Archivo por meses: mayo 2010

Ser testimonio de vida ética y esperanzadora

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Curso: Una Iglesia abogada de los pobres: Responsabilidad política del Laico (a) 2010 – 3er. día
Fe y Política: “Ser testimonio de vida ética y esperanzadora”

La reflexión que se puede plantear sobre fe y política es muy amplia pero nunca puede escapar a la relación que tiene ésta con nuestro ser cristiano, nuestro seguimiento de Jesús. Así fue como abordó el tema Rolando Ames, quien nos invitó a recordar que la preocupación por todas las personas y lo que nos rodea es fundamental a todo cristiano.

A la luz de ello nos recordó la importancia de formarnos como testigos fieles. De recuperar los escritos y mensajes oficiales de la Iglesia; no por un afán de erudición o de proselitismo cristiano, sino por su mensaje de humanidad y de respeto por el otro y por la creación toda, lo cual resulta hoy contracultural para el mundo mercantilizado que predomina y los valores del dinero, el individualismo y similares que condicionan nuestra forma de vivir.

Se llamó a, desde una vivencia de fe, saber leer la realidad, ampliar horizontes, vivir la caridad en la verdad, madurar nuestra libertad, afianzar la dignidad de las personas. Traduciendo nuestra inteligencia de la fe en inteligencia de la realidad. Poniendo de realce la solidaridad, la construcción de la fraternidad, la misma que no se puede alcanzar si no se interviene en los asuntos sociales y políticos.

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De allí pasamos a un trabajo de grupos (hubo 7 en total) donde nos interrogamos acerca de:
(1) ¿Cómo hacemos para que la política tenga sentido para la gente (y para nosotros)?
(2) ¿De qué gestos podemos valernos para encaminar procesos creativos y movilizadores, revalorando lo político y el sentido ético que tiene ésta (estrategias, desafíos)?

Sobre cómo hacer para que la política tenga sentido, se indicó:

º Plantear el tema como punto de agenda a todo nivel, para motivar la reflexión.
º Dar prioridad a la formación y al desarrollo de capacidades, considerarlo como una inversión. En especial la formación política; teniendo presente la situación de los gobiernos y la realidad de los partidos en nuestro país, para no repetir lo mismo. Promover escuelas de líderes (cómo ser dirigente, voluntad concertadora, ética, solidaridad, eficiencia y respuesta oportuna, confianza).
º Educar en el verdadero sentido de la política: En cuanto bien común y lo que cada uno tiene que aportar. Voto consciente en las elecciones. Considerar que todos hacemos política desde lo cotidiano. Nuestra condición de ciudadanos. Establecer propuestas y proyectos con objetivos comunes de desarrollo humano.
º Ser coherentes. Asumir nuestras responsabilidades como cristianos y ciudadanos. Promoviendo espacios de reflexión, análisis y acción en la vida cotidiana. Saber comprometernos en los partidos políticos y en instancias de la sociedad civil.
º Dar a conocer la realidad en que estamos viviendo, sabiendo identificar las necesidades de la gente. Desafiándonos a ser parte del desarrollo de nuestra localidad; siendo positivos; aportando soluciones y haciendo propuestas técnicas.
º Emitir opinión y saber tener voz, especialmente en los tiempos electorales que se vienen.
º Involucrar a los jóvenes en los diversos espacios de participación social, política, artística (dibujo animado, teatro, música, etc.) y virtual (blogs, Factbook, twiter, etc.).
º Desde los movimientos laicales tenemos que animar a otros movimientos hermanos para que se involucren en los espacios de participación política.

Sobre gestos y desafíos se señaló lo siguiente:

º Ser testimonio de vida ética y esperanzadora. Asumir un discurso creativo que invite a la participación política y a la configuración de nuevos horizontes de sentido y de utopía.
º Formarnos: Incorporar la preocupación ética en todos los procesos. Formar líderes. Incidir en la conciencia política de los grupos parroquiales. Ser dirigente no significa necesariamente ser la cabeza (aprender a serlo desde toda ubicación). Saber organizar mejor nuestros tiempos, saliendo del pragmatismo y del individualismo. Revalorizar lo colectivo, lo político y el cambio; organizar redes de formación y acción política.
º Con la sociedad civil y política: generar reuniones masivas de reflexión y movilización, levantando temas claves, como son la dignidad de la persona, institucionalidad (lucha anticorrupción), solidaridad (fraternidad), diversidad, diálogo, reconciliación (CVR), Poder Judicial (digno, transparente y eficaz). Incorporar el arte de manera más activa (canto, baile, conciertos, artesanías, etc.).
º Dar la debida importancia a la política: (a) Como búsqueda del bien común. (b) Como relación entre fe y política. (c) Tomando en cuenta lo que se va construyendo desde los excluidos. Vincularse creativamente a la base y no quedarse en las élites. (d) Participación como laicos en distintos espacios (redes políticas y sociales).
º Promover en centros educativos: participación activa de los jóvenes en la problemática nacional; conciencia crítica; formación cívica y compromiso de los educadores.
º Tener una mayor comunicación entre los movimientos y emitir pronunciamientos sobre actos “injustos”; mayor presencia en los medios de comunicación (incidencia, uso de tecnologías, medios alternativos).

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Tras la presentación de los puntos mencionados, Rolando Ames intervino para puntualizar o remarcar algunos aspectos. Se resaltó la importancia del testimonio personal para llegar a otros y hacerse creíble. La necesidad de formación para aprender a procesar una serie de temas y aspectos de la iglesia y sus documentos, ayudando a abrir mejor nuestras puertas.

Es importante aprender lo que es la política hoy en nuestro medio, de tal forma que sepamos procesar mejor las experiencias que se vayan generando y saber cómo abordarlas. Ser consciente de los grupos de poder con los que se tiene que lidiar, la sociedad más compleja que existe hoy, el nadar contra la corriente. Sin embargo, nuestro cristianismo nos brinda una serie de claves significativas para humanizar el mundo, la vida y la propia política. Podemos hacer que la desconfianza y la pérdida de valores tengan formas de recomponerse y darnos sentido de esperanza.

Valorar lo que somos y hacemos, empezando por el enorme significado que tiene el contar con una Mesa de Movimientos Laicales; saber utilizar nuestros tiempos y hacerlos productivos; tener cuidado en no caer en la rutina que nos desgasta y desanima. Ser creativos y abiertos a la novedad, buscando encaminarla, sin improvisaciones, preparando adecuadamente las cosas.

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Finalmente, concluimos con una oración de acción de gracias, comprometiéndonos a crecer en la política como valoración profunda de la dignidad de la persona humana; sentido de servicio; diálogo; opción y cercanía a los marginados; lucha por la justicia y la paz; solidaridad; construcción del bien común.

Guillermo Valera M. Sigue leyendo

González Prada, los liberales y la religión

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º En el Perú hemos tenido diversos críticos de nuestra política. Uno de ellos, Manuel González Prada, tuvo mucha agudeza sobre los que fungieron de liberales en nuestra historia pasada (siglo XIX). Él, por ejemplo, denunció el contrabando que se hace con el término de “liberal”, en el cual se incluía casi de todo, cuando no debiera estar ni “el revolucionario de buena ley” ni los parlamentarios “defensores del vetusto régimen económico y social” (de entonces).

En sus “Horas de Lucha” afirmaba que los que se hacen llamar liberales en realidad eran “conservadores de nueva especie”, abrumando de leyes e impuestos a favor del Estado. En el caso de las naciones católicas, identificaba que el conservadurismo se expresaba en su relación con los asuntos religiosos, porque solían ser intolerantes con otras religiones, dejan la educación en manos de las congregaciones religiosas y no se atreven a hablar de secularismo en las leyes. Un espíritu reformador, para él, suponía “herir los intereses de la Religión Católica”; en ese sentido coincidirá con la aseveración de que “un liberal no puede ser católico ni un católico puede ser liberal”.

º MGP no concibe un liberalismo “rociado con agua bendita”; los ve como oportunistas, equidistantes entre “avanzados y retrógrados”. Según su conveniencia, son conciliatorios (si se inclinan a los conservadores) o revolucionarios (si se inclinan a los radicales). En cambio, el ciudadano liberal tendría que ser libre de la religión y del tutelaje del Estado. Denunciará la triada de Estado – Iglesia – capital. “No es de extrañar que el Estado sin alma y el capital sin Dios combatan por la Iglesia espiritual y deísta: (porque) al defenderla, se defienden”.

Hay que recordar también que hubo un llamado Partido Liberal (1900), el cual fue una escisión del Partido Liberal Democrático; tenían aire de bravucones pero padecían de “anemia cerebral”; pese a su programa radical y atrevido (en lo financiero) solo llegaron a ser “bandas de allegados heterogéneos y egoístas”, sin ideas. MGP los tratará de electoreros, “demócratas larvados” y consagrados a “una marcha en zigzag”, amigos del “fin justifica los medios”; no son sinceros en sus actos y los identifica con la doblez, concluyendo que tenemos un “Partido Liberal sin liberales”.

º De otro lado, Jeffrey Klaiber en “Religión y revolución en el Perú (1824 – 1988)”, señala que los liberales tuvieron el propósito de separar al país de su pasado colonial, declarándole la guerra al caudillismo, el despotismo y a una Iglesia llena de privilegios. Fueron una mezcla; de ideas y religión muy conservadora. La tesis sobre los liberales es que se identifican con ideales utópicos, pese a que en lo religioso “fueron estrictamente ideológicos, es decir, conservadores”. Por tanto, su anticlericalismo fue “relativamente suave” y no cuajó como una “causa popular”; incluso, en el Congreso de 1822 votaron a favor de la unión Iglesia – Estado. Cuando se acentuó el anticlericalismo, el clero se hizo conservador.

º Los liberales de entonces, se basaron en diversos mitos, como el de la “Iglesia primitiva” (para justificar sus propuestas reformistas) o la creencia deísta de la religión natural (aceptación de una sola religión basada en la ley natural). Basadre mencionará que “el liberalismo fue una ilusión que intentó promover reformas y cambios por la fuerza de las ideas solas. (Pero) Los liberales estaban poco preparados para comprender y tratar las profundas desigualdades sociales que todavía ataban al Perú y su pasado colonial.”

De todos modos, supieron distinguir entre la Iglesia sencilla fundada por Jesús y la Iglesia – Estado del catolicismo romano; entre religión institucionalizada y el instinto religioso mismo; entre los órdenes temporales y espirituales. Pero todos la ubicaban como una fuerza que servía para mantener el statu quo; nunca llegó a convertirse en una utopía, anunciando un nuevo orden.

º Sobre G. Prada Klaiber menciona que sería la conciencia social del Perú, desde el término de la guerra con Chile hasta su muerte (1918), abogando por la liberación de toda influencia eclesiástica respecto al Estado, la educación y la sociedad en su conjunto; la consideró como el freno principal al progreso de Perú (“innecesarios y perniciosos”). Quiso popularizar su fe en la ciencia y el progreso entre la gente común y corriente, inclinándose hacia un anarquismo individualista (libertad ilimitada y abolición del Estado y la propiedad individual).

Como ya se mencionó, atacaría a los liberales por estar muy unidos a la sacristía y ser inconsecuentes en su anticlericalismo; MGP creía que para hacer cambios en el país había que ir en contra de la Iglesia; señala, por ejemplo, que el verdadero problema de la mujer es la tutela de la Iglesia y la autocracia del esposo. Más en general, él favoreció la liberación de los indios de la explotación social y económica; denunció el republicanismo como dominación de una élite de oligarcas; subordinará la importancia de la educación a una necesaria distribución de la tierra.

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Hay que dar lo mejor de cada uno

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Hay que dar lo mejor de cada uno
A propósito del curso “Una Iglesia abogada de los pobres: Responsabilidad política del laico(a)” – Mesa de Movimientos Laicales

Tratando de imitar, como discípulos que somos, la pedagogía de Jesús, hace cinco años nos congregamos, reflexionamos, nos formamos, determinamos algunas acciones para responder a nuestra realidad e invitamos a otros a compartir todo ello. Es así que algunos movimientos como la CVX, el MPC, la UNEC y EDOP iniciamos un curso anual cuya preocupación central ha sido el impulso de una Iglesia laical en nuestro Perú y el compromiso en construir una sociedad más humana.

En los años siguientes, se incorporan a la Mesa de Movimientos Laicales la CHC, MIAMSI, MTC y la JOC. Todos, movidos por una profunda búsqueda y esperanza, deseosos de fortalecernos y de tener mayor lucidez en la tarea evangelizadora, a la que nos sentimos llamados desde nuestra condición de discípulos de Jesús.

Es así que el año 2006 llevamos a cabo el curso “Bases para una Iglesia laical hoy en el Perú”. Como dijimos entonces, nuestra misión se orientaba a trabajar por un mundo de esperanzas y conflictos, en constante cambio. Queríamos ser fieles y evangélicos de manera creativa, discerniendo como Iglesia los signos de los tiempos. Nos propusimos hacernos responsables de edificar nuestra Iglesia, profundizando en los fundamentos de nuestra identidad laical.

En el año 2007 el objetivo general de nuestro curso fue profundizar en nuestra misión como discípulos y desde nuestra identidad laical, reconociendo en el mensaje y en la práctica de Jesús, la propuesta que anhelamos para nuestro tiempo. Encontramos a un Cristo que, en lo perfectamente humano, nos muestra lo perfectamente divino de la presencia del Padre. Esa vez abordamos el tema de “Bases para una Iglesia laical: La identidad del discípulo”.

A partir de éste curso decidimos profundizar sobre quiénes somos como MESA de Movimientos, qué queremos, qué hacemos y mecanismos de participación e integración, con la idea de tener más en claro nuestros objetivos comunes.

El año 2008 al Taller de Iglesia Laical lo denominamos “Laicos y Aparecida: desafíos”, buscando atender lo que fueron los resultados de la V Conferencia de los Obispos de América Latina (V Celam). Esta vez, la estructura del Taller tuvo una tónica distinta pues a las ponencias se incorporó otras herramientas de comunicación como fueron los cuenta cuentos, el vídeo, el teatro, intercambio de experiencias, la música y el canto.

Se buscó transmitir las preocupaciones de fondo recogidas en el documento de Aparecida, recogiendo un sentido conceptual, enfatizando en la opción preferencial por los pobres, la metodología del Ver – Juzgar – Actuar, el sentido de la misión en nuestra vida cristiana, el seguimiento de Jesús y la significación de los movimientos eclesiales de base, poniendo en juego nuestro rol como laicado.

El año pasado 2009, nuestras inquietudes nos llevaron a plantear como tema del curso “Transformar desde adentro: Los laicos ante un mundo en cambio”. Atendiendo los signos de los tiempos, identificamos algunas claves sobre los tiempos de cambio y de crisis que estamos viviendo: la necesidad que la población se organice de diferentes maneras y juegue un papel activo y crítico frente a las políticas del Estado; anunciar la esperanza y denunciar la injusticia, haciendo de nuestra vida un compromiso coherente, partir del evangelio y de Jesús para discernir, iluminar con la fe la realidad, para servir con firmeza y ternura; fortalecer la vida comunitaria y la Mesa de Movimientos Laicales con otros cristianos y no cristianos.

En el presente año 2010, tenemos un nuevo reto. En ese sentido, entre el 24 al 26 de mayo (6.30 pm a 9.00 pm), se tendrá una nueva versión del curso de formación sobre Iglesia Laical, centrado ésta vez en el tema de “Una Iglesia abogada de los pobres: Responsabilidad política del laico(a)”, el mismo que quiere invitarnos a compartir una visión de la Iglesia y la participación política de los laicos, desde los documentos de la Iglesia (Vaticano II, Christifideles laici y Aparecida); compartir y valorar experiencias laicales que nos motiven a nuevas entradas de compromiso y reflexionar y discernir sobre el papel de laico en la relación fe – política.

Será importante la presencia de todos. El curso nos dará pautas interesantes para nuestra formación y nuestra actividad como cristianos y ciudadanos. Del Perú y nuestra Iglesia todos somos responsables. Hagámonos cargo con lo mejor de cada uno.

Guillermo Valera M.
CVX – Mesa de Movimientos Laicales Sigue leyendo

El mundo libre es engañoso

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En su texto “Religión y política” (Confluence, II/3, 1953), Hanna Arendt aborda el llamado conflicto entre mundo libre y el totalitarismo, buscando explicar su ubicación como conflicto religioso. En particular, aborda la acepción del “comunismo” como expresión de una “religión secular”. Ello había conducido a un debate de la religión como parte de los asuntos públicos y políticos.

Una cuestión que me parece muy importante es la valoración que hace de Carlos Marx, en tanto fue el primero en ubicar a la religión como un fenómeno social; su aproximación de ella como “falsa conciencia” (de modo ideológico); el darle un marco histórico de interpretación, de la cual deduce que la acción política ha sido siempre primariamente violencia, convertida en la “partera de la historia”, desde la cual se descubre un sentido a la misma. De allí el punto se situará en cómo nos hacemos dueños de nuestras propias acciones y del propio curso de la historia.

Nos dirá que asemejar a ello, a dar un salto al totalitarismo, habrá mucha distancia. Por eso mismo, criticará las visiones funcionalistas que pretenden establecer roles indiferenciados de los contextos y la historia, llegando a equiparar a Hitler con Cristo en tanto “líderes carismáticos”. En ese sentido, las expresiones de totalitarismo reflejarán muy bien “el aspecto radical de la funcionalización de los hombres”.

Es interesante la manera de ubicarse en el debate respecto al totalitarismo, el cual no es recusado por tratarse de una ideología “comunista” (en forma macartista) o de otra índole, sino por romper la posibilidad de situarse abiertamente frente a la vida, el conocimiento, la historia y las personas concretas. Siendo sistemas que pueden tener respuestas para todo y no albergar posibilidad de duda o diálogo fuera de sus paradigmas de pensamiento, limitando la capacidad de las personas para desarrollarse y abrirse a horizontes más amplios.

Pudiera dar la impresión que la autora tiene una postura anticomunista en lo político. Sin embargo, al defender una serie de tesis de Marx y ubicarlas en un lugar justo, intenta ir más allá de los estereotipos que muchas veces se hacían de él. Permite advertir que el debate de ideas se puede situar más a profundidad de las expresiones políticas inmediatas, sobre las cuales muchas veces se tiende a polarizar el debate (entonces entre “mundo libre” – comunismo, muy propio de la guerra fría de esos años). Creo que la autora desglosa bastante bien una serie de argumentos de Marx en lo que se refiere a su mirada de lo ideológico y de lo que, en otros términos, él llamaría el materialismo histórico, como forma de abordar la interpretación de la sociedad actual (proveniente de un proceso histórico y, además, incorporando un sentido teleológico a la historia, una direccionalidad).

La mirada y crítica al funcionalismo que ella desarrolle, le sirve para aclarar que no es Marx quien fundamenta las tesis de los totalitarismos (o las acoge) sino, que son más bien el fruto de esas miradas teóricas, ahistóricas, que buscan establecer lógicas en base a roles como si se tratara de puestos y de funciones las que cumplen las personas más allá de sus respectivas voluntades. En especial se va a referir al “comunismo” desde allí, para intentar (sin decirlo muy explícitamente) diferenciarlo del propio pensamiento de Marx. Además, el hecho de que la violencia fuera considerada la partera de la historia nunca podía hacer deducible que un modelo totalitario fuera su “condenada” herencia, pese a que Marx ya nos habla de la “dictadura del proletariado”.

Por último, el debate respecto a la religión como ideología creo que puede ser entendible como búsqueda de explicación y razones respecto a cómo nos aproximamos más a profundidad al secularismo en tiempos modernos, sabiendo que asistimos a procesos variados donde se pone en juego cuestiones como: la separación de la Iglesia del Estado; la pérdida de influencia del cristianismo en la esfera pública y de referencialidad cultural; la búsqueda de formas de vida religiosas sin necesidad de Dios; la toma de distancia de todo lo que se asemeje a institucionalidad religiosa y normativa. En ese camino se puede identificar formas ajenas a la religión como el comunismo, la cual, en tanto ideología, podría ser considerada como expresión religiosa.

Pero lo principal no estará en ello sino en la manera de organizarse y de dominio para encaminar una mejor (o peor) capacidad de conciencia y vida de fe de las personas, cuestión que no es posible en el marco de un sistema totalitario, ya sea comunista o de cualquier signo. Algo similar podríamos decir de expresiones equivalentes como los llamados “fundamentalismos”, los cuales han dado paso y lugar al debate que antes abarcó el llamado totalitarismo.

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Jesús: pasó haciendo el bien

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Sabemos mucho y poco de éste gran personaje. Y no escribió ningún libro, se dió a conocer durante sólo tres años (hasta donde sabemos) y sólo se dedicó a pasar haciendo el bien. Como se describe en José M. Castillo, sobre la Personalidad de Jesús, estamos ante alguien que nos legó una manera de vivir, de relacionarse con las personas, con el mundo y con su Padre. En él no hubo azares o coincidencias, cuestiones mágicas o simples porque era “el hijo de Dios”, o alguien que estaba predestinado y su camino ya estaba trazado de antemano.

Nada de ello. Encontramos una persona que crece tan igual como cualquier otra gente de su tiempo, con todo su entorno del imperialismo romano, de la vida rural de Nazareth y Palestina, de cómo se vivía la religión y la política, la familia y la vecindad, el trabajo y la alegría. Que va descubriendo en la relación con su Padre (Abba), lo que sería su vocación, a lo que se sentía llamado, y dentro de ello, la voluntad de su Padre para con él y su vida.

Jesús, alguien libre, de lado de los marginados y en vínculo permanente con su Padre. Mostrándose, como nos recordará Pagola, la imagen de Dios Padre en ese ser compasivo y misericordioso. Nos hará comprender que más importante que ser “santos porque yo, el Señor, vuestro Dios soy santo”, es menos importante que “sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”; ello es lo que ha de inspirar la actuación humana, amando sin excluir a nadie de ese sentido y experiencia compasiva. Allí se reflejará el verdadero progreso de salvación de la humanidad, atendiendo a los desgraciados del mundo.

En ello radicará el proyecto original de Jesús, el “reino de Dios”, en tanto irrupción de su compasión en el mundo, como bondad sin límites, como acción generosa sin límites hacia los que sufren. Se traduce en hacer justicia a los más pobres y humillados, optar por los que no interesan a nadie, por los que “sobran”. Porque lo primero para él será la vida de la gente y no la religión; mejor dicho, la religión sólo es posible de expresarse a través de la vida de la gente, luchando contra todo sufrimiento generado por la falta de compasión. Porque sólo se actúa en nombre de Dios cuando se lucha contra el sufrimiento.

Retomando a Castillo, por eso nos dirá que la personalidad de Jesús como hombre libre se teje con mucha claridad cuando buscamos dar respuesta al por qué lo mataron: “a Jesús lo mataron porque él se portó de tal manera, habló y actuó de tal forma, que en realidad terminó como tenía que terminar una persona que actuaba como Jesús en aquella sociedad”; su comportamiento fue de tal forma provocativo (desde el punto de vista de lalibertad) que concluyó en el desenlace que conocemos de la cruz, aunque también de su resurrección. Como hombre libre, Jesús se confrontará principalmente a las grandes instituciones de su tiempo, como son la ley, la familia, el templo y el sacerdocio.

La ley era la institución fundamental del pueblo judío; sin embargo, Jesús nos hace ver que el bien del hombre esta antes que toda ley positiva (no es el hombre para el sábado sino el sábado para el hombre). Ni siquiera en la familia Jesús tolera relaciones de sometimiento o dominación de unas personas sobre otras; su proyecto busca la liberación integral del hombre; en esa medida toma también distancia de la familia de su tiempo. El templo era el centro de la vida religiosa y socioeconómica de Israel, lugar de encuentro con Yavé, pero se había convertido en fuente de opresión y represión, en estructura de sometimiento, por lo que Jesús anunciará su destrucción; Jesús llama la atención más bien en que él mismo era “el verdadero Templo”. Respecto a los sacerdotes criticará su inclinación por el mero trámite ritual y su poca preocupación por el amor misericordioso que acoge al marginado social. Nos invitará en todo momento a ser servidores y vivir en libertad de acuerdoa ello.

Junto a su libertad, la cercanía e identificación que logra con los marginados y la manera de relacionarse con su Padre, harán la conjunción de su personalidad, la misma que estará marcada por tres características como son su originalidad, su radicalidad y su coherencia. Todo en razón de realizar la voluntad de su Padre que no es otra cosa que “pasar haciendo el bien”.

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¿Necesitamos de la religión?

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Cada vez que profundizo en la religión, en mi vida espiritual, en mi experiencia de Dios, he ido sintiendo la pequeñez y lo grandioso que puedo ser y, así conmigo, cada ser humano. Que frente a lo que hemos recibido de manera tan gratuita como vida, creación y cosmos, otras personas que nos rodean e historia acumulada (en plural), no podríamos ser más que agradecidos e impulsarnos a compartir con todos lo que hemos recibido. Haciéndonos responsables de nuestra persona, prójimos y de todo lo que nos rodea, con sentido profundo de compromiso y responsabilidad y no sólo como algo casual, del azar o superficial.

Sin embargo, uno dice, todo lo anterior no logra conjugarse en una experiencia compartida, en una capacidad de diálogo y convivencia que nos permita acoger y profundizar lo humano, empezando porque nadie tenga que morir por necesidad (la persona, lo que piensa, lo que actúa, lo que sueña) y siguiendo porque todos tendríamos que lograr la capacidad de valorar al diferente y facilitar los medios posibles de realización de su propia vida. No es sencillo pero tendría que ser parte de los mínimos con los que tendríamos que institucionalizarnos en adelante para ser coherentes. Mínimos que no son solo cuestión de ideas y derechos que debemos incluir y posibilitar para cada persona, sino capacidad de argumentar, decidir y discrepar más colectivamente sobre nuestros destinos.

Es aprender a vivir con responsabilidad solidaria y velando siempre por el más débil; ha saber hacernos responsables de todo lo humano y cuanto le acontece; de que algo de sentido tan común como el respeto a la vida de toda persona sea realmente algo que nos movilice espontáneamente y no este sujeta a negociación o cosa por el estilo. Haciéndonos compasivos con todo sufrimiento y sabiendo descubrir los mejores medios para encaminar las respuestas necesarias en cada caso.

Si todo ello lo queremos vivir sin recurrir a Dios, no debiera plantearse como problema si conceptuamos (como aproximación argumentativa) adecuadamente a qué nos referimos con Dios. Incluso, yo podría decir que en una experiencia así, vivimos la experiencia de Dios, la presencia del Padre, aún así no lo explicitemos o pongamos en consideración; ya lo habremos hecho en tanto no es una cuestión de ritos o fórmulas, sino de lo que hacemos con nuestra vida y la de quienes tenemos capacidad de influenciar.

Puesto que todo lo que nos encamina a hacer más humano el mundo y a cada persona nos encamina a Dios, otros aspectos son los que debieran rodearse de un carácter “sagrado” si fuera el caso, más allá de qué tanto nos hacemos o somos conscientes de ello. Al final esto último puede ser lo menos importante. Y lo más seguro será que sepamos descubrir nuestra propia expresión de Dios dibujada en la experiencia que llevamos, en cada persona con la que nos relacionemos. Será una gracia plena y seguramente nos aproximará a la posibilidad que nos rebeló Jesús, desde la humilde experiencia cristiana, aunque no única por más que creamos en ella como lo más auténtico o verdadero.

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