plantear entre ellas. Apuntando a sentidos de justicia, paz e integración.

° Recoger la trayectoria y experiencia ya desarrollada por diversas congregaciones religiosas, entidades de sociedad civil y el Estado (cuando su relación ha sido positiva). Tanto en la defensa de derechos de las poblaciones indígenas como en la construcción de relaciones interculturales horizontales y fecundas.

° Desarrollar un compromiso más explícito desde las organizaciones de laicos y diversas asociaciones y organizaciones a favor de las poblaciones indígenas y las necesidades amplias del conjunto de su población.

Guillermo Valera Moreno
Lima, 8 de febrero 2019

¿Mundo al revés?

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Parece el mundo al revés. Pero estamos en el Perú, en el siglo XXI, un día cualquiera del 2018, cualquier día del año, porque hemos tenido acontecimientos muy diversos e intensos como si hubieran transcurrido varios años y no uno sólo. En realidad, la intensidad empezó antes de finalizar el año anterior, para recibir la Navidad, con la írrita salida de la cárcel de Alberto Fujimori por una “amnistía” que meses después sería revocada.

Pareciera que la visita del Papa Francisco a nuestro país, en enero, realmente nos dejó algunos cuestionamientos que los fuimos reconociendo en los sucesos posteriores que nos tocó vivir. Tanto por las situaciones de exclusión que aún vivimos en diversas zonas del país, particularmente las afectadas por problemas medioambientales, donde las poblaciones indígenas de la selva son las que más evidencian sus efectos. Tanto por la corrupción que se ha ido destapando, “in crecendo”, lo cual produjo la salida de su cargo del presidente P. P. Kuczinsky (en marzo). Así como el serio cuestionamiento habido respecto al funcionamiento del Poder Judicial (y colaterales), así como del propio Congreso de la República.

Un conjunto de hechos revelados por unos audios grabados de conversaciones entre jueces y fiscales del Callao, fueron ayudando a atar cabos sobre componendas y actos corruptos desarrollados en casos muy diversos de aplicación de justicia por los encargados de hacerlo. En las que ponían precio al mejor postor, normalmente al inculpado de algún delito. Así fuera los cargos de violación de una niña, un homicidio y tantas posibilidades se pudieran plantear. En ello estaban también implicados intereses políticos y personales de poder, como podría ser el canje de un puesto en lo más alto de la esfera del Poder Judicial y el cierre de los casos de corrupción en las que estuviera sindicada la llamada “primera fuerza” de la “señora K”. Todavía queda por “terminar de probar” de quiénes se trata, aunque a todas luces sabemos de quiénes hablamos.

De allí que la victimización de la líder de Fuerza Popular, la señora Keyko Fujimori, el apoyo reiterado de su padre y la manifestación pública de algunos cuantos seguidores en las calles, no ha diluido la orfandad en que ha devenido el partido Fuerza Popular. A todas luces, sancionado en las últimas elecciones municipales y regionales con un contundente rechazo. Es cierto que no han sido los únicos, también el Apra, quien tiene como encargo en la coyuntura política el crear o propiciar cortinas de humo diversas para distraer a la opinión pública, Buscando distraer el foco de la política que es la lucha contra los corruptos y la corrupción.

Los ciudadanos debemos estar alertas, informarnos e informar adecuadamente de las cosas. Ayudar a esclarecer las cosas y llamar a las cosas por su nombre. Con las leyes que correspondan se debe propiciar que se sancione a quienes sean responsables de la corrupción que hemos seguido viviendo con gran cinismo y queriéndonos hacer creer que todo era normal. Felizmente cada vez se entiende mejor que en la aplicación de la justicia, no puede haber intocables. Todo lo contrario, se tiene que actuar de modo ejemplar y ejemplificador, como corresponde legalmente.

Estamos en una situación delicada en el país y debemos hacernos parte activa defendiendo la verdad y a quienes nos están dando ejemplo de luchar por ella. Con el debido compromiso y desde donde cada uno está.

Guillermo Valera Moreno
Magdalena del Mar, 28 de octubre de 2018

Fue nuestro espiritual…

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Eran los tiempos de la Parranda Panameña, “Parece que va llover, parece que va llover, el cielo se está nublando, parece que va llover, ay mamá me estoy mojando…” Lo bailábamos en cuanta fiesta o cumpleaños celebrábamos, sin la infaltable guinda de Huaura, bebida mítica dulzona que nunca supimos cómo era que se producía por allí (en el norte chico de Lima) y no había ninguna planta de la susodicha frutita. Disque la importaban desde Chile, vaya uno a saber.

Lo cierto que esa era parte de la rutina de nuestro querido Grupo La Cabaña, allá por el año de 1975, en el cual coincidimos con un buen grupo de estudiantes de 5to de Secundaria de diversos colegios de Piura, convocados por el P. Santiago (sacerdote jesuita) y la Hna. Margarita (religiosa del colegio Nuestra Señora de Lourdes). Buenos amigos nos hicimos de Nacho, Yolo, Federico, Miguel, Elisa, Anita, Sonia, Pilar y tantas personas que pasamos por allí, en ese despertar de la fe, de la conciencia social, del deseo de ampliarse a nuevas relaciones, de crecer…

Fue una iniciativa muy significativa y que nos marcó mucho. Motivando en nosotros el deseo de reflexionar con personas distintas a nuestro entorno acostumbrado. El buscar convivir más allá de las normales rivalidades que solían haber entre colegios, ya fuera por el deporte (basket y futbol sobre todo), las diferencias de “nombre”, estatus u otras necedades que nos suelen influenciar. Llegamos a confluir experiencias de colegios como el San Ignacio, Lourdes, Fátima, Santa María, Don Bosco e incluso del San Miguel en algún caso.

Era curioso y no dejaba de llamarme la atención que siendo el P. Santiago García de la Rasilla SJ (conocido por algunos como el “oso”), una persona relativamente seria (o muy seria en el colegio diría yo), podía tener el propósito y monitorear un grupo de jóvenes que más bien solíamos ser bastante bullicioso, inquieto y con las hormonas algo alborotadas. Quizás ayudó, para los que estudiamos en el Colegio San Ignacio, el hecho que Santiago fuera espiritual de varios de nosotros y nos daba una serie de orientaciones significativas. Por ejemplo, lo relativo a la dimensión vocacional.

Recuerdo aquella vez que nos aplicó un test vocacional y a mí me salió que tenía opción para un abanico de carreras profesionales. Por los puntajes que había obtenido podía estudiar desde carreras de ingeniería, pasando por economía, letras y hasta medicina. Recuerdo que le pregunté a Santiago qué me sugería y viendo las tendencias de mi puntaje me dijo que por mi interés por los temas de la sociedad y de las personas, quizá podía estudiar psicología o Sociología. Entonces me dije, estudiaré ambas carreras.

Otro gran detalle en nuestra formación con Santiago fue que lo tuvimos como profesor de filosofía en 4to de secundaria. El libro de cajón, de cabecera y de todo fue siempre “El criterio”, de Balmes. Creo que allí aprendí y empezé a entender lo que después conocería como el discernimiento ignaciano, especialmente en los Ejercicios Espirituales. Recuerdo que sus clases eran muy interesantes pero no dejaban de parecernos densas y, en algunos casos algo aburridas. La filosofía era algo dura de procesar. Sin embargo, en mí dejó ese interés por pensar, por aprender a pensar y saber hacerlo por mí mismo. A saber también pensar con sentido crítico y estar abiertos a la pluralidad y diversidad.

Puedo decir que Santiago fue una persona muy significativa en mi proceso de formación de mis últimos años de secundaria y con quien pudimos establecer una cercanía y amistad, la misma que se interrumpió muchos años porque, después, se fue a un año “sabático” y fue cambiado al otro lado de la frontera, a Tacna. Lo volvería a ver en Lima y, posteriormente, en el Vicariato de Jaén. Un gran abrazo a la distancia querido Santiago.

Guillermo Valera Moreno
Magdalena del Mar, 14 de agosto de 2018

Le llamaban Charly

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Cierto día, llegamos al Colegio Valentín Salegui y nos recibió entre otros un sonriente Carlos Ridavets SJ, Charles para algunos que lo tuteaban como Charly también. Era el año de 1982. Siempre agradable y bastante discreto, lo conocí desde Piura, donde terminé mis estudios escolares en el colegio San Ignacio (1975), lugar en el que empezé a conocer las misiones del Vicariato de Jaén o San Francisco Javier del Marañón, lugar donde ya estaban los Jesuitas desde los años 40s.

Más pacífico no podía ser Charly, al menos es la imagen que recogí de él. Buscando trabajar en lo suyo, la educación con muchachos donde le tocara estar. Él hayó su vocación en ese internado, en ese trabajo pedagógico con los muchachos awajun y wampis que cursaban sus estudios escolares y a los cuales había que entender a partir de su propia cultura e idioma, cuestión que se complicaba más por la ausencia de escritura en éstas culturas.

Años atrás, una de las anécdotas que le escuché mencionar fue aquella de que en los recreos los alumnos salían muchas veces a cazar pajaritos y allí mismo se los comían, denotando esa relación tan grande de la población local con la naturaleza, la misma que se bebe y se respira desde que se nace. Entre otras cosas, para divertirse y alimentarse, desarrollar sus habilidades de cacería, crecer en el propósito de dominio de la naturaleza, hacerse del medio. Todo ello se vinculaba también al marcado espíritu guerrero que mantienen las poblaciones locales.

Charly se embebió y fue haciendo “escuela” con todas las promociones que pasaron desde la mayor parte del recorrido de los 50 años del Colegio Valentín Salegui, lugar en el que compartió varias de esas décadas, una parte del lapso incluso como director, cuando el colegio era ya parte de la red de Fe y Alegría (Colegio Fe y Alegría 55). Ese fue su testimonio. Compartir su presencia, sus conocimientos, sus experiencias y sus deseos profundos de aprender del medio local, hacerse parte del mismo.

Aunque suene medio poético decir que a Charly le tocó morir como mártir, lo es menos constatar que apareciera maniatado y con algunos signos de violencia. Después de un largo caminaren la zona del Chiriaco, camino que podría haber seguido recorriendo 2 ó 3 lustros más, uno encuentra muy inexplicable su situación. Quizás sea una manera de comunicarnos y recordarnos lo necesaria que es para todos una cultura de paz a todo nivel. Ciertamente una paz basada en la justicia y en la verdad. Puede ser una manera de darle algún sentido positivo a situaciones plagadas de sinrazón.

Muchas veces amar de modo incondicional, aunque parezca contradictorio, nos expone de modos velados o abiertos al mal de nuestro mundo. Al mal, la maldad, el odio y tantos adjetivos que podríamos mencionar. Amar, obrar el bien, abogar por la verdad…, especialmente por los más indefensos, débiles y pobres, nos expone. Hay veces que también el bien de las personas se impone sin sacrificar su vida. En otros casos se suceden situaciones lamentables. Como la misma que le toco vivir a nuestro querido Jesús hace 20 siglos atrás. Y se muere para seguir viviendo. Charly ha empezado una nueva vida.

Guillermo Valera M.
Magdalena del Mar, 13 de agosto de 2018

Cosas agradables

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Es agradable la paz del hogar, la tertulia con los hijos o mi esposa, el almuerzo hogareño que nos inunda la tarde de cualquier domingo o día en que coincidimos para ver también un partido de fútbol juntos y gritar con fuerza los goles de nuestro equipo y apreciar (también) el buen fútbol o las buenas jugadas (aunque sea) del rival de turno. Habiendo recogido un chanchito al palo hecho por la vecina de una amiga a la que tuve que ir a ver hasta su casa para recogerlo y gustar de una buena preparación.

Si, tuvimos un almuerzo variado, con su “bajativo” para consolidar una buena digestión y dar más gracias aún por tener la gracia de la salud, de poder correr 3 ó 4 veces a la semana cierta distancia que me resulta siempre muy gratificante, aunque a veces me hace estornudar un par de veces por el viento que no deja de circundarnos y el sol otoñal que aún se anima a acompañarnos como recordándonos el verano que empieza a irse pero no termina de decidirse. Más aún en Piura, donde desorientadamente ha estado lloviendo algunos días (¡a finales de abril!), según me ha contado mi madre y algunas noticias de los diarios.

A veces es como dibujar unas cuantas figuras geométricas desde las cuales de pronto, vinculadas con trazos adicionales permite emerger un paisaje breve o el modelo de una casa tradicional de campo. Un barco o una arboleda. Con un poco más de esfuerzo, algunas personas conversando o el paisaje de una playa en su atardecer o algunos pajarillos departiendo esa posibilidad infinita de comer y reproducirse, cantar y volar. Todo tan gratuitamente que nos devuelve a nuestra propia condición de seres creados y gratuitamente situados donde estamos… muchas veces sin haber caído en la cuenta de ello.

En medio de ello, nos tocan los momentos que también nos sobresaltan, para entrar y salir de casa, comiendo algo ligero (o no tanto, pero rápido), para llegar a tiempo donde nos esperan para una reunión tal o la actividad cual. Siempre todas importantes para lo que corresponde hacer. Como aquella de darnos un espacio tipo jornada para detenernos un momento en la vida de todas las integrantes de la comunidad que acompaño en El Agustino (“las seguidoras de Cristo”), con quienes tuvimos ese compartir siempre tan hondo y de tanta significación: su revisión de vida.

Con heridas diversas en los trazos de vida de cada una de sus integrantes, ejemplos cada una más significativa que la otra, pero todas tan importantes en su experiencia, en ese caminar tan singular que nos hace también humanos y diferentes. Con algunos elementos de desgracia que se comparte siempre dentro de un sentido de esperanza como la que el Papa Francisco constató que existe de modo muy explícito en nuestro Perú, en esa visita que nos hizo en enero pasado.

Cada caminar lleno de oración, de aspectos que les marcaron en su incorporación a colaborar en la misión más activa con la Iglesia (desde su capilla, comunidad, familia…); de cómo decidieron continuar entre iniciativas varias; de cómo se han seguido sintiendo invitadas por Jesús a seguir en ésta ruta y opción, pese a contratiempos, sinsabores, aparentes rechazos o indiferencias; pasando por situaciones de frustración, expectativas venidas a menos y tanto de lo que nos da la vida en clave de “cosas negativas”(y aparente ausencia de Dios).

Si, toda una tarde – noche conversando / escuchando relatos de vidas, de personas entrañables, de amigas que uno no sabe cómo agradecerles su confianza y cariño oculto. Esa cercanía que se va acercando sólo con el tiempo y de modo poco explícito, pero reconocido y de mucha aceptación. No por eso, manifiesta con sus propias expresiones y sentimientos. Y así se pasó esa fecha que escogimos para el propósito y que nos supuso seguramente otros sacrificios (como dejar de ir al teatro u otra reunión prevista). Pero era muy importante y valió la pena.

Guillermo Valera Moreno
Magdalena del Mar, 29 de abril de 2018

Podemos vivir mejor

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Muchas veces nos preguntamos: ¿de qué vale identificar un problema si no sabemos poner los medios necesarios para encararlos, para luchar contra él, para intentar hacer algo desde mi propia circunstancia? Creo que todos sabemos, de modo general, que no debemos robar o apropiarnos de lo que no nos pertenece. Nos cuesta un poco más aprender a no aprovecharnos de nuestra condición de poder (el pequeño o gran poder que podemos tener), desde lo que nos toca hacer en la vida, empezando en la familia, en el trabajo, en nuestra relación con amistades, vecinos y gente en general, o incluso en nuestra propia comunidad creyente (ya fuera de religiosos o laicos).

Sin embargo, ¿no debiéramos abordar estos temas desde algo distinto? Por ejemplo, podría ser sugerente hacerlo desde cómo cada uno lleva una vida austera y equilibrada. Es decir, no gasto por gastar el poco o mucho dinero que poseo, entendiendo que me lo gano honradamente y no aprovechándome de las ventajas que me da estar en un puesto público, en una empresa u otra entidad. ¿Cómo aprendo a gastar de acuerdo a mis justas necesidades (y confort), sin dejarnos arrastrar por un consumismo irracional y del descarte?; porque, como nos lo recuerda el Papa Francisco, terminamos descartando hasta las propias personas que nos rodean o las que se encuentran más lejanas de mi inmediata realidad. Claro, cada uno tendría que discernir cuál es su justo equilibrio de austeridad, sin generarse autoengaños.

Quizás podríamos generar un “diezmo” de solidaridad con quienes tienen más necesidades. Ya no para aportarlo a una Iglesia o religión determinada, sino para encaminarlo hacia las necesidades vitales más urgentes de tanta población. O para sumarlo a políticas públicas que uno puede ayudar a promover en torno a la educación, la salud, la nutrición, las oportunidades de empleo juvenil, la innovación y la investigación, la seguridad, y quizás un largo etcétera. Podemos combinar austeridad con solidaridad de modo creativo y con la libertad propia de lo que cada quien vea mejor de encaminar. Pero habría que hacerlo.

Lo anterior también se aplica al medio ambiente y la preservación de la naturaleza, la defensa de nuestra ecología amenazada hoy a nivel mundial, especialmente por el llamado “calentamiento global” y un sistema económico capitalista, centrado en el aprovechamiento irracional de los recursos naturales y su constante degradación. Especialmente alrededor del agua, el aire o las diversas energías de origen fósil. Sólo el caso del agua podría ser aleccionador si nos dedicáramos a ahorrar un porcentaje de lo que usamos a diario. Claro, ello supone que cada uno se detenga a ver cómo gasta el líquido referido en cada caso.

Desde que nos aseamos cada día al levantamos, cómo lavamos las cosas que requieren limpieza, cómo controlamos fugas de agua en los diversos conductos que tenemos, ¿cuánta agua dejamos correr en cada baño?, ¿es la necesaria? Ni qué decir de las piscinas que consumen grandes cantidades de agua para el sólo beneplácito o capricho de sus dueños, ¿las debiéramos prohibir? En fin, no nos vamos a meter a detalles de la vida privada de cada quien, pero es parte de lo que nos corresponde abordar y empezar a recorrer con mayor responsabilidad. Y también empezar a cambiar costumbres que no son las mejores, a generar mejores hábitos, desde los más pequeños, en la escuela y en sus hogares.

¿Lo podemos hacer? ¡Claro que lo podemos encaminar!, y de muy distintas maneras. Algo así como lo que significa la convivencia. Todos estamos convencidos, aunque de seguro de distinta manera, de la importancia de la convivencia entre unos y otros, en la necesidad de lograr mejorar nuestras relaciones interpersonales, interinstitucionales, en el hogar que nos alberga y en tantos espacios diversos. Y con un desafío aún mayor. Aprender a hacerlo con los diferentes y no solamente a nivel de nuestros pares. Y como se insistió en la homilía por los 450 años de la presencia Jesuita en el Perú (domingo 22 de abril en la iglesia San Pedro), lo importante de aprender a hacerlo escuchándonos mejor, abriéndonos con mayor calidad a los demás, estableciendo la apertura necesaria a los diferentes, en especial, con los más pobres y débiles.

Preguntarnos cada uno cómo combatir la corrupción desde la austeridad, en la gestión honesta de mis propios recursos y solidaridad con los que requieren más atención. Cómo estar atentos al medio ambiente, empezando desde cómo gestiono el agua que pasa por mis manos. Cómo crecemos en convivencia sabiendo escucharnos mejor en lo que nos corresponda. Siendo lo más importante el cómo aprendemos a ponernos de acuerdo, a caminar juntos, a ser más cooperativos… a entender de modo inclusivo que todos somos necesarios.

Guillermo Valera Moreno
Magdalena del Mar, 23 de abril de 2018
Artículo publicado en “La periferia es el centro” (26 de abril de 2018)

Amar con sencillez

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Yo no la llegué a conocer. Se llamaba Martha Elena Guerrero Astete y se celebró el sábado último el mes de su fallecimiento, en la parroquia de la Virgen de Nazareth, en El Agustino. Los “recuerdos” que se repartieron traslucían una foto de ella muy bella, así como el cariño y cuidado que tuvieron con ella los largos meses de su agonía. Su hijo lucía tranquilo, como aceptando sin comprender muy bien lo que había sucedido. Fue una Eucaristía sencilla, motivo de reunión de varias personas queridas y amigas, de esos momentos que reflejan una extraña pero vital presencia del Señor en lo más cotidiano y sencillo de la vida de las personas.

No sé por qué, ese hecho, volcó en mí varios de los sucesos que significaron la visita del Papa Francisco a nuestro Perú. Un caminar por Lima, Madre de Dios y Trujillo, durante tres días intensos que llegaron a todos los peruanos de una manera u otra. Porque el Papa Francisco, sin proponérselo, es de aquellas personas que no pasan desapercibidas. Y no precisamente por aspirar a figureti o protagonista especial del puesto que ocupa. Pues se trata de una persona quien, conforme fue creciendo en cargos de autoridad dentro de la Iglesia, fue hallando un mayor sentido de humildad, servicio y el saber reconocerse pecador.

Y es que el Papa Francisco sabe tocar en las personas no sólo sus sentimientos sino también las fibras de la razón y las entrañas, en una conjunción humana que nos invita a ir más allá de donde estamos parados , de cómo nos consideramos (o consideran), de que es posible amar con sencillez y a la vez crecer; que tan importante como las cosas que decimos y con las que generamos nuestros propios discursos de vida, son los gestos concretos, pequeños y de detalle con las personas, con todas las personas, no sólo las que me caen bien o las más cercanas.

Justamente, se trata de acercarnos a quienes poco lo hacemos. A tomar en cuenta a los descartables. A aquellos que también habitan entre nosotros, empezando por nuestros propios viejitos/as, en la familia, en el barrio, en el trabajo, en nuestra parroquia… A tantos anónimos que nos acompañan y no los percibimos porque siempre andamos apurados o estamos en cosas más importantes. Saber detenernos con aquellos que nos llaman y no atendemos; aquellos que nos hablan y no sabemos escuchar. No por mala fe. Simplemente porque estamos envueltos en una vida demasiado individualista y excluyente que tenemos que también repensar, buscar resituar. Darle espacio al amor.

Como voluntario estuve en la gran Eucaristía de la Base Aérea de Las Palmas, el domingo 21 de enero. Fue muy grato colaborar en una suerte de comité de bienvenida apostado en las puertas de ingreso. Que diversidad de personas las que llegaron, de todas las edades, en tan diversas situaciones… Siempre con mucha alegría, más allá del cansancio o fastidio de la larga o corta espera, del calor que empezaba a arreciar conforme avanzaba el día. Y que se hizo más intenso con la llegada de Francisco y el inicio de la Homilía multitudinaria…

Mi experiencia fue de un lagrimeo incontrolable previo al inicio de la misa. Una mezcla de ardencia a los ojos por la crema protectora del sol en la cara y sentimientos que fluían recorriendo los nombres de las personas con las que normalmente me relaciono o tengo más presente. Entre ellos mi familia, los de mi comunidad, los de mi trabajo, mi barrio… Simplemente di gracias por ser parte de esa experiencia, de compartir una fe vivida de tan diversas formas pero donde todos se sentían “seguidores de Cristo”, como lo recordó e invitó el Papa cuantas veces pudo.

Nos dejó una gran agenda de vida. Hay que trabajar en ello.

Guillermo Valera Moreno
Magdalena del Mar, 30 de enero de 2018

Matices, detalles y recomposición

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Tengo la impresión que lo sucedido con la consecutiva discusión (y rechazo) de la vacancia presidencial a PPK, así como el indulto concedido (de modo torpe) a Alberto Fujimori, nos han dado un sacudón a todos en el país. Fue como que todos quedamos fuera de juego, incluidos los principales protagonistas. Lo único claro que quedaba sobre el “gramado del juego” fue que PPK seguía siendo presidente y que Alberto Fujimori estaba libre.

Todas las fuerzas políticas se vieron afectadas con el llamado doble “terremoto” político al que se dio lugar. Quedó también claro que PPK no era tan ajeno al manejo político, aunque su aprendizaje aparecía como el del más sesgado concepto del político, como aquel que lo hace sinónimo de “mentiroso” (para algunos sumado a “traidor”) y con una pérdida casi total de su credibilidad como conductor de la nación.

No obstante, debo mencionar que todo este ida y vuelta del juego político vivido en esos pocos días, nos ha generado una mirada más matizada de cómo vemos a los actores políticos. Muchas veces tendemos a miradas desde las cuales situamos a las propuestas u organizaciones políticas como muy graníticas, o muy de “blanco o negro”, alejada de matices importantes que nunca debemos perder de vista. Creo que algo de ello nos ha devuelto la nueva situación que se ha abierto.

No obstante, ello no quiere decir que el deseo máximo del Gobierno actual de PPK, de abrir un proceso y nuevo gobierno de “reconciliación nacional” sea adecuado. O que sea desatinado porque no pretende abarcar a todos los sectores. Quizás lo sea porque se está mal-utilizando un concepto muy significativo para intentar (nuevamente) pasar lo que se dice “gato por liebre” (como fue el hacernos pasar la no vacancia de PPK por el indulto a Fujimori).

Tenemos la impresión que asistimos a una recomposición del gobierno que sólo tendrá viabilidad si es apoyado por el fujimorismo “reunificado” y con participación mayor (aunque ya no como oposición) en la conducción del Gobierno, expresada en una apuesta de mediano plazo. Con el prurito de darle gobernabilidad al país, se trataría de generar una alianza que garantice en el poder desde ya al fujimorismo y le dé proyección de gobierno en la etapa post PPK, más allá del 2021.

Lo anterior supondría focalizar en la izquierda la confrontación política. Neutralizar a otras fuerzas políticas como AP, APRA y APP. Tratar de ganar a su gabinete político al PPC (incluso con la posibilidad de un protagonismo significativo de éste). Es decir, podemos estar asistiendo, sin habérselo propuesto, a la recomposición de la derecha política peruana en el poder, con la pretensión de una proyección de control de mediano plazo y de modo incluso corporativo.

Efectivamente, es un camino. El tema es si el fujimorismo tendrá la capacidad política de mantenerse unido. Tengo la impresión de que ello no ocurrirá. Por el simple hecho de que evidenciaría que Fuerza Popular no existe como partido político y lo único determinante es la “Familia Fujimori”, cuestión a la que no veo por qué tendría Keiko que renunciar. Tendría más que perder que ganar.

En todo caso, desde la oposición, más allá de iniciativas propias que pueda manejar cada organización política respecto a la crisis política en la que nos seguimos encontrando, es importante no perder de vista qué otras propuestas pueden plantearse también (y son de mucha necesidad) para situar la exigencia de un diálogo político nacional y de gestión pública transparente. Una propuesta que sitúe garantía sobre los derechos de la población y atención a sus necesidades más urgentes, como por ejemplo, lo relativo a la reconstrucción del norte, la seguridad ciudadana o la lucha anticorrupción.

Particularmente, pienso que debiera exigirse que se esclarezca del modo más preciso y directo los temas de corrupción que involucran a diferentes políticos, incluido el propio presidente actual (PPK), creándose si es necesario una comisión especial de investigación y decisión sobre todo lo que involucra, con participación de la sociedad civil. Se debe de garantizar un relanzamiento de nuestra economía, poniendo especial atención a nuestra educación, salud y reconstrucción del norte. Se debe garantizar una reforma política que permita mejores condiciones institucionales para una representación política que sea más expresión ciudadana y fortalezca el desarrollo de un sistema de partidos políticos más probo.

Guillermo Valera M.
Magdalena del Mar, 8 de enero de 2018