Autómata

El que anda buscando una derecha o una izquierda o un centro está perdido aunque esté aferrado a su posición y postura. Pero, entonces, no deberíamos participar ni entre hombres ni, inclusive menos, con otros animales? Por alguna céntrica calle de capital de un país en vías de desarrollo, como deben de haber muchos en otras ciudades y otros países, estaba sentado en la esquina casi con harapos y de su cuello colgaba un cartel. No hubiese sido necesario el saber lo escrito, en el cartón improvisado como aviso, que le llegaría a la altura de la boca de su estómago, para saber que era un mendigo. Al depositar una moneda en el recipiente que éste sostenía en la mano, se oyó una voz, femenina, vociferando, “apoya al del país y no al extranjero”. Qué podía responder si esos vozarrones envalentonados, orgullosos y llenos solo de rencor e ira te devoran con razón o sin ella. Los dueños de semejante actitud participan, en su sola vociferación está ésta vista. Su participación, pero, es limitada, pues si hubiese sido alguno en algún auto, con alguna prenda de diseño y perfumado al que se le haya dado la moneda, podría caber razón para el enojo. Acaso no necesita ayuda uno en problemas alejado de sus tierras a uno que puede hablar en tu idioma, y a menos totalmente ascético, que pueda tener alguna amistad? Algunos tipos de corazones endurecidos dirían, “y quién lo mandó a salir de sus tierras…”. Tal vez tampoco sea necesario ser un asceta o ermitaño para no tener más ayuda de la que le puedan dar sus piernas, sus brazos e ingenio sino el ser alguien cascarrabias o malintencionado. Parece quien vocifero olvidó, también, que la condición de la persona en el piso, es mundial y no de nombres particulares; otro motivo para ser una participación limitada. Lo que también es algo irritable, al punto casi de intolerable, es que se le diga a uno qué hacer o no con lo mucho o poco que posea, aun así sea un timo lo de la persona del piso. El fenómeno del pidgin no sería registrado si no hubiera en las personas la necesidad de comunicarse, desear saber qué es lo que el otro desea, el desear hacerse entender. Esto parece ser más evidente en situaciones de necesidad a cuando la situación es cotidiana. Así, también, está supeditado, parece, al humor y personalidad de quienes desean o necesitan interactuar. Como el niño de la historia que no se ganó la bicicleta por no saber leer, saber más idiomas podría jugar un rol crítico. La participación sin lenguaje sería mucho más reducida.

Una postura muy determinada y determinista solo se fija en un particular de un general. Al observar alguna particularidad la generaliza. Hacer aquello no es más que olvidar que existe la composición en los objetos. La figura que cree haber alcanzado lo general basado en un particular no podría sostener su pensar sino solo por fanatismo. Figuras así andan buscando lo puro y despreciando a lo que se supone no se les parece. Con accidentes como lo mencionado podrían sustentar fácilmente la existencia de fonofobia. El acento en el habla de las personas a otros les podría ser irritable, aunque se puede ver de unos hablantes maternos de una lengua hacia unos que la aprenden, también es posible dentro una misma lengua con diferencias regionales. Lo importante del lenguaje, ya en su término distinto a lo que es un idioma, tendría que ser solo el entenderse. Cada acento como cada voz de una persona ya es una particularidad. Se participa solo de su particularidad obviando y hasta llegando a detestar lo extraño y extranjero. Algún escritor peruano muy conocido parece reconocer esto en lo “nativo” y en lo “exótico”, por ejemplo. El punto medio y más prudente pareciera ser el creer que se puede apreciar lo propio y aunque no odiar lo extraño o extranjero respetarlo y darle su lugar. De cualquier modo en la postura que haya siempre habrá alguna otra ya sea total o medianamente contraria, así, un conflicto. Un conflicto es algo abierto, algo que está buscando una respuesta, a buenas o a malas. Qué tan bueno podría ser el pensar futurista, en seres con alguna otra mejor forma de vivir. Nos faltarían sus años, todos los miles y miles que tengan que pasar, sus aparatos y tecnologías que ahora no se tienen. Mas hay cosas que aquellos aun con miles de años en el futuro o en el pasado comparten. Las muestras de esas cosas están en suspiros, aun de mentira, con algún sentimiento aun así sea solo para el engaño. Cambiará la moral? Pero si siempre ha cambiado y aun como formas de ver el mundo hay, hay también reacciones morales. En el pasado, en el presente o en el futuro la diversidad como el cambio de las morales es innegable. Un traidor, un político corrupto, alguna mentira domestica como todo lo contrario positivo y bueno que seguro existe; tendría que seguir, en el peor de los casos igual o haber mejorado y ser un planeta un país o ser el peor de los infiernos en donde vivir. Si fuesen tecnologías los sentimientos y todo lo humano, serían las mejores que pueden haber. De todos modos, hasta el momento, se crean tecnologías y no nos crean tecnologías. Algún androide, autómata…

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